El conocimiento os hará libres y las fronteras os harán gilipollas.

domingo, 30 de agosto de 2009

LA TRANSICIÓN: UN MITO PERO NO UN TIMO.


Del supuesto acuerdo y el consenso a la lucha encubierta por el poder futuro: la nueva historia de la transición española (fotos de 3ºA).

Parece ser que la historia más reciente de España va iniciando su revisionismo y el desmantelamiento de los mitos: es una fase necesaria en la historiografía científica y muy fructífera, aunque a veces dé la sensación de encontrarnos ante un péndulo hegeliano: cuanto más se ha ensalzado algo, más bajo debe caer.

En esta tónica aparece el libro de Ferrán Gallego El Mito de la Transición, un voluminoso volumen editado en 2008 en el que se pretende limar de alguna manera esa vieja visión de la transición como un juego de consenso sumamente generoso entre las distintas élites políticas, en consonancia con el deseo popular de una mayor democratización de la sociedad.

Bien, el libro viene a decirnos que esto en realidad no fue así, sino más bien la proyección de una élite política proveniente del franquismo que ultimó unas reglas del juego para perpetuarse en el poder. Esas reglas del juego se infiltraron en una ley electoral y unas maniobras políticas que permitieron el triunfo de las elecciones de 1977 y dieron el control del poder político a la UCD hasta el año 82. El libro recoge bastante bien ese proceso, mientras que acusa a la izquierda de haber permanecido desunida durante esos años y haciendo unas concesiones gravosas para sus intereses.
Lo que me pregunto es si ese entramado ha tenido relevancia a largo plazo y si la naturaleza del proceso no es más normal de lo que parece. Sobre lo primero , basta decir que los hechos concretos, históricos, no suele frenar un proceso más amplio. En muchas ocasiones, se vuelve en contra de los que los realizan. Una ley electoral que vale a la UCD para alcanzar el poder en 1977 después permitirá al PSOE a mantener su mayoría absoluta por una década, y a limitar los pequeños partidos. En política y economía, las decisiones nunca tienen efectos eternos y consecuencias predecibles: lo beneficioso se hace dañino en muy poco tiempo y al contrario. Lo que nos tenemos que preguntar es si nuestra ley electoral es válida hoy en día.

Y sobre el interés de la clase gobernante por perpetuarse en el poder, lo cierto es que muy pocas revoluciones han barrido una élite gobernante por otra. Las revoluciones comunistas, pero pocas de las liberales. De hecho, entre la transición española y la revolución portuguesa, la primera es la que ha sido copiada en Latinoamérica y Europa del Este: en casi ningún cambio hacia la democracia, la clase dirigente ha perdido las riendas del poder, y son miembros de la antigua élite. El hecho de tener en mente el cambio revolucionario en sentido marxista, puede alterar un poco la visión del proceso. Y sí, es cierto que la falta de revisionismo o de condena de nuestra historia más próxima, es un hecho que levanta ampollas y clama al cielo como la parte sacrificada u olvidada de la transición. Y esto último hace que en definitiva, la transición pueda considerarse un mito en la historia española, ensalzando sus virtudes por encima de sus defectos, pero de ninguna forma es un timo.

sábado, 15 de agosto de 2009

LEER A CELSO EN EL SIGLO XXI

La pertenencia a una tradición cultural cerrada no nos impide ver cosas evidentes para otras interpretaciones con las que tenemos que convivir en nuestros días. En ocasiones cuesta ver el cristianismo desde fuera. Una tradición es difícil de ser cuestionada desde dentro: los prejuicios siempre están presentes. Por eso la obra de Celso Contra los Cristianos resulta tan dura, tan directa incluso para nuestros días.

Celso habla de una tradición religiosa, la cristiana y la judía, dentro de un contexto cultural en el que son minorías escandalosas y además bastante intolerantes. Aunque Celso también introduce sus propios prejuicios culturales en su obra, es patente que muchas de las preguntas que formula al cristianismo son sumamente radicales: Con qué autoridad un profeta se considera hijo de Dios?, por qué tenemos que pregonar la humildad, frente a la virtud de los perfectos?, qué es eso de un dios padre e hijo? Todo este tipo de preguntas han sido acalladas por siglos de racionalizaciones teológicas, desde los Padres de la Iglesia hasta nuestros días. Estas preguntas no tiene por qué plantearselas el creyente: lo que tiene que plantearse es el carácter gratuito y no evidente de multitud de cosas para las personas que las rodean. Y partiendo, para desgracia de la teología, del hecho que buena parte de los creyentes estarían de acuerdo con muchas cosas de Celso.
La religiosidad tras las rejas: Imagen de una capilla de calle en Massarelos (Porto).