Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

viernes, 13 de noviembre de 2009

DEBATES Y DOLORES DE CABEZA

Acabé la clase del viernes agotado. Estaba claro que los chicos de segundo no querían dar clase (como es costumbre y cosa bastante comprensible), casi habíamos acabado el temario y deseaban abrir un debate (cualquier noticia es buena para los amantes del saber). Así que comenzamos a hablar del polémico curso de prácticas sexuales que se había lanzado desde el ayuntamiento. Después de unos pocos minutos de conversación en el gallinero, la polémica iba girando en torno al mal uso de los recursos públicos que malgastan el dinero con este tipo de cursos. Hasta aquí más o menos todo el mundo estaba de acuerdo. Pero la conversación fue desviándose hacia una crítica generalizada a todo lo que se movía. El gobierno es culpable de todo. El gobierno sube los impuestos y se lo gasta en el cine español, el gobierno va sin rumbo, el gobierno solo genera despropósitos. Conforme iba avanzando la clase el ambiente se caldeaba más y al final acabó en un completo sinsentido: conversación rota porque nadie quiere escuchar, ni unos ni otros. Es cierto que es muy valioso que gente joven se pregunte por estas cosas, pero acabé con dolor de cabeza y la sensación de haber perdido una clase. Llegados a este punto de irracionalidad, creo incluso, como decía un amigo, hasta en el hecho de que si el Real Madrid ha perdido la copa del Rey ha sido culpa de los malignos hilos que mueve la Moncloa socialista y procatalana.
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No es mi objetivo defender aquí el gobierno, ni mucho menos. Desde mi humilde punto de vista, creo que no está haciendo las reformas necesarias y el endeudamiento es excesivamente fuerte. Pero también reconozco que el gasto social es elevado y que por primera vez en la historia se intenta no dejar al parado en la estacada. Naturalmente, si no se crea empleo a largo plazo un subsidio no soluciona nada, pero al menos es un gesto de solidaridad. De todos modos, puedo estar equivocado en mi planteamiento. Mi opinión importa bastante poco, para este caso.
Lo que sí me importa es una regla, un criterio para evitar discusiones de besugos como las que últimamente tengo cuando hablo de política. Estuve pensando en unos "tropos" en el puro sentido del escepticismo antiguo, y unas reglas de comportamiento preliminares a cualquier intervención en discusiones de este tipo:
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1. No existen soluciones sencillas a problemas complejos. Un problema complejo demandará siempre una solución igual de compleja.
2. Lo que pensamos que es evidente, cierto y absoluto para todos, posiblemente no lo sea tanto para otros, a los que habitualmente no tenemos en cuenta.
3. Cualquier problema local llevado a un medio general se suele simplificar y pierde sus matices.
4. Del comportamiento de unos individuos o hechos aislados rápidamente extraemos conclusiones precipitadas y hacemos generalizaciones falsas.
5. Lo que ha funcionado en una parte del mundo (un país, una región, una ciudad) puede resultar un completo fracaso en otra.
6. Primera regla básica de la economía: no hay recetas válidas para siempre. Lo que vale para una circunstancia, no vale para diez años después. Lo que ha producido riqueza en una coyuntura, inevitablemente se agota y hay que buscar otra cosa.
7. Segunda regla básica de la economía: cualquier acción que tomemos tendrá repercusiones positivas de un lado y consecuencias negativas de otro. El arte de la economía es reconocer adecuadamente el alcance de esas repercusiones.
8. En política ningún partido ni ideología se puede erigir en dueño de la verdad, y el partido que lo hace se equivoca y acaba perdiendo el poder. Eso es lo que hace a la democracia más efectiva que una dictadura a largo plazo.
9. En política, escuchamos lo que queremos y nos gusta oír. Tendemos a repetir lo que nuestro medio de comunicación favorito dice sin consultar antes otra fuente alternativa.
10. En política y economía, todo el mundo parece legitimado para dar su opinión. Nos hace falta más humildad o reconocer nuestra escasa preparación.
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Si estos principios reflejan prudencia, tibieza, relativismo, escepticismo o todo aquello que se quiera decir, lo único que puedo contestar es que para que una democracia funcione, tiene que haber un mínimo aconsejable de todos estos puntos anteriores en nuestras decisiones. Es punto de partida, pero no punto final. Y naturalmente, se pueden completar o reducir, cada uno debe buscar los suyos.

martes, 10 de noviembre de 2009

SOBRE GAYS, ENFERMOS Y OTRAS PARANOIAS...

En la clase de primero de bachillerato se abrió otra vez la caja de los truenos en un debate sobre la homosexualidad. Reconocemos que este tema hiere sensibilidades por las dos partes (adversarios y partidarios), pero algunas cosas se pueden extraer del asunto. En las opiniones más radicales, el homosexual es un enfermo (va contra natura: desviación genética o biológica, aún no está claro su origen) pero además es un vicioso (adquisición cultural: son más promiscuos que cualquier otro colectivo en lo que a sexo se refiere). Del otro lado, la homosexualidad es sencillamente un comportamiento y una orientación que está en consolidación y normalización y que lucha con una equiparación justa e igualitaria con el resto de actitudes sexuales. Voy a centrarme en la primera posición, para hablar de la última en otra ocasión.

Vayamos por partes. Uno puede preguntarse si es condenable moralmente el hecho de padecer una "enfermedad" o una peculiaridad genética distinta a la del resto de los que nos rodean. Nuestros genes condicionan nuestra tendencia a sufrir infartos o a tener ojos azules. Nadie en su sano juicio plantearía que lo segundo sea una enfermedad: la polémica parte de entender o no la homosexualidad como una cosa u otra. Pero a nadie se le escapa que ser diferente se paga con la discriminación en muchas ocasiones. Las diferencias genéticas (raza, sexo, piel...) han sido motivo de discriminación social, aunque la responsabilidad del individuo sea nula en estos casos y aunque no afecte en absoluto a sus características como personas dignas. Es bien conocido, por ejemplo, como muchas culturas acaban condenando al portador desventurado de una diferencia genética. En algunas tribus de África, algunas desviaciones genéticas como el albinismo se siguen condenando con la pena de muerte. Por no hablar del "error evolutivo" que para los nazis suponía la raza judía o para los WASP la minoría negra americana.
En definitiva, suponiendo -y es mucho suponer- que la homosexualidad sea una enfermedad al uso y no una mera peculiaridad genética, eso no eliminaría en un solo ápice su dignidad humana. Por detrás de esto, uno también puede preguntarse si padecer una enfermedad restringe determinados derechos civiles, como ha sido hasta hace poco el de formar pareja de hecho. Si ese es el caso, estamos comparando a los homosexuales con deficientes que han perdido el uso de sus facultades mentales, que no son capaces de ser autónomos. Considerar al homosexual como ciudadano de segunda significa ponernos a la altura de cualquier racismo o discriminación de género que haya sucedido en nuestra historia.

Sigamos. Consideramos a los homosexuales como viciosos: gente pensando continuamente en sexo. Y aquí entramos en la duda de si no estaremos cayendo en la típica falacia de generalización indebida. Por un homosexual llamativo que encontramos por la calle, nos toparemos con otros muchos en los que no detenemos nuestra mirada porque no los reconocemos como gays o lesbianas. O incluso más: tendemos a pensar que los gays a todas horas del día hacen honor a su condición de homosexual. Cuando pensamos en las posibilidades que tendríamos de encontrarnos a un gay vistoso y con pluma en una oficina de ejecutivos o en el personal de hospital, sin duda estas serán parecidas a las de encontrarnos en el mismo ambiente a una chica vestida de gala para una fiesta de fin de año.
Incluso podría atreverme a asegurar que por un homosexual promiscuo nos encontramos la misma proporción de gente heterosexual con igual promiscuidad. Pero están ya muy lejos los tiempos en que llevar una falda por encima de las rodillas era sinónimo de ser la más guarra del barrio. Hoy en día encendemos la televisión y hermosos chicos y chicas inundan continuamente la pantalla con mensajes eróticos; se aprueban leyes que garantizan métodos anticonceptivos y aborto por la vía rápida. Estamos en una cultura juvenil en la que quien no triunfa en el sexo, es un perdedor, y esa sensación de fracaso está igual en todos, independientemente de nuestra orientación sexual. La diferencia es que no nos escandaliza el erotismo heterosexual, mientras que seguimos considerando el homosexual como tabú. Las contradicciones son realmente extrañas: es frecuente conductas cuasi-homosexuales entre grupos de jóvenes completamente homófobos. El típico macho ibérico, seguro de su virilidad, machista y opuesto a la homosexualidad, no evita el contacto físico e incluso el beso como reforzamiento de la amistad masculina, en un sentido que nos llevaría a las prácticas de la antigua Grecia. Y uno se pregunta, nuevamente, quién es aquí el gay, quién el promiscuo, quién el hipócrita y quién el paranoico que no distingue la realidad que nos toca vivir.

sábado, 7 de noviembre de 2009

A VUELTAS CON EL PRINCIPIO ANTRÓPICO

La casualidad no gusta a los científicos ni a los filósofos. Cuando Monod propuso que la tierra no estaba preñada de vida, a más de un biólogo se le ocurrió que esa no era una buena solución. El francés además lo disfrazó de absurdo. Si la vida en la tierra ha sido una cuestión de buena suerte, no podemos buscar ninguna coartada explicativa para el hombre. Somos mera materia, somos puro azar. Olvidémonos de un dios creador, de un destino manifiesto, de una superioridad genuina. Nuestro único reto es superar el absurdo: el absurdo que supone sabernos partícipes de una evolución de la materia en la que solo somos un casual eslabón más, y en la que no hay explicación más allá de eso.

Sin embargo, hoy en día pocos científicos y filósofos tienden a dar la razón a Monod, al menos en el ámbito del azar. De Duve es claro: la vida (y la vida inteligente también) estaba condenada a aparecer en el universo dadas las características de la materia. El azar no es parte esencial de la explicación de la vida: tan solo deja abierta una fecha y un lugar que tarde o temprano tiene que ocurrir. A esto es lo que muchos pensadores y científicos acabaron denominando el principio antrópico. Los teólogos contemporáneos se arriman a esta tesis con entusiasmo como forma manifiesta de hermanar de una vez por todas evolución y religión. Dios ha dispuesto desde un principio unas reglas, unas condiciones que permitirán a la materia evolucionar por su cuenta, esta vez, sometidas al azar. Y aquí uno no deja de acordarse de las homeomerías de Anaxágoras, esas "semillas" depositadas por una inteligencia ordenadora que tarde o temprano irían a dar sus frutos en la naturaleza.

Hasta aquí, biólogos y teólogos parecen ir juntos de la mano. Pero no hay que olvidar que el hecho de defender el principio antrópico da una trascendencia al origen, pero no significa que se pueda proyectar en el futuro. C. De Duve es aquí muy claro: aún aceptando este principio, seguimos igual de solos en la naturaleza. Las evidencias de la evolución, la explicación más fácil, es seguir considerando al hombre como un mero paso más en una carrera evolutiva hacia la complejidad. Tal vez incluso pueda tratarse de un error. El principio antrópico se volvería completamente inútil para dar cierta explicación trascendente a nuestra vida. En definitiva, el principio antrópico es útil como una posible bisagra en las complicadas relaciones entre ciencia y religión, pero no es el argumento definitivo.


Surcos en la arena: efectos azarosos del viento o producto del arado del hombre. Algo así es la problemática con la madre naturaleza.

martes, 3 de noviembre de 2009

EL DESAFIO DE LA CASUALIDAD


Llamo casualidad a lo que en filosofía técnica llaman contingencia: aquello que no es necesario, aquello que ocurrió pero bien podría no hacerlo. Azar, suerte, potra o infortunio. Casualidad es lo contrario a lo determinado, llámenlo destino estoico, la necesidad científica, la razón metafísica.
Se decía habitualmente en el mundo de la filosofía tradicional, que todo giraba en torno a una pregunta básica: por qué existen las cosas y no la nada. Esa pregunta pasaba una y otra vez delante de nosotros en las aulas universitarias y sin embargo, nadie nos explicó realmente su trascendencia, o nosotros no teníamos una formación adecuada para comprenderla. Quizás la adolescencia universitaria no sea el mejor momento para plantear la cuestión. Quizás sea una pregunta para viejos.

La metafísica tradicional buscó siempre una explicación racional a esta pregunta: las cosas existen por algo y para algo, si vale aquí el guiño aristotélico. Las ciencias desmontan toda justificación metafísica: existe el hombre por casualidad, como podía no haber existido. Con una composición genética y cultural azarosa. Moreno y listo o torpe por azar. Occidentales por casualidad. Clase media por casualidad. Cristianos o ateos por casualidad. Con razón Rorty pone a Nietzsche, Wittgenstein, Freud y Dewey entre los maestros de la contingencia. Y por esto Monod sostenía que detrás del azar solo queda el absurdo de la existencia.

Pero la casualidad pone nervioso a todo el mundo. No satisface al científico, más contento con el mecanicismo. Tampoco al filósofo, a la espera de una razón suficiente explicativa del mundo. Y mucho menos al religioso. Incluso los emperadores romanos, señores del orbe que no tenían más juez que su propia conciencia, esperaban siempre un rayo o un águila que solo ellos eran capaces de ver para anunciar a la gente que los dioses estaban de acuerdo con sus decisiones. tal vez este deseo de encontrar un sendero en el bosque sea lo que mueva muchas voluntades humanas. Quién sabe.

lunes, 2 de noviembre de 2009

LA AUTORIDAD A DEBATE


Estas son las actas del debate sobre la autoridad del profesorado celebrado en 4º A. Como fiscales y defensores del alumno participaron Andrés, Iñigo Hergueta e Ignacio. Como abogado del profesorado, Ángel, profesor de Ética. Blanca actuaba como moderadora y Henar como secretaria. Gracias a ella disponemos de tales actas.
1. Tienen demasiada libertad los alumnos de secundaria?
Fiscalía: Una vuelta atrás no es buena, y va a ser dolorosa. hay que ir poco a poco. Hace años la autoridad del profesorado era excesiva, y ahora parece lo contrario.
Público: No están formados para tener esa resposabilidad. Se os dan demasiadas facilidades y luego pasan factura. Tratarnos como a niños implica que después no van a estar preparados para otras etapas en la vida.
3. Está el adolescente más cerca del adulto que del niño?
Fiscalía: Si nos castigan, tienen que dar razones. Dentro de dos o tres años iremos a la universidad.
Abogado: Los adolescentes tienen un doble juego. Cuando os meten caña, os refugiáis en que no sois adultos. y cuando os conviene os sentís muy adultos.
Público: Estamos más cerca de los adultos, pero nos comportamos como niños y no queremos afrontar los problemas. Somos niños o adultos según nos conviene. Los profesores además tienen preferencias entre unos alumnos y otros.
4. Acaba la autoridad de un profesor en el colegio?
Fiscal: Fuera del centro es un adulto normal. Sin embargo, si un profesor tiene confianza contigo, siempre es un buen consejero, aunque no tenga autoridad sobre ti.
Abog: Sin embargo, nos olvidamos la gente que se fuga una clase. Estando fuera del colegio, es el colegio el que tiene resposabilidad sobre el alumno. En horario lectivo, deberíamos tenemos autoridad independientemente del lugar en el que se encuentre el alumno.
5. En algunas comunidades profesor es igual a policía. Estarían de acuerdo con pagar una multa económica por insultar a un profesor?
Fiscal: está mal cuando son también los profesores los que te insultan. Por otro lado, en el hipotético caso que hubiera que pagar multas, el estado sería el que gana de todo esto, no los alumnos.
Abogado: Efectivamente, la autoridad tiene que cumplir la ley que promulga. Pero una cosa es un insulto directo y personal, y otra cosa es algo genérico. Además, el profesor no cumple el mismo rol o status dentro de una clase.
6. Tienen algún sentido las tarimas en las clases?
Fiscales: Deberíamos estar todos los integrantes de la clase al mismo nivel. Si bien es cierto que aunque siempre se han utilizado como elemento de autoridad, son bastante útiles a la hora de explicaciones. Su función pedagógica es la adecuada.
Abogado: hay que mantenerla, porque ayuda a la autoridad en situaciones difíciles. El valor de la tarima no es el mismo en una clase de primaria que en la secundaria.
7. Se debe volver al trato de usted en las clases?
Fiscales: No, se pide a los profesores confianza y cercanía en las relaciones con los alumnos. hay clases en las que se propone el tratamiento de usted, porque así se mantienen distancias entre el profesor y el alumno.
Abogado: El trato de usted es conveniente en determinadas circunstancias. En clases conflictivas, y por último como una forma de comportamiento que después se aplica en la vida cotidiana. Los adolescentes tienden a ver los adultos como iguales y eso es una equivocación.
8. Se deben levantar los alumnos con la entrada del profesor al aula?
Fiscales: No entendemos por qué tenemos que tener un trato educado cuando los profesores no son educados con nosotros.
Abogado: Nuevamente, esta es una medida que puede resultar ridícula, pero que también puede resultar educativa en la vida cotidiana. Los adolescentes no están acostumbrados a hacer ningún trato de deferencia hacia los adultos, creyendo que tratan con iguales.
La moderadora Blanca.

Los Sres. fiscales deliberando la estrategia a seguir.

La secretaria y público asistente.

domingo, 1 de noviembre de 2009

LOS QUINTOS DE TORREORGAZ


Los hechos son los siguientes: aprovechándose de la vieja tradición de los quintos, unos adolescentes aprovechan para hacer gamberradas y acaban linchando con palos a una burra hasta matarla, con señales de vejamiento y crueldad indecibles. La burra aparece malherida y moribunda al día siguiente en mitad del pueblo, sangrando por la boca.

Una persona cualquiera se puede hacer multitud de preguntas por este acontecimiento. Cómo es posible que exista todavía esta falta de sensibilidad y ese regusto por la crueldad tan gratuita. Cómo es posible que jóvenes casi adultos actúen en completa impunidad, movidos por el alcohol y el aburrimiento. A cualquiera la noticia le sume en cierto pesimismo antropológico. Si una persona no es capaz de respetar un animal cercano y puede matar a sangre fría y por placer, difícilmente podrá entender retos éticos y ecológicos más abstractos. Me pregunto qué puede significar "cambio climático" o "desertización" para un individuo que acaba de cometer tales actos. Se encogerá de hombros y dirá que no es problema suyo.


Alguien podría decir que esto no es para tanto y establecer una línea tajante entre animales y hombres como seres con una dignidad distinta y reglas éticas diferentes. Pero aquí habría que reflejar muchos matices. No todos los animales son iguales: matar un mosquito no es matar un burro. Un mamífero es capaz de reflejar el dolor en su rostro y la persona que lo maltrata, saber perfectamente que le está haciendo daño. Si alguien es capaz de este maltrato, dudo que no se atreva alguna vez con alguien de su propia especie. Y por otro lado, los animales precisamente son más vulnerables que muchos humanos. No pueden defenderse ni enarbolar la bandera de la injusticia. No nos contestan ni pueden acusarnos de cobardía. Si tanta supuesta dignidad tiene el hombre, debería darse cuenta que precisamente es tarea suya la de respetar en la medida de lo posible las reglas del juego de la naturaleza.

miércoles, 21 de octubre de 2009

ENTREVISTA CON EL PRIMER ANARQUISTA: DIÓGENES.

La actual vivienda de nuestro distinguido personaje.

Señoras y señores, tapénse los ojos con el personaje que tenemos aquí. Ni más ni menos, 2500 años después, el señor Diógenes está aquí presente con nosotros y ha tenido a bien concedernos una entrevista para nuestro blog. Lo encontramos en los restos de una casa okupa, mascando una raíz, y preparando unas setas que se ha encontrado en el parque.

Ent.: Usted es una persona conocida en el mundo entero por su amor a la basura.
Diógenes: No, no te equivoques. Yo no amo la basura. Me resulta completamente indiferente para mí.
Ent.: Pero una enfermedad tiene su nombre...
Diógenes (suspira): Ya, ya me he enterado. En fin, supongo que me lo habré buscado, pero no era mi intención pasar por el personaje más guarro de la historia.
Ent.: Tiene algo contra la higiene personal?
Diógenes: No. Lo tengo solo contra los afeites, lociones, colonias, piercings y tatuajes. Vomitaría sobre todos aquellos que embellecen su cuerpo para no aceptar el paso del tiempo.
Entr.: Se cuenta que tuvo problemas con las autoridades de su ciudad...
Diógenes: Joder, miles de años repitiendo la misma historia. Vamos a ver, me echaron de mi ciudad por no querer hacer lo que vosotros llamáis el servicio militar. Negarse a eso es como morir en vida. Pero, ya ves, murió toda mi familia, y no tenía nada que me apegara en aquella tierra. Me pregunté: y por qué no veo algo de mundo. Algo que me aleje de mis provincianos ciudadanos.
Entr.: Y embarcó.
Diógenes: Y efectivamente, embarqué. Y fue cuando me cogieron preso los piratas. Aquella experiencia me enriqueció mucho. Me di cuenta de lo sencillo que era sobrevivir con tan poco, y seguir siendo feliz. Los piratas me admiraban porque era capaz de resistir cualquier penalidad sin inmutarme lo más mínimo.
Entr.: Después llegó la liberación.
Diógenes: Sí, y mi llegada a Atenas. Caí en gracia a mi libertador, y un tiempo después, me concedió todos sus bienes.
Entr.: Eso, aparentemente, está en contra de toda su forma de entender las cosas.
Diógenes: Efectivamente, ahí tuve que hacer la gran opción de mi vida. No sé si me creerás si te digo que estar con esos bienes, gozar de una casa y una reputación se convirtió en una cárcel mucho peor que la de los piratas.
Entr.: Y de ahí pasó a pasearse por la ciudad en tinaja y viviendo como los perros.
Diógenes: Más o menos. Pero era libre. La libertad es un sueño por el que hay que darlo todo.
Entr.: Es cierta la historia que cuentan de usted con Alejandro Magno?
Diógenes: Solo en parte. Es cierto que ese tipo me prometió el oro y el moro, pero yo no estaba interesado en esas cosas. Tan solo le pedí que me dejara en paz y me dejara disfrutar del sol. Le pregunte, puedes darme el sol, eh, si no puedes, ya te vas por donde has venido.
Entr.: Pero eso es lo que se dice de usted.
Diógenes: Sí, pero luego no cuentan que los esbirros de Alejandro me sacudieron y me rompieron la tinaja donde vivía. El tío no era de esos a los que puedes humillar así como así, entiendes...
Entr.: Se sintió humillado ese día?
Diógenes: humillado, no por favor. De hecho, le debo un favor: me ayudó a quitar el último amor que me quedaba entonces, la tinaja. Empezaba a sentirme demasiado apegado a aquello.
Entr.: Veo que ha cambiado su tinaja por el neumático gigante en una casa ocupada.
Diógenes: viene a ser lo mismo. Me interesa siempre estar en los márgenes de la sociedad.
Entr.: No echa de menos el amor?
Diógenes: El amor genera ataduras. Cuanto más amas una cosa, más miedo tienes de perderla. A largo plazo, el amor es sufrimiento. Sufrimiento para ti, y también sufrimiento para aquellos que te aman.
Entr.: No a la guerra?
Diógenes: La guerra es de idiotas. A mí que no me vengan, quien va a la guerra, va porque quiere. Mira al Russell, ese no quiso ir a la guerra, y pum, enchironado. Pero no fue a la guerra.
Entr.: Una palabra que le defina.
Diógenes: Indiferencia. Ataraxia. Paz interior.
Entr.: Otra gente le definiría de otra forma: se le acusa de ser un provocador y gustarle la polémica.
Diógenes: Como comprenderás, lo que piense el resto de la gente de mí... me importa más bien poco.
Entr.: Sobre la religión.
Diógenes: Mi compañero Nietzsche ha dicho todo lo que tenía que decir al respecto. En cualquier caso, guardo mucho respeto hacia el budismo.
Entr.: Una última cuestión. Cómo ve el mundo en nuestra época.
Diógenes: Una puta mierda. Volver a vivir para ver esto no merecía la pena. Nunca he visto hombres más sometidos a las más variadas de las obsesiones. Tú mismo, esperando que su entrevista sea vista o leída por gente, pendiente de un salario. Estás conmigo tres días y te hago el mejor de los perros.
Entr.: no lo creo posible.
Diógenes: La verdad es que yo tampoco.

martes, 20 de octubre de 2009

CONVERSACIONES DE BESUGOS

Como he iniciado por desgracia un debate sobre el nacionalismo en las clases de bachillerato, me ha venido a la mente una experiencia que tuve yo hace un tiempo en el extranjero. Esta conversación de besugos ocurrió de una forma muy parecida hace un par de años en un pub de Dublín, cerca del Temple Bar. Un extremeño, un catalán y un francés comparten habitación en un albergue: la compañía genera amistad y están alegremente tomando unas pintas de Killkenny al caer la noche. Todo parece ir bien cuando de pronto, las negras nubes de la política se ciernen sobre el horizonte y amenazan romper la paz...

RENÉ: La diferencia de Irlanda con España es el horario de los bares, no...

PEPE: Y la dirección de los coches...

JORDI: No nos metamos con la política, no nos metamos con la política...

PEPE: Qué política, coño, si está hablando de España, hombre...

JORDI (irónicamente): Qué España? Será la tuya, a mí no me mires...

PEPE (con risillas): No empecemos por ahí, Jorge, Jorge.

JORDI: Oye, que me llamo Jordi.

PEPE: Claro, claro, pero eso será en catalán.

JORDI: Y el catalán no es una lengua reconocida por tu estado español?

PEPE: Bueno, pero tengo el derecho a llamarte en mi lengua, no... Bueno, pues te llamo George, que para eso estamos en Ireland, all right?

JORDI: Y por qué no llamas a "René" Renato, tío listo?

PEPE: Es distinto, carajo...

JORDI (dando un suspiro): Ya ves, René, que los españoles ni siquiera respetan nuestros propios nombres... Y luego quieren que sigamos como si nada... Pero cómo vamos a continuar en ese país... Si hasta nos ha impuesto la salvajada de los toros!

RENÉ: Yo también los odio...

PEPE: Si, pero seguro que no odiáis la party española y el jamón. Jordito, sois vosotros los que queréis destruir a España, malos bichos. Mirad, si pertenecéis al estado español, ya está, no hay vuelta de hoja... qué pone en tu pasaporte, e-s-p-a-ñ-a. Cataluña desde siempre ha sido española.

JORDI: Buen ejemplo de lavado de cerebro de la clase dirigente españolista. Mira ignorante, Cataluña tuvo leyes propias hasta el siglo XVIII, y luchamos contra los Borbones por eso. Nosotros no decidimos nunca entrar en vuestro país. Nos conquistasteis, y ya está.

PEPE: Bueno, bueno, no te vayas por las ramas. Si yo no me meto con vuestra cultura, os la podéis comer con patatas, pero el hecho es que es vosotros a quienes os lavan el cerebro... Sois españoles, no se os olvide... en Europa siempre os han llamado españoles. Y cómo te llaman en el albergue, eh, spanish...

JORDI: Y eso acaso lo hemos decidido nosotros? Es el mejor ejemplo del actual fascismo español. Bien, si tan legales sois, haced un referendum de autodeterminación, cagaos, y atenéos a los resultados. Dejadnos elegir...

PEPE: Es que el resto de las comunidades tienen el derecho de opinar, no... Tú lo ves así, verdad Renato...

RENE: Hombre...

JORDI: !Pero si España se la inventaron los fachas!

PEPE: Y Cataluña se la han inventado vuestros nacionalistas!
(los dos se miran fijamente. Jordi ha destrozado todos los posavasos de la mesa en pequeños cachitos, quizás lo que le gustaría hacer con el estado español. Pepe ha alzado tanto la voz que la camarera le llama la atención y piensa que está como una cuba. En la discusión, cada uno se ha puesto a insultar en su propia lengua)
JORDI (más calmado): Mira, Rene, en el fondo, todo es la pela.

PEPE: En eso si que tiene razón el Jorge... Eso, eso, la pela. Bien os gusta tirar de Madrid.

JORDI: Qué dices, pepero...

PEPE: Disculpa, me llamo Pepe... y para los amigos.

JORDI: No le hagas ni caso, René. Lo que os gusta es chupar del bote, que bien agarrado lo tenéis. El estado español es un parásito. Destina el dinero a unas comunidades que lo malgastan. Somos una de las comunidades que más se gasta en vuestra España. Y pregunta a estas regiones qué han hecho con el dinero de Europa, eh, tan solo crear funcionarios improductivos que no hacen nada.

PEPE: Cómo es posible decir eso... sin España nunca habríais llegado a nada. O es que os olvidáis de la cantidad de dinero que se invirtió en vuestra tierra. Tiempo es que los más ricos cedan algo a los más pobres, no? Si queréis la independencia, devolvednos nuestro dinero, chorizos!

JORDI: Ah, así que es por eso por lo que apoyáis a España... No, si en el fondo sois todos unos hipócritas, apoyáis a España por la mera razón de que tenéis miedo que os cierren el grifo, eh, si al final la pela es la pela. Queréis seguiros llamando españolitos para que os mantengamos! Vaya mierda!

PEPE: Chorizos!

JORDI: Parásitos!

PEPE: Aprovechados!

JORDI: Gumias!

RENÉ: Joder con los españoles...

JORDI: A mí no me llames así...

RENÉ: Joder con los españoles Y los catalanes... Me pregunto si todos tenéis la misma mala sangre... Me recuerda algo de la peli Trainspotting. Dentro de unos años, no habrá ni escoceses ni ingleses, ni catalanes ni españoles, solo gilipollas. Qué suerte tengo de ser francés... C'est super...
El extremeño y el catalán se quedan mirando al franchute, que por cierto, es hijo de vietnamitas, emigrados de la guerra de Indochina. Al final, una camarera japonesa nos anuncia que va a cerrar. El extremeño y el catalán se han puesto a gritar tanto que el resto del pub creían que estaban completamente borrachos. Son las once y media de la noche y por una vez, al menos por una vez, el catalán y el extremeño estarán de acuerdo: los bares cierran demasiado pronto en las islas británicas y la siguiente cerveza tendrá que esperar para el próximo día.

LA DIFÍCIL TAREA DE REBATIR EL FINALISMO.

Los objetos del mundo material deben explicarse desde las leyes de la naturaleza: la posición de buena parte de los científicos de la biología aquí es bastante clara. A cualquier científico le da una alergia terrible la posibilidad de una interpretación sobrenatural para explicar las paradojas y las dificultades internas de la teoría de la evolución. Basta observar las controversias que suscitan los autores, desde Teilhard de Chardin hasta Michael Behe (el divulgador del intelligent design), o la interpretación "libre" del principio antrópico por parte de la teología católica, y que suscitan el rechazo casi unánime de la comunidad de bien pensantes científicos. Ahora bien, este rechazo no es más que un postulado filosófico. Tan discutible como el pretendido finalismo. Analizo un fragmento del clásico libro de Ernst Mayr, Una larga controversia, Darwin y el darwinismo.

"Desde los griegos ha habido una amplia creencia de que todo en la naturaleza tiene un propósito, un fin predeterminado, y de que estos procesos conducirán al mundo a una perfección cada vez mayor. Tal visión del mundo teleológica ha sido defendida por muchos de los grandes filósofos. La ciencia moderna sin embargo, ha sido incapaz de demostrar la existencia de tal teleología cósmica. Tampoco se han encontrado mecanismos o leyes que permitan el funcionamiento de una teleología como esta. La conclusión de la ciencia es que las causas finales de este tipo no existen."

Aunque puedo estar de acuerdo con la tesis básica (una negación de la teleología) y la incomodidad que supone su contrario, reconozco que me desconcierta la arrogancia con la que la ciencia se erige en la refutación de tesis filosóficas. El hecho que la ciencia no descubra (o no haya descubierto) la existencia de unas leyes finales explicativas de la naturaleza no significa que estas no tengan que existir. Es una falacia básica en la que la comunidad científica no deja de incurrir de cuando en cuando.
Por otro lado, la creencia en el finalismo es precisamente eso, una creencia que da sentido a la presencia del hombre en la tierra: una explicación de nuestra historia y una prolongación en el futuro de la misma. Esa prolongación en el futuro significa nuestro destino está abierto, y está sometido al cambio y a la decisión que tomen los hombres. La explicación material de la evolución acaba por convertirse en una interpretación del sentido de nuestras vidas.
La ciencia, por muchas leyes científicas en las que pueda apoyarse para defender la contingencia de nuestra especie o el triste destino que pueda depararnos la vorágine evolutiva, no puede ni afirmar ni negar esta interpretación. A lo sumo ofrece un cálculo de posibilidades que en absoluto tiene por qué convencer a un creyente. Quizás sean los científicos, y no solo los teólogos, aquellos que intentan ver un orden racional (y mecanicista, en este caso) a un mundo que tal vez no lo tenga, o que sea completamente distinto al que piensan. Who knows...

Al final los caminos de la evolución, como los del señor, van a ser indescifrables e indestructibles.

viernes, 16 de octubre de 2009

PREMIAR EL TALENTO O DEFENDER LA IGUALDAD

Explicar Platón aparentemente no da problemas para un profesor, excepto cuando tocamos su mirada aristocrática de la sociedad. Aristocrático en sentido griego del término, y no medieval: el mejor es el que debe gobernar, y para ello, hay que darle una educación diferente a la del resto. Hay que mimar al mejor, según Platón, porque es la única forma de conseguir una sociedad equilibrada, en el que cada uno tiene que ocupar su puesto, marcado por sus capacidades naturales. El que no valga, como en Esparta, que sea pasto de los buitres: los griegos quizás no eran demasiado clementes con los débiles. Al menos Platón concedía que para averiguar quién es el mejor, todos eran iguales en el nacimiento: hombres y mujeres, ricos y pobres, nobles o plebeyos. Pero una vez que se hacía la selección y se conocían las capacidades del individuo, cada uno debía ocupar su puesto en la ciudad.
En una sociedad como la nuestra, nuestra primera reacción es un fuerte rechazo hacia esta interpretación: preferimos casi la mediocridad del pueblo frente a la visión autoritaria de una élite bien formada, sobre todo porque la historia nos enseña que las élites también se corrompen y acaban en dictaduras o desigualdades. Pero mirando hacia el modelo de Platón, se nos suscita la pregunta eterna de si no hay ninguna cosa salvable de su teoría: si debemos regresar a una educación que premie el talento o no. El debate en segundo de bachillerato se hizo agrio entre aquellos que no deseaban una educación elitista y defendían la igualdad como un logro básico de nuestra sociedad, frente a otros que deseaban recuperar el talento aún a costa de provocar una división educativa para no dejar en la estacada a los más capacitados. El tema es complejo y delicado.
La enseñanza tradicional partía de privilegiar tres cosas: la riqueza, el talento y el esfuerzo. Desgraciadamente, la capacidad económica y la posición cultural condicionaba en buena medida la explotación del talento y la rentabilidad del esfuerzo del alumno. Se producía la terrible injusticia de mucha gente con talento o con ganas de estudiar que no podía aspirar a una educación superior por no haber tenido una posición económica mínima. En los últimos cuarenta años, se intentó evitar esta lacra, haciendo una enseñanza obligatoria y gratuita hasta los 16 años y abriendo por primera vez en la historia la universidad a las clases más humildes.
Pero esto no ha sido sin costos: en la necesaria lucha por alcanzar una igualdad de oportunidades para todos, me parece que se ha echado por la borda las otras dos características que eran imprescindibles para un buen sistema educativo. Es casi tópico decir que para que esa igualdad de oportunidades fuera real, ha sido necesario reducir el esuferzo, conceder mil y una oportunidades, y rebajar los mínimos para aprobar. De esa manera, consejerías y ministros defienden que el fracaso escolar se reduce; dentro del profesorado, está la opinión generalizada que los títulos de la E.S.O. casi se regalan.

Aparentemente, todos serían felices en este mundo color de rosa, excepto por dos cosas con una factura importante para la sociedad. En primer lugar, la situación no es agradable para aquellos que precisamente tienen un talento oculto o unas capacidades superiores al resto. De acuerdo con las estadísticas, un 2% del alumnado tiene una inteligencia muy superior a la normal, y es en esta pequeña franja donde el fracaso escolar se extiende con fuerza. Tenemos superdotados condenados al fracaso por falta de motivación, o que están a la mitad de su rendimiento potencial. Pero está claro que en nuestra educación se premia el derecho a aprobar frente al derecho de aprender más.

Del otro lado, hacer un sistema educativo "blando", significa condenar al engaño a mucha gente que a fuerza de repetirselo, se cree que la vida después de la ESO o el bachillerato sigue siendo igual de fácil. Ojalá la sociedad que nos rodea tuviera la misericordia que tiene un profesor de secundaria con sus alumnos: Generamos expectativas que después son imposibles de cumplir, y el fracaso que ha sido evitado en la secundaria aparece con toda su fuerza en la universidad o el mundo laboral.

El reto, naturalmente pasa por mantener esa igualdad de oportunidades para toda la sociedad (no podemos permitirnos quitar la mejor cualidad de nuestra educación) pero superando el durísimo costo de sacrificar lo mejor de nuestro alumnado y condenarlo a la holgazanería y el aburrimiento. Es cierto que se están dando pasos en esta atención a la diferencia y los alumnos están dejando de considerarse todos iguales. Pero mientras el objetivo primordial de los políticos y padres sea sencillamente reducir de cualquier forma la estadística del fracaso escolar, no haremos las cosas bien, y los profesionales cualificados que necesita la llamada "sociedad del conocimiento" seguirán tan lejos como siempre.
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La educación color de rosa: un engaño sobre la vida real, o un lugar donde por fin hemos desterrado el elitismo y las diferencias económicas.

martes, 13 de octubre de 2009

DE PLATÓN A INTERNET: LA E-CAVERNA.

Las grandes imágenes y relatos de la cultura son aquellos que quedan tan abiertos y universales que los nuevos tiempos lo pueden reinventar y cambiarlo todo para no cambiar nada. Mirando a la filosofía, busco esas imágenes clásicas, atemporales, que nos dicen todavía cosas desde el tiempo que fueron pronunciadas por primera vez. Lo único que encuentro, naturalmente, es el regreso a las tinieblas: el regreso a la caverna de Platón. Fantástica metáfora que se prolonga hasta nuestros días.

Uno se puede preguntar qué puede decir Platón en nuestros días, y se puede reducir en una sola cosa, eterna en la vida: la distinción entre la apariencia y la realidad, lo falso de lo verdadero, la imagen de la auténtica realidad, la copia del modelo, y por último, la terrible obligación de tener que optar entre una cosa y otra. Lo bueno de las metáforas es que podemos hacer sustituciones de términos hasta el infinito, mientras mantengamos su sentido: cambien las sombras proyectadas gracias a un rudimentario fuego, por las imágenes pixelizadas de la pantalla que está viendo en este preciso instante, y ya tienen el Platón del siglo XXI.


No es difícil imaginarme a mí mismo, escribiendo en la pantalla de este ordenador y sobre el océano Internet, trasladado al mito y sintiendo las cadenas invisibles y pesadas, embrujado ante el poder de las imagénes del final de la caverna. Somos la generación de la e-caverna: lo primero que hacemos al llegar a casa es encender el ordenador, y a cambio de nuestro silencio y ensimismamiento nos ofrece música, imágenes y escritura y sosiega nuestra alma: todo aquello que tenían los esclavos al final de la caverna. El mundo fuera de la red es demasiado incómodo, y estamos más tranquilos delante de una placentera pantalla, modelando ese mundo como a nosotros más nos guste, y siendo modelados por otros. No contemplamos personas, contemplamos reflejos desfigurados. Amamos y odiamos a través de la red: el culmen de la apariencia y la copia de la copia.

La pregunta, naturalmente, parte de si nosotros dominamos la e-caverna o es ella la que nos controla. Y si, además, merece la pena rebelarse y salir al mundo. Muchos lo tienen claro: es preferible quedarse en ella.

La vieja caverna, tal y como la describió Platón.


La representación casi cinematográfica o televisiva del mito de la caverna.


Nueva fase: Reglas para encadenarse a la e-caverna el mayor tiempo posible y no morir en el mundo real.

lunes, 12 de octubre de 2009

AGNÓSTICOS DE LA CIENCIA (II): GOULD Y SU "NOMA"


Stephen J. Gould fue considerado con justicia como uno de los máximos defensores del agnosticismo entre los científicos. Persona creativa, denominó a su agnosticismo como NOMA (non overlapping magisteria), una idea tan antigua como que religión y ciencia tienen sus terrenos bien delimitados y que no tienen por qué chocar. Como también resulta clásico, este doble magisterio implica que la ciencia intenta explicar el carácter fáctico del mundo natural, mientras que la religión responde a las preguntas de sentido de carácter ético y espiritual.
Gould defiende en varios de sus libros que la lucha entre ciencia y religión ha sido una invención. Los conflictos han sido ficticios, producidos por ruidosas minorías, más que por las corrientes mayoritarias de las dos disciplinas. Incluso se han dado malinterpretaciones, como el combate ficticio entre Colón y la iglesia o Galileo con la inquisición. En realidad, según este autor, el conflicto de las dos disciplinas ha tenido un desarrollo histórico, el siglo XIX y las luchas de la evolución, que hoy en día él creía superadas. Por otro lado, los científicos -según Gould- nunca se han preocupado por cuestiones filosóficas. Pocos científicos relevantes conocen la obra de Popper o de Kuhn, y mucho menos la obra de teólogos que han intentado adecuar los campos de las dos disciplinas.

La posición de Gould sin embargo es optimista: el hecho que los científicos no hayan leído a filósofos o teólogos, no quiere decir que ellos no hayan intentado hacer filosofía subrepticiamente, o mantener una posición filosófica de forma indirecta. Al querer ir contra toda filosofía, proponen una posición supuestamente científica, que no son más que postulados filosóficos que han permitido el avance de su disciplina: un inmanentismo que implica una posición materialista, y en el peor de los casos una reducción de la ética o la religión a una explicación biológica. Quizás el peso de la historia de la ciencia es aquí determinante: su disciplina se ha visto como una "cruzada" contra las creencias heredadas por la tradición y que en muchas ocasiones efectivamente, se han probado después falsas.
Dawkins, el eterno rival de Gould, propone en su controvertido libro The God Delusion por qué solo los teólogos tienen el derecho de esclarecer las preguntas de sentido. Quizás Dawkins tenga razón aquí, pero tiene que saber que a partir de ese momento, está él mismo haciendo filosofía, y no biología. Y como cualquier filosofía, esta es discutible siempre.

viernes, 9 de octubre de 2009

LAUZIER, EL MEJOR FILÓSOFO POSTMODERNO



Sí, a mí no me cabe la menor duda que las viñetas y las elaboradas historias de Lauzier son el mejor reflejo de la sociedad francesa de la postmodernidad. No me hablen de Derrida, Lyotard, Deleuze y todos los productos postestructuralistas de los setenta y ochenta. Para qué leer sus ininteligibles libros, si con un vistazo a estas viñetas queda todo resuelto? El tema de género, la liberación sexual, el acoso del capitalismo desatado, la caída de las ideologías, la patria y el marxismo, el vacío existencial... Todo esto aparece en Las Cosas de la Vida, la que yo creo que es su mejor colección. Un poco de esta visión ácida vendría muy bien a los progres ingenuos de nuestro país... Este filósofo metido a dibujante murió hace casi un año, pero desde hacía más de quince que abandonó el mundo de la viñeta. Quizás el comic adulto europeo murió con él.
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¿MÁS ESCUELAS Y MENOS CÁRCELES?: EL OPTIMISMO DE SÓCRATES CUESTIONADO.

¿Se deben rebajar la edad penal de los adolescentes a los 16 años? Esta era una de las polémicas que teníamos en las clases de segundo de bachillerato tras estudiar la filosofía de Sócrates. El problema viene de lo siguiente: el adolescente se ha amparado en su estatus legal para hacer lo que le ha venido en gana. Los sucesos de Pozuelo en verano son solo un ejemplo de la total impunidad que parecen disfrutar en nuestro país. Destrozad, chicos, el castigo va a ser mínimo y la diversión total.

Ante esta cruda realidad, la educación se ha mostrado ineficaz; la autoridad, socavada; los padres, indulgentes y ciegos, y las nuevas tecnologías, reforzando la actitud retadora de los adolescentes, en espacios ajenos a la interferencia adulta como tuenti. ¿Qué hacer? La respuesta más sencilla es reforzar la autoridad. El adolescente parece consciente de lo que hace, y eso le convierte en responsble: aquel que reivindica y disfruta de derechos, debería también someterse a los deberes. Casi toda la clase estaba de acuerdo con rebajar la edad penal de los adolescentes. Pero me pregunto si eso será suficiente.

Frente a esto recordaba las enseñanzas del optimista Sócrates: el hombre malo es el hombre ignorante. Para eliminar el mal del mundo, eliminemos la ignorancia primero y formemos a los individuos en buenos ciudadanos. En resumen, Sócrates pide menos cárceles, menos condenas, y sí más escuelas, más formación. Naturalmente, los alumnos de Sócrates eran fervientes personas deseosas de saber más. En cambio un paseo por las aulas en nuestros días nos alejan de esa ilusión. Los progresistas pedagogos socráticos parecen estar a la defensiva en nuestros días: sus métodos no llegan a los alumnos. Tal vez haya demasiados rivales ahí fuera, esperando a la salida de clase, como Internet o la PS, y con ellos somos incapaces de combatir. O tal vez la culpa la tienen los otros profesores, los padres, que han dejado el oficio.

¿Habrá que abandonar definitivamente la palabra de Sócrates y desempolvar la vara de Platón? Platón decía que las buenas palabras no bastan para persuadir a lo hombres ignorantes: hay que obligarles. De lo contrario, corremos el peligro de ser asesinados como el héroe de la caverna por la masa ignorante. Pero que yo sepa, tampoco Platón tuvo mucho éxito en imponer su modelo político. Ante el actual problema de la educación no bastarán acciones espectaculares: el problema es más profundo que una decisión judicial, y aunque esta sea necesaria, no debería dejarnos satisfechos en el silla de nuestros pupitres.
Sócrates: ¿un filósofo en horas bajas?

miércoles, 7 de octubre de 2009

LA FALACIA MEREOLÓGICA: EL TODO FRENTE A LAS PARTES.

Con cierta sorpresa he leído algunas páginas del libro Philosophical Foundations of Neuroscience y por fin atisbo un poco de sentido común en el campo de la neurociencia.

Los neurólogos se han emocionado en los últimos tiempos con sus descubrimientos del cerebro y se creen lo más cerca posible de encontrar el significado definitivo y concreto de la mente, el alma y todo el lenguaje espiritualista que se nos pueda pasar por la cabeza. Esto es lo que Damasio, D. Dennet, y en sentido divulgativo, el señor Punset parecían haber extraido de las últimas investigaciones. Los últimos restos de todo tipo de dualismo, cartesiano y postcartesiano (Eccles y Popper), han quedado barridos después de varias décadas de disputas enconadas. Y cuando todo parecía clarísimo y cada una de las propiedades de la mente reducida a una complicada explicación neurológica, nos encontramos con esta obra.

Ahora resulta que los neurólogos han cometido un error, básico y tremendo, desde el comienzo de sus investigaciones: han confundido la parte por el todo! La crítica de Bennet (neurólogo) y Hacker (filósofo seguidor de Wittgenstein) se centra en el hecho que el cerebro no puede recoger todo el significado que representa el lenguaje relacionado con lo mental. El cerebro no oye, ni ve, ni inventa cosas, lo hacen los seres humanos entendido en su conjunto, parafraseando a Wittgenstein. Como consecuencia, la ciencia no puede responder a preguntas "conceptuales", ni al sentido último de la conciencia. Esto es lo que Hacker y Bennet denominan como falacia mereológica.

No es nuevo decir que la ciencia en general siente alergia ante cualquier contaminación holística y esta apuesta por un holismo de tipo linguístico no gusta nada entre muchos neurólogos y filósofos: Searle y Dennet se han apresurado a replicar, como era de esperar. Yo, desde mi ignorancia en tan profundo tema, sin embargo, quedo desconcertado: me pregunto si hacía falta esperar tanto tiempo para leer una sugerencia de este tipo en la literatura anglosajona, aún cuando estuviera apuntado ya en Wittgenstein. Y más cuando parte de la filosofía "continental" apostaba ya por esta respuesta hace más de cincuenta años. Paradojas de la filosofía ultraespecializada, supongo...
La mente como un todo, el cerebro como una parte. La imposible unidad de lo complejo. (Foto: Cuarto A 2009)

sábado, 3 de octubre de 2009

LA CIENCIA Y LOS LÍMITES DE LA RAZÓN EN LA POLÍTICA.


Se ha confirmado lo temido: el abultado déficit público ha conducido a un recorte de la inversión en investigación y ciencia, nada menos que de un 15 por ciento. No se tocan los salarios de los científicos, pero varias instituciones van a perder buena parte de su financiación para todo aquello necesario en la renovación de equipos, congresos y publicaciones. Alguien dirá que estos pueden ser gastos superfluos, pero la ciencia, para que dé resultados, tiene que ser eficiente, y la investigación es cara.


       Una persona ajena a la investigación puede considerar esto grave, pero no es consciente de lo que realmente supone. Estamos habituados a plantear un recorte del presupuesto en algo que dejas de percibir y quedas como estabas. La lógica del investigador no es esa, ni mucho menos. La investigación científica en nuestros días se basa en proyectos lentos, en los que es precisa la cooperación de muchos investigadores y a la vez se precisa de plazos de tiempo muy largos, de varios años, para ver un resultado tangible. Cortar de repente esa fuente de financiación no significa quedarte como estás: significa que todo aquello que se ha gastado hasta ese momento se tira a la basura. Con razón defendían desde el CSIC que la inversión en ciencia, si no subía, al menos debía mantenerse, pero no reducirse en esta proporción. Y las cosas se pueden ver desde una perspectiva aún más desagradable: si entendemos esto como un juego de competitividad, el diferencial con otros países no se queda en lo que reducimos nosotros, sino que hay añadir lo que otros aumentan en su presupuesto de I+D+i.
     Me pregunto una y otra vez por la razón de este cambio. Me gustaría estar equivocado en mi propia explicación, pero parece ser que es a lo que apunta una vez que sabemos quién gana y quién pierde en los presupuestos generales. Gana la política social, pierde la competitividad y la investigación. Que las prestaciones de desempleo en época de crisis sean intocables es algo que nadie cuestiona, pero el gasto social no acaba ahí y no todo tienen el mismo valor. Una vez más, el corto plazo atenaza las decisiones de la política.


      Es bien conocido por psicólogos y economistas que la racionalidad (poner los medios más adecuados para alcanzar un objetivo) no puede tener una prolongación en el tiempo hasta el infinito. Cuanto más lejos está un objetivo, más difusa se hace nuestra racionalidad y menos fuerza depositamos en ella. Y aquí parece ser que la concepción del tiempo (y los objetivos) para un científico y un político es desgraciadamente distinta. El político hace una gestión de acuerdo con sus intereses en un plazo máximo de cuatro años. El científico, como hemos dicho, puede sobrepasar ampliamente ese periodo de tiempo, y necesita naturalmente una estabilidad económica básica para alcanzar sus objetivos. El político tiene la esperanza que una subida en el gasto social le permita en un corto plazo de tiempo asegurarse los votos de la gente pensionista y de los desempleados y evitar naturalmente una revolución social. En cambio, el voto es menos seguro en la comunidad científica, sumamente reducida y más volátil.
     Si lo entendemos en resultados económicos a corto plazo, el gasto social permite mantener una tasa de consumo entre la gente más desfavorecida, o el millonario gasto en el salvamento de un banco permite salvar la circulación del crédito. La comunidad científica sin embargo, no puede ofrecer suculentas ofertas en tan poco tiempo. Siendo pesimistas, podríamos llegar a decir que la apuesta por la I+D+i no garantiza nada, puesto que estamos en un juego competitivo con otros países, que igualmente apuestan por la innovación. Pero invocar este tipo de argumentos para dejar de invertir en investigación sería un suicidio.


      Lo cierto es que la actitud de los políticos y el gobierno cada vez recuerdan más al rey Luis XV de Francia. Preocupados por la situación del país, los ministros le recordaban al rey que hacían faltas reformas a largo plazo en el reino si no se quería acabar en una revolución. Luis XV contestó de forma condescendiente, “después de mí, el diluvio”. Y así sucedió: el viejo rey murió feliz en su cama. Su hijo moriría guillotinado por la revolución. Nuestra incapacidad de mirar hacia el futuro puede llegar a ponerlo en cuestión.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

GRANDES AGNÓSTICOS DE LA HISTORIA: DARWIN


Una confrontación viciosa que encontramos a menudo en el diálogo entre religión y cultura lo suelen constituir las personalidades ganadas para la causa santa de la religión o del ateísmo (tanto da). Quién no se ha encontrado alguna vez en los periódicos intentos de desmitificar una figura religiosa, haciendo hincapié en sus contradicciones con el credo que decía promulgar. O, por el contrario, quién no ha oído alguna vez que el bando de los cristianos suma una oveja descarriada que en el último momento parece darse cuenta del error consumado a lo largo de su vida. La controversia aquí puede ser infinita y alcanzar un estado de necedad tal que nos hace retornar a un estado del saber en el que el argumento de autoridad (quién defiende una cosa y quién no) se convierte en la evidencia máxima de la verdad sobre algo.

Un autor al que no se le ha dejado en paz desde prácticamente su muerte ha sido Charles Darwin. Desde nuestro discreto punto de vista, esta persona nos parece un auténtico genio científico: perfilar una teoría tan elaborada para explicar las más básicas leyes de la naturaleza, basándose en evidencias sueltas de la geología y la biología comparada, no es una labor fácil se mire por donde se mire. Pero de la misma forma que este hombre de barbas blancas se convirtió en un gigante científico, supo actuar con humildad exquisita en el campo de la filosofía y la teología. Un gran científico no tiene por qué ser un filósofo brillante; más bien corre el riesgo de hacer el ridículo en ese campo, al creer que ambas disciplinas se pueden equiparar sin problemas conceptuales.

Que Darwin dudara y pusiera en puntos suspensivos sus creencias religiosas no se puede poner en cuestión en la actualidad. Su autobiografía lo deja bien claro, y en determinados apartados de otras obras también apunta a dicha cuestión. Ahora bien, el hecho que viera dificultades crecientes para cuadrar su teoría de la evolución con un panorama teísta, no hacía que redujera la cuestión religiosa a una respuesta puramente científica. Nos podríamos preguntar si esto era eludir el problema (e intentar no romper las tensiones religiosas de una sociedad victoriana), o si Darwin era plenamente sincero en esa declaración de incompetencia científica para resolver la cuestión de Dios. Posiblemente, no lo sabremos nunca: el secreto se ha ido con él a la tumba y solo nos quedan sus escritos biográficos.

Frente a esto, Richard Dawkins lo tiene muy claro: de haber nacido en nuestros días, Darwin habría abrazado el ateísmo. Al menos este último profesa bastante más prudencia que el primero en sus juicios filosóficos y religiosos. Tiendo a creer que Darwin tenía razones personales para no depositar esperanzas en un dios revelado. Su racionalidad por un lado, y sus experiencias vitales por otro, no le permitirían acercarse a esa solución. Cuando Darwin filosofa utiliza un lenguaje simple y muy básico, pero que deja traslucir muy bien sus experiencias personales y su sentido común. Le repugna el castigo divino por una simple falta o un error en la creencia religiosa, no entiende la existencia del mal en el mundo, y por supuesto, no ve la necesidad de una mano ordenadora de la naturaleza. Comprende la visión consoladora de la religión para una viuda, o la imponente belleza de las selvas sudamericanas, pero eso no le conduce a la creencia. Al menos, tuvo la claridad suficiente para no hacer de una experiencia personal y una teoría científica, un juicio categórico sobre la religión.

domingo, 27 de septiembre de 2009

LA VERDADERA HIPATIA

La visión de Hipatia que más me gusta: más mística que científica, astróloga y no astrónoma. Matemática por platónica. La magia del universo está escrita con números, pero está lejos de ser los números de la ciencia actual. Hoy en día la habríamos considerado deliciosamente supersticiosa en su paganismo olvidado. Tal fue la magia y misterio que quiso recoger Hugo Pratt para una Hipatia reencarnada en su Fábula en Venecia, experta en ciencias ocultas y rozando la locura.

lunes, 21 de septiembre de 2009

RECORTE EN LA CIENCIA: ESE NO ES EL CAMINO.

Las noticias que se infitran en la prensa sobre la drástica reducción del presupuesto en investigación científica para los próximos años no dejan de causar estupefacción. Casi un 40 % de reducción presupuestaria implicaría retroceder al menos una década de nuestra historia. Y como todo el mundo sabe, no es una mera cuestión de prestigio cultural: es apostar por un nuevo régimen productivo y económico. Es evidente que el gobierno aspira a recortar el gasto y obtener más recursos para paliar el déficit. Ahora bien, no se puede prescindir de una inversión tan necesaria para renovar el sistema económico. Estar en la sociedad del conocimiento y la información implica dedicar una parte de los recursos a la continua renovación.
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Pero dicho esto, nos podemos plantear también otros problemas. Nos obliga a preguntarnos dónde está la inversión en I+D desde la iniciativa privada, muy débil frente a otros países. No podremos estar toda la vida pendientes de una inversión estatal que petrifica todo en cuanto desaparece. El papel del estado es acelerar el cambio de tendencia en un sistema productivo, e impulsar la investigación de aquellas parcelas científicas que escapan al mercado porque no tienen un beneficio económico próximo. Y también a la inversión en investigación y ciencia habría que pedir una mayor información y toda la transparencia posible. La sociedad pide también resultados visibles, y saber dónde va ese dinero público. Dejarlo en la sombra y desconocer a quién beneficia toda esa inversión impulsa a situaciones como esta: se recortará el presupuesto de ciencia y pasará completamente desapercibido.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

CUATRO LÍNEAS SOBRE EL TORO DE TORDESILLAS...

No es que sea este un tema de gran trascendencia, pero los comentarios que han aparecido en los medios de comunicación en la defensa del toro de Tordesillas son algo que clama al cielo, que merecen la pena comentarlos un poco.
a) "esta fiesta es una tradición de cuatro siglos": Las tradiciones no son para siempre, y hay tradiciones que son destructivas y que conviene eliminar cuanto antes de nuestra sociedad. También ha sido tradición quemar hombres por pensar de forma distinta a la nuestra, o que los hombres hayan maltratado con impunidad a sus mujeres durante siglos y aunque eso haya sido la tradición no quiere decir que sea positivo para nuestra cultura.
b) "también se mata a los cerdos y las vacas para comer y no pasa nada". Matar un animal por supervivencia o necesidad es una cosa, matar un animal por el mero placer, es otra muy distinta. El hombre es el único ser de la naturaleza que mata por crueldad o por aburrimiento: triste privilegio del supuesto rey de la creación.
c) "No existirían los toros si no fuera por este tipo de fiestas". Es preferible que no existan, a que estén condenados a un fin tan cruel. Si el toro de lidia es un producto espúreo e innecesario de la naturaleza, dejemos que sea ella la que lo elimine, no nosotros. Sería un asunto interno de la naturaleza, ley de selección natural (en cualquier caso, los burros están con el mismo problema, y ya se están haciendo reservas naturales).
d) "Hay cosas más importantes de las que preocuparse y problemas ambientales mucho más complejos": completamente de acuerdo, pero el calentamiento global o el agujero de la capa de ozono son problemas cuya resolución es compleja y se hace con determinados costes. Este es por el contrario completamente gratuito: matar por crueldad no es además un buen aliciente educativo. No por el hecho de que haya otros problemas, este no deja de tener su trascendencia.
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En definitiva, me deja la sensación que aquel que no tiene un respeto mínimo por la vida de un animal, tampoco va a tener respeto por otras cosas más importantes. Si lo que desea es quemar adrenalina, tirénse de un puente o maten bichos en una PSP, pero déjenos en paz: a los animales y a los demás que no soportan esta crueldad.

El colmo de la contradicción: se mata al toro con refinamientos de crueldad y luego se le erige una estatua. Patético.

domingo, 13 de septiembre de 2009

CINCO CRÍTICAS A LA DEMOCRACIA (LIBERAL)

       Durante un tiempo, y tras la caída del muro de Berlín, se creyó que la democracia era el final de la historia, el régimen bendecido para la humanidad, o el punto culminante de la evolución civilizada del hombre. Una democracia, que naturalmente, no era la que habían pensado Sócrates, ni Jefferson o Rousseau, sino que venía acompañada de las construcciones occidentales modernas: el liberalismo político y la economía de mercado. Etnocentrismos aparte, la democracia es un régimen que debe estar sometido a una crítica constante. Precisamente porque ha nacido en el ámbito del liberalismo, tenemos que aprovechar su “reflexividad” para poderla poner en cuestión y reconocer qué es lo que no está funcionando actualmente. Los filósofos antiguos no tenían precisamente en un pedestal a la democracia. Examinemos sus críticas brevemente:

- La democracia es un régimen con unas raíces históricas y una tradición en un país, que no se puede extender a cualquier lado (tesis de Burke). Desde ese punto de vista, la creencia de José I de Bonaparte de crear un estado liberal en España con el apoyo de las tropas francesas en 1808 era tan estúpida como la creencia de instaurar una democracia en Afganistán moderno por parte de la comunidad internacional. Una democracia precisa de una evolución histórica que no se construye sin tensiones y sin muchos años de conflictos. Este sería el argumento multicultural de nuestros días: la democracia no es exportable de los parámetros occidentales.

- La democracia es el régimen en el que gobiernan los menos cualificados (tesis de Platón y del liberalismo doctrinario). ¿Por qué tenemos la sensación que nuestros políticos son unos ineptos? Quien quiera saber por qué G. Bush o Silvio Berlusconi están en el poder, o por qué Carter perdía ante Reagan tendrían que hacer un curso de psicología social. La gente vota no con la cabeza, sino con instintos irracionales. Se vota contra la fatiga o a favor de ella, por envidia (por sentirnos más cercanos o más distantes de un candidato), o por puro egoísmo individual (y a esto los economistas lo llaman “racional”). Por estas cosas, los intelectuales nunca han sido buenos candidatos políticos: al hablar con la razón abstracta, pura, generan un sentimiento de animadversión en el electorado.

- La democracia es un régimen en el que luchan distintas facciones por hacerse con el poder, generando anarquía (tesis de Aristóteles y  Tomás de Aquino). La parálisis de la Unión Europea refleja esto perfectamente. No puede existir democracia cuando no hay un bien común identificable y Europa todavía no cuenta con él. Esto ha creado una mitología colectiva que pasa por las guerras civiles de la República romana y las luchas entre Octavio y Marco Antonio, y que en el imaginario colectivo tienen su trascendencia en películas de la Guerra de las Galaxias, como La Venganza de los Sith. El emperador, que intenta imponer orden en la galaxia con mano de hierro, intenta quebrar también las decisiones de los burócratas y la anarquía que se extiende en la vieja república.

- Las masas no se pueden gobernar porque tienden al interés particular (tesis de Hobbes y los liberales). Aunque el gobernante desee el bien común, los gobernados no van a aceptarlo porque van a ir contra sus intereses de grupo o puramente individuales. Este es el motivo de muchas guerras civiles: la americana o la guerra civil española, pero es la realidad presente de muchos países con democracias recientes o impuestas, como las del mundo islámico. Nuevamente en la Guerra de las Galaxias aparece este riesgo.

- La democracia no es más que la representación de los intereses de los más adinerados (tesis marxista). Para estos autores, tradicionalmente, el liberalismo y la democracia no son más que la corteza de un entresijo de intereses económicos que son los que realmente dominan las decisiones importantes. Dicho en términos marxistas, la democracia no representa más que los intereses de clase de la burguesía capitalista. Sin llegar a esa forma de entender la sociedad, la pregunta que se hace cualquier mortal es: ¿por qué narices un personaje político y económico de importancia puede tener más influjo que un simple ciudadano, y al mismo tiempo, una mayor impunidad, cuando la ley nos señala a todos iguales? Aunque la desigualdad humana es inevitable, traspasar algunos límites se convierte en algo peligroso para una democracia.

Naturalmente, formular estas críticas no significa tener un régimen político superior al que se pone en cuestión. Pero sí vale para entender sus crisis y por qué no acaba de cuajar lo que consideramos orgullosamente en Occidente como "el peor de todos los regímenes a excepción de todos los demás".

miércoles, 9 de septiembre de 2009

EL SUEÑO DEL REY JOSÉ y AFGANISTÁN

Hace unos años recordaba hablando con Sawed sobre la democracia en los países árabes. Sawed no era ni diplomado en ciencias políticas ni un estudioso en economía: era sencillamente un egipcio de Alejandría, inmigrante en Holanda, que trabajaba en una fábrica de bulbos. Él me decía, "mira, la democracia es algo muy bonito, Ángel, pero no es para los árabes. Funciona en Europa, pero no en Egipto. Los egipcios quieren caña: dales libertad y te contestarán con una revuelta", y Sawed acababa encogiéndose de hombros. Esto curiosamente, era lo que ya hace doscientos años Edmund Burke decía de la Revolución Francesa o Jaime Balmes, sobre el liberalismo: bien para Francia, una aberración para Inglaterra o para España. Entiendo que esta visión es terriblemente conservadora, pero no le falta un punto de razón. Sin una tradición, está claro que no se puede imponer una idea "extranjera", como es la democracia.

Volvamos a nuestros días. En esta última semana el ejército alemán de Afganistan ordenó un ataque contra fuerzas talibanes. El resultado fue, como siempre puede ocurrir en una guerra, la muerte de civiles. Por muy buenas que sean las intenciones del ejército occidental, el ataque talibán ha surtido el efecto deseado: las tropas internacionales se podrán ver ahora como una fuerza de ocupación. Ignoro si esa es la realidad del pueblo afgano pero bien podría ser así. La función de esa fuerza internacional estaba sentada en establecer un régimen político estable y si es posible democrático, pero ¿es posible construir esa realidad en una comunidad de clanes en el que el concepto de estado nacional no existe? ¿Se puede construir un bien público si priman sobre todo los intereses privados? ¿No nos enseñó nada el fracaso de la Unión Soviética? Si es necesario, los líderes mundiales deberían hacer saber al público general que si estamos en Afganistán, es no para imponer una democracia interna, sino para evitar un régimen político enemigo de la comunidad internacional, como era el talibán. Quizás no suene tan dulce y humano, pero es más real.

Hasta hace poco la democracia se creía un bien exportable fácilmente, y sin embargo, hoy es necesario desvanecer ese sueño. Ese era el sueño del rey José I Napoleón, rey de España: con un puñado de afrancesados, intentó cambiar el tradicional mundo español de privilegios y traer la Libertad, Igualdad y Fraternidad a nuestras fronteras. Nadie le entendió: todo acabó en un país arrasado por la guerra. Pocos recuerdan sin embargo que ese fuera el inicio del liberalismo en España: lo que se celebra de 1808 era la rebelión contra los franceses. ¿Valió de algo todo eso? Al menos en nuestro país nacieron las Cortes de Cádiz, aunque pasásemos después medio siglo de guerra civil. Pero España, por mucho atraso que deseasen etiquetarnos en Francia o Inglaterra, era una nación europea. ¿Tendrá el mismo resultado esa modernización forzada en Afganistan e Irak? El tiempo lo dirá; en cualquier caso, es preferible el cambio desde dentro, como en Irán.

Tropas occidentales en un desierto, Afganistán. Garantía de la libertad para algunos, fuerza de ocupación para otros, o sencillamente gente que evita un estado terrorista.


Los fusilamientos de Goya: Piensen que los soldados eran los salvaguardas de la Revolución, y que en sus macutos se escondía El Contrato Social de Rousseau. Y también, de paso, que el propio pintor era afrancesado.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

LA DISPUTA ENTRE POPPER Y WITTGENSTEIN: EL ANTIFILÓSOFO FILOSÓFICO.

Una de las anécdotas que se repiten en la mitología de la filosofía analítica (sí, hasta la aburrida filosofía analítica tiene sus pequeñas historias) resulta del encuentro sostenido entre Wittgenstein y Popper en un curso sobre la inexistencia de la filosofía. Wittgenstein repetía que cualquier problema filosófico se disolvía en los entramados del lenguaje corriente, y que la filosofía en el fondo resultaba de un peculiar uso de dicho lenguaje. Dicho de otra manera, esto suponía negar la existencia del discurso filosófico. Le tocó el turno a Popper y este empezó a leer una lista de problemáticas que según él, la filosofía debía resolver. Wittgenstein iba despachando una a una de sus solicitues, desviándola hacia alguna disciplina determinada. Pero la lista debió ser excesivamente larga, porque el hombre perdió los nervios y se largó de allí dando un portazo.
Esta anécdota quedó bien registrada en el libro Words and things de Ernest Gellner (un furibundo opositor al segundo Wittgenstein y luego afamado ensayista sobre el nacionalismo) y este autor me hace plantear una duda: Si el discurso filosófico ha dejado de tener sentido, y con él la búsqueda de certeza, ¿cómo se explica la airada respuesta de Wittgenstein, tan sumamente dogmática, y en el fondo, tan sumamente cargada de una verdad filosófica -la negación de la misma-? Quien defienda una posición escéptica (Wittgenstein no lo hacía) o airadamente antifilosófica, debería corresponder con una actitud igual de escéptica, ataráxica, distante. Wittgenstein, Heidegger y los postmodernos recuerdan demasiado al viejo ateo que de tanto negar a Dios, hablaban de él más que los propios creyentes.

domingo, 30 de agosto de 2009

LA TRANSICIÓN: UN MITO PERO NO UN TIMO.


Del supuesto acuerdo y el consenso a la lucha encubierta por el poder futuro: la nueva historia de la transición española (fotos de 3ºA).

Parece ser que la historia más reciente de España va iniciando su revisionismo y el desmantelamiento de los mitos: es una fase necesaria en la historiografía científica y muy fructífera, aunque a veces dé la sensación de encontrarnos ante un péndulo hegeliano: cuanto más se ha ensalzado algo, más bajo debe caer.

En esta tónica aparece el libro de Ferrán Gallego El Mito de la Transición, un voluminoso volumen editado en 2008 en el que se pretende limar de alguna manera esa vieja visión de la transición como un juego de consenso sumamente generoso entre las distintas élites políticas, en consonancia con el deseo popular de una mayor democratización de la sociedad.

Bien, el libro viene a decirnos que esto en realidad no fue así, sino más bien la proyección de una élite política proveniente del franquismo que ultimó unas reglas del juego para perpetuarse en el poder. Esas reglas del juego se infiltraron en una ley electoral y unas maniobras políticas que permitieron el triunfo de las elecciones de 1977 y dieron el control del poder político a la UCD hasta el año 82. El libro recoge bastante bien ese proceso, mientras que acusa a la izquierda de haber permanecido desunida durante esos años y haciendo unas concesiones gravosas para sus intereses.
Lo que me pregunto es si ese entramado ha tenido relevancia a largo plazo y si la naturaleza del proceso no es más normal de lo que parece. Sobre lo primero , basta decir que los hechos concretos, históricos, no suele frenar un proceso más amplio. En muchas ocasiones, se vuelve en contra de los que los realizan. Una ley electoral que vale a la UCD para alcanzar el poder en 1977 después permitirá al PSOE a mantener su mayoría absoluta por una década, y a limitar los pequeños partidos. En política y economía, las decisiones nunca tienen efectos eternos y consecuencias predecibles: lo beneficioso se hace dañino en muy poco tiempo y al contrario. Lo que nos tenemos que preguntar es si nuestra ley electoral es válida hoy en día.

Y sobre el interés de la clase gobernante por perpetuarse en el poder, lo cierto es que muy pocas revoluciones han barrido una élite gobernante por otra. Las revoluciones comunistas, pero pocas de las liberales. De hecho, entre la transición española y la revolución portuguesa, la primera es la que ha sido copiada en Latinoamérica y Europa del Este: en casi ningún cambio hacia la democracia, la clase dirigente ha perdido las riendas del poder, y son miembros de la antigua élite. El hecho de tener en mente el cambio revolucionario en sentido marxista, puede alterar un poco la visión del proceso. Y sí, es cierto que la falta de revisionismo o de condena de nuestra historia más próxima, es un hecho que levanta ampollas y clama al cielo como la parte sacrificada u olvidada de la transición. Y esto último hace que en definitiva, la transición pueda considerarse un mito en la historia española, ensalzando sus virtudes por encima de sus defectos, pero de ninguna forma es un timo.

sábado, 15 de agosto de 2009

LEER A CELSO EN EL SIGLO XXI

La pertenencia a una tradición cultural cerrada no nos impide ver cosas evidentes para otras interpretaciones con las que tenemos que convivir en nuestros días. En ocasiones cuesta ver el cristianismo desde fuera. Una tradición es difícil de ser cuestionada desde dentro: los prejuicios siempre están presentes. Por eso la obra de Celso Contra los Cristianos resulta tan dura, tan directa incluso para nuestros días.

Celso habla de una tradición religiosa, la cristiana y la judía, dentro de un contexto cultural en el que son minorías escandalosas y además bastante intolerantes. Aunque Celso también introduce sus propios prejuicios culturales en su obra, es patente que muchas de las preguntas que formula al cristianismo son sumamente radicales: Con qué autoridad un profeta se considera hijo de Dios?, por qué tenemos que pregonar la humildad, frente a la virtud de los perfectos?, qué es eso de un dios padre e hijo? Todo este tipo de preguntas han sido acalladas por siglos de racionalizaciones teológicas, desde los Padres de la Iglesia hasta nuestros días. Estas preguntas no tiene por qué plantearselas el creyente: lo que tiene que plantearse es el carácter gratuito y no evidente de multitud de cosas para las personas que las rodean. Y partiendo, para desgracia de la teología, del hecho que buena parte de los creyentes estarían de acuerdo con muchas cosas de Celso.
La religiosidad tras las rejas: Imagen de una capilla de calle en Massarelos (Porto).