Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.
Mostrando entradas con la etiqueta cavernas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cavernas. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de octubre de 2009

DE PLATÓN A INTERNET: LA E-CAVERNA.

Las grandes imágenes y relatos de la cultura son aquellos que quedan tan abiertos y universales que los nuevos tiempos lo pueden reinventar y cambiarlo todo para no cambiar nada. Mirando a la filosofía, busco esas imágenes clásicas, atemporales, que nos dicen todavía cosas desde el tiempo que fueron pronunciadas por primera vez. Lo único que encuentro, naturalmente, es el regreso a las tinieblas: el regreso a la caverna de Platón. Fantástica metáfora que se prolonga hasta nuestros días.

Uno se puede preguntar qué puede decir Platón en nuestros días, y se puede reducir en una sola cosa, eterna en la vida: la distinción entre la apariencia y la realidad, lo falso de lo verdadero, la imagen de la auténtica realidad, la copia del modelo, y por último, la terrible obligación de tener que optar entre una cosa y otra. Lo bueno de las metáforas es que podemos hacer sustituciones de términos hasta el infinito, mientras mantengamos su sentido: cambien las sombras proyectadas gracias a un rudimentario fuego, por las imágenes pixelizadas de la pantalla que está viendo en este preciso instante, y ya tienen el Platón del siglo XXI.


No es difícil imaginarme a mí mismo, escribiendo en la pantalla de este ordenador y sobre el océano Internet, trasladado al mito y sintiendo las cadenas invisibles y pesadas, embrujado ante el poder de las imagénes del final de la caverna. Somos la generación de la e-caverna: lo primero que hacemos al llegar a casa es encender el ordenador, y a cambio de nuestro silencio y ensimismamiento nos ofrece música, imágenes y escritura y sosiega nuestra alma: todo aquello que tenían los esclavos al final de la caverna. El mundo fuera de la red es demasiado incómodo, y estamos más tranquilos delante de una placentera pantalla, modelando ese mundo como a nosotros más nos guste, y siendo modelados por otros. No contemplamos personas, contemplamos reflejos desfigurados. Amamos y odiamos a través de la red: el culmen de la apariencia y la copia de la copia.

La pregunta, naturalmente, parte de si nosotros dominamos la e-caverna o es ella la que nos controla. Y si, además, merece la pena rebelarse y salir al mundo. Muchos lo tienen claro: es preferible quedarse en ella.

La vieja caverna, tal y como la describió Platón.


La representación casi cinematográfica o televisiva del mito de la caverna.


Nueva fase: Reglas para encadenarse a la e-caverna el mayor tiempo posible y no morir en el mundo real.