Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

sábado, 30 de mayo de 2015

FALACIAS EN LA CRISIS: FALSAS ANALOGÍAS

    

       
    Entramos en una de las falacias típicas de los buenos retóricos y oradores: la falsa analogía. Dicho de forma sucinta, una falsa analogía se produce cuando hay una identificación entre dos objetos o realidades partiendo de características externas poco relevantes. 
      En muchas ocasiones, una falsa analogía empieza de forma correcta, aplicando la semejanza a la característica común. Podríamos decir:

     "Los seres humanos somos como hormigas viviendo en grandes comunidades."                                                        

       Pero podríamos incurrir rápidamente en una falsa analogía cuando asegurásemos, en una perspectiva fascista o totalitaria, que los hombres pueden eliminarse como se elimina un insecto. Echemos un vistazo a una frase que podría ser digna de Hitler o Stalin:

    "Los seres humanos somos como hormigas viviendo en comunidades, fácilmente sacrificables y reemplazables por sus iguales."                                                                        

      Partiendo de una analogía cierta, pasamos ahora a una analogía falsa. El hecho de que hombres y hormigas sean animales sociales y gregarios no significa por ello que tengan su misma dignidad moral.  
   Una analogía discutible muy característica en el pensamiento económico liberal para justificar el equilibrio presupuestario durante la crisis fue identificar el gasto del estado con el de una casa particular. Esta es una de las más populares en la red, pronunciada por Rajoy y su cortejo de economistas:

   "La economía de  un país es como la de una casa particular: no se puede gastar lo que no se gana".                                            
    Ciertamente esta analogía puede tener un carácter pedagógico en condiciones de endeudamiento extremo. Pero no se nos tiene que olvidar su carácter falaz. En realidad el estado no es la casa de un particular y sus posibilidades de financiación pueden ser mayores considerando su aval y no solo el dinero disponible en un momento dado. Si esto no fuese así, dejaríamos de emitir deuda pública de inmediato, y el flujo de crédito dejaría de existir. Podríamos comparar al estado también con una empresa que pide un préstamo para expandirse o ser más productiva, pero los liberales prefieren no usarla, quizás porque entiendan el estado como ejemplo de gasto improductivo y no que estimule el crecimiento, o porque sencillamente no les interesa ideológicamente hablando. 
     Resumido todo esto de forma más concisa: las analogías, en definitiva, son buenas, en la medida en que no acabemos por abusar de ellas y las convirtamos en el eje de nuestro argumento.


       ¿Hay que rechazar el pensamiento analógico?
   
   ¿Podríamos pensar que las analogías no nos valen porque nos pueden conducir a errores? Esto sería quizás ir demasiado lejos. Su poder pedagógico es enorme, y es precisamente su abuso lo que las puede hacer peligrosas. El pensamiento analógico es extremadamente poderoso. Los griegos no dejaron de ser fundadores de las analogías, creando poderosas imágenes explicativas de la realidad. A falta de método científico, el comparar apariencias externas se convertía en las pruebas necesarias para demostrar la veracidad de nuestros argumentos. Basta leer a Heráclito para darnos cuenta que el carácter dialéctico de la realidad y el universo (su continua lucha y cambio) se justifica con una cascada de analogías de la vida cotidiana humana, desde la noche y el día, hasta el arco y la lira. 
     Esta interpretación analógica de la realidad se prolongó durante toda la Edad Media. Buena parte de los filósofos de esta época construyeron extraños sistemas de pensamiento basado en analogías que hoy nos parecen inverosímiles pero que en su coyuntura histórica tenían atractivo y enorme poder de convicción. 

      Pero con el advenimiento de la Edad Moderna, los pensadores empezaron a ser más críticos con estas identificaciones apresuradas. Hume fue de los filósofos más radicales en reconocer analogías disfrazando argumentos filosóficos serios. En su crítica a las pruebas de la existencia de Dios, el escocés veía en el argumento del diseño inteligente (expuesto por Paley) una mera analogía de la que no podíamos extraer ninguna conclusión seria. 

    "El mundo y Dios es como un reloj y su relojero. No se pueden entender hechos por el azar, sino por una mano artesana." 

    Pero para Hume, el hecho de comparar la complejidad de un reloj con la de la naturaleza, y la necesidad de encontrar un relojero o creador universal que permitiese explicar la complejidad de ambas cosas, no es una prueba racional a favor de su existencia. No podemos comparar un reloj con la naturaleza puesto que son realidades completamente diferentes, y por tanto Hume veía el argumento más famoso a favor de Dios con total escepticismo. No hace falta decir aquí que el argumento del diseño sigue causando polémica en nuestros días, pero sin tener demasiado en cuenta la crítica filosófica de Hume.  
    La analogía y la metáfora vuelven a gozar de auge gracias a Nietzsche, pero también con limitaciones claras. Una analogía no es más que una imagen, sin valor objetivo alguno más allá del que le pueda otorgar el sujeto que considera dicha imagen. Es difícil no estar de acuerdo en cierto grado con la idea que toda la filosofía occidental es la historia de metáforas o incluso la de una sola, la metáfora del mundo verdadero, como sugiere Nietzsche, la búsqueda de la verdad como la historia del error más largo.  

sábado, 23 de mayo de 2015

FALACIAS ELECTORALES (V): EL FALSO DILEMA

     El curso electoral nos invita a hablar de esta falacia, sin duda una de las más usadas por nuestros políticos en estos momentos de incertidumbre para sus partidos respectivos. ¿Quién no habrá escuchado la amenaza de "quién no me vote a mí, vota a X" (llámese casta, crisis, ineficacia, corrupción, etc...)? Los políticos alteran la sangre con lo que se llama en lógica la falacia del falso dilema o del tercero excluido.  
     Pongamos un ejemplo sencillo electoral. Haciendo una búsqueda de un par de minutos, nos encontramos en un blog del PP, al alcalde de Petrel, una pequeña ciudad de Alicante, sugieriéndonos la falacia: "NO VOTAR AL PP ES ABSTENERSE O VOTAR A LA IZQUIERDA RADICAL". En este dilema quedan claramente excluidas otras posibilidades que sí están dentro del panorama electoral, incluyendo la de votar a la extrema derecha. Pero todo eso no interesa: cuanto más simplificado esté el panorama electoral, cuanto más maniqueo suene todo (o estás con los buenos, o formas parte de las perversas fuerzas del mal), mejor lo tendrán algunos de nuestros políticos. 
    No pensemos que esto es patrimonio ideológico de los conservadores. El partido de Pablo Iglesias usa igualmente esta falacia, apelando a que "o votamos el cambio (Podemos) o votamos por el recambio". Evidentemente a la formación de Podemos no se le escapa que algún partido (nuevos como Ciudadanos o alguno viejo), esgrima al igual que ellos algunas de sus ideas fundacionales, como la lucha contra la corrupción, y que esté ya sufriendo un trasvase de votos hacia esos partidos más moderados.
     Rastreando un poco más, un caso histórico de esta falacia lo tuvo el presidente George Bush, en sus guerras preventivas del Golfo en nombre de la lucha contra "el eje del mal". Nunca había quedado tan evidente un falso dilema. Bajo el clima enrarecido posterior al 11S, el dilema era o formar una coalición militar contra el mal o quedar a merced de los terroristas. No había otra formar de lucha, ni otra solución intermedia. Para ello no tuvo ningún reparo en atacar Irak con la suposición de hallar armas químicas en almacenes ocultos, y evitar cualquier otro posible acercamiento mediador al conflicto. Una década después, Irak prácticamente no existe y se ha proclamado el Estado Islámico. Evidentemente, no queremos incurrir nosotros en la falacia de la causa compleja, y el Estado Islámico es consecuencia de más cosas que de una decisión militar basada en un falso dilema. Pero de aquellas aguas, estos lodos, como suele decirse.

sábado, 18 de abril de 2015

PUNSET Y LA UTOPÍA ANARQUISTA NEUROCIENTÍFICA

      Leo El viaje a la vida, y como en todos los libros del Punset, disfruto leyéndolo, aprendo muchas cosas, pequeños detalles curiosos e intuiciones estupendas, pero me falta algo así como una visión global que me haga sentir satisfecho. Es más, cuando me empeño en buscar esa visión global en sus libros me produce una honda sensación de vacío. El viaje a la vida me crea más desasosiego cuando nos propone una ilusión política: el anarquismo como futuro espacio político de importancia para las generaciones venideras. No es que el anarquismo me produzca rechazo (más bien al contrario), pero es muy difícil hablar sobre el mismo sin meterse en aguas turbulentas. Son muchas las personas que se han declarado anarquistas tan solo porque han cuestionado el papel del estado como gestor político. Después, sus utopías políticas son tan distintas que resulta imposible combinarlas en un mismo sueño de libertad y emancipación. 
      El libro de Punset parte de dos principios: la gestión ineficaz y autoritaria del estado para atender a la compleja sociedad humana y por otro lado una nueva base antropológica que permite justificar un pensamiento político más autónomo basado en ideales libertarios. Por supuesto, esa base antropológica tiene como estructura fundamental la neurociencia, en la que tantos esfuerzos e ilusiones ha depositado Punset.
       Sobre lo primero, Punset selecciona cuidadosamente sus fuentes. Habla de libertarios políticos y sindicales, y por si acaso, deja sin citar todo el libertarismo conservador de los economistas ultraliberales ni tampoco cualquier alusión positiva a un estado del bienestar. El estado es condenado desde su mismísima formación en el Neolítico, asociándolo con sistemas autoritarios y represivos donde se produce la dominación de los pocos sobre muchos. Y todo esto es verdad, pero también lo es su contrario. Se me ocurre imaginar qué habrá pensado Punset del libro de Thomas Pikkety sobre el capital, cuando este sostiene que la única forma de distribución exitosa de la riqueza en la historia ha sido realizada desde el mismo estado. La interpretación de Punset es cuanto menos, sesgada. Y más que la desaparición del estado, necesitamos un estado mínimo pero extremadamente eficiente. Punset, por poner un ejemplo, nos habla de un cambio de mentalidad basado en una nueva educación, pero no nos permite identificar al gestor de esa educación fuera de la esfera estatal (o por lo menos no dice nada a este respecto). 
       Para justificar esto, nuestro Punset picotea entre autores, citas y libros que permiten más o menos crear una imagen mínimamente coherente para su visión libertaria. Y puesto que es un ensayo, uno tiene todo el derecho a hacerlo. Pero sin embargo, una lectura rápida también nos permite ver un poco sus aciertos y fallos: mucha cita neurocientífica, ciencia cognitiva y autores libertarios mezclados en batiburrillo, y algunas citas antropológicas e históricas tomadas un poco con pinzas. Pero en el fondo, muy poca historia y casi nada de teoría social. Está muy claro que Punset, como buen ensayista, no quiere remover demasiado las aguas que le pueden ocasionar tempestades.
      La neurociencia deja de lado la vieja racionalidad al uso -apropiada por los viejos estados- y Punset abraza la intuición, una inteligencia emocional más básica. se suma ahora al carro de la empatía (y con ella al cooperativismo). Neuronas espejo, experimentos con primates, parecen indicarnos que tendemos al colaboracionismo más que a la competencia. Pero en realidad, esto es tan viejo como Aristóteles, solo que el viejo filósofo usaba argumentos mucho más sencillos que los encefalogramas y demás pruebas neurológicas. Al griego le bastó ver las hormigas y escucharnos a nosotros mismos hablar para darse cuenta que había muchas más cosas que nos unían que las que nos separaban. Y sin embargo, estas intuiciones tan sencillas ciertamente se ahogaron en el advenimiento de la Edad Moderna, entre el miedo antropológico de Hobbes, las proezas de Robison Crusoe, y los sueños de Rousseau.  Por último, las interpretaciones que se hicieron a partir de Darwin para la sociedad y el mercado, acabaron de crear un panorama antropológico antisocial. 
     Al menos, hay que reconocer que esta nueva edad de la empatía marcada por la neurociencia ha hecho saltar por los aires cualquier tradición socialdarwinista o sociobiológica basada en la lucha atroz por la supervivencia. Pero tampoco conviene dejarse llevar por ilusiones infundadas. El cerebro humano tiende a la empatía y a la cooperación, pero eso no quiere decir que tengamos una especie de solidaridad universal programada en el cerebro o que los derechos humanos lleguen a ser innatos a nuestra especie. Solo significa que tenemos el potencial para ser educados en una sociedad cooperativa, que nuestro cerebro está perfectamente preparado para ello. Nuestra capacidad empática no excluye el riesgo de la discriminación o el racismo. Pensemos que podemos tener redes empáticas al mismo tiempo que comportamientos racistas. Un nazi al uso podía ser un padre amante de sus hijos, un buen amigo y un excelente patriota. Pero eso no excluía que después  no vacilase en apretar el gatillo para exterminar a un judío. 
     En definitiva, la neurociencia no aporta más que otro gran discurso o relato de emancipación, otro cuento más, muy sugerente y positivo por supuesto, similar a los pensadores ilustrados, los creadores de los derechos humanos o los defensores del esperanto. En una conocida intervención Franz de Waals, uno de los líderes del estudio de la empatía en el mundo animal, decía que la empatía o la solidaridad no era un invento de los filósofos del siglo XVIII sino un comportamiento que se podía probar ya en los animales anteriores al hombre. Lo que olvidan tanto el holandés como Punset es que para que esto ocurra en la especie humana a gran escala social, necesitamos un cuento de legitimación con el que nos identifiquemos y que permtia construir una comunidad imaginada, puramente inventada por nosotros mismos, con la que nos sentimos a gusto. Ponerse el disfraz de que nuestro cuento es científico y por lo tanto más objetivo -y por lo tanto moralmente superior- no debe hacernos olvidar que cuando damos el salto a lo normativo o lo ético, la complejidad social puede destruir o dar la vuelta a nuestros relativamente sencillos mapas neurocientíficos, como la realidad hizo soltar por los aires el ideal de la sociedad sin clases de Marx. Y digo todo esto sin meternos en fregados filosóficos como la falacia naturalista de Hume.

sábado, 11 de abril de 2015

NINJA EDUCATION: WHAT TEACHERS CAN LEARN FROM NARUTO

    Is there something we should learn as teachers from the anime Naruto? My answer is definitively, afirmative. Not from the endless battles among the main characters in the anime and the conventional plot where a super villaine  is trying to destroy all the world and a group of superheros is saving it -even when the ideas of good and evil are more complex in the manga universe-. That is useless for our purpose. I want to focus our atention in the original idea of the serie about little children with gifted talents that must learn their "own way of the ninja". 
     This process of learning is, no doubt of it, one of the main ingredients that made this anime so attractive and adictive for lots of children and teenagers all around the world who are, no need of saying, students themselves. The main characters -Naruto, Shikamaru, Neji, Hinata, Gaara and all of the others- are students too. And if this is not enough, the other main characters are teachers, or using the proper word,  sensei: Kakashi or Gai, for instance. All of them are heroes in disguise, eager to reach a new level of skills and learning. This pattern doesn´t appear exclusively in Naruto. It's similar in Harry Potter too, with an old-fashioned British school as the main stage where all the plot takes place.  The differences of learning and teaching, however, are quite remarkable when you compare Hogwarts to the Hidden Leaf academy. We could say that the first one is the old academy (even when it is a school in transformation, where there are teachers who are making things in new way and applying new aproaches to education, and add sharp critics of the old system: less theory and more practice), meanwhile the Konoha academy is the school of the future, with its lights and shadows. Let's explain this more carefully.

    Teamwork as a result from diversity and tackling adversity
 
     The beginning of the anime is quite memorable. The team seven: Naruto, Shakura and  Sasuke have to pass a single exam designed by their sensei Kakashi. If they don't pass the exam, they have to go back to the academy and never have again any chances of becoming a true ninja. The task is apparently an easy one: taking a couple of bells from their master. There are only two, so it means one of the team will be expelled. The bells are hanging on his pocket. From the start, every student does his best in order to get these bells; however, all the individual attemps failed and Kakashi repelled the attacks very easily, without interrupting his reading of a novel. 
      After the rookies surrended, Kakashi complains the lack of teamwork. It doesn't matter if there are only two bells for three members of the group (in fact it was some kind of distraction from the main objective in the mission). If they are trying to reach any goal individualisticly, they are condemned to failure. And that is why he refused to keep them under their coach. However Kakashi gave them a second chance to pass the test. This time, they even have to break the rules that Kakashi sensei gave them, with the only purpose of keep the team united. Finally, after some hesitations, they decided to work as a team. And here comes one of the most famous Kakashi quotations: "Those who breaks the rules are scum, but those who abandone their friends are worse than scum". Teamwork is something more than a mere circumstance or a tool to be more effective on a mission.
     Why is teamwork so important in the ninja academy? Real life is more complex than any scholar simulation, so teamwork solves much better the circumstances of that real life. But there is another important reason, that is embeded in our educational system.    
      Every student in the Ninja academy has his own gifted talent. This talents are as diverse as you can imagine. It is impossible to find two identical students, because their talent and their perseverance to enhance their skills can be completely different. All the opposite to our schools, where we have tried for a long time -without success- to standardize our students into the same level of learning and skills. Every student realizes that he or she is not complete and independent, and their abilities and talents only will work in cooperation with the talents of others. Therefore, teamwork is an unavoidable need.
     All this is in sharp contrast with our old educative system, where competition occurs between individuals, and where every student has to show his talent isolated, with no help from anyone. It goes without saying that this education is at odds with reality. In real world, people colaborate and cooperate in order to achieve all kind of goals. This doesn't mean that there is no competition between different groups. All the contrary, Konoha ninja education is highly competitive, and teamwork is a tool to tackle efficiently the missions and survive in the battlefront.


    The sensei: the teacher as a coach. 
A sensei teachs more than a mere technique. He teachs a way of life.
    Another important aspect that we can make reference here is the role played by teachers in this education. They are not any longer teachers that merely share a few hours every day with their students, and after they go back to their private life. When this teenagers start to live as genin, the old lessons are gone. No more desks, books and no more class discipline. It is open practice. Sensei and genin share the same fate and the same risks. The genin will learn from their sensei, but the sensei can become a student too in difficult situations. Learning and teaching  boundaries are not so clear from now on.
     The sensei has a different essence than a mere secondary teacher. I have to recognize that one of the best compliments I have ever heard happened when one of my students -follower of mangas of course- told me: "you are not only my teacher, you are my sensei". It means that you are not only teaching contents, but visions of life. We know that this is quite difficult in Secondary school, but this could be done if we started a radical change in our way of teaching.   
     The sensei is not only a teacher, but a wise man, a master, and in the educational way, a coach.  He will walk with his pupils in the way of the ninja.
     There are no more exams than real life, that serves as a preparation for the final test to become a real ninja. This final test is an open exam. Our exams are quite homogeneous and with closed answers: it can be right only with the correct solution and even sometimes with an only path to solve it. Konoha chunin exams are quite open, the answers can vary and sometimes they come out from very unexpected ways. Everything can be acceptable in order to pass the exam, from colaboration among different ninjas to all kinds of cheating. The ninja will have to guess if colaboration or fight are required for every circumstance of the exam.
Of course, we don't want to create ninjas, but highly educated, autonomous (and competitive) citizens. The comparison maybe is not right hundred percent, but it works right enough. Our students need something more than mere magisterial lessons.     
  
    Shadows over the ninja education
The ninja as a tool: Haku sacrifies himself to save his master Zabuza from being killed by Kakashi.

    We said that there are some black clouds covering this educational horizon. I don't believe that this kind of ninja education is not exempted from very deep problems and uncertainties. 
The most important trouble is based on the final goals of this education. Are we going to question ourselves what is the goal for all this impressive and highly technical education. Survival and adaptation are the favourite words but they are not enough. Very early in the manga, Naruto asked his sensei what was the meaning of the ninja way, after the first of his enemies, Zabuza, is defeated. Zabuza was a renegate, a ninja in exile that worked as a mercenary. Kakashi's team was hired too by other people, and this was the reason for the fight. Ninjas are like pawns in a chess game. "A shinobi is always a tool for others", quotes Kakashi. To be a shinobi is to be at the mercy of the destiny". So there is no goal in our life, no reason to stay here, but to be hired by others and live on. This is the real way of the ninja, nihilist and empty. Naruto strongly rejects Kakashi learnings. From now on, he will follow his own path of the Ninja. And this search will be crucial in all the manga. Naruto (and Sasuke, Gaara and others in this long story) will try to solve what to be a real ninja means and what is the last purpose in human life.

    The similitude with our educational system is quite significative. We are less and less concerned with the last goals of our life. Our education stress out how to be competitive, how to colaborate, how to survive in a hazardous world, or how to triumph in a highly competitive labour market. How to become ninja tools, in other words. but we don't say if there is a sense for all that. We are no longer concerned with questions like the last goals of our life or our duties as citizens. "What is the sense for all this?", a very philosophical question, is getting out of our education. The dissappearance of subjects like ethics, and being replaced by subjects like how to become an enterpreneur and a business man shows the paradigm change. A technician or a business man don't take into account these goals, and is only worried about how to live on in the capitalist market. We became market mercenaries, acritic spectators of our society, small screws in the system, like ninjas. Ninjas who are hired from anonymous agents for all kind of prposes, good or evil. This is not new, it is a well known critic repeatedly denounced from the times of the Frankfurt school to the last books and articles that criticize the education systems based only on the PISA reports.    

     But, what's going on then with the cooperative work? Are we not creating new skilled people who are replacing the old darwinist competition based on individual fight? We could be deceived by the intuition that teamwork and cooperative work  will help to create a better world. But we don't have to be cheated by that delusion. Cooperative work and teamwork, like in the Ninja system and our educational policies, is based on competition against other teams. It is just the recognition that in a very complex world, a person is not cappable by himself to achieve his own goals, and needs the cooperation from others. But the problem still remains: if we are not concerned about the final goals in our life, we can promote nice teamwork to discover not a new useful tool, but a terrible jutsu or a massive destruction weapon. Teamwork is the first step to create a better world, but it is not enough for himself. If we take another example, in the unpleasant movie The wave, teacher Rainer based his learnings on teamwork to create an outraging nazi movemment. Colaborative work is the mean to create a better world, but the ends have to be discussed also. 
Till the very end of the manga, teamwork is the only tool to acomplish the most difficult missions.

viernes, 6 de marzo de 2015

LA IRRUPCIÓN DE CIUDADANOS, ¿EL PARTIDO LIBERAL ESPAÑOL?

      Parece ser que en los últimos meses, un nuevo partido político ha hecho su apertura propia dentro del complejo tablero de ajedrez en el que se está convirtiendo el panorama político español del último año. Basta consultar algún dato. En los últimos tres meses ha liderado los comentarios en twitter, superando a Podemos. Su intención de voto ya está en un 12% y puede convertirse en cuarta fuerza política, suplantando a UPyD, que ha visto perder su propio terreno vertiginosamente ante el ascenso de Rivera. En el ruido mediático, Ciudadanos suena como una nueva voz, la nueva palabra de moda.  
    La falta de entendimento con UPyD por los miedos mutuos de ser deglutados por su adversario, puede crear una auténtica lucha de poder por ese centro político que acabe dando alas a este nuevo partido originariamente surgido en Cataluña. En la medida en que PSOE y PP se desinflan en el centro y Podemos toca techo e inicia su particular desgaste mediático, Ciudadanos parece tocar ahora el cielo.
     No es difícil identificar el perfil del votante del nuevo partido. Ciudadanos representa a esos otros indignados de la sociedad española, supervivientes y no víctimas de la crisis económica, que recelan de las ideas de Podemos, pero que de ningún modo están dispuestos a votar a los partidos tradicionales por el mero miedo al cambio o al populismo. Si consideran a Podemos como visionarios peligrosos y oportunistas políticos, tampoco libran a los partidos mayoritarios, que tildan como inmovilistas, corruptos y con demasiados intereses creados como para promover una auténtica regeneración política.
       Estos votantes potenciales consideran por otra parte que los agentes que han hecho salir de la crisis a la sociedad española han sido los propios individuos y no tanto el partido político en el poder. Como supervivientes, deben relativamente poco a los dos últimos gobiernos y no aceptan meramente políticas basadas en la mera inercia de los acontecimientos. Efectivamente, el PP no ha completado ninguna auténtica reforma administrativa anunciada hace cuatro años ni mucho menos de regeneración o transparencia política, y no ha hecho otra cosa que seguir los dictámenes de la política económica impuesta por Europa: medidas de recorte del estado, ajuste fiscal y flexibilización laboral. El adelgazamiento estatal se ha producido inevitablemente sobre la sanidad y la educación -ámbitos imprescindibles, por otro lado, para mantener altas cotas de desarrollo social-, pero la administración apenas ha sufrido recortes drásticos a excepción de medidas de maquillaje. La reducción de duplicidades, la racionalización de municipios, mancomunidades y diputaciones provinciales son todavía asignaturas pendientes difíciles de ejecutar para partidos que tienen una clientela demasiado amplia que satisfacer y colocar. En el ámbito económico, Ciudadanos está sorprendiendo al presentar medidas bastante técnicas, discutibles o no, que rebasan los discursos globalizadores e imprecisos de izquierda y derecha, pero que pretenden atajar algunas de las consecuencias más negativas de la crisis. 
     En definitiva, Ciudadanos tiene la posibilidad de representar un partido auténticamente liberal que nunca ha conseguido hacerse un hueco en el centro político español, absorbido por PP y PSOE y sus compromisos respectivos. Desde los mismos comienzos de la democracia y tras la disolución de la UCD, siempre ha habido familias liberales en ambos partidos, pero nunca con posibilidades de convertirse en un grupo propio consolidado sin ataduras incómodas: sectores demasiado conservadores o demasiado escorados a la izquierda. Los intentos de promover dichos partidos en los ochenta se saldaron con un estrepitoso fracaso en la época de dominio socialista. Este es quizás su momento histórico ante reformas que una ideología pragmática y sin ataduras del pasado puede ejecutar mejor que nadie.
   
         Pero sin embargo, también hay sombras que pueden enturbiar este horizonte prometedor. Por un lado, Ciudadanos tiene una visión del juego político similar a Podemos y su acertada visión estratégica de pactos, juego mediático y redes sociales. El efecto Podemos se percibe también sobre el centro político, y los votantes desafectos con todos los partidos buscan lo más similar mediáticamente hablando a Pablo Iglesias, pero sin su ideario político. A diferencia del perfil bastante cerrado de UPyD -un partido hecho a antigua usanza, con trasfondo ideológico más definido y con herederos de la vieja guardia-, Ciudadanos está buscando pactos y apoyos con fuerzas políticas y sociales variopintas basándose precisamente en su indefinición ideológica y en un modelo de campaña similar al que lanzó a Obama a la presidencia, trabajando sobre la sociedad civil. Cierto grado de populismo parece ser compañero inseparable de estos nuevos partidos que luchan por el poder, y un pragmático "todo vale" a la hora de pactar permite cerrar acuerdos con formaciones de ideologías muy diversas.      
      En segundo lugar, la corrupción ya ha tocado la formación. El trato que se ha dado desde el partido a la figura de su locutor, Jordi Cañas, replantea hasta qué punto el partido desea ir hasta el final en la lucha contra la corrupción. Efectivamente, Rivera ha tirado de la letra pequeña del programa de transparencia del partido para no tomar medidas drásticas contra él. El hecho de que el fraude fiscal que se investiga no esté vinculado con malversación de fondos públicos (y sea por una actividad privada) no es demasiado consolador para aquellos que desean ver un auténtico panorama de renovación en el cuadro político español.

lunes, 2 de marzo de 2015

IS PHILOSOPHY AN EXAMPLE OF CREATIVE THINKING?

    Last week we started our lessons on epistemology and psychology, and of course one of the topics that we discuss every now and then was creativity. One of the students seemed very upset and shot a challenging question: Is philosophy a truly creative thinking? When you are continuously making reference to other thinkers, how could you dare to call yourself "original"? Why are you paying so much attention to the old philosophers words, when you said before that authority's argument should be critiziced too? I couldn´t reply anything except telling him that he was right in a 90%. 
    We can not say, properly speaking, that philosophical activity is a good example of creative thinking. All the opposite. Philosophy can be highly critical, deep and wise, but not too much original in its first steps. In fact, every serious philosophy scholars would agree with the  quotation of Confuncio, who said: thinking is important, but learning is even more essential. In their own words: 
He who learns but doesn´t think, is lost. But those who think, and never learn, are in great danger.
   This is an inconvenient truth that sometimes is difficult to accept for the First year students of Philosophy. Most of them are attracted to these studies because of its originality and its critical view but soon they realise that they have to put up with this confuncian quotation dressed on socratic arguments. For some of them, this means the end of their studies. For others, it means to accept reluctantly the socratic mayeutics: to be aware of our ignorance as a first step to wisdom. Therefore, silence, and not creativity, is the first step in the learning of philosophy. But the problem is not solved, and after some years of learning we have very little chances to create our own wisdom, to be original. We became experts on critics, we judge the words of others, but we don't create anything new.

     Unfortunately, this vision is quite true, and the fact is that creative genius are scarce in the history of philosophy, but we find lots of wise man. The wise man used to be an expert on lore, life, and old teachings, and he gives us all this wisdom as suggestions for a good life. Wise man were the typical confuncian thinker, the model of Greek philosopher or the medieval scholastic mind.
    The wise man and scholars were substitued by critical thinkers after Descartes. The best example in this long tradition is Kant. He was able to judge critically all the aspects of the philosophy of his time -metaphisics, ethics, epistemology-, and reform it according to the new use of reason in the 18th century. Even when his originality is undoubtly out of question, Kant is not the typical example of the genius, but a scholar with a gifted mind for analysis and new synthesis. What we know about his boring private life and personality doesn't show the typical standards for a creative genius. We could say here that genius personality are in cultural terms more accepted after Romanticism than during the Enlightment.  
However, there are first rate philosophical genius, even in the 20th century. Wittgenstein, Sartre, Russell or Chomsky could be included in this cathegory in one way or another.

    a) All of them had a divergent background. They don't identify themselves with the typical scholar rol (a University teacher), only concerned on philosophy and their career. They are coming from other studies or professional fields. Wittgenstein was an engineer, Chomsky is coming from Linguistics, Sartre was a secondary school teacher and a writer. Their experience out of the philosophy gave them hints and clues that were crucial to explore unknown fields in their time. It is difficult to think the "second Wittgenstein" without the gap in the decade of 1920, or the existentialism in Sartre without the war experience.

   b) They are able to give new and original contributions in very different fields of human Knowledge, not only philosophy. The last philosophical genius who was able to bright equally in different fields was Leibniz. John Stuart Mill or Karl Marx did the same on politics, economy and philosophy and ethics. Even when the new apportations were not so outstanding as before,  Sartre was an outstanding novelist, Russell and Wittgenstein gave important contributions in mathematical logic, and Chomsky did the same on the fields of linguistics and politics.   

c) They are extraordinary involved in the space and time
that were living. Most of them were concerned about justice, education, politics and society, and became  an important reference for the society at his time -no matter if they were wrong or right-. Wittgenstein is an exception on this matter but we couldn't say that his private life was not concerned with an ethical sense of living. Because they were so concerned with this high goals, they were most of times a complete failure for the people who was closer to them.  

d) Their professional career was always something with less importance than their contributions and goals. As other genius, they have the feeling that there is a goal they have to fulfill on their lives. Socratic coherence became something sacred for this people. Wittgenstein refused more than once, their life in Cambridge. Sartre did the same with the Nobel prize.

    Compared to them, we can find another outstanding philosophers (like Husserl, Zubiri, Heidegger, Gadamer, Rorty, Kuhn, Derrida, Bunge), even more important and coherent and with contributions that are as powerful as the others, but without this geniality and creativity. For sure, all of them can share one or two characteristics mentioned above, but not with the same intensity.

    We could add that individual creativity in the XXIth century is far more difficult than before. Even if I had any chances to say something new about "creativity and philosophy" this should be a delusion, and sooner or later I could find a entire monography talking about the same and precise subject we discuss about (Howard Gardner published a few years ago a book about this). Moreover, when we are talking about the work of a philosopher as an individual mind, like Habermas, for instance, we miss the point that "Habermas" is more a cultural trademark than a philosopher, and his books are only possible by hard and well-functioning  teamwork.   So, if someone dares to say that Wittgenstein -the model of creative and original philosopher in the 20th century- is dead, don't think only about his ideas, but on his creativity.  
     

sábado, 24 de enero de 2015

PABLO IGLESIAS, ROBESPIERRE Y EL OJO IZQUIERDO DE DIOS

   

No se lleven a engaños: detrás de Podemos no está Marx, ni Stalin ni el chavismo (todos ellos aliados ocasionales), sino Rousseau. Sus ideales fueron seguidos a veces por democrátas furibundos que acabaron quemándose en sus propias hogueras, pero que también transformaron el mundo.



Otro señor con coleta y gran carisma, con un discurso implacable, azote de privilegiados y representante de la virtud pública: Robespierre, "el incorruptible". Salvador de la revolución, y creador al mismo tiempo del terror y del jacobismo francés. Un personaje fascinante, pero que da miedo.
 Y la pregunta del millón: ¿Acabará siendo este hijo de Rousseau un pequeño Robespierre?
El futuro está abierto.


    Estaba en mi clase tranquilamente dando el pensamiento de Rousseau cuando lancé ese hechizo mágico que altera a la gente de bien de este país. ¡Podemos! ¡Pablo Iglesias! Una imagen del partido en la pantalla del ordenador hizo el resto. Y es que hay que ver cómo se pone la gente cuando se pronuncia su nombre. Desde los tiempos de Felipe González que no veíamos un carisma levantarse de tal forma en la arena política española. Pero evitemos ponernos como energúmenos. El caso es que me pareció oportuno explicar a Rousseau con nuestro político ascendente, y francamente, razón no parece faltar. 
    Y es que los adjetivos que la derecha española lanza contra su organización -acusándole de chavista, comunista y cincuenta insultos más- pierden de vista la coincidencia de su pensamiento con un modelo mucho más antiguo de pensamiento que por supuesto también arrastra al populismo venezolano, pero que no se reduce a este último. Ahí tenemos que entender por qué Podemos, aunque pueda defender el chavismo, se desmarque del mismo en un marco de acción europeo (en ese sentido, Podemos tiene una formación politológica infinitamente más desarrollada que los tertulianos de derecha). Pero solo con decir esto no nos libramos del peligro del caudillismo populista. 
      Pero, ¿por qué hablamos de Rousseau para explicar Podemos? Rousseau tiene la peculiar característica de haber inspirado la democracia más amplia, radical y auténtica y al mismo tiempo su propia tumba. En su contrato social, los individuos ceden los menores derechos posibles a un estado fundante, y ese estado no es expresión de una minoría de propietarios, como en Locke. Todo ciudadano tiene iguales derechos políticos, independientemente de su nivel económico. Esto es lo que nuestra democracia ha heredado de Rousseau. Pero el ginebrino iba mucho más allá, al rechazar también el sistema liberal representativo típicamente inglés. La democracia y el sentir popular debía manifestarse diariamente, y no una vez cada cierto tiempo.
      La voluntad general es la voz del pueblo, y se convierte en el rodillo aplastador de toda estructura arcaica. La separación de poderes deja de existir y todo el poder pasa al poder legislativo. Esto se entiende históricamente en explosivas situaciones revolucionarias, donde un poder legislativo inesperadamente triunfante se enfrenta con un entramado burocrático y judicial esclereotizado, que durante años de parálisis y generaciones de mandarines (o de "casta") no han permitido la evolución natural de la sociedad y se ha separado de ella. 
    Entonces aquí emerge de la voluntad general, la voz del pueblo, su elemento más perverso y diabólico: se convierte en el ojo izquierdo de Dios, en la mirada que inspira la verdad absoluta y frente a la cual cualquier oponente pierde toda credibilidad. Se hace necesario un líder, un carisma sobre el que el ojo de Dios se posa, se convierte en anunciador y expresión de la voluntad popular. Si queremos decirlo en un sentido puramente filosófico, la voluntad política se convierte en epistemológica o incluso religiosa. Es decir, la opinión del pueblo se hace científica en boca del líder y su camarilla intelectual (es más verdadera que las demás) y se convierte al mismo tiempo en dogma de fe para todos sus seguidores. Deja de ser una opinión más y se convierte en la ungida y única. No abordamos aquí, por supuesto, cuál es el ojo derecho de Dios. Basta consultar las opiniones de los mandarines y de "la casta" más rancia. El ojo izquierdo representa el sentir y la voluntad del pueblo, mientras que el ojo derecho intuye lo que ese pueblo necesita sin que él lo sepa y muy a su pesar.
  
      La historia está repleta de la emergencia de personas que en nombre de la democracia y la voluntad general decidieron enfrentarse a ese mundo esclereotizado y acabaron siendo tocados por el síndrome del ojo izquierdo de Dios. Algunos tienen más fortuna que otros. Pero ahí está Robespierre, el primero de todos, forjador de la democracia francesa y al mismo tiempo del terror. Ahí tenemos los líderes comunistas de 1917 (aunque podría dudar sobre su entraña rusoniana). También están los populistas americanos, desde Perón hasta Maduro. Tenemos líderes frustrados, como los capitanes de abril de Portugal, truncados y exiliados, como Manuel Azaña, o asesinados, como Salvador Allende en Chile. Alfonso Guerra cantó "Montesquieu ha muerto" para acabar con las leyes franquistas. 
     Y por supuesto, también hay líderes reconocidos que lucharon contra la esclerosis y el inmovilismo y lograron salir victoriosos. No puedo evitar considerar como mi favorito a Franklin Roosevelt, el presidente americano que luchó contra la Gran Depresión, y que también fue acusado de comunista, y su gobierno fue demandado ante el Tribunal Supremo por traicionar los valores americanos y la mismísima constitución. El poder que otorgó al estado federal fue considerado una amenaza, un insulto y una locura económica. Hoy, en 2015, más de uno reconoce que para salvar lo peor de la última crisis económica, Obama no ha hecho más que revitalizar algunos de los principios de Roosevelt, entre otros, el impacto del poder público sobre la bancos y el sistema financiero. En definitiva, Roosevelt fue también hijo de Rousseau, en el país con la estructura política más antirrusoniana que existe. 

       El ojo izquierdo de Dios está presente en todos ellos, de una forma o de otra. Es un peligro latente y que siempre está en todos los líderes que creen representar de una forma o de otra al pueblo. Pero cuando estos líderes emergen como lo ha hecho el candidato de Podemos, a la sombra de asambleas, bajo un discurso incendiario, epistemológicamente fuerte y con una imagen pública impactante,  el recelo se puede acusar más todavía. Pablo Iglesias representa el potencial cortocircuito de la democracia radical de Rousseau. Decir que llegaremos a ese cortocircuito es hablar del futuro no escrito. Ya veremos a ver qué pasa. Cuanto menos será interesante.

martes, 13 de enero de 2015

ES DIFÍCIL SER CHARLIE...

Cuando una portada se convierte en negocio. Herir sensibilidades
gratuitamente es fácil y permite vender más.
     Charlie Hebdo se convierte en un trágico episodio más del terrorismo islâmico. Pero tampoco conviene olvidarnos que también es un capítulo más de las extralimitaciones de la libertad de expresión. La libertad de expresión obligatoriamente tiene limites indefinidos: ninguna autoridad externa tiene derecho a decir a un artista o un activista político lo que se puede publicar y lo que no. Pero también se podría desear al crítico social un mínimo de sensibilidad a la hora de lanzar sus dardos hacia una sociedad que desea cambiar, representar o satirizar. Cuando presentamos el problema en una clase, todo el mundo decía identificarse con "Je suis Charlie Hebdo". Al mostrar algunas imágenes polémicas de Mahoma, consideraban que los musulmanes eran extremadamente sensibles a cualquier crítica a su religión. La percepción del problema cambió considerablemente cuando las imágenes satíricas atacaban al cristianismo. Estas se hacían indudablemente mucho más hirientes: no basta con retratar a Jesucristo (eso no llama la sensibilidad del cristiano), le tienen que dibujar sodomizado con la Trinidad entera. Si esto se puede interpretar como una crítica a la homofobia del cristianismo (crítica que puede considerarse acertada) también se puede entender  como una agresión directa y gratuita a las creencias religiosas de millones de personas. Pero claro, como los cristianos son unos tradicionalistas intransigentes, ignorantes y anacrónicos, la crítica gruesa está permitida dentro de una sociedad laica y relativamente homogénea como la francesa. 
    Debemos dejarnos de hipocresías: si aceptamos la libertad de expresión sin restricciones, como Charlie Hebdo, debemos aceptar también creaciones que pueden pasar por ser misóginas, sexistas o racistas, al menos para el parámetro cultural de la clase media burguesa, laica, republicana y crítica con la tradición. En Francia, ese estrato social constituye el lector habitual de estas publicaciones y su consumidor potencial: se entiende que cuanto más hiriente es la imagen, más atractiva y más ventajosa es en términos económicos.
      En otros países más complejos y sensibles culturalmente -como Estados Unidos- publicaciones como Charlie Hebdo se entenderían como una incitación al odio religioso (y por contagio, también racial). Esta es la llamada de atención que hacía David Brooks en el NY Times a la polémica al poco tiempo de lanzarse la consigna "yo soy Charlie". La gente bien pensante lo puede tildar de ser una visión conservadora del multiculturalismo. Prefiero entenderlo como una llamada al sentido común, más allá de los adjetivos ideológicos. Y todo esto, naturalmente, no significa que uno defenda el terrorismo por ser crítico con nuestra propia cultura occidental. 

viernes, 9 de enero de 2015

LA CRISIS NO EXISTE, SOLO ESTÁ EN TU MENTE.



Pues sí. Quedé como un pasmarote escuchando semejante aseveración de la voz de aquel individuo tan seguro de sí mismo, y deseoso de contagiar ese entusiasmo optimista a todo su concurrido público. Era un psicólogo especializado en gestión de recursos humanos, pero podría ser un economista o un director de marketing. Todos ellos, ingenieros perfectos de las palabras y los conceptos.
“La crisis no existe”. Volvió a repetir. “Somos nosotros quienes formamos parte de ella. Es nuestra mente la que ha entrado en esa dinámica, y le toca a ella salir de ahí”. La crisis, reducida a un mero estado mental. Una afirmación de monje budista, negadora de la existencia de la realidad física, o idealista, defensora de una conciencia sobrehumana que puede superar cualquier dificultad. Hastael mismísimo Sartre palidecería ante semejante atrevimiento.
“Es cierto, se habla de crisis”, asegura este psicólogo, “una palabra mágica que debemos amoldar a nuestras aspiraciones y deseos”. Nuestros tiempos son tiempos de crisis. La crisis toca las vidas de millones de individuos, a veces actuando como argumento principal y otras como simple atrezzo de fondo en sus circunstancias personales. Nos ha acompañado durante varios años de forma intensa y se resistirá a dejarnos. Millones de desempleados, cifras interminables de desplazados y retornados, expectativas truncadas, condiciones miserables para una tercera parte del país; esta ha sido (y sigue siendo) la realidad cotidiana en la vida de muchos europeos del sur. Debemos precisar adecuadamente el término. No estamos hablando de un problema como la pobreza mundial o el injusto reparto de la riqueza: la crisis proviene psicológicamente con la caída en las expectativas de futuro de una sociedad, y materialmente con el descenso cuantificable del bienestar y la seguridad de dicha sociedad. Cuando ambas circunstancias se dan la mano, estamos entonces en el ojo del huracán, la tormenta perfecta. Quien nunca haya conocido la expectativa o  el deseo de mejorar su vida, no conocerá la palabra crisis en su sentido más profundo.
La percepción de la crisis después varía de unos individuos a otros. Podríamos pensar, como hicieron los indignados, que esta crisis puede ser punto de partida para crear algo nuevo y que el sistema en su conjunto está a punto de estallar. Pero conviene alzar los ojos y mirar más allá de nuestras circunstancias particulares. Estas crisis han sido comunes en muchas regiones del mundo (Latinoamérica fue el escenario de una crisis de deuda similar a la del sur de Europa hace treinta años) y si tenemos en cuenta que Europa (y especialmente el mundo mediterráneo) juega un papel cada vez más secundario en el mundo, el sistema económico, social o político apenas quedará alterado. Incluso cuando la crisis se extendiese al corazón germano de Europa, no somos más que un peón en el mundo. Es más, a veces da la sensación –también cuestionable- que estas crisis refuerzan la vitalidad del sistema vigente. Sobre todo cuando uno escucha a estos nuevos gurús de la crisis.  
Volvamos la vista atrás. En el 2007 estalla la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos. En el 2008, nadie lo duda: el capitalismo ha fallado por exceso de egoísmo y ambición. Algunos políticos hablan incluso de refundar el capitalismo. Pero en tres años, esa ilusión desaparece. El estado gasta los pocos cartuchos que tiene en solucionar la crisis al modo más tradicional. No salva a las personas, pero sí el flujo de capital: así asegura los ahorros de la clase media y los opacos fondos de inversiones de la élite. De esta manera se atraviesa lo peor de la crisis, pero en el 2010 el estado se convierte en parte del problema. Una vez que ha deglutado el desatino financiero, queda tan endeudado que los francotiradores no dudan en acribillarlo a conciencia, facilitado por el inmenso descrédito de los políticos que también comieron su trozo de pastel en la burbuja financiera e inmobiliaria. Ironías de la vida: los que hace dos días deseaban que el estado asumiera las pérdidas del mercado, reclaman ahora su cabeza en nombre del mismo mercado.
Y es en este contexto donde nuestro gurú aparece con fuerza, mostrando la interpretación acomodaticia y amable de la crisis. En ella desplazamos nuestra mirada crítica y destructora del sistema económico establecido, a nuestro propio papel dentro de la recesión. Es la mirada más liberal, donde son los individuos y no el sistema el que se equivoca. Los engranajes pueden fallar y ser sustituidos por otros nuevos, pero el reloj debe seguir dando la hora y marcando el ritmo. Una amplia literatura sobre la crisis se difunde con rapidez, y no falta un considerable número de obras como las de nuestro psicólogo –que por supuesto nos cita su libro “Crisis, ¿qué crisis?”-, junto con sociólogos, economistas y libros de autoayuda que pretenden abordarla en términos positivos: las crisis significan cambio, transformación, oportunidad. Como se supone que el principal responsable en la gestión de la crisis no es más que el individuo mismo, lo que este enfoque acaba dando a entender es que si nosotros estamos en crisis es porque individual o colectivamente algo mal estamos haciendo, y que tanto el sistema económico como el propio estado son más neutrales (y por supuesto intocables) en toda esta cuestión.
Ser más creativo, más competitivo, más fuerte emocionalmente hablando, más cualificado y más flexible son las típicas recetas que diagnostican, consuelan y a veces hasta funcionan para las víctimas de las crisis económicas. Pero otras muchas veces deprimen y enfurecen cuando son imposibles de alcanzar. No hace falta repetir aquí que todas estas recetas evitan su trasfondo más siniestro y darwinista: pasan por alto a los perdedores (inadaptados, débiles o fracasados se considera meramente un eslabón necesario hacia el éxito) y no tienen en cuenta que el triunfo de un individuo o grupo puede suponer fácilmente el fracaso de los demás. Estando en un juego de suma cero, como dicen los economistas, la cuota o nicho de mercado que logre ocupar un productor se hace a expensas de otro. Y por supuesto, el triunfo es siempre pasajero, porque es ley del mercado que el éxito rotundo del presente constituye el ingrediente básico para el fracaso del mañana. El riesgo al fracaso se mantendrá siempre incluso en la mente de los ganadores. La ansiedad y el creciente sentimiento de fracaso personal al no poder estar siempre en la cresta de la ola son experiencias en aumento en nuestros últimos años. Es sencillamente un hecho: no se puede ser líquido toda nuestra vida. Hemos pasado de responsabilizar al estado a responsabilizarnos a nosotros mismos y esto tiene un enorme coste emocional.
Llegados a este punto, y para aquellos que hayan tenido la paciencia de leer hasta el final del artículo, se podrán preguntar, ¿pero quién demonios es este clarividente psicólogo? Este personaje, evidentemente, es como la crisis. ¡Sólo existe en mi mente!  Pero no quiero decepcionar: tiendo a pensar que las clarividentes intuiciones de este psicólogo se repiten en el discurso de otros muchos personajes que sí son de carne y hueso. Basta escuchar y leer entre líneas para darse cuenta que tanto este psicólogo como la crisis, existen de verdad. Salgan fuera de la red y averígüenlo.