Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

martes, 16 de junio de 2020

45

En estos lugares es tan importante lo que se escribe en la pantalla como lo que queda sin ser escrito. El primer Wittgenstein decía que todo lo que no podía decir la ciencia solo podía ser mostrado. Pero cuando un escritor rompe esa barrera, "lo mostrado" solo cambia de lugar o de frontera, y empieza otra vez justo donde acaba la escritura.

viernes, 12 de junio de 2020

44

Día de lluvia en junio, atípico, luminoso y de olor a barro, y el sonido casual de una viola de gamba impregnando el color marrón de mi habitación. No hay mezcla más efectiva que esta para evocar nostalgia y melancolía en alguien con una viejísima historia que contar en su cabeza. ¿Necesitaría Milton, casi ciego entonces, este tipo de sensaciones para narrar e hilar sus pensamientos sobre el infierno y el paraíso?

jueves, 11 de junio de 2020

43

Hoy he tomado una decisión trascendental, quizás una de las más importantes en toda mi vida.  He decidido quemar toda mi biblioteca, libro a libro y hoja a hoja, tirar todos mis viejos CDs a la basura, vaciar todo mi disco duro de inmundicias culturales, y por último, lo más doloroso de todo, destruir mis listas de reproducción en Spotify desde la música del siglo XIII hasta el trap, empezando por supuesto por el gran capullo que es Gary Glitter pero cuya música me acompaña en mis interminables sesiones de corrección. El virus inquisitorial me ha poseido, y he descubierto de repente, para mi gran pesar y asombro, que toda la cultura occidental está construida sobre los cimientos de esclavos y esclavas, en favor de una élite de patriarcas supremacistas, misóginos, racistas, fundamentalistas religiosos y burgueses opresores. Así, que como solución, destruyamos todo aquello que esté contaminado y censuremos de raiz todo lo que apeste moralmente hablando. Empiezo tirando a la basura las memorias de Churchill, asqueroso imperialista eurocéntrico, pero después desmigajo La Política del ladino Aristóteles (un bastardo esclavista) y quito de mi reproductor los Carmina Burana de Orff, música nazi al uso. Todo está contaminado por sutiles valores inmorales que solo nosotros hemos empezado a superar. ¡Así que empezaremos la historia desde cero! Reconstruyamos una Biblia o un poema de Gilgamesh con total pureza, y de ahí en adelante toda obra escrita o compuesta hasta alcanzar nuestros días. La tarea es inmensa y llena de gloria para los censores más aguerridos. Sí, toda la gloria para los censores, mientras lanzamos un "¡muera la cultura!" por la más justa de las causas. En fin. Pero, ¿de verdad que no se nos ocurre ninguna otra cosa más interesante para frenar el racismo que poner del revés toda nuestra historia y cuestionarla de la más absurda de las formas?

lunes, 8 de junio de 2020

42

El primer día de desconfinamiento social lo celebré con un buen desbarre en una terraza de la ciudad en compañía de Fidel, antiguo alumno que acaba de empezar la universidad. Teníamos muchas cosas que contarnos, después de un curso entero sin más contacto que emails, whatsapps o charlas telefónicas. El discurso nos llevó a hablar, sin querer, de una época que ya podemos hablar de ella casi históricamente, y que otra persona, Helí, dio por llamar "los felices noventa". Empezamos hablando de la música y los estudios culturales de la época. Pero va más allá. El periodo que recorre 1995 hasta 2008 es una década en la que merece la pena detenerse. Una política económica liberal pero expansiva, con la vista puesta en la globalización, un frívolo optimismo cultural postmoderno y un horizonte político post-comunista, que se prolongó incluso después de 11 de septiembre, forjaron una primera generación global, ingenua y confiada en el futuro. Creíamos que Internet sería la clave definitiva de la Ilustración global, que el pluralismo y el multiculturalismo serían la respuesta política para la inclusión de  minorías desconocidas hasta el momento, y que el movimiento antiglobalización iría marcando la agenda de los países más poderosos del mundo. Supongo que Helí, el forjador de los "felices noventa", estará de acuerdo conmigo. Evidentemente, este es un punto de vista subjetivo. Solo puedo decir que fueron años felices para los jóvenes acomodados de entonces, un sesgo que no conviene olvidar cuando se habla de épocas pasadas supuestamente mejores que el presente.   

domingo, 7 de junio de 2020

41

Leo los periódicos: las puertas de los tribunales empiezan a abrirse cuando las de los hospitales no están cerradas. Se abren responsabilidades jurídicas cuando la epidemia está lejos de quedar superada.  El dolor no es buen compañero para la objetividad jurídica, y en mi opinión, es demasiado temprano para pedir responsabilidades de ese tipo. Todos buscamos chivos expiatorios sobre los que descargar la culpa y toda nuestra rabia; estamos a la búsqueda y captura de responsables de esta crisis. Y es que reconforta moralmente hablando encontrar al "malo" de la película. En nuestra mentalidad maniquea nos vemos en la necesidad de encontrar la luz y la oscuridad, como si la moralidad del coronavirus fuera una cosa tan sencilla de distinguir como optar entre Harry Potter o Lord Voldemort, o Luke Skywalker y el emperador oscuro (cuánto echo de menos la ambigüedad japonesa para nuestra cultura).
Pero los grises, el azar, la mala suerte, y con ella la inevitable ausencia de responsabilidades directas no nos gustan en ninguna tragedia ética, porque nos conduce (metafísicamente) al sinsentido de la existencia y (biológicamente) a reconocer nuestra debilidad intrínseca como especie. Cuando un individuo no puede controlar su propio destino queda exento de responsabilidades éticas. Uno no puede ser responsable ante lo desconocido. A toro pasado, es fácil encararse con las autoridades políticas. Le podemos  recriminar de falta de previsión, exceso de confianza o sesgo de invulnerabilidad (como los españoles o los británicos) o de sacrificar vidas para intentar evitar un mal mayor (como ha pasado en muchos sistemas sanitarios del mundo). Los votantes tienen derecho a tomar la última palabra sobre la gestión de lo ocurrido, pero si vamos más allá, directamente nadie querrá ser político ante una crisis como la que estamos afrontando.
En definitiva, volviendo al tema puramente biológico, toca ahora hincar la rodilla y reconocer que efectivamente, somos el último mono en un mundo en el que las bacterias y los virus son los líderes de la Creación, prafraseando a Stephen J. Gould.  

sábado, 6 de junio de 2020

40

Veo gente que enarbola banderas como si fuesen auténticas vacunas contra el COVID. Algo casi tan estúpido como los latigazos de los penitentes contra la peste negra en el siglo XIV. 

viernes, 5 de junio de 2020

39

Si existe un momento histórico en el que Europa puede hacer valer su protección social frente a otros países como Estados Unidos, es este. Un país con pleno empleo no necesita grandes coberturas sociales, como fue el caso de Estados Unidos, aunque puede hacer una sociedad terriblemente desigual. Pero el coronavirus lo cambia todo. Una tasa de desempleo que ha llegado al 14% sin apenas cobertura social es un terrible riesgo. Si esa tasa de desempleo, además, se centra sobre población secularmente discriminada desde el mismo nacimiento del país, ese problema se hace crónico. Y si tienes un presidente abiertamente proclive a proclamas supremacistas, tienes la tormenta perfecta. Uno no se alegra de lo que sucede en Estados Unidos, pero sería conveniente sacar alguna lección de lo que está ocurriendo allí, para los días duros que puedan venir.

domingo, 31 de mayo de 2020

38

Querida judith, empiezo esta entrada como terminamos nuestra conversación ayer: estoy muy orgulloso de ti y de tu trabajo. Cuando colgué el teléfono, me di cuenta de lo mucho que habías crecido en tan solo dos meses. Tu voz era más asertiva y madura, y tus palabras mostraban más rabia y atrevimiento. Tus inseguridades habrán cambiado, y quizás también tus certezas. Y sin embargo, siempre seguías siendo tú, con tu sensibilidad especial y tu capacidad para ver el horizonte mejor que nadie. Ha sido una prueba de fuego vital que te curtirá y que llevarás siempre contigo. Cada persona tiene la suya, buscada o encontrada por casualidad, pero la tuya sin duda será especial. Siéntete una heroína por un instante, aunque esa palabra esté alejada de tu experiencia diaria y de tu humildad característica. Con tu ejemplo das sentido no solo a los pacientes que atiendes y animas con tus palabras de aliento día tras día, sino también a los que te han formado e impulsado para llegar a ser lo que eres ahora, desde tus padres hasta un simple profesor como yo. Al fin y al cabo, nuestro trabajo, años atrás, tal vez no haya sido en balde si tenemos ahora a profesionales y personas como tú en la primera línea de batalla.

sábado, 30 de mayo de 2020

37

 Me encuentro discutiendo con unos y con otros sobre el ingreso mínimo vital, y todavía tengo la extraña sensación de que la gente no se ha dado cuenta de la gravedad de la situación en la que nos encontramos. Con un 20% de la población en riesgo de exclusión social, en realidad, ¿se puede hacer otra cosa para no condenar a esa gente al hambre? Los argumentos clásicos liberales ya no son válidos y me voy a centrar en dos de ellos. 

 

El primer argumento en contra de esta medida nos habla del riesgo de crear un enorme desincentivo para el empleo. Esto tiene sentido cuando existe un empleo que buscar. Pero el riesgo de crear una cultura clientelar de vagos acomodados es bastante reducido. Directamente, hablamos de enormes nichos de empleo que han desaparecido para un largo periodo de tiempo y que no sabemos si volverán a recuperarse nunca más, y mientras tanto, una amplia capa de la población no podrá trabajar, incluso cuando esté deseando hacerlo para mejorar su calidad de vida, porque lógicamente, esta ayuda no es una cobertura para vivir con comodidad.  El otro argumento liberal tradicional para rechazar esta iniciativa también se puede cuestionar. El endeudamiento del estado hace inviable esta prestación. Es cierto. Los recursos de los que disponemos son los que son, y además, tenderán a decrecer. Pero el gasto del estado viene marcado por una serie de prioridades, y esta ha pasado a convertirse quizás en una prioridad máxima, después de la cobertura sanitaria. Una parte de la población que vive todavía holgadamente, debe arrimar el hombro y naturalmente, también se empobrecerá: en forma de más impuestos, sueldos más bajos o perder parte de los derechos sociales que antes el estado sí le había ofrecido y que a partir de ahora no podrá mantener. Es un juego clásico de suma cero en economía: lo que añades en un sitio, deberás quitarlo de otro. Esta medida, contrariamente a lo que dicen los ingenuos (o tal vez simples farsantes) triunfalistas del gobierno, no amplía el estado del bienestar, sino que lo reorienta hacia otros fines.

Las cosas están relativamente claras: caminamos hacia una senda de decrecimiento sostenido, en la que sí o sí, la población española en su conjunto va a empobrecerse. En una situación tan extraordinaria como esta, o distribuimos nuestros recursos adecuadamente o caeremos en el tormentoso camino de la desigualdad de muchos países latinoamericanos. Ni el mercado, incapaz de regresar al crecimiento a corto plazo, ni la solidaridad de la sociedad civil  va a poder cubrir este inmenso hueco de pobreza, y el único medio que conocemos en nuestra cultura occidental es apelando nuevamente al estado. Es el estado o la anarquía, volviendo a nuestro espíritu hobbesiano de base.

 

 

 

jueves, 28 de mayo de 2020

36

Es tentador buscar hitos históricos que marquen una similitud con lo que estamos viviendo. Yo me quedo con uno: 1915. En 1915, en los comienzos de la Gran Guerra, los distintos países en contienda descubrieron el poder terrible del estado para tomar las riendas enteras de una sociedad y orientarla hacia un fin determinado. En aquella ocasión, el fin fue uno de los más miserables que ha sufrido la historia de la humanidad: aplastar al enemigo en una guerra absurda que había estallado por la total ineptitud de la clase política del momento y su falta de adaptación a los nuevos tiempos. Nuestro fin tal vez no sea tan mezquino, pero cuenta con los mismos medios.
A ellos les sorprendió, tanto como a nosotros, la irrupción de una nueva realidad, y reaccionaron ante ella de la misma forma que hacemos nosotros: forzando la máquina del estado. Y descubrieron no solo la capacidad del estado para endeudarse, sino también para modificar hábitos básicos de sus ciudadanos y someterle a innumerables prohibiciones y decretos. Podemos entender (y resultará atractiva y romántica especialmente a los más liberales), aquella cita nostálgica de los que decían que quienes no habían vivido antes de 1914, nunca llegarían a conocer la auténtica alegría de vivir.  Podríamos decir que la alegría retornó, pero bajo nuevos experimentos sociales nunca vistos hasta entonces. La experiencia de la guerra fue un hallazgo que después comunistas, fascistas, socialdemócratas, tecnócratas y otros advenedizos del poder, explotarían bajo distintos fines éticos y diversos horizontes utópicos o simplemente, para su propio interés personal (y me resulta imposible no pensar en Franco, para la historia de nuestro país). 
Al igual que ahora con un determinado tipo de globalización, en 1914 estalló en añicos la utopía económica del liberalismo para no volver nunca más, al menos en la misma forma. Sabemos que ante catástrofes como esta, cualquier cosa se permite y cuestionan la dinámica del mismo mercado. Al igual que depués de la Gran Guerra, tampoco sabemos la dirección que acabará tomando todo esto.
Zizek habla aquí de un "comunismo o barbarie", y su propia ideología lo empuja a hablar del mal llamado "comunismo de guerra" de 1918. Pero no hay que dibujar el estado bajo un perfil ideológico determinado, y él mismo reconoce que ese "comunismo" del que habla tiene muchas formas. Más bien, es preferible la disyuntiva hobbesiana de "estado o barbarie", y ese estado es jánico, porque el estado justifica cualquier tipo de ley con tal de preservar la seguridad y la vida de los miembros de la sociedad.
Como decimos, ahora está por  ver hacia dónde se orienta esta experiencia, y si, como algo nuevo en la historia, de esta experiencia traumática aparece el germen de un gobierno global, soñado de miles de formas distintas, desde la época de Kant. Porque estamos dando por sentado que el estado nacional puede resolver la crisis, pero eso está por verse. La disyuntiva "estado o barbarie", puede pasar con facilidad a otra aún más dramática a escala global, "colaboración o guerra". Ya veremos. 

miércoles, 27 de mayo de 2020

35

Se me ocurren ideas distópicas para acabar con esta crisis. Hace años que leí relatos políticos de Jack London como Los favoritos de Midas, o La huelga general,  que me ha dado la idea para un horizonte distópico singular.
Imaginen que tras esta pandemia, la crisis económica golpea a la generación más joven de Europa. Para salvar la crisis, el estado reacciona con inmensos recortes, pero salva las pensiones y el empleo de la gente adulta. Las tasas de desempleo juvenil ascienden a la mitad de la población y desaparecen la ayudas a esa capa de población.
La generación menor de treinta años amenaza con sublevarse, y encuentra su manera de hacerlo por medio de su arma química más temible: su saliva infectada de virus. Conscientes de que aguantan mucho mejor la enfermedad vírica que el resto de la sociedad, se saltan toda medida de seguridad y empiezan a crear comandos para contagiar a la población de más edad. Su justificación es la supervivencia del más apto, el rejuvenecimiento del mundo y el orden natural de las cosas frente a la estupidez de gastar todos los recursos de una sociedad en la capa de población anciana. Un nuevo orden surgirá, en el que la pandemia ha cumplido su función natural, equilibrar la población con los recursos disponibles. Un darwinismo implacable que ejecutan hasta su última consecuencia.
La población mayor se rebela, pero saben que no tienen escapatoria posible. Como en el relato de London, están sometidos a la coacción brutal de una amenaza terrorista invisible e imposible de controlar. Solo esperar que llegue la hora de su contagio y su encuentro con el destino, que decidirá si merece o no continuar en la nueva sociedad perfecta que emerge triunfante. Temible distopía, pero seguro que sale alguna serie con algo semejante. En cualquier caso, bastante difícil, cuando la familia -y la convivencia entre generaciones- sigue siendo el vínculo social más importante del ser humano.

lunes, 25 de mayo de 2020

34

Escucho Maris Marais, después Enya, para preparar mi clase del Barroco, y me acerco a la divinidad. Pueden ser otras muchas músicas, pero hoy, de forma inesperada, el dardo ha caído ahí. La experiencia de escuchar música iguala toda distinción de clase social y estatus. Uno puede tener la momentanea sensación de dejarse tocar por Dios y alejarse del más rico de los mortales que no comparte o no conoce ese sentimiento sublime. Si el mismísimo Bill Gates no ha llegado a experimentar esa sensación, me apiadaré por él y lo consideraré un pobre desgraciado, al menos mientras dure la música en mi reproductor. Será una experiencia momentánea, tal vez un espejismo, pero está ahí, poderosa, electrizante, sublime, brutal, desgarradora y mágica.

domingo, 24 de mayo de 2020

33

Tengo la desgracia (o enorme suerte) de vivir en un entorno ideológico radicalmente distinto al de mis ideas. Y es inevitable que crezca mi descontento y mi pesimismo a la hora de ver cómo la sociedad afronta la crisis post-Covid. Una sociedad hipercritica que se lleva por delante todo y que busca estúpidamente certidumbres que nadie puede ofrecer hoy en día, va dejando ver por detrás las actitudes crecientemente egoístas que ya se vieron en la anterior crisis económica. 
Los estratos medios y altos de la sociedad vuelven a las soluciones de siempre para contener la crisis. Hablando con mi familia política sale el tema a regañadientes (y tengo la sensación paranoica que es porque nos consideran unos comunistas, cuando yo he sido liberal a mi forma toda mi vida). Cualquier medida paliativa de la crisis por parte del estado (aunque sea transitoria) se considera un derroche electoralista que quita dinero a políticas de inversión y crecimiento, que provoca un aumento de impuestos en los grupos dinamizadores de la sociedad, y toda esa  retahila de recetas y soluciones liberales con los que hemos vivido engatusados toda nuestra vida. 
Ni siquiera intento entrar en la conversación que se convierte en un bucle liberal, excepto con un comentario similar al de Keynes frente a las bondades autoregulatorias del mercado. En cien años, estamos todos muertos. Si no haces nada, te estallará una crisis social peor que la económica (al no ser que optes, claro está, por una dictadura).
Aparte de mostrar una escasa empatía social, el problema es la finalidad que esconde esa austeridad, y vuelvo a expresar aquí mis dudas existenciales más profundas. ¿Y si ha dejado de existir el crecimiento tal y como se conocía? ¿Y si el empobrecimiento de países y regiones enteras es el futuro? En mi opinión, las políticas de redistribución de la riqueza van a ser imprescindibles en la gestión de esta crisis. Y siempre son dolorosas. Hemos pasado el momento en el que el estado controlaba el movimiento físico de nuestro cuerpo. ¿Llegará el momento en el que controlará el de nuestra economía? O dicho de forma mucho más directa: ¿ha llegado el momento para la inmensa mayoría de la clase media y pensionistas (ya no hablo de los estratos más ricos) bajar nuestro nivel de vida en beneficio de los crecientes grupos de exclusión?

martes, 19 de mayo de 2020

32

Si hay algo que nos enseña esta crisis, es que la educación presencial no es reemplazable por la educación online. No nos quedará más remedio y tendremos que acostumbrarnos a ella en el corto plazo. Pero esta educación amenaza con ser excluyente, fría, poco evaluable, y sobre todo, que es lo que reflexiono hoy, muy poco entusiasta. 
¿Se puede transmitir entusiasmo a través de la pantalla de un ordenador o de una tablet?  Yo creo que no. Por mucho énfasis que pongas en una videoconferencia, por mucha originalidad que tengan tus presentaciones, creatividad en tus tareas, el entusiasmo no es fácil de transmitir sin una comunicación más física, sin un lenguaje corporal, sin un intercambio de ideas en un aula, en una biblioteca escolar o en un recreo. El profesor tiene que transmitir el entusiasmo al alumno, y eso solo lo puede hacer en un ámbito presencial. Después de que la semilla del entusiasmo germine, sí, pueden venir todas las videoconferencias, charlas virtuales y vídeos de youtube, pero solo después. La filosofía cuando nace, lo hace solo en el ágora o en un jardín -una expresión optimista de nuestras aulas-. Solo después puede pasar a las pantallas de un móvil. 

lunes, 18 de mayo de 2020

31

Caceroladas en Cánovas, como en otros muchos sitios del país. Gente con banderas de España a sus espaldas. No son más de un centenar, pero son ruidosos, y se les oye desde bastante lejos, aunque no consigo escuchar ningún mensaje concreto más allá del ruido metálico de las sartenes. Inconscientemente busco otros distintivos que me permita definirlos mejor pero no los encuentro. Las mascarillas tapan la expresión de sus rostros, pero los hacen más subversivos y revolucionarios; recuerdan fugazmente a los chalecos amarillos o los independistas tan odiados.
Ahora estoy delante del teclado sin saber muy bien qué pensar sobre ellos. Ciertamente inquieta ver cómo se apropian de la bandera para su propia causa, y me pregunto si me aceptarían como miembro de su exquisito colectivo si les confesase que los toros o la caza me parecen una aberración cultural, que mi bebida favorita es el mate argentino o les sugiriese que es tal vez sea prematuro exigir responsabilidades jurídicas a cualquier estado cuando desconocemos tantas cosas sobre esta crisis. Pero supongo que estos serán mis propios prejuicios cosmopolitas hacia esa ideología del terruño patriótico. En cualquier caso ahí están, mostrando su derecho a la disconformidad y a la libertad de expresión, cuando esta se hace más contagiosa y necesaria. 

domingo, 17 de mayo de 2020

30

Discutía con mi cuñado sobre los estereotipos que deben regir una sociedad eficiente y con una crisis tan brutal como la nuestra. Como buen liberal, atribuía a nuestra crisis más profunda una causa de tipo moral. Hay una crisis de valores permanente: no hay respeto a la autoridad, no hay afán deportivo de superación, no hay competitividad, no hay innovación, y por consiguiente, no hay progreso ni crecimiento económico.
Como buen liberal, desgarraba en dos la población del país. Aquellos que se acercaban al perfil de la figura del empresario innovador, ambicioso y que arriesga por un mayor beneficio, y  aquellos vinculados con el individuo subsidiario, favorecido por el estado y que pintaba con los estereotipos clásicos: extremeño, de campo, pícaro, conservador y sin visión alguna de futuro. Por supuesto, la vieja división de la sociedad en clases sociales atrapadas en su puesto dentro de un sistema de producción no es relevante desde esta perspectiva.
Hasta hace poco yo también defendía estos estereotipos. Pero mi perspectiva sobre este punto ha cambiado radicalmente conforme me siento cada vez menos liberal. 
La figura del empresario se mantiene si hay confianza en un crecimiento indefinido. Pero eso ya no se puede garantizar hoy en día. Una crisis como el Covid ha tirado a la cuneta a miles de empresarios al igual que lo hizo la crisis del 2008. Estas crisis podrán repetirse en el futuro. Como conclusión, la figura del empresario innovador se diluye, porque cada vez hay menos tarta para repartir, y menos individuos lo pueden utilizar como ascensor social, si alguna vez ha existido tal ascensor.
Frente a ellos, la capa sudsidiaria de la población puede tener enormes defectos, como falta de liderazgo, de competitividad o de riesgo. Pueden ser poco profesionales, chapuceros, y horriblemente conservadores a los ojos de la gente subida al tren global. Pero estos supuestos vagos subsidiarios que pueblan el mundo rural y también nuestras ciudades tienen una enorme ventaja para el mundo que viene. No tienen ambición. Son conformistas con muy pocas cosas y llegan a ser felices con cantidades ridículas de dinero. Muchos de ellos han optado por no arriesgar para no poner en peligro su tipo de vida. Son poco eficientes y escasamente productivos, ¿pero a quién demonios le importará ser productivo en un mundo en el que no se puede ir a trabajar, como el COVID, o una revolución robótica? Los que lo hacemos nos engañamos a nosotros mismos, víctimas de unos valores cada vez más anacrónicos e irreales.
Hasta hace poco esto era la psicología más nociva contra el espíritu del capitalismo. Se les tachaba de ser los perdedores de la globalización, las víctimas del neoliberalismo, las rémoras del estado del bienestar y últimamente, los que engrosaban los partidos populistas. Pero nuestro mundo, crecientemente, necesitará gente de este tipo, cuya vida no esté marcada por una ambición desmedida y casi siempre insatisfecha, teniendo de referencia grandes logros materiales o inmateriales. Quizás necesitemos menos empresarios ambiciosos, y más gente conforme con lo poco que tiene. Necesitamos recuperar cuanto antes nuestra faceta olvidada de campesinos medievales, más estáticos y más pobres que nosotros, pero perfectamente conocedores de los límites que marca la naturaleza. Si el futuro nos lo pintan sin recursos ni crecimiento, necesitaremos mucha menos ambición en nuestros genes y bastante más estoicismo. Triste, pero posible.

miércoles, 13 de mayo de 2020

29

Tengo empacho de neurocientíficos preparando las actividades de bachillerato. El cuestionamiento de la existencia del alma es algo fuera de toda duda en el campo del relato científico del siglo XXI. Desgraciadamente, ese relato tan evidente y esclarecedor desde una perspectiva epistemológica pura no es convincente en nuestra existencia cotidiana, pese a que nuestra sociedad sea crecientemente agnóstica en esa materia  y superadora de las creencias religiosas, animistas o espiritistas. 
Nos falta una filosofía lo suficientemente estoica para aceptar nuestro humilde destino biológico y al mismo tiempo lo suficientemente emancipadora como para seguir luchando por la dignidad humana, sabiendo que es una entelequia y siendo conscientes de nuestra irrelevancia como individuo dentro del universo genético e inmortal de nuestra especie. ¡Qué fácil es aceptar la reducción de la mente a mapas neuronales, o poner bajo un cerrojo la vieja idea del alma, si nos encontramos bajo la perspectiva existencial de un científico que ha encontrado sentido a su vida en la investigación neurológica y la búsqueda de una imagen objetiva de la realidad! Aquel que aspira a llegar al final de su larga existencia satisfecho con su creación intelectual y habiendo disfrutado más que probablemente de una buena cobertura material y afectiva en su vida no tendrá problemas en aceptar con cierta resignación la falta de trascendencia humana. Me pregunto si esa perspectiva existencial casa bien con las víctimas de la epidemia actual que han muerto en la soledad más absoluta, desamparadas por una ciencia todavía demasiado imperfecta para ganar todas las batallas contra la biología más básica. 

martes, 12 de mayo de 2020

28

En la última noche me han visitado elucubraciones terribles e interesantes del futuro del estado. No es una cosa que suela ocurrir, pero mis pesadillas a veces son de carácter político. La crisis del 2008 fue una crisis del capitalismo y resuelta finalmente (para bien o para mal) bajo la lógica interna del capitalismo liberal. Pero la crisis del COVID es más peligrosa precisamente porque está fuera de las reglas del sistema económico. Es la primera de las muchas crisis postcapitalistas por venir, y a largo plazo puede ser tan profunda que el estado resultante del mismo no será ya el estado apagafuegos keynesiano, al final devorado siempre por el liberalismo que quiere salvar. El estado acabará tarde o temprano rompiendo las reglas básicas de la baraja capitalista (libre mercado y propiedad privada) y convirtiéndose en una auténtica bestia de poder de la que lo desconocemos todo. 
Por si alguien ve aquí alguna veleidad comunista, que conste que todo esto lo digo sin ninguna alegría. Al fin y al cabo, soy un pobre individuo nacido en la postmodernidad frívola y el liberalismo económico. Pero esto no da más de sí. Al menos, eso es lo que me dicen las voces de la noche. 

miércoles, 6 de mayo de 2020

27

La soledad distópica de la ciudad se hace a veces difícil de soportar. La ciudad vive en un eterno domingo, dormida, inexistente. En mi coche atravieso calles desiertas. Pongo la música a todo volumen. Espanto el silencio, lleno mi espacio de ruido humano y guitarrazos de metal. Cualquier otra música me parece ahora casi improcedente. Abro las ventanillas y hago saber a los todavía escasos peatones que seguimos existiendo.

lunes, 4 de mayo de 2020

26

El mal profesor es el que deja de ser alumno, escribí hace tiempo en una línea de pensamientos fáciles. Cuando el profesor es obligado a ser alumno hasta el final de su vida profesional, acaba siendo una explotación. Cuando el profesor desea ser alumno hasta el final de sus días, es vocación. Pero cuando se unen las dos cosas, acaba siendo la alienación interiorizada más temible. El mal reside en nosotros mismos. 

25

Releyendo a Hobbes. El miedo nos vuelve terriblemente dóciles e indefensos ante los mandatos de un estado. A diferencia de la guerra civil inglesa, en nuestra propia confrontación los sujetos no se han vuelto contra sus semejantes como lobos hambrientos, sino que se han unido contra un exogrupo invisible. Pero a pesar de esto, el resultado acaba siendo el mismo.

miércoles, 29 de abril de 2020

24

Los biempensantes se asustan con declaraciones de políticos como Trump. A mí lo que realmente me asusta es que a pesar de sus declaraciones, millones de personas estarían dispuestas a seguir votándole. En cualquier democracia, líderes y votantes deben repartirse a partes iguales su responsabilidad. Si una población está condenada a mantenerse en la mediocridad, como parece ocurrir en occidente, toda democracia acaba enfermando. Algo tan viejo como la decadencia de Atenas. 

23

Los científicos esgrimen el criterio de economía del pensamiento para eliminar a Dios de sus explicaciones de la realidad. El problema es que si llevamos al extremo ese principio, lo más sencillo es que nada hubiese existido y sin embargo aquí estamos. El principio se vuelve inútil para explicar por qué existe el ser, y no la nada. Evidentemente, esto no dice nada a favor de un dios determinado. Pero humilla a la ciencia en sus pretensiones más absolutas y filosóficas. Esta es la visión de los cainitas, arrojados en este mundo, en completa soledad, pero incapaces de explicar por qué están ahí.

martes, 21 de abril de 2020

22

Ayer por la noche vinieron a mi cabeza los muros del  Paraíso. A diferencia de lo que nos dice la Biblia, Dios no echó al hombre del Paraíso. Lo abandonó él. Dejó de cuidarnos. Sus sólidos muros de argamasa y mampostería se fueron llenando de musgo y liquen. Las enredaderas treparon sobre sus muros blancos y con rapidez pasmosa lo fueron desmigajando, abriendo yagas en su superficie lisa, dejando la piedra al descubierto y haciéndola caer. Poco a poco se iría desmoronando, y con él, entrarían todas las plagas que hasta ese momento habían quedado fuera, en las estepas salvajes, esperando ser pacificadas. El Paraíso se hizo mundano y perdió su esencia divina. Y solo quedaron tapias partidas y quebradas de muros viejos, unas pobres ruinas, de lo que había sido el Cuidado de Dios. 
Estos muros no son imaginarios. Son los del Parque del Príncipe cuando tenía diez años; era entonces casi una huerta asilvestrada, un parque deshecho, infectado entonces por drogadictos, basura y hasta algún rebaño de ovejas, pero era mi propio paraíso. Y llega un momento en que toda persona lo pierde.

domingo, 19 de abril de 2020

21

El lado más esquizoide (por llamarlo aquí de forma exagerada) de mi persona está emergiendo y siempre me ha dado mucho miedo. La mayor parte de la gente está deseando salir a la calle y abrazarse, reencontrarse, volver a sentir calor humano a su alrededor. Yo no. Yo estoy deseando salir para poder desaparecer tras una montaña con mi bicibleta y recuperar mi auténtica soledad. Tengo cierto miedo de volver a la sociedad.  

sábado, 18 de abril de 2020

20

Ya que no puedo ver los campos de abril, escucho la primavera desde la ventana. Los coches duermen y la gente calla; han dejado el sonido de la ciudad al mando de los cantos de los pájaros, que puedo escuchar como nunca antes lo había hecho. El colirrojo y el mirlo acompañan desde el alba, estando en la cama todavía; los estorninos al rozar la mañana, posados sobre las antenas, y los veloces vencejos atraviesan las calles como flechas desde que el sol se levanta. Cualquier retazo de naturaleza se hace valioso en el confinamiento y estimula cada vez más mi rechazo al deseo de nuestra cultura de ser antrópicamente autosuficiente.

19

El Maquiavelo del sesgo de confirmación. Para conocer el mundo, rodéate siempre de los que piensen como tú, porque aplaudirán tus logros. Pero ten aún mucho más cerca a los que piensan de manera opuesta a ti, porque solo ellos corregirán tus errores. Como siempre, el mayor enemigo de la verdad no está ni en un inquisidor ni en un mundo difícil de entender. Está en nostros mismos.

miércoles, 15 de abril de 2020

18

Dicen que la crisis del coronavirus será inolvidable y cambiará nuestras vidas. Habrá un antes y un después. Lógicamente la experiencia cambiará muchas vidas, no todas, y también cambiará el mundo que nos rodea.  Pero si la historia nos enseña algo, es que todo tiende a olvidarse. No en el plazo de un día, un mes o uno, dos o tres años. El tiempo no se mide así. Y la psicología también nos dice que los recuerdos malos tienden a olvidarse con mayor facilidad que los buenos recuerdos por una simple ley de supervivencia. El coronavirus será inolvidable apenas para una generación de una determinada edad. Y después, todo fluirá. Como ha sido siempre.

martes, 14 de abril de 2020

17

Estamos ante una paradoja: es la primera vez que una parte importante de la humanidad está viviendo una experiencia similar, y sin embargo esta está ocurriendo en la intimidad de las casas, aislados de todo el mundo. Estamos compartiendo soledad, pero cuando se comparte, deja de ser soledad. 

16

Miro con fascinación la tormenta desde mi silla en la terraza. Me entretengo mirando los cúmulos, escuchando el ruido de los goterones sobre los tejados, o esperando la llegada de un rayo o un arcoirís. Mi balcón es el único contacto que tengo con la naturaleza y me deprime. Pienso en la cantidad de orquídeas de la sierrilla que en esta primavera tan lluviosa se quedarán sin su admirador secreto.

lunes, 13 de abril de 2020

15

La jaula de hierro de la que hablaba Max Weber hace tanto tiempo nunca se ha hecho tan física, tan perfecta ni tan interiorizada. Nos hemos encerrado por una directriz completamente racional y perfectamente reglada bajo un orden estatal. La única magia que queda en el mundo es imaginar horizontes distópicos donde esa jaula de hierro se haga más y más fuerte. 

14

Un anuncio en Youtube. Lo peor que nos sucede a nuestra escritura  no es la falta de talento, es la interrupción que provoca en ella otras personas. Vuelvo al trabajo, y desaparezco. A las siete de la mañana he conseguido seguir con Azura unos cientos de palabras, redefiniéndola, dibujándola con más detalle, pero después, no he vuelto a pensar en ella; si no me dejan reposar el personaje en mi cabeza, este no crece.  

sábado, 11 de abril de 2020

13

Me pregunto qué género se recoge en Edén. Es una mezcla extraña de recreación de un relato mítico, con gotas de literatura fantástica y un escenario lejanamente inspirado en épocas históricas, y sin faltarle disgresiones filosóficas. Demasiado pretencioso, ambicioso para que pueda funcionar. Poco se puede decir del tema después de Milton, Thomas Mann y Tolkien. Dispongo de muy poco tiempo para llevarla a buen puerto y el talento literario se vuelve escaso cuando la obra se hace más voluminosa y vulgar, pero francamente todo eso me empieza a dar igual. En medio del gran fracaso hay pequeños triunfos, cuando un personaje consigue definir su perfil,  se concluye una pequeña historia o se cierra una genealogía. Por ahora basta con eso para seguir luchando contra el folio blanco del ordenador. 

12

Mañana en el supermercado. Colas espaciadas de media hora para poder entrar al mismo, personas haciendo el recuento de los consumidores en el interior. La harina y la levadura, agotada. Me encuentro con una madre del colegio y hablamos durante un rato largo, que acaba sintiéndome incómodo. Otra cola espaciada en el interior que lo atraviesa entero por dentro. La gente espera su turno con paciencia. 
En la cola recordaba conversaciones de Damian en los últimos años del comunismo en Polonia, que me hablaban de excursiones a los supermercados a la captura de un único producto disponible por el estado. Recuerdo que les preguntaba cómo soportaban eso.  "Te acostumbras", me decía. "No es era tan duro, al menos para un chaval de trece años. Teníamos vodka." Ahora les doy la razón. Cuando lo extraordinario e impensable se vuelve cotidiano en cuestión de semanas, quiere decir que nuestra capacidad de adaptación es mayor siempre de la que pensamos.

viernes, 10 de abril de 2020

11

Esta crisis marca el fin de la frivolidad en nuestra cultura, al menos por una larga e incierta temporada. Pero al mismo tiempo, asumir que la cosa más frívola, un meme, un chiste, una imagen o una canción, pueden dar sentido y cobrar importancia. Ahora entiendo uno de los mensajes ocultos de aquel libro que leí hace tiempo, El hombre en busca de sentido, y que después he visto repetido hasta la saciedad en los libros de autoayuda. Solo uno mismo, puede dar sentido a tu vida, para poder seguir viviendo y ser resiliente a la adversidad.

jueves, 9 de abril de 2020

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Llevo una hora escribiendo el destino de Azura en un raro flujo creativo. Cuando el único personaje puro y justo de tu crónica es desterrado de tus páginas para no volver nunca más, se abre un extraño sentimiento de pérdida. Siempre podré ampliar algún capítulo, contar alguna anécdota, rehacer algún diálogo, pero su destino queda sellado. Alguien dirá que esto es una pura frivolidad en los tiempos que corren, y tal vez sea así. De hecho todo es frívolo y todo deja de ser frívolo si da sentido a cada uno de tus días. Pero volviendo al principio, uno no puede evitar  sentir tristeza ante las personas cercanas que desaparecen, incluso cuando estas son meros productos de la imaginación. 

9

Hay quien se queja del carácter inhumano de los gobiernos ante la actual crisis. Son indiferentes ante el dolor de los individuos, las muertes son meras estadísticas que preocupan solo por su impacto en la política, y casi podría alguno hasta afirmar que se ríen de los muertos. Pero independientemente de lo que pensemos de un gobernante o de otro, nos falta detenernos un instante y mirar hacia atrás para conocer realmente el alcance de esta actual respuesta. Es la primera vez en la historia mundial en la que se movilizan -o mejor se detienen- todos los recursos económicos de un país solo para frenar una enfermedad incierta con la intención de salvar al sector más vulnerable e inútil en términos productivos de la misma, la tercera edad. Pensemos que en realidad lo que nuestra especie ha hecho hasta el día de hoy ante situaciones como esta, ha sido dejar morir a los enfermos, echar un responso al cielo o al infierno y quemar los muertos cuanto antes. El cambio es aparentemente esperanzador, pero las consecuencias de este giro, imprevisibles e inquietantes. Tal vez, tras este canto del cisne de la empatía y la dignidad del individuo, triunfe el transhumanismo más frío, calculador y distante, si la factura a pagar en los próximos años se hace demasiado alta para la próxima generación.

miércoles, 8 de abril de 2020

8

La música medieval es el ejemplo perfecto del magnífico espejo roto de la historia. Escucho una y otra vez en mi ordenador A L'entrada del temps clar, en una vibrante y poderosa versión de Els Trobadors, casi histórica a su vez. Estos fragmentos evocadores rompen mi espacio y mi tiempo. Estimulan mi imaginación, inspiran imágenes en la niebla y le ponen un rostro, un color, una línea, una figura. Pero apenas nos llevan a lo que fue la Edad Media. Más bien nos conducen a nuestra propia ficción medieval. En cualquier caso, el viaje bien merece la pena. El componente atemporal y eterno de la música se impone y dicta sus reglas. Y como siempre, ayudan a pasar estos días y acordarnos de los tiempos claros de abril, como canta la canción.

martes, 7 de abril de 2020

7

El relato científico de la historia es el mejor relato de ficción fantástica jamás construido, por su aparente verosimilitud. Por eso resulta tan atractivo. Es pura fantasía reconstruida en nuestra mente, rescatada y verificada con el mundo exterior por un mero signo arqueológico. Cuantos más datos disponemos mejor construímos nuestro puzle imaginario, pero nunca nos debemos olvidar de eso, que es una mera reconstrucción mental. Los historiadores no deberían prevenirnos solo contra malas interpretaciones del pasado a manos de intereses ideológicos; eso los convierte a ellos en el ojo de Dios sin merecerlo. Deberían incidir en que todo lo que sabemos del pasado es ficción que nos ayuda a imaginar el presente y el futuro, para bien o para mal. 

6

El confinamiento está definiendo bastante bien los límites de nuestra libertad en el futuro. Nuestro espacio físico más íntimo y privado, reducido a unos pocos metros cuadrados. Ese es el punto físico de partida de 1984. Ni siquiera eso es seguro: Orwell instaló monitores en las habitaciones de Winston Smith para hacer visible el paranoico afán controlador. Nuestros dirigentes serán más sutiles que eso. 

5

Conversación con Helí. ¿Cómo fuimos tan ingenuos como para pensar que un mundo más complejo y conectado sería posible de regularse por sí mismo? Delirios del mercado y la cultura occidental. Triunfo del Leviatán oriental. Ahora es o el orden absoluto o la muerte en la anarquía.

4

Son malos tiempos para los disidentes cuturales. Las pasiones de la tribu me resultan indiferentes, incomprensibles, sin significado alguno para mi vida. Me empalaga el resistiré que enarbolan como himno de la esperanza, los memes, las caceroladas. Bien por ellos y por todos aquellos que elevan sus ánimos con estos cánticos tribales. Yo  solo pido que me dejen naufragar en aguas tristes y oscuras y buscar mi propio asidero por mí mismo.    

3

Estoy obsesionado con la Eva desnuda de Van Eyck. Es sin duda la mejor recreación de Eva que me he encontrado. He pensado en mi Azura o mi Eva y su realismo intemporal, imperfecto, natural y al mismo tiempo maravillosamente sereno, sin ningún tipo de pecado. Es tal vez esa mirada inocente, pura, ausente de culpa y sin mostrar arrepentimiento, cuando se sabe que se ha separado de Dios, la que empujaba a multitud de censores a eliminarla de la iglesia. 
En el fondo esta interpretación es estúpida porque, ¿qué hay detrás de esa tabla? ¿qué tiene de realidad histórica esta tabla construida ni más ni menos que hace quinientos setenta años? Tengo la sensación que nuestra contemplación crea una ficción totalmente irreal. Son sombras recreadas por nosotros que poco o nada tienen que ver con su contexto de creación. Y aún así son sombras tan evocadoras que nos hechizan y nos transportan; nos hacen creer que aunque sea de forma momentánea y pasajera, podemos pensar y sentir como su creador en el lejano siglo XV.

lunes, 6 de abril de 2020

2

Cada vez que existen catástrofes de este tipo, algún iluminado dice, ¡ya os lo decía, la historia se repite siempre! Vaya tontería. En la historia, las circunstancias pueden repetirse. Somos seres biológicos, compartimos una historia natural con nuestro entorno. Pero las respuestas a esas circunstancias siempre varían. Me atrevería a decir que existen millones de respuestas posibles a estas crisis, casi tantas como individuos hay sobre la faz de la tierra. Quizás estas circunstancias extremas no nos haga libres, como nos diría Sartre, pero sí extremadamente complejos, indeterminados e impredecibles.  

domingo, 5 de abril de 2020

1

  Hay necesidad de escape; no puede ser físico, y tiene que ser mental. Me rodeo de una burbuja medieval en libros, utopías, fantasías y música. No hay nada más irreal que esta burbuja y es sin embargo complaciente. Después de tres semanas de exahustivo trabajo, merecía este descanso.

jueves, 24 de enero de 2019

LA COMPETENCIA GLOBAL EN EDUCACIÓN



Vivimos dentro de un ambiente crecientemente complejo. No solo nuestro mundo evoluciona muy deprisa y duplica su conocimiento en pocos años, sino que lo hace interconectándose, entremezclando acontecimientos locales con fenómenos globales, vinculando cultura, tecnología y experiencias personales. Globalización, sociedad del conocimiento y cultura líquida son aristas de una realidad cada vez más difícil de capturar para cualquier sociólogo y no hay nada más arriesgado en la actualidad que intentar predecir el futuro más próximo. No es de extrañar que la palabra complejidad es un término muy estudiado en las últimas dos décadas. El filósofo Edgar Morin lo pone en el centro de toda su reflexión. Es sinónimo de evitar el enfoque puramente analítico y de mirar más allá de nuestro reducido campo de especialización. Pero no es únicamente transversalidad cognitiva, sino también existencial, cultural y ética: es apertura de miras, rompiendo lo local y apuntando hacia su propia función global (ponerse en la mirada del otro, pero un otro ajeno, del que por lo general solo tenemos un estereotipo simplista y falso), y es actuación responsable, sabiendo que nuestro comportamiento tiene un impacto que rebasa muchas veces nuestro entorno más inmediato.
La complejidad se convirtió por tanto en el concepto central del seminario impartido por el proyecto Zero de la Universidad de Harvard el pasado mes de noviembre en la universidad de Navarra. Este es un reto a la que la educación todavía no ha dado una respuesta satisfactoria. Esta disfunción entre nuestra educación (simplificada, sencilla y estática) y realidad (endiabladamente compleja y cambiante) la planteó David Perkins en una metáfora de sencilla comprensión: existe una enorme diferencia entre el jardín de mi casa (the tamed) y la selva del exterior (the wild). La educación es nuestro jardín particular: ha pacificado y domesticado el lado “salvaje”, complejo y aparentemente desorganizado en la realidad. A cambio, lo que ofrecemos es algo simple, desvinculado forzosamente del entorno en el que viven nuestros alumnos y que acaba siendo poco relevante para su vida. Necesitamos integrar ese lado no domesticado de la realidad en nuestra educación, para convertirla en aprendizaje significativo, emocional y cognitivamente hablando. Poniendo un ejemplo educativo, Perkins decía que no es lo mismo hablar de la Revolución Industrial explicada en un libro de texto que desde la historia de cualquier dispositivo electrónico, rastreando su origen y llevándonos a la industria china de la que ha partido. 
La educadora Verónica Boix fue más allá de esta metáfora inicial, atractiva pero demasiado amplia, y dejó un escenario más concreto de actuación para una nueva competencia educativa que tuviese lo complejo como factor fundamental. Ella lo denominaba la competencia global y significa básicamente la capacidad y disposición de comprender y actuar sobre temas y problemas de significado global. Los retos son múltiples: ¿Cómo luchar contra el cambio climático? ¿Cómo aceptar e integrar sociedades crecientemente multiculturales? ¿cómo enfrentarse a la desaparición del trabajo por la robotización? Estos son problemas globales, que afectan a toda la humanidad, y a los que demasiadas veces, por desgracia, ofrecemos solo una solución local, aislada, reducida y en último término, completamente ineficaz a largo plazo. La competencia global, como afirma esta educadora, se traduce en cuatro acciones fundamentales: investigar el mundo en su sentido más profundo y complejo, reconocer perspectivas diferentes a las propias, aprender a comunicar ideas hacia auditorios que no son los nuestros, y por último embarcarse en un plan de actuación responsable a escala global. Solo con esta nueva competencia seremos capaces de afrontar retos planetarios adecuadamente.
Estas intuiciones constituían el marco teórico de referencia del congreso. Sin embargo, para ser conscientes de las acciones globales, es necesario igualmente actuaciones locales, cercanas, aplicables en el aula. Las múltiples actividades, talleres y comunicaciones del congreso giraban en torno al uso de múltiples rutinas de pensamiento que tienen como fin último la interpretación de lo complejo y la aceptación del punto de vista de sujetos diferentes a los de nuestra propia tribu, red social o entorno más próximo.  ¿Difícil? Mucho más sencillo de lo que puede parecer. Sugiero que empiecen con una rutina conocida como zoom in / zoom out (muy interesante para las clases de idiomas, por cierto). Pongan un desproporcionado zoom a una imagen y proyéctenla en su clase, hasta que quede una textura casi pixelizada ocupando toda la pizarra digital. Empiecen a preguntar a los alumnos qué ven en ella. Cada cual irá adquiriendo con toda seguridad una interpretación distinta de la de muchos de sus compañeros. Conforme reducimos el zoom de nuestra imagen, los alumnos irán ganando datos, perspectivas y reconstruirán lo que puede aparecer en la pantalla de su pizarra digital. Tal vez cuando los alumnos la vean en su tamaño natural,  podrán ponerse de acuerdo con la visión de conjunto. Tal vez no y seguirán sometiéndola a interpretaciones subjetivas (no será lo mismo proyectar un cuadro de Kandinski que un mapa de España, por poner dos ejemplos opuestos).  Pero les podrán decir como moraleja a la rutina, que muchas veces lo que tenemos más de cerca, no nos deja ver el todo y habitualmente nos confunde en nuestros juicios precipitados sobre qué es la realidad. ¿Podremos entender algún día el mundo multicultural si no miramos más allá de nuestra tribu? ¿Podremos comprender el calentamiento global midiendo solo la temperatura de nuestra ciudad? ¿Podremos entender la complejidad y pluralidad de la red si no miramos más allá de los post, twits y publicaciones de nuestros contactos más próximos y páginas preferidas? ¿Podremos aceptar la fiabilidad y veracidad de una noticia si solo acudimos a una única fuente de información en la red? Este es sin duda el reto más importante al que nuestros alumnos se enfrentarán en su vida futura. Solo que, como ocurre con frecuencia, lo inmediato no nos deja ver más allá. O como sugería Perkins, lo domesticado no nos permite ver el lado salvaje de la realidad.  
 
                                La competencia global, según Verónic Boix y Jackson (2016)