Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.
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martes, 18 de octubre de 2011

¿TENDRÁ RAZÓN ZYGMUNT BAUMAN? EL 15M COMO FENÓMENO NEOLUDITA

      "El 15M es emocional, le falta pensamiento", declaraba Bauman estos días en Madrid. Ese pensamiento exige una explicación más amplia, y el venerable académico la focaliza en el abismo existente entre el problema y la respuesta: La descompensación entre un poder económico global desbocado y el poder político nacional condenado a la mínima expresión es tan abismal que ofrecer una respuesta desde las estructuras políticas de las democracias nacionales resulta una utopía irrealizable. Esta evidencia ya tiene más de veinte años en la teoría de la globalización, cuando Alain Touraine, David Held o el mismo Bauman empezaron a hablar del asunto. Sin embargo ahora es cuando estamos viviendo sus contradicciones con toda su crudeza, aunque no en todos los países por igual. 
        Siguiendo de lejos las tesis de nuestro sociólogo, en la medida en que el 15M sea un movimiento nacional (o incluso europeo), está condenado a una derrota absoluta. Primero porque se excluyen de la política activa y su desconfianza se refleja hacia el sistema de partidos en conjunto, aunque tengan muy claras sus preferencias ideológicas. Segundo, porque las medidas que proponen de más calado sobrepasan con mucho los límites de la política nacional, mientras que sus políticas caseras (más transparencia política o la crítica al bipartidismo) por muy importantes que sean no van a solucionar apenas nada de los asuntos domésticos más cruciales. Y tercero, porque la contaminación ideológica de la izquierda tradicional puede pasar factura a muchos de sus apoyos y acabar convirtiéndolo en un movimiento sectario. Desea desesperadamente el cambio, pero no sabe cómo hacerlo. Propone medidas planetarias, pero se apega a un sistema asambleario más propio de una polis griega. Su internacionalización se hace necesaria para un mayor calado de su crítica, pero eso también le conducirá a más problemas de organización e impacto mediático.
       En lo que no estamos de acuerdo con Bauman es que este movimiento vaya a ser temporal. Indudablemente esta capacidad de movilización pacífica y organizada no se prolonga demasiado tiempo. La movilización cuesta personalmente dinero y mucho esfuerzo, y las metas se pueden mantener casi igual de distantes desde el principio de la protesta hasta su final: esto es más de lo que nuestra población depauperada puede soportar. Sin embargo, es difícil creer igualmente en su disolución. Más bien estos arrebatos pasionales de las masas irán ganando fuerza y posiblemente, violencia. Tarde o temprano, el fantasma de la violencia política volverá a aparecer bajo unas formas o bajo otras,  en forma de disturbios explosivos como en Inglaterra, en la forma de un lobo solitario noruego o bajo una estructura terrorista antisistema.
Luditas destruyendo máquinas: el miedo al futuro.
Lo que no sabemos es si se mantendrán como meras revueltas sin rumbo definido, o vinculada con las viejas políticas nacionales, o se irán reestructurando hacia un proyecto más definido y mucho menos líquido y flexible de lo que piensa Bauman, demasiado atado quizás a sus propia tradición académica. Si queremos pensar en un paralelismo histórico, el 15M tiene mucho del fenómeno ludita, los destructores de máquinas de la primera revolución industrial, o el "captain Swing", los movimientos campesinos de la misma época. Deseaban volver a la estructura tradicional  y más arcaica, pero sentían vértigo hacia el futuro. Se les escapaba de las manos. Pero como se sabe en la historia, el ludismo fue la expresión de la contradicción del fenónomeno de industrialización, no el punto final. El ludita irracional e individualista se hizo después anarquista; el más sistemático y comunitario, se pasó al socialismo.  
      Tarde o temprano, la reestructuración vendrá. Lo hará de forma catastrófica o por una transición. La modernidad líquida se disolverá y se convertirá en una mera página académica o histórica. De hecho, ya lo está haciendo: hace tan solo una década era impensable pensar en una coordinación planetaria y la postmodernidad tendía a pensar la sociedad como un mero grupo de átomos incapaces de conectarse solidariamente entre sí. Desde Seattle hasta Madrid las cosas han ido cambiando mucho, pero estamos al principio de un proceso global, y ni mucho menos viviendo sus batallas finales.  

domingo, 29 de mayo de 2011

THIN AND THICK



     Me permito citar a Michael Walzer para hacer referencia al reto al que se enfrenta las movilizaciones del 15M. La hora de las pancartas va pasando con rapidez: las movilizaciones no se pueden prolongar por eterno, y ya se han construido lemas que van a ser su inspiración directa, pero que no nos valen para fijar los puntos concretos de un programa. Llega el momento de negociaciones y consensos, como muy bien apuntaba maese Despotrikator en su propio blog para las asambleas de Badajoz. El problema fundamental está claro: si todos nos apuntamos a un slogan atractivo y actuan como símbolo de identidad -incluyen y movilizan a una gran masa-, sabemos que los puntos de un programa determinado tienen el efecto contrario: excluyen a la gente y rompen la movilización. Con cierta sorpresa leo las reivindicaciones de la asamblea de Cáceres: sorpresa porque tocan muchos puntos, demasiados. Yo estoy de acuerdo con casi todos ellos, pero intuyo que mucha gente no tiene por qué estarlo. Esa gente disconforme acabará preguntando qué representatividad tiene este colectivo, lo que llevará a una institucionalización del mismo para reivindicar muchas de esas medidas.    
     Esto no es nuevo: ya lo había definido magistralmente Michael Walzer con la revolución de terciopelo de Checoslovaquia y otros países de Europa del este. Detrás de los carteles de libertad, tolerancia y destrucción de las dictaduras comunistas, se asomaban grupos que muy poco después romperían el consenso y conducirían a la ruptura pacífica del mismo país. Es como él denominó la oposición de lo "delgado" (ética mínima) frente a lo "denso" (una ética máxima en la que quedan definidas todas nuestras credenciales morales). El 15M se ve abogado después de su éxito a dar ese paso: si no lo hace con cautela y sin renunciar a su amplitud de miras, quizás pueda romper el consenso logrado hasta ahora y su capacidad de llamada para ocasiones futuras. 

viernes, 27 de mayo de 2011

EL 15M Y EL SR. TIBURCIO





          Creo que cualquier comentario sobre las fotografías sobra. Hacía tiempo que no veía al señor Tiburcio, y cuando mostré las imágenes de la Puerta del Sol, su respuesta me dejó claro su sentimiento:
     - Nunca me he sentido más viejo. Durante toda mi juventud añoré este momento, sin saber muy bien por qué, como el que desea una promesa desconocida. Lo escrutaba en cada instante, en cada acontecimiento que ocurría y siempre lo veía en geografías lejanas o en tiempos remotos. Siempre más allá de fronteras inalcanzables. Al final me hice escéptico para vacunarme de todas estas esperanzas perdidas... Ahora ha pasado a mi lado, y lo he dejado escapar. Lo he mirado desde la barrera, y no creo que vuelva nunca más. Estas cosas no se repiten todos los días.    
      - ¡Vaya! Pensaba que usted no era revolucionario.
     - A mí la revolución me importa un rábano, a mí lo que me importaba era estar allí. Sentirme vivo, palpar el vértigo de la historia, marearme con ella y caer de bruces contra el suelo. Eso es lo que yo buscaba.  El ser mero espectador, el renunciar a hacer la historia y limitarte solo con verla o interpretarla, solo significa que esta vida se acaba, que renuncias a tu papel de protagonista.      
     - Pero don Tiburcio -le contesté mientras miraba su barba blanca- es que, con todos mis respetos, usted es tremendamente viejo. 
     - Vete tú a saber si quizás ya nací anciano.  

miércoles, 18 de mayo de 2011

REACCIONES

         Aquí describo la actitud de la clase política que el señor Tiburcio ha visto en los medios de comunicación y cómo ha evolucionado ante el 15M. La primera reacción en los primeros días, la arrogancia. Es la respuesta del que no quiere reconocer el problema porque no se siente amenazado. El siguiente paso es el paternalismo. Es la misma aversión disfrazada de compasión: estos pobres antisistema nada saben de la política profesional. La tercera fase es  la manipulación. Las conjuras aparecen como la causa de estos movimientos de pobres indignados, movidos por oscuros hilos conspirativos, y pasamos de ahí al descrédito absoluto. La cuarta está por verse: la esperanza para muchos está en el tópico panta rei, dejar pasar el tiempo y que se diluya con los resultados electorales. Millones de votos sepuntarán bajo tierra cualquier ausencia de legitimidad para los grandes partidos  y la mayoría silenciosa impondrá su sentencia sobre estos puñados de lunáticos atrevidos e idealistas.
La otra alternativa ni se menciona: que los problemas denunciados entren en la agenda política institucional. Ni qué decir tiene que así es como debería funcionar una democracia real, pero no creo que la clase política esté en condiciones de recibir semejante carga y… ganarse el sueldo, dicho sea de paso. Al fin y al cabo, no es la labor de los ciudadanos resolver los problemas, sino formularlos. Para intentar solucionarlos se paga a los políticos, y generosamente.

lunes, 16 de mayo de 2011

UNA CITA DE ACTUALIDAD

"El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa."


                             Karl Marx y Friedrich Engels





Jamás creí que una cita de Marx volviera a tener una actualidad tan rabiosa como esta del Manifiesto Comunista. Y conste que lo digo sin ninguna alegría por mi parte, porque en nuestra ingenuidad creíamos haber enterrado bien esta frase en las profundidades de la historia. Pero lo cierto es que esta píldora que condensa buena parte de la teoría del materialismo histórico contiene también muchas de las críticas que subyacen a las manifestaciones del día 15. En primer lugar que el estado democrático ha dejado de ser independiente y se pliega a los intereses económicos mucho más fuertes a escala global. Segundo, que el estado ha dejado de representar los intereses de la sociedad civil. Tercero, que frente a la incapacidad de respuesta de esa sociedad civil, los intereses económicos sí parecen estar bien coordinados entre ellos. Y cuarto, y este es el más complejo y temible: que detrás de toda esta crítica puede reabrirse tímidamente la lucha de clases. Sin necesidad de ser un marxista recalcitrante, es difícil no estar de acuerdo con la vieja cita del Manifiesto