"En cuanto alguien busca la verdad se convierte en los ojos y la boca de Dios. Y por supuesto, se expone a que haya ateos que no crean en Dios."

sábado, 29 de mayo de 2010

TODO ES SEMEJANTE A TODO

He aquí uno de los dichos más famosos de la escuela escéptica de la antiguedad y que veo perfectamente recogido en los agentes que aparecen en nuestra actual situación nacional. Queda patente el grado de pesimismo que existe en torno a ella: cuando la sociedad empieza a pensar que a pesar de las diferencias todos juegan un mismo rol la insatisfacción, la incapacidad de alternativas y la indiferencia campan a sus anchas.   

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Un estado en quiebra que se intenta esconder de los acreedores y especuladores.

Especulador agazapado esperando un estado con deuda pública desorbitante para saltarle al cuello.

Dirigente político asustado por los acontecimientos que intenta capear la adversidad escondiéndose tras la piedra.

Político de oposición esperando pacientemente su turno para hacerse con el poder.


PD: la foto es de una lagartija de las inmediaciones de Cáceres, completamente ajena a lo que íbamos a hacer con su imagen. Desde aquí pedimos perdón a todas las lagartijas cacereñas por la posible difamación que pueden suponer los títulos de las fotos.

sábado, 22 de mayo de 2010

PASEO POR ARANJUEZ


     La excursión del colegio a Aranjuez nos permitió hacer algunas reflexiones sobre la historia de nuesro país y la monarquía moderna. En primer lugar concedemos unas simplificaciones en la didáctica de la historia realmente deformantes. Viendo el esplendor de Aranjuez y el lujo de la corte borbónica (la absoluta y la liberal), uno se pregunta dónde está la verdad del lema del despotismo ilustrado de "todo para el pueblo pero sin el pueblo". Indudablemente el bien del pueblo se identifica con el esplendor de la realeza: un río desviado de su curso para regar hermosos y costosos jardines, un ferrocarril en la época liberal cuya única utilidad era la comodidad del transporte de la Corte y salas y salas ornamentadas hasta el mareo de los sentidos. Y es que un rey de buena prensa como Carlos III gastó una importante parte del erario público en guerras de cuestionable interés para el país y en estos ornatos inútiles, que desde la comodidad de nuestros días observamos con gusto, pero que para aquel momento tuvo que ser un oneroso gasto para la Corona. Esto no es un alegato contra quellos hombres: la época no daba para más. Como he comentado alguna otra vez, a nadie le extraña que Adam Smith prohibiera la inmiscusión en la economía para estos personajes tan improductivos.
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      Pero visitando las lujosas habitaciones, paseando por los jardines, uno pone en duda que aquella familia designada por Dios para gobernar el glorioso reino español y su imperio fuera feliz en sus aposentos. Más bien nos parece hoy una jaula de oro en la que unos locos parecen sumirse en un sueño de poder absoluto en muchas ocasiones ilusorio. Un ejército de hombres cumplían los deseos del monarca y estos se buscaban desesperadamente ocupaciones para mantenerse ociosos. Así salieron reyes melómanos, granjeros, cazadores y relojeros. Curiosamente aquellos monarcas absolutos tenían cadenas invisibles, basadas en convenciones, costumbres y una moral católica que atenazaba todas sus decisiones y los convertían en marionetas de la institución que representaban.  No resulta difícil imaginarse a uno de estos hombres paseando cabizbajo por los jardines, rodeados de servidores a sus espaldas, buscando una escapatoria a esa cárcel invisible.

jueves, 20 de mayo de 2010


dinero

El valor del dinero no es objetivo. Cuanto más se tiene menos vale, y cuanto menos se tiene, tanto más se valora: ecuación básica del marginalismo. Resulta consecuente que el rico pague algo más, porque resulta menos doloroso. Lástima que la mezquindad esté repartida a partes iguales entre ricos y pobres...

arriba y abajo

A la hora de evaluar nuestra posición en la sociedad, tendemos a mirar siempre hacia arriba, nunca hacia abajo. y es que las alturas son siempre más atractivas que el abismo. Por eso siempre se pide que paguen más los que están por encima de nosotros, sin darnos cuenta de nuestra propia altura.

fútbol, política y religión

Un dicho que escuché de los irlandeses: no hables nunca de fútbol, religión o política con desconocidos. Sobre todo si vivías en Irlanda del norte hasta hace poco tiempo. Y sin embargo, cuántas conversaciones embarazosas empiezan con el comentario de la última jugada del partido del domingo.

martes, 18 de mayo de 2010



SOBRE AFORISMOS

El aforismo es el único recurso que le queda a la filosofía para ser leída por un público no profesional. A su favor cuenta con su pequeño tamaño. En su contra, sus altas pretensiones. Para solucionar esto solo queda la metáfora y jugar con la trivialidad
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Cada uno filosofa como puede. Nietzsche lo hacía a martillazos, entre jaqueca y jaqueca. Otros lo hacemos entre berrido y berrido, de pañal a pañal. De cualquier manera, el tiempo es escaso y las ideas muy complejas para dedicar una vida a escribir un tratado.
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LOS LIBROS DE LOS FILÓSOFOS

Lo que me quedan de los libros de los filósofos de la modernidad: tesis que pueden resumirse en veinte páginas y doscientas en justificarse frente a sus atacantes. El problema es sacar tiempo para extraer esas veinte páginas de entre lo demás.
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TÍTULOS
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En nuestros días la importancia del título es muchas veces inversamente proporcional a la relevancia del texto. Pura cuestión de marketing comercial.

LA BUENA INFORMACIÓN
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Escuchaba de un tertuliano de la radio la importancia de contrastar la información en distintos medios de comunicación, pero mucho me temo que son pocos los que se toman la molestia de hacerlo. Y es que la libertad de expresión no es el derecho a escuchar algo desde distintos puntos de vista. Es sobre todo el derecho a escuchar lo que a uno le gusta oír, sin que otro pueda evitarlo.
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LIBERTAD VS. IGUALDAD
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Decía el viejo dogma de la filosofía política en la Guerra Fría: libertad e igualdad son conceptos incompatibles. Así me lo enseñaron en la facultad y así lo transmito todavía sin demasiado convencimiento: a más libertad, menos igualdad y viceversa. Pero el fracaso de las ideologías en el siglo XX fue que ni el socialismo mantuvo la igualdad ni el capitalismo la libertad más allá de su mera potencia, una posibilidad cumplida para unos pocos.
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domingo, 16 de mayo de 2010

MESSAGE IN A BOTTLE

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DE TIGRES A CERDOS.
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Darwin no acreditaría en una transformación tan rápida, pero eso le ha pasado a España e Irlanda en solo tres años. Uno se pregunta dónde ha estado el engaño para semejante mutación. O a lo mejor resulta que éramos cerditos disfrazados, como dicen maliciosamente los alemanes, que deben ser jabalíes o algo asi.
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RIESGOS Y VERTIDOS.
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El paso del tiempo es el peor enemigo de la razón humana. Nos hace olvidar que nuestra sociedad convive con el riesgo extremo de tecnologías que se van de nuestras manos. Y cuando todo el mundo hablaba sobre riesgos nucleares, mira por donde una enorme mancha de crudo se extiende frente a las costas de Luisiana. Ahora nos llevamos las manos a la cabeza y se piden responsabilidades.

EL PRINCIPIO DE DIFERENCIA
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Dice así: las desigualdades económicas están permitidas cuando esas desigualdades permiten que la capa más baja de la sociedad también resulte beneficiada de la misma. Rawls dixit, y todos los economistas neoliberales la mantienen en su biblia particular. Lástima que no se cuente con el merecimiento de la riqueza, en el caso del que lo tiene todo, ni con el pecado de la envidia en el caso del que nada tiene.

RECORDAR A GALBRAITH
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Las empresas se regulan dentro del sistema capitalista: triunfan o caen de acuerdo con los parámetros del mercado y la competencia, y el estado no debe controlar ese ascenso o decadencia. Pero uno se tiene que preguntar por quién controla a los altos ejecutivos que las conducen a quiebras históricas y pueden provocar el colapso de un sistema financiero entero. El empresario emprendedor ha sido sustituido por el ejecutivo mercenario que mira su bolsillo antes del interés de la empresa que custodia.   

sábado, 15 de mayo de 2010

SOBRE LA CURIOSIDAD Y EL HASTÍO

Hablar de política económica sería obligación en estos días. Pero resulta doloroso y además, crecientemente inútil. La esfera de la económica real y ficticia parece sobrevolar por encima de nuestras cabezas, completamente insensibles a lo humano y sin que ningún impedimento político o social pueda restringir sus sagradas normas. Antes bien, parece que vuelven los viejos tiempos del tío Marx en el que los estados son meras marionetas bajo la especulación financiera.
Por todo esto, prefiero hablar de una trivialidad que sin embargo me tiene preocupado en mi reducida esfera personal: la pérdida de curiosidad, primer momento de la vejez humana. Recordamos que Aristóteles hacía de la buena curiosidad la esencia del conocimiento humano, y que Sócrates, las noches antes de morir, pedía a sus compañeros de celda que le enseñaran sus oficios, por el mero hecho de aprender cosas nuevas. Pensemos que este sentimiento no está tan lejos de ese afán nietzscheano de vivir nuestra existencia en una constante creación estética.
Pero estas creencias griegas parecen evaporarse con los nuevos mitos de la ciencia actual. En uno de los libros de divulgación científica que miro de cuando en cuando, una idea revolvía mis tripas con especial virulencia. Según Sapolski, la curiosidad humana tiene fecha de caducidad. de forma muy exhaustiva, el científico va examinando cómo nuestra curiosidad va aminorando en nuestras lecturas, la música a los treinta, el cine a los treinta y cinco, la comida o la ropa al llegar los cuarenta. Nos vamos haciendo animales de costumbres, y las costumbres desfiguran poco a poco el buen hacer de nuestro cerebro, convirtiéndolo en un órgano vago. Cuando leía ese artículo me invadió cierto espíritu rebelde (un espíritu que se levanta en muchas ocasiones con este tipo de lecturas) e intenté hacer lo contrario como reivindicación de la libertad humana. Pero revisando la tesis, reconozco la gravedad del asunto: apenas leo literatura nueva (más bien tiendo a releer clásicos), me cuesta sentarme en el sofá o delante del ordenador para ver una película nueva. Tiendo a pensar que lo que voy a leer o ver no es más que una nueva versión de algo ya conocido. Tan solo la música se resiste a abandonarme: todo lo que cae en mis manos se consume con rápidez, y todavía me siento como un niño pequeño cuando este último mes he descubierto la discografía de Frank Zappa o de los Sonic Youth (aún así, mi mirada es más hacia el pasado, no hacia la novedad). Puedo atribuir muchas causas para el origen de este hastío, pero empieza a preocuparme profundamente. Empiezo a sentir una envidia malsana de mi propio hijo cuando le quito la mano de su cara y él, completamente entusiasmado, se da cuenta que el mundo sigue ahí.