Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

miércoles, 14 de julio de 2010

LEONARDO Y LAS CONTRADICCIONES DE LA MODERNIDAD

En el final de la película de Carol Reed "El Tercer Hombre", Orson Welles deja un inquietante monólogo sobre el renacimiento y los dramáticos cambios que llevaba consigo. Italia, con sus baños de sangre, su crueldad y sus guerras trajeron a Leonardo y Miguel Ángel. Suiza, después de cinco siglos de democracia y hermandad solo trajeron el reloj de cuco al mundo. Quizás no pensara Orson Welles en términos filosóficos, pero la intuición la quedaba muy clara: la modernidad, en el mismo momento de nacer, emergía con contradicciones que el tiempo se encargaría de sacar a la luz. Pero esto no siempre se ha percibido y el Renacimiento se ha visto como el siglo más genial de la historia de Europa, y sobre todo un siglo inmaculado, en el que por un lado, se perdonan los errores que provienen sobre todo del lastre del pasado medieval, y por otro, se premia la inocencia de sus grandes personajes frente a los siglos posteriores. Esta visión, corriente en historiadores del arte, no engaña a los historiadores de profesión. La tradición filosófica va a culpar de la crisis de la modernidad, al "proyecto ilustrado"  que emerge con fuerza en el siglo XVIII después de la Revolución Científica, pero va a pasar de puntillas por esos humanistas que además, son filosóficamente considerados irrelevantes. Precisamente me quiero detener en uno de estos protagonistas del Renacimiento, quizás el más popular de todos, Leonardo Da Vinci, para investigar cómo las contradicciones de la modernidad aparecen ya en el trance del XV al XVI. Da Vinci es el prototipo de ingeniero técnico, artista y sabio polifacético, y por supuesto, hijo de su tiempo.

Leonardo: la ausencia de la filosofía.
Quizás resulte algo doloroso para los amantes de la filosofía observar cómo Leonardo dejó nuestra disciplina de lado durante un largo periodo de tiempo: tan solo al final de su vida parece preocuparle temas algo más abstractos. Lo cierto es que Leonardo no es un filósofo, aunque tenga algunos escritos vinculados de forma general a la historia del pensamiento. Más bien nos encontramos, como es muy propio de la época con un antidogmático convencido, muy crítico con la tradición recibida, y que da a la experiencia la llave de la sabiduría. Pero como suele ocurrir, el mostrarse tan crítico con la filosofía ya es en sí mismo una forma de hacer filosofía. El rechazo a toda intuición y a todo sofisma metafísica tiene sus repercusiones en el campo práctico: no existe ninguna preocupación en relación con las acciones del hombre. Aunque Da Vinci tiene una selección de aforismos filosóficos, de corte heraclitiano, toda su filosofía gira en torno a una preocupación personal, un compendio de autoayuda y de máximas morales que no pasan del esbozo.
Todo esto no quiere decir, naturalmente, que detrás de Leonardo no existan influencias filosóficas: son muchísimas y de muy diversos tipos, pero tampoco debemos olvidar que la filosofía estaba lejos de ser una disciplina cerrada en sí misma. Leonardo rechazó la filosofía, pero no se libró de la influencia de su época, platónica y aristotélica al mismo tiempo.


De la curiosidad individual a una razón instrumental.
 Leonardo es el hombre más polifácetico del Renacimiento: no hay cuestión del mundo por la que no se preocupe, en la que no escriba una nota o intente hacer un esbozo. Pero, más que un estudio de las causas originarias como hacía la filosofía griega, o con un método riguroso y sistemático, como defenderá la ciencia del XVII, Leonardo propone fundamentalmente una sabiduría que permita el dominio de la naturaleza. Para Leonardo no existe ciencia verdadera si esta no se hace práctica: la propuesta de Bacon adelantada casi un siglo. De hecho, la práctica pone los problemas sobre la mesa del sabio, sin preocuparse nunca Leonardo de sistematizarlos. Aún más, Leonardo no se preocupa por la formulación teórica de esta tesis. Se preocupa precisamente por llevar a cabo ese modo de acción: sus preocupaciones teóricas sobre el agua, el viento o el vuelo de los pájaros conlleva por detrás un intento de dominio de los elementos de la naturaleza con la ingeniería humana. Quizás Da Vinci no es el primer científico moderno, como sostiene Gould y los filósofos de la ciencia, pero sí el mejor ingeniero de todos los tiempos.
Esto sin embargo no se hace sin riesgos: Leonardo va a llevar su "arte"hacia cualquier pedido que le van a pedir sus mecenas y pagadores: puede ser la construcción de un puente, como puede ser la fabricación de un tanque o de una gran fortaleza, o la propaganda política.  Aunque Leonardo se muestra renuente en algunas ocasiones, no le supone ningún problema trabajar para distintos jefes, como Ludovico el Moro, Francisco I o el papado.  Leonardo considerará la guerra -mal endémico en Italia en el siglo XV- como el peor enemigo del hombre, pero nunca irá más allá de esta matización. Esto se ajusta perfectamente a la distinción que después se puso de moda entre la razón instrumental y razón práctica. El hombre más original del Renacimiento puede hacer muy poco para cambiar la vida de sus semejantes y sus dirigentes, y su realización va a ser fundamentalmente individual.

La realización puramente individual.
La época de Leonardo es la misma época en la que Maquiavelo escribe El Príncipe propone la razón de estado y el poder del soberano por encima de cualquier código ético-político. Es bien conocido lo atacado que resultó el pensamiento de este italiano por parte de los escolásticos y todos aquellos que defendían   el derecho natural como legitimador de la acción del soberano político. Sin embargo, la verdadera respuesta a la tesis de Maquiavelo nos la da Leonardo en una nota sin importancia de sus cuadernos: "cuando me siento acosado por tiranos encuentro medios ofensivos y defensivos para preservar el don más precioso de la naturaleza, que es la libertad". En ningún momento propone Leonardo poner sus medios a favor del gobernante más justo o negarlos a aquel que considere más nefasto. Leonardo utiliza su sabiduría para permanecer independiente y mantener su autonomía. El monarca absoluto puede hacer palidecer al pueblo inculto, pero los ingenieros y los maestros de la naturaleza siempre serán recompesados allí donde vayan, porque el soberano los necesita. El Renacimiento italiano, individualista y genial, está a años luz del de Castilla, donde los frailes y doctores universitarios fuerzan al soberano a detener la conquista de América por una cuestión jurídica, aunque sea fugazmente. Naturalmente, el primero apunta hacia la modernidad dominadora (la realización individual), y el segundo hacia la modernidad dominada (los derechos humanos y la realización colectiva). Ya saben bien de qué lado equilibra el mercado la balanza.


Uno en definitiva, no puede dejar de adorar a un maestro de hombres como Leonardo, pero nos queda el juicio categórico de ese Orson Welles cínico y nietzscheano del clásico del cine: el precio a pagar será alto. Detrás de los grandes hombres del Renacimiento se esconden sombras que solo estallarían cuatro siglos después en su más alto grado. Quizás sea verdad, o porque las hermosas pinturas del Quatroccento no dejan ver en los paisajes de sus cuadros la sangre derramada por los condotieros y demás gobernantes. 

jueves, 8 de julio de 2010

CATARSIS COLECTIVA

Apenas vi unos minutos del partido España-Alemania, los justos para ver el gol de Pujol. Sin embargo, a lo que no pude faltar fue a la enorme celebración que siguió después del partido. Y no iba yo movido por el deseo de exhaltar la roja ni los valores deportivos ni patrióticos ni nada por el estilo. Me movió un instinto de curiosidad antropológica insaciable, por ver cómo reaccionaría una ciudad entera ante la noticia de llegar a la final de un mundial de fútbol.
Nada más terminar, las calles desiertas se llenan de coches pitando y portando grandes banderas españolas. Todos van hacia un mismo lugar, el parque del Rodeo y allí, miles de personas aparecían coreando los nombres de España, espanol, Pujol y demás héroes del momento. Había que hacer cola para poder entrar por las puertas del parque, pero desde fuera se veían el lago central lleno de gente, como si se tratara de la playa de Benidorn. En los coches, una auténtica colección de clases y status sociales: chavalillas vestidas solo con la bandera, sentadas en los reposacabezas de descapotables, agitando botellas de alcohol y dando morbo al personal. Hinchas gordos pintados en rojo y amarillo, encorsetados en coches de segunda mano, medio desnudos y armados con trompetillas infernales. Adolescentes en biquini recién salidas del chapuzón en el lago, familias enteras entre los transeuntes, curiosos con cámaras de fotos, ociosos de verano y ociosos de año entero, gente ni-ni que se apuntan a cualquier fiesta por cualquier motivo, algún carrito de niño pequeño, banderas atadas a las espaldas.  El conjunto aparecía en lo más parecido que he visto yo en mi vida a un Jardín de las delicias y que habría inspirado cualquier obra del  Bosco o Brueghel, y que se iba transformando en una auténtica catarsis colectiva de gritos patrióticos, piel mojada, banderas al viento y alcohol.


Y yo miraba todo aquello, convertido en un punto en mitad de aquella marea de gente, sin decidirme a pensar en nada sobre el asunto, contemplando los acontecimientos con sorpresa y total fascinación: aquello era mucho mejor que un partido televisado. Echando fotos a diestro y siniestro, como un antropólogo en un trabajo de campo, que mira desde su cámara y apunta en su cuaderno lo que sucede a su alrededor. Y sí, por un momento pensé aquella célebre frase de Renton en Trainspotting: "Dentro de cien años, no habrá hombres ni mujeres, solo gilipollas", pero inmediatamente pensé también que esa frase era de una condescendencia absoluta con gente que sencillamente deseaba pasarlo bien y ser feliz. Quizás todo esto sea una gran dosis de adormidera, un bálsamo para ahuyentar el tedio o un símbolo de la frivolidad de nuestra sociedad, que prefiere vivir el mundial a manifestarse por los problemas del país, pero detrás de todos estos pensamientos intelectualoides nos olvidamos que las personas son mucho más sencillas, más divertidas, más hedonistas, más indiferentes y simples que lo que sugieren todas nuestras expectativas. No existen conjuraciones mediáticas ni de poderes ocultos que expliquen estas explosiones colectivas: la realidad se nos impone así, tal vez no guste, pero es preciso afrontarla como la que es. Y no tiene por qué estar mal, qué narices

miércoles, 7 de julio de 2010

EL FÚTBOL: CANTO DEL CISNE DE EUROPA.

Es normal que en estas fechas se habla mucho de los mundiales de fútbol: el "deporte rey" por excelencia, y por si se nos olvida en algún momento, ahí están las banderas, las emisoras y los gritos de la aficción. Podemos brillar con luz propia en tenis, motos o baloncesto, pero lo que importa es el deporte rey, el que acapara más atención mediática y recursos económicos. Pero esta cabeza piensa el fútbol a la manera antropológica: porque en el fondo el fútbol, nos guste o no, es cultura, es poder y es comunidad humana. En el fondo el fútbol representa un canto de cisne de la hegemonía cultural europea. Sí, el fútbol reina sobre el mundo en la medida que el mundo sigue siendo europeo. Donde imperaron los grandes estados europeos y sus colonias ahí encontramos su influjo, con la excepción de las colonias inglesas, una paradoja importante si nos damos cuenta que el football nació en la propia Inglaterra. Pero si salimos del área de influencia europea, vemos que la importancia del fútbol es mucho menor de lo esperado. Exceptuando Japón y Corea, el fútbol es inexistente en la cultura asiática: en China, la India o Indonesia es un deporte minoritario. Tan solo Brasil actúa como la única potencia emergente en el que se mantiene esta fe futbolera. Y a pesar de los intentos de expandir el deporte por parte de las federaciones, el deporte rey no ha rebasado sus límites culturales. 
Saquemos conclusiones:  la decadencia de una civilización empieza con lo económico, acaba repercutiendo en lo político y finalmente termina siendo superado culturalmente en una síntesis novedosa. En Grecia los juegos olímpicos  se mantuvieron durante un milenio, mucho tiempo después de que las ciudades griegas perdieran su independencia política y las cerámicas griegas dejaran de transitar por el Mediterráneo. Nerón, quizás el emperador romano más entusiasta de la cultura helénica, quiso participar en los juegos y acabó arruinándolos. El cristianismo acabó sepultando esa vieja idea helénica. Haciendo paralelismos históricos, hasta qué punto el fútbol representa la última resistencia europea al cambio de paradigma cultural en el mundo es una incógnita. De hecho, defiendo ya que el fútbol ha dejado de ser el deporte rey, la insignia mundial. Lo único que pasa es que los europeos todavía no nos hemos dado cuenta de ello, como de otras muchas cosas.  

domingo, 4 de julio de 2010

LA FILOSOFÍA: VIRTUD PRIVADA O NECESIDAD PÚBLICA.

La filosofía como actividad se encuentra ante una vieja disyuntiva: intentar ser independiente de los poderes públicos o bien seguir manteniéndose bajo el cómodo paraguas del estado. 
    Cuando hace ya quince años salieron leyes educativas que amenazaban con desterrar a la filosofía de los planes de enseñanza de bachillerato, muchos estudiantes de las facultades de filosofía nos movilizamos para intentar detener aquella ley. Encierros, marchas, reuniones y proclamas varias, y muy distintos fines. Mientras los profesionales de la enseñanza sentían sus puestos de trabajo amenazados y   obligados a la reconversión, los estudiantes, que   veíamos muy lejos la aspiración laboral de la carrera, defendíamos una ley educativa de carácter humanista y que proporcionara un espíritu crítico en la sociedad. Eso era vagamente lo que defendíamos: tan solo un grupito de mentalidad anarquista se salía del guión principal. Ellos defendían que la filosofía debía ser erradicada como enseñanza obligatoria, precisamente como medio para conseguir una auténtica libertad de pensamiento, no sometido al control del estado.
     Han pasado muchos años y la lucha continúa en cada debate educativo de importancia en nuestro país, donde las horas de humanidades son siempre cuestionadas por su "inutilidad" y por la necesidad de crear un sistema educativo eficiente, productivo y acorde con las necesidades del mercado laboral. No es raro, al corregir exámenes que algunos de mis propios alumnos, de forma cariñosa pero muy sincera, acaben firmando sus hojas con la frase "Filosofía optativa", y tengas que contestar con la paternalista respuesta de que ellos no saben cuál es el verdadero fin de la educación. Se repiten siempre los mismos argumentos: podemos leer en cualquier currículo de filosofía la necesidad de crear una "conciencia crítica" y a esto se une ahora también una "ciudadanía" que pasa por una educación en los valores democráticos y de los derechos humanos o de forma más sorpresiva en la última ley, una "filosofía de la empresa" y una ética empresarial que hace sonreir a más de uno. Al acabar el año académico, uno se pregunta siempre lo mismo: "¿habré conseguido crear una conciencia crítica en al menos algunos de mis alumnos?". Porque la filosofía llega hasta donde puede llegar con unos programas terroríficamente soporíferos, amplios y abstractos para un alumno de 16 años.
    Uno que ha pasado por el sistema educativo se puede plantear las siguientes cuestiones:
I. La cuestión "metafísica": si el pensamiento filosófico va a ser más auténtico, libre y democrático, bajo la actividad puramente privada.
II. La cuestión "educativa": Si la filosofía es realmente necesaria en el sistema educativo para mantener un espíritu crítico y una visión racional de realidad.
II. La cuestión "económica" o "política": Si a la filosofía no le conviene mantenerse como una actividad privada, y por tanto desvinculada en la medida de lo posible de la actividad del estado, y solo empujada por la inversión privada.

     Una perspectiva histórica del problema nos llevaría al concepto de paideia en Grecia y Roma, a la institucionalización escolástica medieval, y a la creación de la universidad moderna financiada por los estados nacionales. Los socráticos, Montaigne, los ensayistas de la Edad Moderna, la izquierda hegeliana, kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche y la tradición que se abre con ellos defiende una filosofía fuera de la institución estatal, a veces muy crítica con ella y otras veces sencillamente paralela a la misma. Del otro lado, la tradición platónica, la educación imperial y la escolástica tomista, alcanza su máximo paroxismo en Hegel: estado y razón se identifican y defienden sus intereses propios y particulares. Desarrollar todo esto sería hacer una tesis, no una entrada de blog. En el panorama actual, contemplamos desde hace mucho tiempo el enfrentamiento tradicional entre la educación anglosajona, eminentemente técnica y descriptiva, y la educación continental, más global e interpretativa. Estados Unidos representa la primera opción, y la educación francesa, la segunda. Recordemos que eso no quiere decir que en EEUU no exista reflexión filosófica, sino que esta se hace sin una intervención en la educación obigatoria (al menos de manera directa), es entendida como una virtud (o vicio) privada, como sugería Rorty, y a nivel universitario contando con la mayor financiación de tipo privado posible, a través de fundaciones. La filosofía en Francia o Alemania representa todo lo contrario: está guiada por y para el estado. La enseñanza filosófica pasa, como en otras asignaturas, por una reafirmación de la conciencia nacional: se enseña la filosofía originaria del país y su trascendencia para el mismo.  El estado reclama formar personas que sean patriotas, pero también ciudadanos con una serie de virtudes, laicas, democráticas o las que sean.
    Nos podemos preguntar por cuál paradigma quedarnos pero al menos en una cosa tenemos algo claro: el debate, como casi todos los propios de la filosofía, queda abierto y desarrollaremos este tema en otros post.

domingo, 27 de junio de 2010

EVOCACIÓN DEL IMPERIO

Lo confieso. Vuelvo a recaer en mis vicios personales y otra vez me zambullo en las lecturas evasivas sobre el imperio romano y sus dirigentes. Aunque a mi favor tengo que decir que no he sido el único en caer hechizado con estos libros: desde Robert Graves a Marguerite Yourcenar pasando por Asimov y George Lucas, y sin olvidar los dramas de Shakespeare, el imperio romano ha sido una referencia universal, hasta el punto que seguimos dedicando los meses del año a sus más brillantes representantes. El poder y la libertad de los emperadores ha inspirado mucha más atención que todos los monarcas absolutos de la historia europea o asiática, sometidos a encorsetamientos culturales que hacían inútil su autoridad.
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 La fuerza de este poder libre de toda autoridad era tal que hacía que el carácter y la psicología de cada emperador se proyectase sobre toda la ciudad de Roma, hasta el punto que resultaría muy fácil dar lecciones morales siguiendo el ejemplo de cada dirigente. Si seguimos los tópicos al uso dados por Suetonio y todas las fuentes y recreaciones posteriores, Tiberio representando la desconfianza, Nerón la adulación,  Julio César la ambición y así otros muchos. Calígula ha inspirado dramas existencialistas y películas pornográficas, Claudio, intrigas palaciegas, Adriano, Marco Aurelio o Juliano, recreaciones ilustradas. No resulta difícil de creer tantos comportamientos irracionales, si el ejercicio de poder y el peso de la responsabilidad acababan destruyendo a los buenos gobernantes. No hay que olvidar que aquellos que escriben no suelen ser favorables al bando imperial, y que por supuesto, no suelen hablar del buen o mal funcionamiento del imperio. Pues bien, a pesar de la mala prensa que dan las propias fuentes romanas para muchos de sus dirigentes, por qué el imperio se convirtió en referente universal?

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La pregunta de carácter político que tenemos que hacernos es la razón de ese auge de la idea imperial. En el ámbito político, el recuerdo del imperio ha tenido una vigencia aún más importante que la propia idea de la democracia. De hecho el imperio romano es el referente histórico que explica el descrédito de cualquier idea democrática durante más de un milenio. El argumento lo dejaba bien claro Santo Tomás mucho tiempo después de la caída de los emperadores de occidente: en todo gobierno siempre es mejor el gobierno de uno que el de varios, pues este último contiene la semilla de la discordia, cosa ya dicha por Aristóteles, Séneca y demás legitimadores autoritarios. Esto hacía referencia indudablemente a los tumultosos tiempos de la república oligárquica, y a los fracasados triunviratos. Desde esa época, la importancia de la unidad  en el gobierno ha sido algo fundamental para su gobernabilidad.


Comparativamente, la democracia ha sido una forma aislada de gobierno, reducida sobre todo a centros de decisión locales y sin superar el marco urbano hasta el siglo XIX. Pensemos por ejemplo que Rousseau entendía la democracia como forma adecuada de gobierno para un país como Suiza, y que Tocqueville se extrañaba con la idea de una democracia de tamaño monstruoso como la americana, pero al mismo tiempo tan descentralizada.  Para Europa, la historia de la edad moderna y contemporánea es la construcción de un estado fuerte cuyos límites físicos se van haciendo cada vez más y más amplios. La racionalidad del estado va ganando más y más terreno en nuestras vidas privadas, modelando nuestras propias identidades y costumbres.
Y lo cierto es que esta experiencia histórica del Imperio Romano se ha visto confirmada una y otra vez en sucesivas formas de poder hasta nuestros días. La configuración de los más grandes estados nacionales han pasado por momentos equiparables a los de la república romana. Estados Unidos vivió desde sus orígenes hasta la guerra civil la tensión de oligarquías enfrentadas que amenazaban con quebrar el país. Desde sus inicios, los padres fundadores -Jefferson y Hamilton sobre todo- estuvieron discutiendo el modelo de estado para un país enorme, nuevo y desconocido en la historia hasta ese momento y tenían que hacer una opción radical: un estado federal fuerte o un estado descentralizado, arcádico, basado en pequeñas fuentes de poder político. Al final, las tensiones separatistas obligaron a una guerra civil y a un reforzamiento de ese poder federal.
Europa está en un trance similar, y la democracia no parece aliada a la creación europea: en las últimas votaciones siempre ha primado más los problemas caseros que una auténtica visión de conjunto. Más bien al contrario, el gobierno europeo toma forma y cobra impulso en momentos desesperados de crisis, y muchas veces de manera completamente autoritaria, por parte de unas élites o de los países más fuertes. Alemania está dictando unas políticas económicas estrictas y rigurosas para todos los países en crisis, sin importar demasiado si esas medidas van a hacer perpetuar la crisis más de lo debido.
 Parece ser por tanto que el gran tamaño no casa bien con los gobiernos democráticos o compartidos, al menos en los primeros momentos de su fundación. Consecuencia de esto: en la búsqueda del bien común de la casa Europa, quizás es mejor no seguir la senda de Rousseau y sí la del imperio, para después recuperar la democracia.

lunes, 21 de junio de 2010

NORMALIDAD NACIONAL...


Paseando el otro día con mi cuñado Eduardo nos sorprendíamos del gran número de banderas colgadas en los balcones del Nuevo Cáceres. "Y pensar que si hacías esto hace un tiempo te llamaban facha...", dijo satisfecho. El comentario era lógico. Es de las primeras veces que de forma espontánea pueden verse por las calles de la ciudad una exhibición patriótica de este tipo, sin que ningún poder político obligue a ello. Naturalmente esto no es Holanda, donde sacan las banderas nacionales por una cosa tan simple como acabar un curso escolar, pero menos es nada. Sí, la espontaneidad marca la primera normalización de una identidad demasiado tiempo cuestionada y mantenida en un limbo de malos recuerdos. Esa espontaneidad es vital para entender el carácter no político, sino meramente cultural e identitario, de mostrar una bandera en la ventana de una casa particular. Demasiadas veces se colgaron banderas en el balcón por mandato expreso del gobernador civil; ahora se hace de forma privada, sin coerción y sin ningún interés político por medio. Si Renan pedía un plebiscito diario para la nacionalidad, esta manifestación es algo así como un día de elecciones públicas.
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Las heridas creadas por nuestra historia han sido profundas, y durante una generación entera la bandera española seguía representando una dictadura y una imposición fascista. Yo mismo no consigo identificarme plenamente con los colores y mi educación prejuiciosa me obliga a ser más un espectador antropológico que un entusiasta partícipe en enarbolar la bandera o dar saltos por un triunfo deportivo. Pero los patrones culturales e identitarios están sometidos a cambios con el paso del tiempo, y nuestros prejuicios son desplazados con el peso de las nuevas generaciones. Al menos en las regiones tradicionalmente españolas, llevar la bandera de tu país ha dejado de ser un insulto. La razón: la gente joven no encuentra motivos para seguir sintiendo verguenza por lo creemos, ni tampoco sentimientos de inferioridad, y más cuando esa creencia se desvincula gradualmente de la ideología y esa carga negativa cae bajo el peso de lo histórico, lo pasado, lo caduco y lo superado. 
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Y hay que decir que todo este proceso no se ha hecho gracias a nuestra clase política, sino con su más sentido pesar, tanto de un bando como de otro. Nacionalistas aparte, que juegan en otro ámbito (ideología e identidad cultural van de la mano), la izquierda sigue sintiendo naúseas nada más ver el color rojo y amarillo, vinculándolo a un patriotismo barato y que no representa otra cosa que el viejo régimen franquista. La derecha desgraciadamente, no ha actuado mejor ni de forma más razonable. Al no condenar el viejo régimen político, no permite la superación definitiva del problema, y sigue el juego político de la izquierda. En el fondo estos debates muestran el tenebroso vacío ideológico que sacude las dos partes. Faltando referentes ideológicos fuertes a uno y otro lado, una cuestión menor pone en vilo al país, cuando la sociedad española ha superado el problema y demanda otras cuestiones más urgentes. Decididamente, la sociedad española muestra una vez más que está un paso por delante de sus dirigentes políticos.   

domingo, 20 de junio de 2010

QUE EDUQUEN OTROS...

Este articulito viene a ser una síntesis de todo lo que Helí Ovalle habla una y otra vez, en nuestra condición de docentes frustrados, así que para él van estas líneas con las que supongo que estará identificado. Nuestro cometido: preguntarnos el fracaso educativo de nuestra sociedad. Nuestro método: ver la evolución educativa de nuestro país.

Hace treinta años, todos trabajaban para un sistema educativo adecuado. Medios, sociedad, padres y profesores estaban codo con codo en una meta: la educación se consideraba un privilegio de clases acomodadas que por fin debía ser puesto al servicio de todos, y por tanto se tenía como altamente valorado. Aprovechar la oportunidad era cursar los estudios superiores para grupos que hasta entonces nunca habían soñado con acceder a un sistema educativo realmente universal. 

Lo primero que perdimos fue el medio. El enriquecimiento vino de partes de la sociedad que no necesitaban esfuerzo educativo alguno, y el alcanzar una cualificación educativa no conjuraba por completo el fantasma del paro; la sociedad del ocio se fue haciendo más y más compleja. La necesaria cultura impresa dejó de hacerse imprescindible en ese ocio cada vez más audiovisual, postmoderno, de miradas breves y escasa comprensión. El resultado: el adolescente, por naturaleza soñador, iluso e irreverente hacia la autoridad, sueña con dar un golpe de suerte en su vida sin esfuerzo alguno, en cualquiera de las descabelladas empresas que ve en su entorno audiovisual, por irreales que puedan parecer. El universitario, algo más centrado, considera la última etapa educativa como un medio fácil de prolongar su adolescencia, dejando para más adelante su encuentro con un futuro incierto y desagradable. Y el estado, en una ceguera incomprensible, se cree capaz de cambiar ese medio hostil a golpe de ley educativa.

Lo segundo que desapareció fueron los padres. Los padres han cedido su parcela educativa a los profesionales del sector, como si se tratara de un mero servicio que podemos contratar en cualquier centro comercial, y exigen después resultados en calidad de consumidores afectados, pero nunca como responsables directos.  Suena tópico decir que antes los padres se ponían siempre en favor del profesor, en caso de algún enfrentamiento con el alumno. Ahora, los profesores temen incluso más a los padres que a los propios alumnos, consideran enfermizas las ilusiones que proyectan en su descendencia y contienen la risa ante sus miradas idealizadas  sobre los hijos.  

Y en los últimos años, se puede percibir una nueva amenaza. Ahora corremos el peligro de quedarnos sin profesores. En la moda de la alta tecnología, se cree que si atiborramos de ordenadores nuestras aulas lograremos aumentar nuestra competencia educativa. Consecuencia: los ordenadores sustituyen a los profesores como referente educativo. Contamos la calidad de un centro solo por los medios que dispone, no por el capital humano que les da el uso adecuado. Pocos parecen haberse dado cuenta de la utilidad de un ordenador sin un buen software. O la mayor conveniencia de una pizarra digital, donde el profesor es el que dirige la clase. Y el resultado: antes habíamos conseguido analfabetos de letra impresa. Hasta ahora solo hemos cambiado un analfabetismo por otro: ignorantes informáticos que en su mayoría solo usan el ordenador para conectarse a redes sociales o jugar en red. 

La puntilla a esta situación puede darla la crisis económica. Si el recorte estatal empieza afectar seriamente a la educación, y al capital humano que en el trabaja, la posibilidad de remontar esta crisis desde el lado de la productividad y la creatividad estará sentenciada. A la conocida frase de nuestra tradición "que inventen ellos",  habría que añadir una muletilla nueva: "que eduquen ellos", sin saber quien será aquí el agente motor de la nueva educación. Una frase que de hacerse realidad, tendrá consecuencias todavía peores que la anterior.

miércoles, 16 de junio de 2010


Utopías.

Durante mucho tiempo se decía que para que el sistema comunista funcionara hacía falta ángeles en lugar de hombres. La utopía liberal siempre sostuvo que solo necesitaba demonios para crear orden. Ahora hemos comprobado amargamente que de un demonio solo puede surgir el infierno, no ninguna utopía.


Medicina agresiva.
"Liberemos al enfermo de su cojera amputándole una mano", dijo el médico jefe a sus colegas. Todos le tomaron por loco y lo destituyeron del cargo. El Banco Central Europeo viene a decir lo mismo de la economía: "Atajemos la crisis cortando el déficit por lo sano". Que el crecimiento se resienta de esto, es algo que no debe preocuparnos. Claro que sí: matando al paciente, la enfermedad queda destruida.

Fútbol
Lo que encierra el fútbol: pasión e identidad colectiva para algunos, ideología que conduce al engaño para otros. Y lo más curioso: mientras España juega en el campo y se escuchan gritos en la calle, yo estoy escribiendo en mi blog pensando en el fútbol con la televisión apagada. Conclusión: al igual que ocurre con el ateo que niega a Dios, el fútbol se cuela en tu vida incluso cuando intentas negarlo.  


Nacionalismos

Lo que encierra el nacionalismo: expresión de una identidad para unos, suma de intereses creados para otros. La vieja polémica entre Arnold Gehlen y Anthony Smith. Depende de quién sea el enemigo y en qué bando estés, la cosa se verá de un color o de otro. Naturalmente, las dos cosas son igual de ciertas.
Acepto que un catalán me diga que la idea de España es una invención de los ministros franquistas de Madrid, si acepta que Cataluña es otra invención del mismo tipo. Pero el nacionalista ve la paja en el ojo ajeno y nunca en el suyo propio: es una cosa que comparten españolistas y nacionalismos periféricos muy a su pesar.    

domingo, 13 de junio de 2010


La economía como herramienta

Primera regla para economistas: los dogmas no existen. Solo existen las herramientas, que pueden ser útiles o no dependiendo de las distintas situaciones en las que pueden utilizarse. Quedarse siempre con la misma herramienta para toda avería pronostica una crisis segura. Lástima que esta regla sea la primera que obvian todos los que se dedican a esa materia: los dogmas son demasiado importantes para los intereses creados.

Escepticismo

El escéptico es el privilegiado que puede dudar de todo sin caer en la angustia o la desesperación. Si caemos en ese estado, buscaremos una solución: la verdad o la nada, pero nunca la mera suspensión de juicio.   


Judíos y palestinos

No creo que sea ya importante quién tiene la razón a estas alturas del conflicto. Lo que está muy claro es que la responsabilidad moral recae intensamente en el más fuerte. En un mero cálculo utilitarista, el que responde a una piedra con un tiro, y a un tiro con una bala de cañón, acaba deslegitimando la causa más justa. 

La gran tragedia del conflicto árabe-israelí: Imágenes en una pantalla de televisión a la hora del almuerzo, desgastadas, excesivamente repetidas hasta la indiferencia y el hastío del público general. Un problema demasiado lejano, demasiado ajeno a nuestras vidas privadas en un momento complicado.   
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sábado, 12 de junio de 2010

GRANDES AGNÓSTICOS: DAVID HUME.

"Cuando la cohesión de las partes de una piedra,o incluso la composición de las partes que la hacen extensa; cuando estos familiares objetos son tan inexplicables y contienen circunstancias tan contradictorias, con qué seguridad podremos decidir en lo que concierne al origen de los mundos o rastrear su historia de eternidad en eternidad?"
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Una de mis costumbres más queridas e inevitables consiste en meterme en cualquier biblioteca pública, empezar a hurgar de una estantería a otra cotilleando entre libros y saludando y haciendo reverencias a los muertos vivientes que por allí pululan. Mis manos rápidamente se llenan de muchos ejemplares cuya lectura en ese momento me parece imprescindible. Lo más normal es que una vez llegado a casa, esos libros vayan de un rincón a otro, sin que tenga tiempo para leerlos ni por asomo, pero satisfecho porque me aseguro a mí mismo que los acabaré leyendo algún día (y es que el ansia de consumo llega hasta el placer intelectual). 
Aquel día llevaba a Juan en el cochecito y andar con un niño pequeño en la biblioteca es toda una incertidumbre. Estaba con mis cotilleos particulares, cuando Juan aparentemente dormido, suelta un grito de guerra hambruna. Hay que abandonar el lugar a toda prisa: en un rápido vistazo en las estanterías de religión me hice con un librito verde de Hume, llamado Diálogo sobre la Religión Natural. este sí tuve la oportunidad de saborearlo en ratos libres, saltando de un lugar a otro. Desbrozando el libro, como hago habitualmente (otro de mis vicios en la lectura de los que hablaré otro día).

En fin, vayamos al grano. No sería un gran compromiso asegurar que Hume es en realidad, el padre de todos los agnósticos modernos, y tiene la gran de atreverse a pronunciar tesis que antes de Darwin resultaría impensable decir. Pensemos que antes de Darwin y su teoría de la evolución, no existían realmente argumentos para negar la existencia de Dios, como señala acertadamente Richard Dawkins, al menos desde la filosofía de la naturaleza. La naturaleza era tan sumamente perfecta para la mente humana que era difícil no pensar que se tratara de una creación producida por un  ser inteligentísimo y que al mismo tiempo resultara perfecto y muy superior a los hombres. La tesis de la causa final desde los tiempos de Tomás de Aquino nunca fue puesta realmente en duda hasta los tiempos de Hume.  Los primeros en hacerlo, filósofos materialistas del siglo XVIII, ateos por lógica, fueron considerados dementes que negaban el sentido común que les brindaban los sentidos más próximos. Sería un error vincular a Hume a esa corriente.
Nuestro filósofo, muy temerosamente por cierto, va a plantear objeciones a la argumentación religiosa desde su teoría del conocimiento marcada por el escepticismo. Pensemos que su fenomenismo radical pone en duda la veracidad de cualquier relación de ideas marcada por la causa y el efecto, la semejanza o analogía y la contigüidad en el espacio y el tiempo.Tan radicales son estas críticas que ni las ciencias quedan a salvo de su monumental ataque. Pero si las ciencias no son seguras, la religión, la ética o la metafísica también han dejado de serlo, naturalmente. 

La incapacidad de remontarnos hacia causas primeras, únicamaente por el conocimiento de sus efectos y consecuencias, como hacía la filosofía aristotélica, deja los tradicionales argumentos a favor de la existencia de Dios sin sentido alguno. Ni prueban ni demuestran nada: el mundo y la materia pueden ser eternas, sin necesidad de ser explicadas, o pueden nadar en la contingencia, sin necesidad de remontar una causa metafísicamente necesaria. Están más allá del esfuerzo humano racional: Hume lo vio claramente y Kant tomó nota para su dialéctica trascendental. Sin embargo, Hume va a ir más allá de Kant, y va a arremeter contra el argumento del designio. Contra todo sentido común, como decimos, y contra toda evidencia cercana. El razonamiento es sencillo: no tenemos derecho a realizar una analogía entre las creaciones de los hombres y el orden de la naturaleza. Los defensores del designio se plantean lo siguiente: si es imposible pensar que un reloj haya sido hecho al azar, y no por obra de una inteligencia humana, no se puede decir menos de una naturaleza increiblemente más compleja que la de un reloj. Pero para Hume no hay forma alguna de probar que el marco de las creaciones humanas se puedan extrapolar a la mente divina ni a la naturaleza de la materia. Quizás -Hume se queda en el marco de la probabilidad- existen características inherentes a la materia que desconocemos y que pueden producir un orden que nosotros atribuímos a una divinidad. Y por supuesto, consideramos una arrogante proyección de los deseos humanos el creer encontrar las llaves que nos abren las puertas al pensamiento de Dios.  La analogía queda en el marco de la mera creencia, de la extrapolación no comprobable ni refutable.  

El planteamiento de Hume quedó completamente olvidado: un argumento demasiado filosófico para el público en general y por supuesto, escandaloso para la época. Paley, en el siglo XIX, consagraría aún más la teoría del designio, triunfante hasta el darwinismo, y todavía es una tesis afirmada aquí y allá hasta nuestros días. Curiosamente, si esta tesis teísta tiene fuerza todavía hoy en día, parte de la misma fuente escéptica de Hume. Y es que sería un error considerar a Hume como un ateo: posiblemente rechazaría ese término al igual que rechazaría el de ser un teísta. Al igual que de las causas últimas y los planes de perfección de la naturaleza la teología apenas puede decir nada, la ciencia ante esto tan solo puede mostrar una posibilidad más. Hume no acreditaría que la ciencia pudiera hacerse con un conocimiento de las causas últimas que en el fondo son metafísicas, no materiales, para demostrar por la vía de la razón la inexistencia de Dios. En el fondo sería otra analogía más producto de nuestro conocimiento con la definición de lo necesario, lo infinito, lo eterno o lo perfecto. Una advertencia en definitiva para los científicos excesivamente pretenciosos y metidos a filósofos.          

martes, 8 de junio de 2010

MUERTA ME QUEDÉ (SOBRE PEDIATRAS Y OTRAS ESPECIES)

Una carta de mi mujer en el foro de las lactantes.

Hola a todas,
Escribo porque esta mañana he tenido cita para poner vacuna a Juan y el pediatra (que no me venía dando muy buena espina desde el principio por otro tipo de cuestiones) me ha dejado muerta. Yo ya suponía que esto era más o menos normal en el contexto pediátrico actual. Sin embargo, encontrármelo en primera persona me ha preocupado bastante.
 La cosa empezó cuando, al decirle yo que Juan tardaba en dormirse por la noche, me pregunta qué le doy de comer (Juan tiene tres meses). Le digo que el pecho y, por tercera vez ya desde que voy a su consulta, me insinúa que igual por la noche no tengo leche y el niño se queda con hambre (Juan ha engordado desde que nació a razón de, más o menos, 1Kg y 100 gramos por mes). Yo digo que el niño no se duerme igual que no se duerme en el resto de las tomas y que no es por hambre (porque, por una parte, yo sigo teniendo leche cuando acaba de mamar y porque, por otra parte, el suelta el pecho cuando quiere y no lo coge más). Pregunta ella: "o sea, come, le cambias, lo echas a dormir en la cuna y no se duerme?" Claro, yo no echo al niño a dormir en la cuna (se lo digo). Pero "lo duermes en brazos?- Pues ya lo estamos haciendo mal _me dice- . Tienes que enseñar al niño a dormir. Tú lo dejas en la cuna y que se duerma solo". Pero-pregunto yo de nuevo, viendo la cabeza de Estivil por la ventana- qué hago si llora? Lo dejo allí?. No, responde ella elocuente- .Vas, le coges la mano, le dices cualquier cosa y ya está- sentencia. Como habré puesto cierta cara de que el cuento  no me acababa de convencer, al salir de la consulta ha vuelto a insistir: intentamos lo del sueño, vale? Vale, vale- he respondido yo.
      Pero en qué cabeza cabe? Todo bien que ella tenga su propia orientación pedagógica sobre bebés que puede aplicar a sus hijos y sobrinos. Ahora bien, quién es un pediatra para decir a una madre que no le está preguntando cómo y cuándo tiene que "enseñar" a dormir a su hijo? "Es que se te va a acostumbrar a los brazos"- me dice. Genial!-pienso yo. Ojalá consiga como poco en esta vida que Juan, cuando sea mayor, recuerde que siempre tendrá los brazos de su madre para sentirse apoyado.
   -"Lo digo por el bien del niño y por el tuyo"- dice enarbolando la bandera de la preocupación suprema. Y yo quisiera saber si es que ha hablado con mi hijo para preguntarle qué es lo mejor para él porque a mí, que soy su madre, no me ha preguntado nada. Y doy por sentado que me preocupa más que a ella el bien de mi hijo (y por extensión, claro está, mi propio bien).
    Todavía no me cabe en la cabeza que se pueda tener la caradura de justificar recurriendo al supuesto bien de los bebés orientaciones psicológicas y pedagógicas que, son, cuando menos, de dudosa efectividad humana. Inhumano me pareció su consejo que me exige sufrir a mí viendo cómo mi niño llora en la cuna reclamando una piel que durante nueve meses ha sido también la suya. Parece que no son los hijos quienes se tienen que emancipar de los padres sino los padres quienes, a los tres meses de tener un niño, deben destejer poco a poco los lazos que los unen. Supongo que el próximo paso será algo así como lo que sigue:
   Señora, su hijo tiene tres meses y tiene que aprender a andar: póngalo en el pasillo de casa, dele la mano y no le saque a la calle a dar paseos hasta que no salga por su propio pie. Verá cómo así espabila y no se acostumbra tanto al capazo: qué es eso de ir acostado por la calle, hombre!

sábado, 29 de mayo de 2010

TODO ES SEMEJANTE A TODO

He aquí uno de los dichos más famosos de la escuela escéptica de la antiguedad y que veo perfectamente recogido en los agentes que aparecen en nuestra actual situación nacional. Queda patente el grado de pesimismo que existe en torno a ella: cuando la sociedad empieza a pensar que a pesar de las diferencias todos juegan un mismo rol la insatisfacción, la incapacidad de alternativas y la indiferencia campan a sus anchas.   

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Un estado en quiebra que se intenta esconder de los acreedores y especuladores.

Especulador agazapado esperando un estado con deuda pública desorbitante para saltarle al cuello.

Dirigente político asustado por los acontecimientos que intenta capear la adversidad escondiéndose tras la piedra.

Político de oposición esperando pacientemente su turno para hacerse con el poder.


PD: la foto es de una lagartija de las inmediaciones de Cáceres, completamente ajena a lo que íbamos a hacer con su imagen. Desde aquí pedimos perdón a todas las lagartijas cacereñas por la posible difamación que pueden suponer los títulos de las fotos.

sábado, 22 de mayo de 2010

PASEO POR ARANJUEZ


     La excursión del colegio a Aranjuez nos permitió hacer algunas reflexiones sobre la historia de nuesro país y la monarquía moderna. En primer lugar concedemos unas simplificaciones en la didáctica de la historia realmente deformantes. Viendo el esplendor de Aranjuez y el lujo de la corte borbónica (la absoluta y la liberal), uno se pregunta dónde está la verdad del lema del despotismo ilustrado de "todo para el pueblo pero sin el pueblo". Indudablemente el bien del pueblo se identifica con el esplendor de la realeza: un río desviado de su curso para regar hermosos y costosos jardines, un ferrocarril en la época liberal cuya única utilidad era la comodidad del transporte de la Corte y salas y salas ornamentadas hasta el mareo de los sentidos. Y es que un rey de buena prensa como Carlos III gastó una importante parte del erario público en guerras de cuestionable interés para el país y en estos ornatos inútiles, que desde la comodidad de nuestros días observamos con gusto, pero que para aquel momento tuvo que ser un oneroso gasto para la Corona. Esto no es un alegato contra quellos hombres: la época no daba para más. Como he comentado alguna otra vez, a nadie le extraña que Adam Smith prohibiera la inmiscusión en la economía para estos personajes tan improductivos.
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      Pero visitando las lujosas habitaciones, paseando por los jardines, uno pone en duda que aquella familia designada por Dios para gobernar el glorioso reino español y su imperio fuera feliz en sus aposentos. Más bien nos parece hoy una jaula de oro en la que unos locos parecen sumirse en un sueño de poder absoluto en muchas ocasiones ilusorio. Un ejército de hombres cumplían los deseos del monarca y estos se buscaban desesperadamente ocupaciones para mantenerse ociosos. Así salieron reyes melómanos, granjeros, cazadores y relojeros. Curiosamente aquellos monarcas absolutos tenían cadenas invisibles, basadas en convenciones, costumbres y una moral católica que atenazaba todas sus decisiones y los convertían en marionetas de la institución que representaban.  No resulta difícil imaginarse a uno de estos hombres paseando cabizbajo por los jardines, rodeados de servidores a sus espaldas, buscando una escapatoria a esa cárcel invisible.

jueves, 20 de mayo de 2010


dinero

El valor del dinero no es objetivo. Cuanto más se tiene menos vale, y cuanto menos se tiene, tanto más se valora: ecuación básica del marginalismo. Resulta consecuente que el rico pague algo más, porque resulta menos doloroso. Lástima que la mezquindad esté repartida a partes iguales entre ricos y pobres...

arriba y abajo

A la hora de evaluar nuestra posición en la sociedad, tendemos a mirar siempre hacia arriba, nunca hacia abajo. y es que las alturas son siempre más atractivas que el abismo. Por eso siempre se pide que paguen más los que están por encima de nosotros, sin darnos cuenta de nuestra propia altura.

fútbol, política y religión

Un dicho que escuché de los irlandeses: no hables nunca de fútbol, religión o política con desconocidos. Sobre todo si vivías en Irlanda del norte hasta hace poco tiempo. Y sin embargo, cuántas conversaciones embarazosas empiezan con el comentario de la última jugada del partido del domingo.

martes, 18 de mayo de 2010



SOBRE AFORISMOS

El aforismo es el único recurso que le queda a la filosofía para ser leída por un público no profesional. A su favor cuenta con su pequeño tamaño. En su contra, sus altas pretensiones. Para solucionar esto solo queda la metáfora y jugar con la trivialidad
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Cada uno filosofa como puede. Nietzsche lo hacía a martillazos, entre jaqueca y jaqueca. Otros lo hacemos entre berrido y berrido, de pañal a pañal. De cualquier manera, el tiempo es escaso y las ideas muy complejas para dedicar una vida a escribir un tratado.
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LOS LIBROS DE LOS FILÓSOFOS

Lo que me quedan de los libros de los filósofos de la modernidad: tesis que pueden resumirse en veinte páginas y doscientas en justificarse frente a sus atacantes. El problema es sacar tiempo para extraer esas veinte páginas de entre lo demás.
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TÍTULOS
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En nuestros días la importancia del título es muchas veces inversamente proporcional a la relevancia del texto. Pura cuestión de marketing comercial.

LA BUENA INFORMACIÓN
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Escuchaba de un tertuliano de la radio la importancia de contrastar la información en distintos medios de comunicación, pero mucho me temo que son pocos los que se toman la molestia de hacerlo. Y es que la libertad de expresión no es el derecho a escuchar algo desde distintos puntos de vista. Es sobre todo el derecho a escuchar lo que a uno le gusta oír, sin que otro pueda evitarlo.
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LIBERTAD VS. IGUALDAD
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Decía el viejo dogma de la filosofía política en la Guerra Fría: libertad e igualdad son conceptos incompatibles. Así me lo enseñaron en la facultad y así lo transmito todavía sin demasiado convencimiento: a más libertad, menos igualdad y viceversa. Pero el fracaso de las ideologías en el siglo XX fue que ni el socialismo mantuvo la igualdad ni el capitalismo la libertad más allá de su mera potencia, una posibilidad cumplida para unos pocos.
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domingo, 16 de mayo de 2010

MESSAGE IN A BOTTLE

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DE TIGRES A CERDOS.
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Darwin no acreditaría en una transformación tan rápida, pero eso le ha pasado a España e Irlanda en solo tres años. Uno se pregunta dónde ha estado el engaño para semejante mutación. O a lo mejor resulta que éramos cerditos disfrazados, como dicen maliciosamente los alemanes, que deben ser jabalíes o algo asi.
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RIESGOS Y VERTIDOS.
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El paso del tiempo es el peor enemigo de la razón humana. Nos hace olvidar que nuestra sociedad convive con el riesgo extremo de tecnologías que se van de nuestras manos. Y cuando todo el mundo hablaba sobre riesgos nucleares, mira por donde una enorme mancha de crudo se extiende frente a las costas de Luisiana. Ahora nos llevamos las manos a la cabeza y se piden responsabilidades.

EL PRINCIPIO DE DIFERENCIA
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Dice así: las desigualdades económicas están permitidas cuando esas desigualdades permiten que la capa más baja de la sociedad también resulte beneficiada de la misma. Rawls dixit, y todos los economistas neoliberales la mantienen en su biblia particular. Lástima que no se cuente con el merecimiento de la riqueza, en el caso del que lo tiene todo, ni con el pecado de la envidia en el caso del que nada tiene.

RECORDAR A GALBRAITH
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Las empresas se regulan dentro del sistema capitalista: triunfan o caen de acuerdo con los parámetros del mercado y la competencia, y el estado no debe controlar ese ascenso o decadencia. Pero uno se tiene que preguntar por quién controla a los altos ejecutivos que las conducen a quiebras históricas y pueden provocar el colapso de un sistema financiero entero. El empresario emprendedor ha sido sustituido por el ejecutivo mercenario que mira su bolsillo antes del interés de la empresa que custodia.   

sábado, 15 de mayo de 2010

SOBRE LA CURIOSIDAD Y EL HASTÍO

Hablar de política económica sería obligación en estos días. Pero resulta doloroso y además, crecientemente inútil. La esfera de la económica real y ficticia parece sobrevolar por encima de nuestras cabezas, completamente insensibles a lo humano y sin que ningún impedimento político o social pueda restringir sus sagradas normas. Antes bien, parece que vuelven los viejos tiempos del tío Marx en el que los estados son meras marionetas bajo la especulación financiera.
Por todo esto, prefiero hablar de una trivialidad que sin embargo me tiene preocupado en mi reducida esfera personal: la pérdida de curiosidad, primer momento de la vejez humana. Recordamos que Aristóteles hacía de la buena curiosidad la esencia del conocimiento humano, y que Sócrates, las noches antes de morir, pedía a sus compañeros de celda que le enseñaran sus oficios, por el mero hecho de aprender cosas nuevas. Pensemos que este sentimiento no está tan lejos de ese afán nietzscheano de vivir nuestra existencia en una constante creación estética.
Pero estas creencias griegas parecen evaporarse con los nuevos mitos de la ciencia actual. En uno de los libros de divulgación científica que miro de cuando en cuando, una idea revolvía mis tripas con especial virulencia. Según Sapolski, la curiosidad humana tiene fecha de caducidad. de forma muy exhaustiva, el científico va examinando cómo nuestra curiosidad va aminorando en nuestras lecturas, la música a los treinta, el cine a los treinta y cinco, la comida o la ropa al llegar los cuarenta. Nos vamos haciendo animales de costumbres, y las costumbres desfiguran poco a poco el buen hacer de nuestro cerebro, convirtiéndolo en un órgano vago. Cuando leía ese artículo me invadió cierto espíritu rebelde (un espíritu que se levanta en muchas ocasiones con este tipo de lecturas) e intenté hacer lo contrario como reivindicación de la libertad humana. Pero revisando la tesis, reconozco la gravedad del asunto: apenas leo literatura nueva (más bien tiendo a releer clásicos), me cuesta sentarme en el sofá o delante del ordenador para ver una película nueva. Tiendo a pensar que lo que voy a leer o ver no es más que una nueva versión de algo ya conocido. Tan solo la música se resiste a abandonarme: todo lo que cae en mis manos se consume con rápidez, y todavía me siento como un niño pequeño cuando este último mes he descubierto la discografía de Frank Zappa o de los Sonic Youth (aún así, mi mirada es más hacia el pasado, no hacia la novedad). Puedo atribuir muchas causas para el origen de este hastío, pero empieza a preocuparme profundamente. Empiezo a sentir una envidia malsana de mi propio hijo cuando le quito la mano de su cara y él, completamente entusiasmado, se da cuenta que el mundo sigue ahí.