Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

lunes, 16 de noviembre de 2015

LAS CAUSAS PROFUNDAS DEL TERROR

    Quería hablar de setas, de estas volvarias y estrofarias unidas en el pastizal de Malpartida, pero hoy el GP no puede. Va en su  bicicleta pensando en París. Pero no solo. También Beirut. Y el Sinaí. Mas de cuatrocientos muertos en apenas una semana. Y estoy cansado de escuchar el mismo diagnóstico de la situación terrorista. Se culpa al Islam, al carácter hermético de su religión, a las circunstancias psicológicas de cada individuo que se inmola en nombre de una idea desgarradadora que convierte en meros objetos a sus semejantes... Y como filósofo que soy y que me traiciona, acabo pensando que confundimos la causa y la consecuencia, como hace ochenta años. Y no sé hasta qué punto todo esta maraña de argumentos no nos hace caer en la cuenta del verdadero problema: nuestra sociedad, la victoriosa sociedad global, cosmopolita y capitalista se vuelve inhóspita, inhabitable. Cada día es más fría, desoladora e inhumana para una parte nada insignificante de sus moradores. Las palabras igualdad, fraternidad y libertad no tienen sentido alguno cuando muchos de los que viven dentro de ella no tienen ninguna seguridad vital a la que agarrarse, ni económica, ni social, cultural ni psicológica. Una religión entendida en su forma más arcaica posible se convierte entonces el último recurso, como lo fue la utopía racial de Hitler para muchos alemanes. En ese sentido, hemos aprendido muy poco del fascismo y comunismo de los años treinta. Seguimos produciendo indivíduos potencialmente totalitarios, desorientados y desilusionados, y escasamente educados en nuestros valores democráticos, vacíos y formales para ellos. El nazi antidemócrata y racista no era tan distinto de los jóvenes europeos y magrebíes que viajan a Siria en busca de un paraíso inexistente. La diferencia estriba en una distinta reacción entre los hijos viejos de occidente y los hijos adoptivos ante los gigantescos desafíos de la modernidad líquida, como llaman muchos sociólogos a nuestra cultura. 
      Aquellos primeros desorientados, europeos viejos de occidente (blancos, hijos de la democracia y nietos de cristianos)  viven su esquizofrenia dentro de los valores occidentales. El lado bueno de nuestra cultura es nuestro profundo respeto hacia nuestros semejantes, en forma de considerar la vida ajena como algo sagrado en sí mismo. Pero esto se hace a costa de reducir nuestra sociedad a una suma de individuos, dejados a su suerte. La tragedia que viven los inadaptados es personal, individual y la sufren en un silencio absoluto que acaba en un suicidio en vida, sin necesidad de apretar un gatillo. Saben que no hay redención posible o se les ha educado para que piensen así. Se les dice que su fracaso es personal, fruto de decisiones particulares tomadas con libertad, en las que en última instancia ellos son los últimos responsables. En el fondo esta mala conciencia es un lavado de cerebro que no dista mucho del que sufre un yihadista islámico. La diferencia fundamental es que nosotros creemos que ese es un proceso de inculturación neutral y natural, y no lo percibimos como lo que es, algo artificial y que no tiene que ser necesariamente verdadero.
     Sin embargo, para aquellos desorientados recién llegados, hijos adoptivos de la vieja Europa, la situación se les hace más complicada. No hay un individualismo metafísico de base; para ellos la cultura ocidental solo produce pérdidas. No les resulta fácil asumir que su fracaso puede ser un fracaso personal. Es un fracaso colectivo, último, radical, que acumula un inmenso resentimiento pero que necesita ser redimido de alguna manera tangible hacia el exterior. En ese exterior buscamos responsables, víctimas que dejan de ser humanos y se convierten en encarnaciones del mal, y al mismo tiempo buscan un paraíso redentor en la propia muerte. Los musulmanes desarraigados han encontrado la salvación en una religión entendida en su sentido más feudal y medieval, donde no hay limites entre la fe y el estado y se desarrolla una conciencia identitaria máxima; al igual que hicieron muchos europeos hace ochenta años en el totalitarismo, o se está con ellos o contra ellos. No hay medias tintas. 
       La solución la desconozco. El panorama, para estos descarriados con mala suerte (y en conjunto para la sociedad), pinta mal. En Europa unos pocos fanáticos descarriados fueron capaces de arrastrar a una sociedad entera hacia el abismo y la guerra mundial. Y aunque en el siglo XXI, esto no se hace tan fácil, la esquizofrenia tenderá a perpetuarse entre nosotros y a veces estalla con sangre inocente.  En fin. Ruego que disculpen la parrafada.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

RECORDANDO A ALEXANDER HAMILTON EN CATALUÑA




      
    Qué aburrido es esto. Volver a hablar de Cataluña y el nacionalismo. Una vez más, inútilmente, cuando no hay más diálogo que el de los sordos con los oídos finos y el de los ciegos de mirada certera. Pero en fin, venía mirando este billete de diez dólares en mi viaje en el tren, y el singular personaje que está impreso en él: el insigne Alexander Hamilton. Y me pregunto que contestaría este personaje a nuestra situación actual. Seguramente que si fuese español o catalán, no aparecería tan sereno como aparece en el billetito. 

     Pero vamos a lo nuestro. Puestos ya sobre el tema, comparto que Cataluña tiene todo el derecho a decidir por sí misma qué hacer con su futuro. Me asombra la mezcla de miedo, inmovilidad y falta de ideas que paraliza a la clase política española. No se puede contestar a todo reto con el respeto a la ley vigente, cada vez más ajena a la realidad. Me sorprende que los partidos de izquierda tengan tantas reticencias a convocar un referendum, una medida que se ha aplicado en otros países y que no siempre ha conducido a la ruptura, como Canadá o más recientemente Gran Bretaña. En el primero, ha fortalecido la unión. En el segundo, ha fomentado más autonomía. Cierto, Checoslovaquia se dividió en 1993 por un referendum, y muchos checos se lamentan de la decisión y del resultado final de su revolución de terciopelo. Pero es un  riesgo a asumir para resolver el futuro. Los catalanes tienen derecho a decidir sobre el asunto.  
      Pero igualmente pienso que España y Europa también tienen el derecho a decidir por su futuro, y caso que Cataluña decida su independencia, puedan tomar medidas drásticas para errores que yo pienso que resultan completamente anacrónicos dentro de un proceso que avanza hacia el federalismo europeo y no precisamente hacia su desintegración. Son sencillamente procesos contrarios: si los catalanes deciden separarse, el ostracismo de Cataluña se hace aconsejable para que Europa no acepte dinámicas centrífugas que pueden acabar llevando a pique su lenta y enrevesada compactación política. No tiene nada que ver con el resentimiento o una actitud vengativa: es mera lógica política. Y aquí entra el amigo del billete verde. Lo que sugiere hoy la comisión europea no es otra cosa que lo que comentaba el primer secretario del Tesoro de Estados Unidos Alexander Hamilton -una especie de Angela Merkel del siglo dieciocho, el primer obsesionado con la consolidación fiscal- la primera vez que ve un conflicto semejante, hace doscientos años: el cumplimiento de la democracia no siempre acaba amoldándose al bien común. Esto es lo que decidían los primeros federalistas de la historia cuando veían que la deriva libertaria de los colonos americanos podía acabar siendo una auténtica anarquía y el fracaso de la primera democracia del mundo moderno. Es precisamente la falta de gobierno, o el exceso de libertades lo que puede socavar los pilares del estado federal y un bien común más amplio. Reconozco que esta es una visión pesimista, hobbesiana, pero son los riesgos con los que contamos. A fin de cuentas, los votos de una democracia también pueden justificar posiciones egoístas, cortoplacistas, y los nacionalismos mal entendidos pueden caer en estos vicios. Volviendo a Hamilton y sus principios federalistas, la historia de Estados Unidos ilustra el ejemplo de cómo la democracia más vieja del mundo se consolidó reforzando su autoridad y su gobierno federal, y alejando fantasmas de secesión que le amenazaron durante su primer siglo de existencia, incluso con una guerra civil por medio. Nadie va a hacer estallar una guerra civil sobre esta cuestión -ya tuvimos varias en nuestra historia contemporánea- y al menos tenemos suficiente cabeza y memoria histórica para saber que la defensa de una identidad ya no se puede pagar con sangre. 
     El que escribe es consciente que el corazón tiene razones que la razón no alcanza a entender, y que muchos nacionalistas votarán con el corazón sin atender a su cerebro ni a su estómago, o peor, con el cerebro dispuesto a negar cualquier argumento contrario a lo que le diga el corazón, ejercitando una perfecta disonancia cognitiva. Están en su derecho como ciudadano, a fin de cuentas, de equivocarse o no. Hamilton en este sentido, también lo tenía muy claro: las pasiones de los hombres deben guiarse por los dictados de la razón. El problema es que la razón es fría y nadie la quiere, y a veces necesita ser ejecutada por un estado, más gélido todavía. Y esto no da votos.  Dónde está la raíz del problema, nos preguntarán algunos: Los políticos, son en última instancia, los responsables de guiar nuestros sentimientos políticos y no desbocarlos. Y aquí, tanto los de un bando como los de otro, no han sabido estar a la altura. Me pregunto si luego le tocará a un funcionario del gobierno, a lo Hamilton, saber dónde acertar para desfacer todo el entuerto creado.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

INSIDE OUT, OR HOW NEUROSCIENCE CONQUERED PIXAR


Inside out, the last film from Pixar factory has some ingredients to become a masterful piece of animation movies. It is not only because of the huge amount of technology developed in the performance of the movie. This fact by itself shouldn’t make interesting the film. In fact, there are now too many animation movies with gorgeous visual effects that have no interest at all, because their scripts are completely conventional and déjà-vu. Furthermore, we can object that the action in this movie is predictable or unequal.  But Inside out has the privilege to share an original script based on the last research and investigations on the human brain. How can we mix it up? This has been the magic of the movie. 3D animation movies have more freedom and possibilities than conventional cinema to treat some topics, and neuroscience can be one of them.  When neuroscience inspires arts and popular culture, it means that it is starting to create their own way to be known by the common people, not only the scientist community. 
But we have to think for a while. Is this the first time that the brain is showed in the cartoons? We shouldn’t forget one of the pioneer works in this field: Once upon a time… life.  These French cartoons pretended to popularize and promote the knowledge of human body and the brain. Every part of the human body had its own chapter, but the brain was a privileged case and deserved three chapters. Their educational purpose was too strong and sometimes didn´t leave enough time to show a story where the explanation made sense. They explained the brain as an extremely complex machine that reacts automatically to the challenges coming from the outside world. This was the first difference with Inside out: the story in the film (the girl who is suffering a personal crisis because their family moved from Minnesota to San Francisco) is not independent from the vision they want to communicate about how the brain works. The brain is not only depending on biology, but on the individual experience of personal life. Our brains are continuously changing and evolving, by our biological age and by our personal career. This is what neuroscientists want to convey when they are talking about the plasticity of our brains; on the other hand, the movie shows the image of the brain as a blank slate, easy to be changed, something that current neurology tries always to avoid.

       And we discuss now the great innovation in the movie: how emotions control our decisions. Back to Once upon a time… life, there was a control room, too, old fashioned, with big computers  and white-coated experts processing lots of data, commanded by a bearded old wise man –in other series called the master-, that could be understood as the rational spirit of our brain. Decisions are taken rationally, logically, with a careful prediction of the consequences of our actions. The 80s were the decade when the metaphor of the brain as a computer was at its higher popularity. Ironically, the metaphor taken in Once upon a time… life is more precise than the control room in Inside out: if we have to find some kind of control room in our brain is in the neocortex, our rational part of the brain, and not controlled by emotions. However, Inside out hits the mark when is showing how “irrational” emotions take the command of our brain: for instance, when the the girl’s emotion of anger decided by itself to leave the parent’s house and escape from the family. There are a few moments where emotions take control of the girls’ conscience, and become the voice of the girl in the real world: emotions and ego are only one soul. It seems that our “reptilian brain” overtakes the situation and silences our rational voice. Meticulous critics could argue that we have more than six emotions, but this is a movie, not an essay about our brain.
Our brain needs emotional stability, and it seems that we get it when all our emotions worked together. There is a central idea in the movie that sadness was useless, but at the end of the movie the other emotions realize that sadness gives us the ability of introspection and know who we are. It seems unreal –but very keen to teenagers and children- that cheerfulness should be the master of our brain, as if she were our rational, extrovert and social side. In fact, the brain of adults are commanded by other emotions, and not cheerfulness. 
There are other interesting issues taken into account in Inside out: the memory and the dreams, and how they work; or how our brain change depending on the age and the gender. The memory is taken very seriously, when the movie is making a distinction between the long term memories and the short ones, and how our brain wipes out the   memories that are not used any longer. Of course, our memories are not like pure and small marbles, but some kind of maps codified by millions of neurons, and they don’t disappear immediately, but fade away slowly. Dreams are taken like some kind of theater or cinema inside our brain, and the metaphor here seems curious, when we are watching a movie inside another movie, a metaphor inside other metaphor. Finally, the differences of age and gender are taken into account in the film. The girl  starts her life with a single bottom control. At the end of the movie, she receives a new keyboard when she starts adolescence. The availability of resources and keys give us the idea that the brain is in evolution and that our psychology and personality change during our life –something more accepted by psychologist than neurologist-. On the other hand, the fact of growing and the decadence of our body was treated in Once upon a time… life. Finally, the differences of gender are taken in a funny way in the film, and sometimes, following the social conventions of men and women. The angry brain of the father, thinking only in football, against the sensitive emotions of the mother, missing an old ex-boyfriend and wondering what she is doing with such a rude guy, makes up the idea that men are from Mars and women from Venus. Even when every single brain is complex and different, the impact of this extended biases creates the funniest punches in the movie.   

martes, 8 de septiembre de 2015

EAGLEMANN O DIÁLOGO SOBRE LA CREATIVIDAD


                                  El señor Eagleman y Tibb debatiendo sobre la creatividad.


Tibb tenía sobre su mesa un par de libros que ojeaba com cierta desidia. El lugar y el tiempo resultaban tan extraordinariamente aburridos que los libros se convertían en un refugio para evitar la caída en la somnolencia. Afortunadamente, Eagleman estaba a su lado y el título del libro le valió uno de sus comentarios agudos. El libro en cuestión era “El aprendizaje de la creatividad”, uno más de los muchos de José Antonio Marina…
     - Enseñar la creatividad... Pero si eso no existe… Mira, desde Homero, que eso ha desaparecido.
     - Pues sí, contestó el señor Tibb, y si a Homero añadimos la Biblia tenemos ahí todo lo demás.
     - Es que eso de la creatividad... o la originalidad, como queramos llamarla, es un sinsentido: no existe ningún autor que haya creado desde la nada.
      El señor Eagleman es profesor de bellas artes, y muy bueno, me atreveria a decir. Y podría añadir, contra su voluntad: sorprendentemente creativo. Que una persona creativa negase de esa forma rotunda la creatividad, se merecía un buen diálogo.  
      - Como decía, continuó Eagleman, todo está dicho. Un artista supone que crea desde la nada, pero eso es la más absoluta arrogancia. Un artista original sin talento tiene muchas possibilidades de crear basura. A lo sumo será un buen embaucador, un gran estafador, o un estupendo representante de ventas..., pêro nunca un creador, no cree usted.
      - Estoy de acuerdo. Por Zeus.
      - ¡Claro que sí! Miguel Ángel, los hombres del Renacimiento, eran de todo menos originales. ¿Qué podemos decir de ellos? Fantásticos artesanos, sí. Pero no son originales. Su arte se reduce a pura artesanía.
     - Y sin embargo, replicó el señor Tibb, aplicaron técnicas nuevas en su pintura. El esfumato, el escorzo, la perspectiva... 
     - A eso me refiero con artesanía, contestó Eagleman. Tomemos Leonardo de forma metafórica. Cuando aplica su técnica de esfumato, está aportando esa capa que hace que el cuadro sea suyo. Pero la Gioconda, la imagen de la belleza feminina, todo eso sobre que se mueve Leonardo... está inventado desde que el hombre es hombre. Nos recreamos en miradas nuevas sobre un mismo tema. Y dicho sea de paso, no estoy añadiendo nada nuevo sobre el tema. Niego toda originalidad en mi exposición.
     - Pero entonces yo creo que necesitamos una depuración de los términos. Estoy de acuerdo a aceptar que la originalidad no existe, y que como tal, solo Dios, si es que existe, podría tener el título de creador. Pero lo que no acepto de tu discurso es que la creatividad en el humilde ser humano no exista.
      - Oigamos, entonces, tu discurso, ¡por Apolo!
      -       ¡Por Belenos!
-          Por ejemplo…
-          Por favor...
 - Partamos del hecho que la creatividad es meramente un humilde apêndice de originalidad humana, un resto de la originalidad divina. 
- Aceptamos esa expresión sublime y casi vacía...
-         La originalidad no es sinónimo de creatividad, es solo uno de sus componentes, y casi por defecto, porque no es una originalidad intencionada, buscada egocéntricamente por el creador. La creatividad se tiene que enfrentar a un problema y resolverlo, ya sea en el campo del arte, en la ingeniería, la literatura, la gastronomía o la recolección de caracoles. Todo puede estar tocado por la creatividad.
-         Extiende más tu respuesta.
-         Tiendo a considerar más la creatividad como un estado de pastiche permanente, de recombinación juguetona.  En este sentido, me inspira mucho el gran Wittgenstein. Este tipo nos decía que cada circunstancia tiene un juego del lenguaje, un discurso particular. Si yo, por ejemplo, estoy en una biblioteca y digo ahora “pásame el libro del Señor de los Anillos”, quedará fuera de duda que estoy hablando en el contexto de los libros. Se espera que tú me pases el libro y que lo lea. A esto lo podemos llamar “reglas convencionales del lenguaje”.
-         Está bien.
-         Sin embargo, la creatividad surge cuando rompemos esas reglas, cuando damos una respuesta lingüística diferente a la esperada en un contexto determinado. Imaginemos ahora que la frase “pásame a Tolkien”, la usamos cuando estamos calzando un mueble. Hemos sustituido el uso tradicional del libro para usarlo como acomodador de un mueble. El uso no es demasiado original, diríamos que de una escala de 0 a 10 de creatividad, sería un 2. Pero imaginemos el libro de Tolkien para construir una escultura o un arma arrojadiza, como base de un examen de inglés, como fuego de hoguera, para construir con el élfico un código militar secreto… Entonces empezamos a emprender levemente la senda de la creatividad. Cuando rompemos el uso típico y convencional de las cosas, inexorablemente nos acercamos a ella.
-         Pero eso no hace una acción creativa por sí misma. La excentricidad, por ejemplo, podría caer también bajo esa interpretación tuya.
-         Bien, pues añadamos que la creatividad es la excentricidad orientada hacia una meta conscientemente elegida. La creatividad solo cumple su función cuando dicha excentricidad se acopla perfectamente sobre un nuevo horizonte de acción y por tanto, deja de ser excéntrica y se convierte en creativa.
-         Pero qué bonita te ha quedado esa definición.
-         Tú me has ayudado a hacerla con tu excentricidad.
-         De todos modos, ¿qué quieres decir con todo esto?
-         A menudo hemos planteado la creatividad como forma de resolver problemas lógicos o matemáticos. Pero no tenemos que compartir ese horizonte de acción. La creatividad humorística, por ejemplo, la que esgrimen los Monty Python de forma tan grotesca y radical, parte de una mezcla brutal de lenguajes que funcionan. Muchas novelas ganan adeptos no por la historias que cuentan, sino porque ponen la trama en un contexto extraño y novedoso. Todo puede estar sometido al toque de la creatividad.
-         Puedes tener razón con ello, by Jove.
-         Tenemos ya una definición de la creatividad. Pasemos ahora, a evaluar, cómo alcanzar la creatividad. Y sugiero que, cuanto más veo los métodos que han alcanzado los estudiosos, más me parece que la creatividad es muy cercana al azar y la suerte.
-         ¿Por qué lo dices?
-         Es como coger la hoja que se cae de un árbol con los ojos cerrados.
-         Algo difícil.
-         Sí, pero si forzamos la situación no lo será tanto. ¿Qué podrías tú hacer para tener más posibilidades?
-         Esperaría a que fuese otoño, o si tuviese otro amigo, le pediría que removiera o vareara el árbol. Entonces caerían tantas hojas, que al final alguna podríamos alcanzar con la mano.
-         Pero no sería directamente, “aquella hoja o esta otra” que hayamos visto antes de taparnos los ojos. Sería la primera que apareciese, inesperadamente, sobre nuestra mano. No sé si así entiendes un poco lo que es la creatividad para mí.
-         Creo que sí: ya veo la relación entre las tormentas de ideas, los juegos de De Bono y demás métodos.
-         Al fin y al cabo, acaban reducidos a la máxima generación de posibilidades, tanteos, y mezclas de discursos no pensados previamente. Resultan muy atractivos, pero al mismo tiempo, frustrantes: no hay una llave definitiva que nos diga cómo generar creatividad. En conclusión, las conexiones entre un código de lenguaje nuevo y el horizonte de actuación que queremos resolver, como hemos dicho antes, las tendrá que establecer el sujeto creativo.
-         Hmmm… Interesante, y con esto, volvemos al comienzo de la discusión. ¿Hasta qué punto el sujeto acaba siendo creativo?
-         El sujeto se hace original al mezclar y reciclar cosas ya creadas. En las nuevas síntesis encontraremos la creatividad. Podríamos seguir hablando del asunto…
La conversación quedó interrumpida en ese momento por el fin de la reunión. Alrededor de Eagleman y Tibb se fueron levantando pesadamente cuerpos cansados y aburridos que volvían a su rutina.
-          Mejor para la próxima reunión… concluyó Eagleman.

lunes, 27 de julio de 2015

FALACIAS AD VERECUNDIAM: "EINSTEIN DIJO..."


   Un vídeo viral de youtube con una gran proyección, que pasa por un argumento a favor de la existencia de Dios, y que se pone en boca de Einstein. En realidad, Einstein nunca dijo nada parecido: la cita a lo sumo puede atribuirse a San Agustín. Pero evidentemente, Einstein tiene mucha más pegada mediática en el siglo XXI que San Agustín. El vídeo además trata de forma dramática el escenario y la música, facilitando cierta forma sutil de falacia ad populum. Nos sentimos conmovidos por el inocente pero atrevido niño frente al frío y autoritario profesor. La musica de Satie acaba poniendo el último tono melancólico a toda la escena.

 
     Y hablamos hoy de una fantástica falacia que pasa por nuestro lado a cada minuto, camelándonos y exigiendo nuestra obediencia: el argumento de autoridad, o como decían los latinos, la falacia ad verecundiam. Su definición más sencilla es: "tú harás esto porque lo digo yo". Semejante simpleza puede funcionar cuando un padre le dice a su hijo pequeño lo que tiene que hacer, pero no creemos que funcione más allá de ese pequeño círculo, dicho de esta forma tan vulgar. La falacia ad verecundiam propone ir más allá. Vamos a poner una afirmación que nos interese en boca de una autoridad venerable y reconocida por todos, que permita sentar cátedra y acallar cualquier crítica.  Si Einstein, Jesucristo o Shakira nos dicen que dios existe  o que una marca de perfume es mejor que otra, por algo será. 
    Un uso relativamente aceptable del argumento de autoridad parte de la opinión de una eminencia dentro de una comunidad de expertos, basándose en los conocimientos que tiene de su campo. El mundo académico se rige por las tendencias que marcan sus líderes punteros y sentar cátedra sobre una cuestión es frecuente. Pero desgraciadamente, nos encontramos en muchas ocasiones con que este argumento no se reduce a dar una opinión formada: provoca que proyectos de investigación, grandes sumas de dinero y de capital humano se dediquen a una cosa y no a otra. Tan solo por estos detalles deberíamos ser críticos con los juicios venidos desde grandes autoridades expertas. 
     Ha habido grandes casos en la historia del uso del criterio de autoridad y quizás el más famoso sea el de Aristóteles: los intereses creados y el miedo al cambio hicieron que el redescubrimiento de Aristóteles en el siglo XIII, dando impulso a la escolástica medieval, se convirtiese en una pesada carga tres o cuatro siglos después, cuando los grandes astrónomos de la Revolución Científica tenían que ir en contra de las opiniones del maestro griego. Aseverar que la tierra se movía, que no estaba en el centro del universo o que había más de cuatro elementos iban en contra de los dogmas aristotélicos, por poco más que por su renombre como filosófo. Podríamos pensar que del siglo XVII para acá, las cosas han cambiado mucho, pero los dinosaurios y las vacas sagradas intelectuales siguen imponiendo su peso tanto como en la baja Edad Media. Desde Marx entre los comunistas hasta Friedman o Hayek entre los economistas libertarios, siempre hemos encontrado guías citados como profetas. Incluso a pequeña escala, la dinámica social del trabajo intelectual (la necesidad de vivir en redes significativas de aprendizaje) empuja a menudo a destruir la creatividad individual y ceder ante el criterio de autoridad de un jefe de departamento universitario.



     El Nombre de la Rosa de Umberto Eco ha sido una de las obras que mejor ha tratado los errores del principio de autoridad, y las causas subyacientes a los que lo promulgan. Un alegato ilustrado que acaba en una tragedia -la destrucción de la biblioteca por un incendio- demasiado parecido a las hogueras del III Reich. 
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      Pero nuestra falacia va mucho más allá de esta esfera de la comunidad intelectual. La falacia ad verecundiam se extiende y vale para justificar cualquier cosa ante el gran público, basándose no ya en el conocimiento del autor citado, sino meramente en su fama y proyección. Así, por ejemplo, Einstein, gran eminencia gris de la física, es citado para casi cualquier campo de la vida, y basta su presencia para dar brillo a una idea filosófica (de la que a veces poco o nada dijo). No hay un intelectual más citado en la red: haciendo un rastreo por internet nos encontramos con que hay más de once millones de entradas con citas de este autor. 
     Einstein tiene su puesto merecido en el paraíso de la citas que marcan autoridad. Pero hay otras muchas formas de alcanzar la fama, y esta marca autoridad sobre el resto de los hombres: la publicidad lo usa continuamente como recurso básico en el márketing. El mero hecho de presentar un producto junto a alguien conocido da una falsa confianza en el consumidor. Pero siempre nos podemos preguntar, por ejemplo, qué sabe el tenista Nadal sobre seguros de vida, para dejarnos llevar por su consejo.   

    Y por último, tenemos la visión más disparatada del argumento de autoridad. Dar argumentos y ponerlas en boca de gente para darles más fuerza y prestigio. Podríamos pensar que esto es una cosa del presente, dado el número de citas falsas que podemos encontrar en internet, pero en el fondo, es tan antiguo como el comer. Confuncio o Pitágoras son ejemplos de maestros de escuela encumbrados por lo que sus discípulos dijeron de ellos, firmando con el nombre del maestro todos los escritos de la escuela. Platón los sobrepasó a todos cuando toda su producción filosófica, sin excepción, la pone en boca de su maestro Sócrates. Hoy en día Internet ha multiplicado los rumores y las falsas citas en boca de las celebridades históricas. Pensemos en el vídeo que está expuesto más arriba, un ejemplo entre otros muchos de lo que Einstein nunca dijo. 
     Es este ejercicio de autoridad algo tan negativo? Uno tiende a pensar que no hay que dramatizar la situación, y tan solo tener buena vista, separar lo interesante de lo que no lo es: para superar la falacia ad verecundiam, hay que analizar el argumento presentado, y no basándose en quien lo dice.  A fin de cuentas, no creo que alguien ponga en duda la legitimidad de la siguiente frase de Lincoln, que por supuesto nunca dijo: 


   

viernes, 26 de junio de 2015

DE GARZÓN A ZAPATA: LA CULTURA DE LA SOSPECHA LO DERRIBA TODO


El señor Zapata no se dio cuenta que las redes sociales no son privadas, y que
nos podemos arrepentir de mucho de lo que podamos escribir en ellas. Un fallo
de adolescente ingenuo en un mundo de fieras... 
     La sospecha derriba cualquier muro. Nadie está a salvo y todo el mundo lo sabe, aunque algunos, empezando por el presidente, prefieran ignorarlo. Son tiempos bárbaros, en los que cualquier imagen pública se somete al desgaste inmediato y se convierte en una vieja estatua atacada por el mal de la piedra, corroída, cortada, desfigurada. La desconfianza extrema y la sospecha convierten cualquier persona pública del campo de la política, en posible candidato para ser machacado. La única consigna que existía dentro del establishment conservador o la casta dominante es que como ni el idealismo ni el altruísmo existen, siempre tiene que haber un interés oculto o un elemento turbio que explique la aparente bondad de un individuo. Las ideologías son así meras tapaderas de intereses, las palabras y los slogans, sus disfraces. Si Marx, Nietzsche o Freud levantaran la cabeza quedarían escandalizados de hasta dónde se ha llegado desde que ellos empezaran a sospechar de la figura de Dios. Ahora el Dios inmaterial molesta poco, y sí importa mucho los dioses mundanos de las cámaras y los medios de comunicación. Y si a eso le añadimos que el escándalo es negocio y que la corrupción pública de uno ennoblece la ignorancia que tenemos sobre otro, tenemos buitres asegurados buscando carnaza en la corrupción. 
      Pero esto es ley de democracia, transparencia. Necesaria, pero más destructora que los movimientos de capital, más incisiva que ningún atentado terrorista. La transparencia aniquila la esperanza y condena al ser humano a una visión hobbesiana del homo homini lupis. ¿Por qué? Se podrán preguntar. ¿Es que no podemos seguir creyendo que gracias a la transparencia la democracia se podrá regenerar? ¿Es que no se puede convertir en la única ideología inmaculada digna de adoración y libre de pecado? No, porque la propia transparencia hasta ahora ha jugado sucio o ha estado controlada por manos equivocadas. La gran aspiración de nuestros políticos era jugar con la transparencia para derribar a sus adversarios. La transparencia es un medio para nuestros fines, pero no el fin en sí mismo de nuestro programa político, la aspiración a una menor corrupción. Nuestra dramática historia autonómica reciente en Valencia o Andalucía ilustra bien estos casos, en los que PP y PSOE lanzaban ataques contra la corrupción del oponente sin tener capacidad de regenerarse a ellos mismos. El otro caso hiriente en nuestra historia política reciente, el acoso  y derribo del juez Garzón hace unos años basándose en acusaciones malintencionadas también nos dice bastante del poder maligno de
Otra imagen pública vapuleada por la transparencia opaca:
 el juez Garzón.
la
glasnost, fantástica palabra rusa.
    El peso de la transparencia no es igual para todos. Indudablemente, desde un aspecto ideológico, aquel que tiene su discurso basado en la lucha social y contra la corrupción se convertirá en blanco fácil, incluso cuando su reputación sea más inmaculada que la de los demás. Para muchos votantes de cualquier signo político, es más fácil digerir salvajes casos de corrupción del PP que las migajas que han podido arañar los casos de Podemos o Ciudadanos. Tengan mucho cuidado las flamantes Ada Colau y Carmena: la sospecha andará al acecho y en nombre de la transparencia democrática, le podrán jugar malas pasadas. Ya en cuestión de días, se han cobrado su primera víctima: el edil de cultura de Madrid, Guillermo Zapata, por unos tuits realizados hace cuatro años y sacados de su contexto, pero que evidentemente, son carnaza para la acusación pública. Este personaje ha cometido ingenuos errores de adolescente en el uso de nuevas tecnologías que le han pasado factura y la fulgurante eliminación del área política. A partir de ese momento, la reacción fue inmediata: los nuevos grupos políticos han limpiado sus redes sociales de cualquier turbiedad, cualquier sensibilidad herida o cualquier posible acusación política, conscientes de que estas redes van a ser analizadas tuit a tuit, foto a foto, por sus adversarios y detractores políticos.

       Y para concluir, ¿podemos encontrar algún remedio para esto? Reconozco que no siempre el que escribe lo tuvo claro.  Cuando escribí esta entrada por primera vez, hace más de un año, me invadía la ceniza sensación de que nada podía cambiar y su tono de entonces me resultaba para el día de hoy completamente derrotista e inaceptable, por lo que tuve que cambiar el final. Porque ahora queremos concebir una ligera esperanza de que este orden de cosas ha empezado a cambiar ya. 
       La corrupción tiene dos formas de destruirse: por su denuncia, a través de los partidos y fuerzas en la oposición, o cortándola de raíz, promoviendo una cultura política nueva. Hasta este momento, la única forma de combatirla ha sido a través de la primera forma, su denuncia, pero en la forma degenerada de esta cultura de la sospecha. De esta forma, la transparencia malintencionada no basta si no cambiamos nuestro comportamiento, si solo vemos la corrupción como forma de sacar réditos electorales y hacer la vista gorda sobre nuestras propias faltas. 
     Para aquellos que piensen que el ser humano por naturaleza será corrupto y que todos los partidos políticos son iguales, conviene recordar que otros países de nuestro entorno son mucho menos corruptos, e igualmente, hay otros que lo son mucho más. Las cosas nunca son para siempre, aunque así lo puedan creer los pesimistas en esta materia, y pueden variar para bien o para mal. Es por ello que tenemos que empezar a trabajar con la segunda opción. Es cuestión de educación pública, de control político y de independencia de las autoridades jurídicas.  El primer paso ha empezado ya: desalojar del poder político a aquellos que lo habían convertido en patrimonio personal. Esta es la primera herencia tangible de los manifestantes del 15M hace ya cuatro años. Solo por esto, bienvenido sea el cambio político, venga de donde venga, porque la regeneración de nuestra cultura política empieza ahí.  


martes, 23 de junio de 2015

FALACIAS EN LA CRISIS: ARGUMENTOS AD HOMINEM

      Y he aquí la gran falacia del lenguaje informal. La más universal, aquella que usan tanto los grandes retóricos en un congreso de diputados como los más humildes que no sepan escribir la o como un canuto, y que por supuesto, no tienen ni idea de estar cometiendo una falacia. La falacia ad hominem es la descalificación personal, graciosa, agresiva, hiriente o patética, que logra hacernos olvidar el argumento de nuestro adversario o nuestro propio argumento. Puede partir de un insulto al físico de nuestro oponente: "el coletas", para hablar despectivamente de Pablo Iglesias, "los perroflautas" como se mencionaban a los manifestantes del 15M, o el apelativo de "facha fascista" en cuanto sacamos una bandera española. Muchos de los que usan estos lindos apelativos apenas tienen una idea lejana de lo que pueden defender estos colectivos, pero indudablemente a partir de la apariencia y estereotipos ya formulamos juicios absolutos y apresurados. "Las políticas del Coleta nada bueno pueden traernos. Basta mirarles cómo van vestidos", pueden decir nuestros abuelos más rancios, sometidos a los viejos cánones y al cañoneo mediático. Juicios algo difíciles de erradicar de nuestros cerebros envejecidos o con escaso uso. 

Un artista del insulto: Jiménez Losantos
     En realidad la apelación al insulto es algo tan inherente al ser humano que resultaría muy difícil no acabar una conversación algo caliente sin caer en este tipo de falacias, sobre todo cuando uno pierde los papeles. Incluso podríamos decir que el argumento ad hominem da viveza a nuestro discurso cuando se utiliza con sutilidad o en contextos desenfadados. Alfonso Guerra hacía temblar a sus adversarios porque el giro que daba a sus argumentos ad hominem llegaba a ser tan diestro que sus palabras más hirientes hacían que el auditorio se partiese de la risa. Pero la falacia ad hominem se hace insostenible cuando todos los argumentos que esgrimimos se sostienen solamente en el ataque personal. Y desgraciadamente, tenemos muchos ejemplos en nuestro entorno político y personal. Si tomamos a Jiménez Losantos la falacia ad hominem se conjuga con un halo de resentimiento y odio que provoca una fuerte animadversión hacia este periodista. A Pablo Iglesias le espeta en mitad de un argumento que "con esa pinta de nazareno, vas hecho un barrabás". A Iker Casillas lo llama "cáncer en el equipo"; "Rajoy fuma porros, si es más tonto, nace oveja"... La lista es larga.



    Basta el ejemplo que presentamos abajo para observar cómo en el mismísimo Congreso de los diputados, los oradores acaban haciendo de su discurso un insulto hacia sus contrincantes políticos... y hacia nuestra inteligencia como ciudadanos.


Argumentos "ad hominem": 
insultos del señor Pezzi, diputado por el PSOE en Málaga. Una de las intervenciones políticas más impresentables que hemos encontrado en Youtube. Este señor insulta a otro diputado y esgrime además la libertad de expresión como justificación al insulto. Cuando es contestado por la presidenta Celia Villalobos replica con otra falacia (el hombre de paja y tu quoque) que permite desviar la atención de la reprimenda, todo esto con mucha desfachatez y con un supuesto humor andaluz. Con semejantes políticos, es evidente que los grandes partidos tienen que purgar de sus filas a elementos de esta índole. 

viernes, 12 de junio de 2015

FALACIAS EN LA CRISIS: ARGUMENTOS AD POPULUM (SENTIMIENTOS)


     En este histriónico discurso, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro da muestras de un excesivo abuso de falacias informales. Argumentos ad hominem (ataques personales a Rajoy y a los españoles), argumentos ad populum (apelación a sentimientos nacionales), e incluso un argumento ad verecundiam (argumento de autoridad apelando al gran maestro Hugo Chávez al final). Todo un despliegue de retórica bastante poco sutil que hace sonreír a más de uno.


    Basta mirar este vídeo sin desperdicio para entender bien la falacia ad populum. Este tipo de falacias apelan a los sentimientos personales del público (odios, rencillas y amores) como defensa de un argumento propio o ataque hacia el adversario sin realmente hacer hincapié en sus argumentos. Esta es una herramienta típica en los políticos populistas americanos. Maduro es quizás su cara menos sofisticada y la más desesperada, uniendo el insulto con constantes apelaciones patrióticas hacia el pueblo venezolano. Al final del vídeo no sabemos qué narices le hemos hecho a la libertad de los venezolanos y ni mucho menos, se aporta algo del complot urdido arteramente desde Madrid y Washington, pero indudablemente, acabamos sabiendo quién es Simón Bolívar y la gloriosa independencia del pueblo venezolano y lo perversos que hemos sido los españoles en nuestra historia. 

    Como decimos, el discurso de Maduro suena más bien a pataleta mayúscula de quien se sabe atacado y acorralado. Sin embargo, ha habido auténticos expertos en la historia que han sabido manipular los sentimientos de la gente en su propio beneficio. Por poner un ejemplo un poco más alejado de nosotros que el régimen bolivariano, y por supuesto mucho más refinado: ¿Qué argentino podrá olvidar en su historia a Evita Perón, auténtica prestigiadora del populismo latinoamericano?  Tan solo con rastrear un minuto por internet algunas de sus frases para darse cuenta de cómo lograba camelarse al argentino medio:

        


    Y lo más llamativo del caso es que no hablamos de imágenes colgadas hace años. Evita Perón está todavía sorprendentemente en el corazón de muchos argentinos y Cristina Kichner sigue haciendo referencias a la heroína más grande y conocida que nos ha dado Argentina. En otra de las citas referidas a Perón, la mismísima Margaret Thatcher envidiaba a Evita, cuando decía que "Si Eva Perón ha llegado tan lejos, sin tener ideales, ¿a qué podré llegar yo, que sí los tengo?". Indudablemente, el pueblo inglés no se deja llevar tanto por los sentimientos como los lacrimógenos latinos, pero la Thatcher supo apelar al sentimiento del viejo imperio inglés para su guerra de las Malvinas, precisamente contra los argentinos, allá por 1981. 

    De todas formas, nosotros no somos inmunes a ese tipo de apelaciones sentimentales, y tenemos buenas representaciones del mismo en nuestra propia historia. ¿Acaso nos hemos olvidado de esas grandes manifestaciones poco antes de la muerte de Franco, en la que la gran patria española rechazaba con orgullo toda sanción de la ONU o de la comunidad europea? Antes morir solos que bajo las correas de las naciones unidas, manipuladas sin duda alguna por una conjura judeomasónica, tan al uso por el franquismo más anacrónico y decadente (estábamos ya en octubre de 1975). El discurso no tiene desperdicio alguno y merece no olvidarlo de la historia de España: 


  Naturalmente, el "Arriba España" no puede faltar, como está bien mandado en los cánones de las falacias ad populum. Conviene no olvidar estas escenas de exaltación patriótica, gritos y lágrimas abundantes, cuando el ascenso del populismo ligero y suave de Podemos y demás actores políticos de la crisis usa más sofisticadamente todos estos argumentos, sustituyendo por supuesto el fascismo por la crisis y la lucha social, pero sin dejar de llamar continuamente al pueblo. A lo mejor resulta que Pablo Iglesias es seguidor no de Marx ni de la socialdemocracia, sino que es el fan número uno de Evita Perón. A lo que alguien podría comentar que cualquier medio es adecuado (como usar estas falacias), si el fin lo merece. 

miércoles, 3 de junio de 2015

SHOUTS AGAINST THE HYMN: FREEDOM OF SPEECH?

Once again, we could observe the same event: King’s Cup final match. Barcelona and Bibao were the finalists in the competition. I was listening to the match on the radio and suddenly a disturbing noise rise on the radio during almost a minute, interrupted by the locutor’s voice advising that it was the hymn what we were supposed to hear at that moment.  Whistles, insults and shouts. Most of us took it for granted before it happened, as something that we have been used to after seeing it so many times before.
There weren’t any surprises in the following days. The conservative party immediately condemned the behavior, without any hesitation, and declaring how offensive and rude the whistles and shouts sounded for the rest of Spain. New Left parties –like Podemos- were talking of it as an expression of freedom of speech. Meanwhile, the cunning smile of Artur Mas –defender of the independency of Catalonia- showed clearly how complacent he felt in that precise moment. 
And here we come to the philosophical point of the football match. Were the shouts against the Spanish hymn some kind of freedom of speech or an offensive behavior that could be legally punished? After thinking a little bit, and try some kind of empathy in both sides, the question is extremely difficult to answer.
No doubt, the shouts against the hymn are offensive for a very important part of the Spanish population. They are completely right when they complaint that if the two football teams don’t agree with the competition rules, they are not forced to play it, and they would enjoy playing some kind of competition in their own region.  And they are right too when they criticized the fact that independents take advantage of every occasion to show their opposition against the Spanish symbols, like the flag, or in this case, the king and the hymn. And, worse of all, I’ve got the bad feeling that the same answer from the Spanish government should be adopted by the Catalonian independents, if someone try to whistle and insult any Catalonian symbol. Nationalism –no matter if it is Spanish or Catalonian- doesn’t get on well with liberal gestures. 
So, we could accept that the use of freedom of speech was not the proper one. However, the fact that some behavior  is politically wrong, doesn’t mean that it has to be banned or legally punished. Freedom of speech should be a golden rule, and any restriction should come not from anyone external to an action, but from the very same person who is performing that behavior. In other words, the own spectators in the football match should be the first to show some kind of respect to the hymn. However, If they don’t, no one can restrict them their freedom to express their repulse against the hymn and the Spanish symbols.

And finally, there is one last argument that counts in favour of nationalism in spite of all the offences against the Spanish feelings. We will complain about their lack of respect to the Spanish culture, and maybe we are right. However we don’t have to miss the point that the Catalonian problem is still in the air. The Spanish government has refused to give a political solution to the independents, like Mr. Cameron has done it in Scotland, or Canada to the Quebec in the 90s. So, as we use to say, the ball is in the court ot the Spanish government. In fact, it has always been there. Meanwhile, the Catalonian society, led by their stubborn nationalist politicians, will take advantage of every event  to declare war against Spain. And that, too, is not surprising.  


martes, 2 de junio de 2015

TUTORIAL ELEMENTAL DE LÓGICA CLÁSICA



He aquí un pequeño tutorial sobre los primeros pasos que demos dar en el mundo de la lógica formal. Ignoro si los alumnos tienen la devoción que tengo yo por este mundo, del que soy auténtico ignorante, por otro lado...

sábado, 30 de mayo de 2015

FALACIAS EN LA CRISIS: FALSAS ANALOGÍAS

    

       
    Entramos en una de las falacias típicas de los buenos retóricos y oradores: la falsa analogía. Dicho de forma sucinta, una falsa analogía se produce cuando hay una identificación entre dos objetos o realidades partiendo de características externas poco relevantes. 
      En muchas ocasiones, una falsa analogía empieza de forma correcta, aplicando la semejanza a la característica común. Podríamos decir:

     "Los seres humanos somos como hormigas viviendo en grandes comunidades."                                                        

       Pero podríamos incurrir rápidamente en una falsa analogía cuando asegurásemos, en una perspectiva fascista o totalitaria, que los hombres pueden eliminarse como se elimina un insecto. Echemos un vistazo a una frase que podría ser digna de Hitler o Stalin:

    "Los seres humanos somos como hormigas viviendo en comunidades, fácilmente sacrificables y reemplazables por sus iguales."                                                                        

      Partiendo de una analogía cierta, pasamos ahora a una analogía falsa. El hecho de que hombres y hormigas sean animales sociales y gregarios no significa por ello que tengan su misma dignidad moral.  
   Una analogía discutible muy característica en el pensamiento económico liberal para justificar el equilibrio presupuestario durante la crisis fue identificar el gasto del estado con el de una casa particular. Esta es una de las más populares en la red, pronunciada por Rajoy y su cortejo de economistas:

   "La economía de  un país es como la de una casa particular: no se puede gastar lo que no se gana".                                            
    Ciertamente esta analogía puede tener un carácter pedagógico en condiciones de endeudamiento extremo. Pero no se nos tiene que olvidar su carácter falaz. En realidad el estado no es la casa de un particular y sus posibilidades de financiación pueden ser mayores considerando su aval y no solo el dinero disponible en un momento dado. Si esto no fuese así, dejaríamos de emitir deuda pública de inmediato, y el flujo de crédito dejaría de existir. Podríamos comparar al estado también con una empresa que pide un préstamo para expandirse o ser más productiva, pero los liberales prefieren no usarla, quizás porque entiendan el estado como ejemplo de gasto improductivo y no que estimule el crecimiento, o porque sencillamente no les interesa ideológicamente hablando. 
     Resumido todo esto de forma más concisa: las analogías, en definitiva, son buenas, en la medida en que no acabemos por abusar de ellas y las convirtamos en el eje de nuestro argumento.


       ¿Hay que rechazar el pensamiento analógico?
   
   ¿Podríamos pensar que las analogías no nos valen porque nos pueden conducir a errores? Esto sería quizás ir demasiado lejos. Su poder pedagógico es enorme, y es precisamente su abuso lo que las puede hacer peligrosas. El pensamiento analógico es extremadamente poderoso. Los griegos no dejaron de ser fundadores de las analogías, creando poderosas imágenes explicativas de la realidad. A falta de método científico, el comparar apariencias externas se convertía en las pruebas necesarias para demostrar la veracidad de nuestros argumentos. Basta leer a Heráclito para darnos cuenta que el carácter dialéctico de la realidad y el universo (su continua lucha y cambio) se justifica con una cascada de analogías de la vida cotidiana humana, desde la noche y el día, hasta el arco y la lira. 
     Esta interpretación analógica de la realidad se prolongó durante toda la Edad Media. Buena parte de los filósofos de esta época construyeron extraños sistemas de pensamiento basado en analogías que hoy nos parecen inverosímiles pero que en su coyuntura histórica tenían atractivo y enorme poder de convicción. 

      Pero con el advenimiento de la Edad Moderna, los pensadores empezaron a ser más críticos con estas identificaciones apresuradas. Hume fue de los filósofos más radicales en reconocer analogías disfrazando argumentos filosóficos serios. En su crítica a las pruebas de la existencia de Dios, el escocés veía en el argumento del diseño inteligente (expuesto por Paley) una mera analogía de la que no podíamos extraer ninguna conclusión seria. 

    "El mundo y Dios es como un reloj y su relojero. No se pueden entender hechos por el azar, sino por una mano artesana." 

    Pero para Hume, el hecho de comparar la complejidad de un reloj con la de la naturaleza, y la necesidad de encontrar un relojero o creador universal que permitiese explicar la complejidad de ambas cosas, no es una prueba racional a favor de su existencia. No podemos comparar un reloj con la naturaleza puesto que son realidades completamente diferentes, y por tanto Hume veía el argumento más famoso a favor de Dios con total escepticismo. No hace falta decir aquí que el argumento del diseño sigue causando polémica en nuestros días, pero sin tener demasiado en cuenta la crítica filosófica de Hume.  
    La analogía y la metáfora vuelven a gozar de auge gracias a Nietzsche, pero también con limitaciones claras. Una analogía no es más que una imagen, sin valor objetivo alguno más allá del que le pueda otorgar el sujeto que considera dicha imagen. Es difícil no estar de acuerdo en cierto grado con la idea que toda la filosofía occidental es la historia de metáforas o incluso la de una sola, la metáfora del mundo verdadero, como sugiere Nietzsche, la búsqueda de la verdad como la historia del error más largo.