El conocimiento os hará libres y las fronteras os harán gilipollas.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

RECORDANDO A ALEXANDER HAMILTON EN CATALUÑA




      
    Qué aburrido es esto. Volver a hablar de Cataluña y el nacionalismo. Una vez más, inútilmente, cuando no hay más diálogo que el de los sordos con los oídos finos y el de los ciegos de mirada certera. Pero en fin, venía mirando este billete de diez dólares en mi viaje en el tren, y el singular personaje que está impreso en él: el insigne Alexander Hamilton. Y me pregunto que contestaría este personaje a nuestra situación actual. Seguramente que si fuese español o catalán, no aparecería tan sereno como aparece en el billetito. 

     Pero vamos a lo nuestro. Puestos ya sobre el tema, comparto que Cataluña tiene todo el derecho a decidir por sí misma qué hacer con su futuro. Me asombra la mezcla de miedo, inmovilidad y falta de ideas que paraliza a la clase política española. No se puede contestar a todo reto con el respeto a la ley vigente, cada vez más ajena a la realidad. Me sorprende que los partidos de izquierda tengan tantas reticencias a convocar un referendum, una medida que se ha aplicado en otros países y que no siempre ha conducido a la ruptura, como Canadá o más recientemente Gran Bretaña. En el primero, ha fortalecido la unión. En el segundo, ha fomentado más autonomía. Cierto, Checoslovaquia se dividió en 1993 por un referendum, y muchos checos se lamentan de la decisión y del resultado final de su revolución de terciopelo. Pero es un  riesgo a asumir para resolver el futuro. Los catalanes tienen derecho a decidir sobre el asunto.  
      Pero igualmente pienso que España y Europa también tienen el derecho a decidir por su futuro, y caso que Cataluña decida su independencia, puedan tomar medidas drásticas para errores que yo pienso que resultan completamente anacrónicos dentro de un proceso que avanza hacia el federalismo europeo y no precisamente hacia su desintegración. Son sencillamente procesos contrarios: si los catalanes deciden separarse, el ostracismo de Cataluña se hace aconsejable para que Europa no acepte dinámicas centrífugas que pueden acabar llevando a pique su lenta y enrevesada compactación política. No tiene nada que ver con el resentimiento o una actitud vengativa: es mera lógica política. Y aquí entra el amigo del billete verde. Lo que sugiere hoy la comisión europea no es otra cosa que lo que comentaba el primer secretario del Tesoro de Estados Unidos Alexander Hamilton -una especie de Angela Merkel del siglo dieciocho, el primer obsesionado con la consolidación fiscal- la primera vez que ve un conflicto semejante, hace doscientos años: el cumplimiento de la democracia no siempre acaba amoldándose al bien común. Esto es lo que decidían los primeros federalistas de la historia cuando veían que la deriva libertaria de los colonos americanos podía acabar siendo una auténtica anarquía y el fracaso de la primera democracia del mundo moderno. Es precisamente la falta de gobierno, o el exceso de libertades lo que puede socavar los pilares del estado federal y un bien común más amplio. Reconozco que esta es una visión pesimista, hobbesiana, pero son los riesgos con los que contamos. A fin de cuentas, los votos de una democracia también pueden justificar posiciones egoístas, cortoplacistas, y los nacionalismos mal entendidos pueden caer en estos vicios. Volviendo a Hamilton y sus principios federalistas, la historia de Estados Unidos ilustra el ejemplo de cómo la democracia más vieja del mundo se consolidó reforzando su autoridad y su gobierno federal, y alejando fantasmas de secesión que le amenazaron durante su primer siglo de existencia, incluso con una guerra civil por medio. Nadie va a hacer estallar una guerra civil sobre esta cuestión -ya tuvimos varias en nuestra historia contemporánea- y al menos tenemos suficiente cabeza y memoria histórica para saber que la defensa de una identidad ya no se puede pagar con sangre. 
     El que escribe es consciente que el corazón tiene razones que la razón no alcanza a entender, y que muchos nacionalistas votarán con el corazón sin atender a su cerebro ni a su estómago, o peor, con el cerebro dispuesto a negar cualquier argumento contrario a lo que le diga el corazón, ejercitando una perfecta disonancia cognitiva. Están en su derecho como ciudadano, a fin de cuentas, de equivocarse o no. Hamilton en este sentido, también lo tenía muy claro: las pasiones de los hombres deben guiarse por los dictados de la razón. El problema es que la razón es fría y nadie la quiere, y a veces necesita ser ejecutada por un estado, más gélido todavía. Y esto no da votos.  Dónde está la raíz del problema, nos preguntarán algunos: Los políticos, son en última instancia, los responsables de guiar nuestros sentimientos políticos y no desbocarlos. Y aquí, tanto los de un bando como los de otro, no han sabido estar a la altura. Me pregunto si luego le tocará a un funcionario del gobierno, a lo Hamilton, saber dónde acertar para desfacer todo el entuerto creado.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

INSIDE OUT, OR HOW NEUROSCIENCE CONQUERED PIXAR


Inside out, the last film from Pixar factory has some ingredients to become a masterful piece of animation movies. It is not only because of the huge amount of technology developed in the performance of the movie. This fact by itself shouldn’t make interesting the film. In fact, there are now too many animation movies with gorgeous visual effects that have no interest at all, because their scripts are completely conventional and déjà-vu. Furthermore, we can object that the action in this movie is predictable or unequal.  But Inside out has the privilege to share an original script based on the last research and investigations on the human brain. How can we mix it up? This has been the magic of the movie. 3D animation movies have more freedom and possibilities than conventional cinema to treat some topics, and neuroscience can be one of them.  When neuroscience inspires arts and popular culture, it means that it is starting to create their own way to be known by the common people, not only the scientist community. 
But we have to think for a while. Is this the first time that the brain is showed in the cartoons? We shouldn’t forget one of the pioneer works in this field: Once upon a time… life.  These French cartoons pretended to popularize and promote the knowledge of human body and the brain. Every part of the human body had its own chapter, but the brain was a privileged case and deserved three chapters. Their educational purpose was too strong and sometimes didn´t leave enough time to show a story where the explanation made sense. They explained the brain as an extremely complex machine that reacts automatically to the challenges coming from the outside world. This was the first difference with Inside out: the story in the film (the girl who is suffering a personal crisis because their family moved from Minnesota to San Francisco) is not independent from the vision they want to communicate about how the brain works. The brain is not only depending on biology, but on the individual experience of personal life. Our brains are continuously changing and evolving, by our biological age and by our personal career. This is what neuroscientists want to convey when they are talking about the plasticity of our brains; on the other hand, the movie shows the image of the brain as a blank slate, easy to be changed, something that current neurology tries always to avoid.

       And we discuss now the great innovation in the movie: how emotions control our decisions. Back to Once upon a time… life, there was a control room, too, old fashioned, with big computers  and white-coated experts processing lots of data, commanded by a bearded old wise man –in other series called the master-, that could be understood as the rational spirit of our brain. Decisions are taken rationally, logically, with a careful prediction of the consequences of our actions. The 80s were the decade when the metaphor of the brain as a computer was at its higher popularity. Ironically, the metaphor taken in Once upon a time… life is more precise than the control room in Inside out: if we have to find some kind of control room in our brain is in the neocortex, our rational part of the brain, and not controlled by emotions. However, Inside out hits the mark when is showing how “irrational” emotions take the command of our brain: for instance, when the the girl’s emotion of anger decided by itself to leave the parent’s house and escape from the family. There are a few moments where emotions take control of the girls’ conscience, and become the voice of the girl in the real world: emotions and ego are only one soul. It seems that our “reptilian brain” overtakes the situation and silences our rational voice. Meticulous critics could argue that we have more than six emotions, but this is a movie, not an essay about our brain.
Our brain needs emotional stability, and it seems that we get it when all our emotions worked together. There is a central idea in the movie that sadness was useless, but at the end of the movie the other emotions realize that sadness gives us the ability of introspection and know who we are. It seems unreal –but very keen to teenagers and children- that cheerfulness should be the master of our brain, as if she were our rational, extrovert and social side. In fact, the brain of adults are commanded by other emotions, and not cheerfulness. 
There are other interesting issues taken into account in Inside out: the memory and the dreams, and how they work; or how our brain change depending on the age and the gender. The memory is taken very seriously, when the movie is making a distinction between the long term memories and the short ones, and how our brain wipes out the   memories that are not used any longer. Of course, our memories are not like pure and small marbles, but some kind of maps codified by millions of neurons, and they don’t disappear immediately, but fade away slowly. Dreams are taken like some kind of theater or cinema inside our brain, and the metaphor here seems curious, when we are watching a movie inside another movie, a metaphor inside other metaphor. Finally, the differences of age and gender are taken into account in the film. The girl  starts her life with a single bottom control. At the end of the movie, she receives a new keyboard when she starts adolescence. The availability of resources and keys give us the idea that the brain is in evolution and that our psychology and personality change during our life –something more accepted by psychologist than neurologist-. On the other hand, the fact of growing and the decadence of our body was treated in Once upon a time… life. Finally, the differences of gender are taken in a funny way in the film, and sometimes, following the social conventions of men and women. The angry brain of the father, thinking only in football, against the sensitive emotions of the mother, missing an old ex-boyfriend and wondering what she is doing with such a rude guy, makes up the idea that men are from Mars and women from Venus. Even when every single brain is complex and different, the impact of this extended biases creates the funniest punches in the movie.   

martes, 8 de septiembre de 2015

EAGLEMANN O DIÁLOGO SOBRE LA CREATIVIDAD


                                  El señor Eagleman y Tibb debatiendo sobre la creatividad.


Tibb tenía sobre su mesa un par de libros que ojeaba com cierta desidia. El lugar y el tiempo resultaban tan extraordinariamente aburridos que los libros se convertían en un refugio para evitar la caída en la somnolencia. Afortunadamente, Eagleman estaba a su lado y el título del libro le valió uno de sus comentarios agudos. El libro en cuestión era “El aprendizaje de la creatividad”, uno más de los muchos de José Antonio Marina…
     - Enseñar la creatividad... Pero si eso no existe… Mira, desde Homero, que eso ha desaparecido.
     - Pues sí, contestó el señor Tibb, y si a Homero añadimos la Biblia tenemos ahí todo lo demás.
     - Es que eso de la creatividad... o la originalidad, como queramos llamarla, es un sinsentido: no existe ningún autor que haya creado desde la nada.
      El señor Eagleman es profesor de bellas artes, y muy bueno, me atreveria a decir. Y podría añadir, contra su voluntad: sorprendentemente creativo. Que una persona creativa negase de esa forma rotunda la creatividad, se merecía un buen diálogo.  
      - Como decía, continuó Eagleman, todo está dicho. Un artista supone que crea desde la nada, pero eso es la más absoluta arrogancia. Un artista original sin talento tiene muchas possibilidades de crear basura. A lo sumo será un buen embaucador, un gran estafador, o un estupendo representante de ventas..., pêro nunca un creador, no cree usted.
      - Estoy de acuerdo. Por Zeus.
      - ¡Claro que sí! Miguel Ángel, los hombres del Renacimiento, eran de todo menos originales. ¿Qué podemos decir de ellos? Fantásticos artesanos, sí. Pero no son originales. Su arte se reduce a pura artesanía.
     - Y sin embargo, replicó el señor Tibb, aplicaron técnicas nuevas en su pintura. El esfumato, el escorzo, la perspectiva... 
     - A eso me refiero con artesanía, contestó Eagleman. Tomemos Leonardo de forma metafórica. Cuando aplica su técnica de esfumato, está aportando esa capa que hace que el cuadro sea suyo. Pero la Gioconda, la imagen de la belleza feminina, todo eso sobre que se mueve Leonardo... está inventado desde que el hombre es hombre. Nos recreamos en miradas nuevas sobre un mismo tema. Y dicho sea de paso, no estoy añadiendo nada nuevo sobre el tema. Niego toda originalidad en mi exposición.
     - Pero entonces yo creo que necesitamos una depuración de los términos. Estoy de acuerdo a aceptar que la originalidad no existe, y que como tal, solo Dios, si es que existe, podría tener el título de creador. Pero lo que no acepto de tu discurso es que la creatividad en el humilde ser humano no exista.
      - Oigamos, entonces, tu discurso, ¡por Apolo!
      -       ¡Por Belenos!
-          Por ejemplo…
-          Por favor...
 - Partamos del hecho que la creatividad es meramente un humilde apêndice de originalidad humana, un resto de la originalidad divina. 
- Aceptamos esa expresión sublime y casi vacía...
-         La originalidad no es sinónimo de creatividad, es solo uno de sus componentes, y casi por defecto, porque no es una originalidad intencionada, buscada egocéntricamente por el creador. La creatividad se tiene que enfrentar a un problema y resolverlo, ya sea en el campo del arte, en la ingeniería, la literatura, la gastronomía o la recolección de caracoles. Todo puede estar tocado por la creatividad.
-         Extiende más tu respuesta.
-         Tiendo a considerar más la creatividad como un estado de pastiche permanente, de recombinación juguetona.  En este sentido, me inspira mucho el gran Wittgenstein. Este tipo nos decía que cada circunstancia tiene un juego del lenguaje, un discurso particular. Si yo, por ejemplo, estoy en una biblioteca y digo ahora “pásame el libro del Señor de los Anillos”, quedará fuera de duda que estoy hablando en el contexto de los libros. Se espera que tú me pases el libro y que lo lea. A esto lo podemos llamar “reglas convencionales del lenguaje”.
-         Está bien.
-         Sin embargo, la creatividad surge cuando rompemos esas reglas, cuando damos una respuesta lingüística diferente a la esperada en un contexto determinado. Imaginemos ahora que la frase “pásame a Tolkien”, la usamos cuando estamos calzando un mueble. Hemos sustituido el uso tradicional del libro para usarlo como acomodador de un mueble. El uso no es demasiado original, diríamos que de una escala de 0 a 10 de creatividad, sería un 2. Pero imaginemos el libro de Tolkien para construir una escultura o un arma arrojadiza, como base de un examen de inglés, como fuego de hoguera, para construir con el élfico un código militar secreto… Entonces empezamos a emprender levemente la senda de la creatividad. Cuando rompemos el uso típico y convencional de las cosas, inexorablemente nos acercamos a ella.
-         Pero eso no hace una acción creativa por sí misma. La excentricidad, por ejemplo, podría caer también bajo esa interpretación tuya.
-         Bien, pues añadamos que la creatividad es la excentricidad orientada hacia una meta conscientemente elegida. La creatividad solo cumple su función cuando dicha excentricidad se acopla perfectamente sobre un nuevo horizonte de acción y por tanto, deja de ser excéntrica y se convierte en creativa.
-         Pero qué bonita te ha quedado esa definición.
-         Tú me has ayudado a hacerla con tu excentricidad.
-         De todos modos, ¿qué quieres decir con todo esto?
-         A menudo hemos planteado la creatividad como forma de resolver problemas lógicos o matemáticos. Pero no tenemos que compartir ese horizonte de acción. La creatividad humorística, por ejemplo, la que esgrimen los Monty Python de forma tan grotesca y radical, parte de una mezcla brutal de lenguajes que funcionan. Muchas novelas ganan adeptos no por la historias que cuentan, sino porque ponen la trama en un contexto extraño y novedoso. Todo puede estar sometido al toque de la creatividad.
-         Puedes tener razón con ello, by Jove.
-         Tenemos ya una definición de la creatividad. Pasemos ahora, a evaluar, cómo alcanzar la creatividad. Y sugiero que, cuanto más veo los métodos que han alcanzado los estudiosos, más me parece que la creatividad es muy cercana al azar y la suerte.
-         ¿Por qué lo dices?
-         Es como coger la hoja que se cae de un árbol con los ojos cerrados.
-         Algo difícil.
-         Sí, pero si forzamos la situación no lo será tanto. ¿Qué podrías tú hacer para tener más posibilidades?
-         Esperaría a que fuese otoño, o si tuviese otro amigo, le pediría que removiera o vareara el árbol. Entonces caerían tantas hojas, que al final alguna podríamos alcanzar con la mano.
-         Pero no sería directamente, “aquella hoja o esta otra” que hayamos visto antes de taparnos los ojos. Sería la primera que apareciese, inesperadamente, sobre nuestra mano. No sé si así entiendes un poco lo que es la creatividad para mí.
-         Creo que sí: ya veo la relación entre las tormentas de ideas, los juegos de De Bono y demás métodos.
-         Al fin y al cabo, acaban reducidos a la máxima generación de posibilidades, tanteos, y mezclas de discursos no pensados previamente. Resultan muy atractivos, pero al mismo tiempo, frustrantes: no hay una llave definitiva que nos diga cómo generar creatividad. En conclusión, las conexiones entre un código de lenguaje nuevo y el horizonte de actuación que queremos resolver, como hemos dicho antes, las tendrá que establecer el sujeto creativo.
-         Hmmm… Interesante, y con esto, volvemos al comienzo de la discusión. ¿Hasta qué punto el sujeto acaba siendo creativo?
-         El sujeto se hace original al mezclar y reciclar cosas ya creadas. En las nuevas síntesis encontraremos la creatividad. Podríamos seguir hablando del asunto…
La conversación quedó interrumpida en ese momento por el fin de la reunión. Alrededor de Eagleman y Tibb se fueron levantando pesadamente cuerpos cansados y aburridos que volvían a su rutina.
-          Mejor para la próxima reunión… concluyó Eagleman.