Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.
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lunes, 3 de diciembre de 2012

EL FIN DE LOS ARTESANOS DEL CONOCIMIENTO

    
       Hoy toca descanso para la cosa pública, que ya era hora. Mirando hacia atrás, la curiosidad filosófica había intentado ser la trama central de este blog y el Sr. Tibb ve con desánimo la deriva hacia la opinión política conforme se aproxima el fin del mundo. Por eso, hoy vamos a cambiar brevemente nuestro tema: la originalidad filosófica.
     Durante muchos años el Sr. Tibb albergó la ilusión de escribir un libro de filosofía de forma artesanal. Esa artesanía implicaba un esfuerzo personal, único e individual, como aquel que reclamaba Descartes al escribir su Discurso del Método. El reflexivo Descartes pegado a una estufa en las noches de invierno actúa simbólicamente como ese Louis Pasteur encerrado en su laboratorio o aquel Darwin dando vueltas alrededor del mundo con su paciente trabajo de campo. Los artesanos del conocimiento son de otra época.  Al final sucedió lo que tenía que pasar, y acabó creando un libro sobre otros libros, una sucesión continua y aburrida de glosas. Se dice que Leibniz fue el último gran filósofo capaz de brillar con la misma fuerza en otros campos del saber. Heidegger o Wittgenstein serán tal vez los últimos filósofos que actúan como individuos brillantes en el propio campo de la filosofía. Desde entonces, nuestra acción se disuelve en el grupo.
   La filosofía como actividad original de un individuo tiende a su disolución total. La actividad filosófica, sobre todo si se entiende como riguroso ejercicio conceptual, se refugia en los grupos de trabajo. Detrás de los nombres majestuosos de la modernidad hay grandes equipos académicos que van cerrando una tras otra cualquier tipo de fisura filosófica que puede mostrar la hipótesis original del maestro. Así nos encontramos con libros terriblemente aburridos y completamente cerrados, en los que aceptando sus premisas de partida difícilmente nos podemos encontrar con algún problema no resuelto. Las obras de Habermas o de John Rawls eran de este tipo. La filosofía, al igual que la historiografía, se ha disuelto en la investigación científica académica. La originalidad se convierte en un lujo que solo los elefantes académicos pueden saborear, incluso con el riesgo de hacer el ridículo y construir libros completamente irrelevantes.  
    Pensemos que en el día de hoy, el filósofo profesional ni siquiera elige su tema de trabajo. El estudiante universitario con vocación de investigador sueña con construir su propia tesis sobre un tema que él elige, pero a medida que avanza la carrera sufre una saludable cura de humildad. Esto hace que en el momento crucial, se encuentra con que las redes del mundo académico ya deciden por él. Abandona su proyecto inicial y lo vincula a la línea de investigación presente en la institución para la que estudia. Durante mucho tiempo, ese joven profesional sigue soñando con una promoción que le permita decidir por sí mismo su materia de trabajo. Después se encontrará con que el patrocinio de ese trabajo dependerá de otras instancias que él ya no puede dominar. Para entonces, las redes sociales académicas habrán apagado cualquier instinto individualista. En muchas ocasiones, habrá reprimido su vocación humanista. Ni siquiera será responsable crítico con su propio trabajo. Se escudará en la institución que le paga, como a un técnico más. El filósofo, al igual que el historiador o el economista, se disuelve en el técnico del think tank, como en la escolástica el filósofo se diluía en un funcionario religioso. Lo académico entendido como castración de lo individual.
     Afortunadamente, hay todavía muchos que trabajan al margen de este planteamiento, ya sea fuera del mundo académico o dentro. El ámbito de decisión del individuo todavía es lo suficientemente libre como para optar entre unas líneas de pensamiento u otras, pero raro será el investigador que no se ha enfrentado alguna vez contra esa castración con consecuencias nefastas. ¿Le queda alguna originalidad, algún margen de acción a la reflexión filosófica personal frente a esta amalgama? Tan solo una: su disolución en metáforas infinitas y solipsistas. Y si consigue rebasar el solipsismo, verá la réplica de su metáfora repetida en memes continuos a lo largo de la red, la única forma de contrastar el éxito de una imagen. 
  

domingo, 22 de agosto de 2010

LA FILOSOFÍA SEGÚN TIBURCIO


Estaba de vuelta como cada verano en mi aldea del norte y tuve la suerte de encontrarme en mis paseos por la aldea con el señor Tiburcio, al que dedico esta página con toda mi admiración y respeto. Suele el señor Tiburcio hablar de multitud de temas, todos ellos inútiles y enrevesados, que pasan por los cambios en la emigración de las aves invernales o los errores que condujeron a Robespierre a la guillotina. De tanto pensar se quedó bastante calvo de joven -eso dicen en la aldea- y desde entonces viste una boina que ha hecho tan suya que podría considerarse una prolongación de su propio cuerpo.
El señor Tiburcio presenta unos ojos perdidos, tan perdidos que no duda en caerse por todos los baches que surcan la aldea, a pesar de estar cementada desde hace décadas, sin tener la suerte de ese griego que después predecía eclipses y ganaba una barbaridad. Nuestro hombre es pobre de solemnidad y sufre el desprecio de los aldeanos que nunca vieron con buenos ojos, en los años del hambre, que alguien cogiera un libro en lugar de una azada.  
El caso es que cuando lo encontré, le pregunté qué era para él la filosofía. Me condujo a la escalera de una vieja casa abandonada y me dijo:
- Suba, rapaz.
Y así lo hice. La piedra estaba oculta por el musgo y se convertía en una auténtica moqueta viva. Las maderas de la puerta apenas se sostenía. Parecía que de solo tocarlas y caerían en el vacío. Sin duda, nadie había transitado esos escalones desde hacía muchos años.
- La puerta está cerrada, pero no  hay nada detrás. Está vacía. Y ahora...
Él sonrió y dijo:
- Tractatus 6.54. Hace años Wittgenstein me hizo la misma pregunta y le hice subir por estas mismas escaleras. Él entendió perfectamente lo que le quería decir. Pero ya ve usted, ni una dedicatoria, ni un recuerdo, ni una mínima mención de Tiburcio en sus obras.
- El mundo ha sido injusto con usted, contesté compasivamente.
Pero él ya no contestó. Se había dado la vuelta en silencio y solo pronunció de forma lastimosa:
- Hágalo saber al mundo.
- Así haré.

domingo, 4 de julio de 2010

LA FILOSOFÍA: VIRTUD PRIVADA O NECESIDAD PÚBLICA.

La filosofía como actividad se encuentra ante una vieja disyuntiva: intentar ser independiente de los poderes públicos o bien seguir manteniéndose bajo el cómodo paraguas del estado. 
    Cuando hace ya quince años salieron leyes educativas que amenazaban con desterrar a la filosofía de los planes de enseñanza de bachillerato, muchos estudiantes de las facultades de filosofía nos movilizamos para intentar detener aquella ley. Encierros, marchas, reuniones y proclamas varias, y muy distintos fines. Mientras los profesionales de la enseñanza sentían sus puestos de trabajo amenazados y   obligados a la reconversión, los estudiantes, que   veíamos muy lejos la aspiración laboral de la carrera, defendíamos una ley educativa de carácter humanista y que proporcionara un espíritu crítico en la sociedad. Eso era vagamente lo que defendíamos: tan solo un grupito de mentalidad anarquista se salía del guión principal. Ellos defendían que la filosofía debía ser erradicada como enseñanza obligatoria, precisamente como medio para conseguir una auténtica libertad de pensamiento, no sometido al control del estado.
     Han pasado muchos años y la lucha continúa en cada debate educativo de importancia en nuestro país, donde las horas de humanidades son siempre cuestionadas por su "inutilidad" y por la necesidad de crear un sistema educativo eficiente, productivo y acorde con las necesidades del mercado laboral. No es raro, al corregir exámenes que algunos de mis propios alumnos, de forma cariñosa pero muy sincera, acaben firmando sus hojas con la frase "Filosofía optativa", y tengas que contestar con la paternalista respuesta de que ellos no saben cuál es el verdadero fin de la educación. Se repiten siempre los mismos argumentos: podemos leer en cualquier currículo de filosofía la necesidad de crear una "conciencia crítica" y a esto se une ahora también una "ciudadanía" que pasa por una educación en los valores democráticos y de los derechos humanos o de forma más sorpresiva en la última ley, una "filosofía de la empresa" y una ética empresarial que hace sonreir a más de uno. Al acabar el año académico, uno se pregunta siempre lo mismo: "¿habré conseguido crear una conciencia crítica en al menos algunos de mis alumnos?". Porque la filosofía llega hasta donde puede llegar con unos programas terroríficamente soporíferos, amplios y abstractos para un alumno de 16 años.
    Uno que ha pasado por el sistema educativo se puede plantear las siguientes cuestiones:
I. La cuestión "metafísica": si el pensamiento filosófico va a ser más auténtico, libre y democrático, bajo la actividad puramente privada.
II. La cuestión "educativa": Si la filosofía es realmente necesaria en el sistema educativo para mantener un espíritu crítico y una visión racional de realidad.
II. La cuestión "económica" o "política": Si a la filosofía no le conviene mantenerse como una actividad privada, y por tanto desvinculada en la medida de lo posible de la actividad del estado, y solo empujada por la inversión privada.

     Una perspectiva histórica del problema nos llevaría al concepto de paideia en Grecia y Roma, a la institucionalización escolástica medieval, y a la creación de la universidad moderna financiada por los estados nacionales. Los socráticos, Montaigne, los ensayistas de la Edad Moderna, la izquierda hegeliana, kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche y la tradición que se abre con ellos defiende una filosofía fuera de la institución estatal, a veces muy crítica con ella y otras veces sencillamente paralela a la misma. Del otro lado, la tradición platónica, la educación imperial y la escolástica tomista, alcanza su máximo paroxismo en Hegel: estado y razón se identifican y defienden sus intereses propios y particulares. Desarrollar todo esto sería hacer una tesis, no una entrada de blog. En el panorama actual, contemplamos desde hace mucho tiempo el enfrentamiento tradicional entre la educación anglosajona, eminentemente técnica y descriptiva, y la educación continental, más global e interpretativa. Estados Unidos representa la primera opción, y la educación francesa, la segunda. Recordemos que eso no quiere decir que en EEUU no exista reflexión filosófica, sino que esta se hace sin una intervención en la educación obigatoria (al menos de manera directa), es entendida como una virtud (o vicio) privada, como sugería Rorty, y a nivel universitario contando con la mayor financiación de tipo privado posible, a través de fundaciones. La filosofía en Francia o Alemania representa todo lo contrario: está guiada por y para el estado. La enseñanza filosófica pasa, como en otras asignaturas, por una reafirmación de la conciencia nacional: se enseña la filosofía originaria del país y su trascendencia para el mismo.  El estado reclama formar personas que sean patriotas, pero también ciudadanos con una serie de virtudes, laicas, democráticas o las que sean.
    Nos podemos preguntar por cuál paradigma quedarnos pero al menos en una cosa tenemos algo claro: el debate, como casi todos los propios de la filosofía, queda abierto y desarrollaremos este tema en otros post.

martes, 21 de abril de 2009

DEVORADORES DE VERDAD

Cuando leo el periódico a veces me invade un sensación extraña. Uno lee artículos y cae en la cuenta de la trayectoria vital de algunos intelectuales. "Quién le habría visto de joven", pensaba yo al imaginarme gente como Vargas Llosa, Jiménez Losantos, Tamames o incluso el papa Benedicto XVI en sus años mozos. Existe un amplio grupo de personas que su trayectoria ideológica no deja de ser cuanto menos chocante, unos enroques ideológicos pasmosos que no dejan de llamar la atención. No quiero enjuiciar aquí si rectificar no es de sabios, o el derecho que cada individuo tiene de definir una trayectoria personal dependiendo de su experiencia vital. Tampoco se me ocurre llamar a estos personajes arribistas o chaqueteros: no los conozco y en caso de serlo, no llegarían ni a la suela de los zapatos de Talleyrand o nuestro duque de Ripperdá. Lo que me llama la atención poderosamente de estos casos es cómo la arrogancia y la creencia de poseer la verdad absoluta se mantiene a lo largo de sus escritos y sus etapas intelectuales. Es como si reconociendo que han errado una vez, se tornasen incapaces de reconocer que pueden volver a cometer ese mismo fallo. ¿Por qué ocurre esto? Creo que Nietzsche fue el primero en afirmar que los hombres necesitan construirse seguridades a su alrededor para afrontar el vacío de la existencia, sobre todo una vez que dios ha muerto. En cualquier caso, su intuición ha tenido éxito: Giddens repite en nuestros días que necesitamos "seguridad ontológica" y que esa además, es una de las claves para explicar el auge del conservadurismo actual. Es decir, si muere una verdad, tenemos que buscar otra: somos incapaces de permanecer en la cuerda floja del nihilismo o de mantenernos en un estado de duda y búsqueda continua de la certeza. Quiero dejar claro que esa "verdad" no tiene que ver directamente con nuestra filosofía. Como decía en una clase de bachillerato, unos encontrarán la seguridad en una familia, algunos en un destino profesional, muchos en irse de compras y unos pocos… en una creencia política o incluso una filosofía. El problema de esas creencias políticas es cuando estas se vuelven absolutas. No pueden existir entonces verdades a medias: el dogmatismo es lo único válido, porque es lo único que elimina el miedo (el miedo a equivocarse, como decíamos antes). La duda que me queda para los liberales arrepentidos de un pasado socialista es lo que pasará a partir de ahora, en las horas bajas del dios del mercado. ¿Cuánto tiempo tendrán que esperar para encontrar otra certeza absoluta?