Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.
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domingo, 6 de diciembre de 2009

SOBRE LOS LEMAS Y SU ABUSO...

Iba paseando por las traseras de la calle Pintores en nuestra pequeña ciudad cuando de pronto me encuentro con esta ruda pintada sobre una pared desconchada. Me traía a la mente la crisis económica, sí, pero, una crisis entendida de forma que yo no acababa de verlo muy claro. El mensaje es digno de un comentario de texto: empieza con el problema del paro, pasa en el siguiente verso hacia la eterna oposición rico-pobre en la lucha de clases y concluye como solución la búsqueda de un chivo expiatorio -el patrono-, esperando solucionar así el problema. Además probablemente está escrito por gente que no tiene este tipo de problemas de clase en su vida personal, y su destinatario, presumiblemente cualquier viandante cacereño, a lo sumo puede pensar que se está cometiendo un acto vandálico o quedarse extrañado por los firmantes, ni más ni menos que el PCE(r).
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Que conste que no estoy en contra de los lemas, pero sí de su abuso. Es cierto que un lema o un símbolo tiene por definición que ser escueto, contundente y que alcance al corazón; pero luego se exige mover los cerebros con palabras y fórmulas infinitamente más complejas -esta sería la división clásica entre ética maximalista y minimalista de Michael Walzer-. El problema, claro está, consiste en quedarse en estos eslóganes, y no encontrar nada más por debajo. Los defensores de los lemas de este tipo (ya sea de izquierdas o de derechas) acaban simplificando tanto las cosas que sus palabras quedan completamente huecas. No está mal simplificar el Manifiesto Comunista a cuatro palabras, como aparece en la imagen; el problema es quedarse en ellas. Y el problema fundamental estriba en que estos lemas no solo aparecen pintados en la sucia pared de una ciudad insignificante, sino que a veces aparecen en lugares prestigiosos, entre bambalinas, publicidad y decenas de micrófonos que llevan las palabras a todos los rincones, y donde se espera que detrás del lema haya una explicación convincente y no se encuentra más que humo.