"En cuanto alguien busca la verdad se convierte en los ojos y la boca de Dios. Y por supuesto, se expone a que haya ateos que no crean en Dios."

sábado, 24 de septiembre de 2016

A CAZAR MARIPOSAS...

 
Ready to fly.
 
 Lo mejor para olvidar es irte a cazar mariposas en verano. ¡Y hay tanto para olvidar en materia política en los últimos meses! A nuestra preciosa mariposa Vanesa (y al GP) se nos atragantan las últimas decisiones de la ciudadanía de este país en los últimos meses (y podríamos hablar también de los extranjeros, como el brexit) y nos resulta inevitable no hacer una reflexión sobre lo que está pasando desde junio. Hace bastante tiempo que no hablamos de política; esto lo escribí en julio y ni me pareció interesante publicarlo entonces y tampoco me lo parece ahora. Algo que achaca el GP al cansancio particular sobre la materia, que puede ser también algún reflejo del hastío social más general hacia este ámbito. El desencanto aumenta día a día. Peligrosamente. 
   Hacemos balance: hará cinco años, cuando lo único que no se hundía en nuestra economía era la prima de riesgo y la crisis devoraba las vidas útiles y productivas de millones de personas, se levantó un clamor contra la corrupción. Parecía que al menos tanto del lado de la izquierda como de la derecha existía un deseo unánime de rechazar y excluir del juego político a los corruptos que en parte eran responsables de nuestra crisis. En 2016 ese deseo se ha esfumado o no ha conseguido los suficientes votos para provocar un auténtico cambio en nuestro país. Nuestra sociedad educada y correcta ha decidido que la corrupción es un peaje que tendremos que seguir pagando para firmar la estabilidad política. Ciertamente es la parte de la sociedad más envejecida, más susceptible al discurso del miedo y también la que está (en apariencia) más sólidamente asentada en términos económicos, pero resulta que España es un país de viejos, con una pirámide demográfica que no da pie a engaño alguno. Es la mayoría silenciosa que se quedó en casa en el 15M y que apodó con el nombre de perroflautas primero y podemitas después a todos aquellos que osaban desafiar el orden de las cosas. En definitiva, España es una gran alcaldía valenciana o una diputación orensana de cuarenta y seis millones de habitantes...  

    Lo siento, pero no somos capaces de entender que la corrupción no pague en este país. Porque es rentable ser corrupto -o tener entre tus filas multitud de corruptos que te aúpan en sus hombros con sus votos locales o autonómicos- si después no sufres el consiguiente batacazo electoral o si pasa el suficiente tiempo -años y años- para que tus crímenes acaben por prescribir. El resultado es que los partidos políticos tradicionales no sufren correctivo alguno y hacen como si no pasase absolutamente nada: unas cuantas declaraciones ante los medios de una mayor transparencia y se acabó. Y la conclusión básica es que la corrupción es aceptable, en la medida que permite a una mayoría relativamente amplia de la población (un tercio) el disfrutar de la ansiada estabilidad. 
    No se puede negar que el Partido Popular ha jugado bien sus cartas. En términos de lógica, ha usado bien lo que se conoce con el nombre de falso dilema y bola de nieve negra. Una excelente combinación de las dos y circunstancias imprevistas (como el terremoto del brexit) ha llevado a un resultado que aparentemente no se creían ni ellos. Por falso dilema se entiende a crear una disyuntiva excluyente en una decisión en la que pueden entrar más factores u opciones. En las elecciones pasadas, era votar el PP o votar a Podemos. Votar estabilidad o votar incertidumbre. No existía un tercer voto posible (a pesar de tener unas cuantas papeletas alternativas en las mesas electorales). Y el electorado se lo ha comido con patatas. La otra falacia, la bola de nieve negra, es más típica de políticos con elecciones sobre sus cabezas. Básicamente significa desarrollar una cascada de consecuencias improbables a raíz de una decisión tomada. Es apodada "negra", cuando esas consecuencias se tornan negativas.  Se ha repetido hasta la saciedad que si gobernaba Podemos acabaríamos como en Venezuela. Evidentemente, es bastante ingenuo suponer eso.  Aunque los bandazos de este partido y sus crecientes luchas internas no ayudan demasiado a despejar incógnitas, ni la constitución ni Unión Europea habrían permitido ese camino. Pero nuevamente, el electorado, ansioso de estabilidad, mordió el anzuelo. 


 Y así están las cosas. Un gobierno que con un tercio de los votos acabará gobernando legítimamente con la abstención de sus oponentes o con unas terceras elecciones en las que previsiblemente perderán fuelle todas las alternativas al poder. Pero no olvidemos que es un gobierno que sigue contando en su haber con numerosas causas con la justicia, tan numerosas como las arenas del desierto. Ante esta perspectiva, lo dicho. Los españoles empiezan a dedicarse a cazar mariposas más que a los asuntos políticos... 

martes, 6 de septiembre de 2016

MI APRMERA APORTACIÓN A LA WIKIPEDIA: RACISMO AVERSIVO

     Ahora me he hecho wikipedista, gracias a mi amigo Helí. Aquí va mi primera contribución a la enciclopedia virtual:
    El racismo aversivo es un término creado por los psicólogos sociales Gaertner y Dovidio, en 1986, para expresar nuevas formas de racismo contemporáneos que ya no pasan por la discriminación directa y pública hacia minorías étnicas o culturales, sino que lo hacen bajo la forma de prejuicios encubiertos e inconscientes que pasan desapercibidos por parte de los individuos que los sostienen, y que habitualmente niegan ser racistas. Este racismo aversivo es fruto de una sociedad más compleja culturalmente hablando y en el que existe una tendencia a no mostrar públicamente conductas directamente discriminatorias hacia minorías étnicas o culturales, pero que sin embargo mantiene actitudes inconscientes racistas por la estructura cultural heredada desde generaciones atrás y unas instituciones que todavía mantienen sesgos excluyentes por culpa de dicha herencia histórica.
   La manifestación del racismo aversivo no es la del racismo tradicional, públicamente excluyente y hostil hacia la minoría negra (u otras), sino que tiene un reflejo en los sentimientos de incomodidad en el contacto, frialdad, y falta de empatía hacia la minoría discriminada. De esta forma, el racista aversivo aunque conscientemente desea no ser prejuicioso, en aquellos momentos en los que haya cierta ambigüedad legal o situaciones sociales incómodas tenderá actuar a favor de su endogrupo (la mayoría blanca, en el caso de Estados Unidos) y mostrar cierta discriminación emocional hacia el grupo minoritario. Esto se traduce en actitudes negativas y prejuiciosas en ambientes aparentemente neutrales, como pueden ser el sistema judicial o educativo y en los momentos en los que aparece dicha ambivalencia y la situación juzgada no es fácil de discernir por las normas disponibles.
    Este tipo de racismo aversivo no es fácil de detectar en test tradicionales y autoinformes, donde los encuestados van a negar directamente su propio carácter racista. Los investigadores de este nuevo racismo han centrado sus esfuerzos en las actitudes implícitas y no conscientes que los encuestados exhiben en test de asociaciones implícitas. Las conclusiones que alcanzan estos investigadores, al igual que otros especialistas en psicología social dedicados al tema (racismo moderno, racismo ambivalente, prejuicio sutil) es que todavía estamos lejos de encontrarnos en sociedades donde se haya erradicado el prejuicio racial, a pesar de haberse dado pasos en su desaparición legal desde los años sesenta. La mejor manera de combatir este racismo aversivo será, precisamente, hacerlo consciente en aquellos individuos que niegan ser prejuiciosos.
   

domingo, 28 de agosto de 2016

CINCO FORMAS DE MANTENER LA COHERENCIA A COSTA DE ENGAÑARNOS (DISONANCIA COGNITIVA)

     Desde los griegos, el deseo de coherencia y autenticidad ha sido uno de los pilares de la reflexión ética. Sócrates puso su vida en mano de los atenienses como ejemplo de integridad, cuando dijo que siempre respetaría las leyes de su ciudad, incluso cuando fueran contra su persona de forma injusta. La correspondencia entre lo que pensamos y lo que hacemos tiene por tanto bastante fuelle en el campo de la reflexión filosófica. Sin embargo, con la psicología social nos damos cuenta de que esa idea presenta una vertiente más profunda que afecta nuestro comportamiento. Lo más normal es que no seamos tan auténticos como Sócrates, pero que queramos serlo o que la gente nos vea como tales.  El hecho de que no haya correspondencia entre el pensar y el actuar nos hace sentir mal psicológicamente hablando, y necesitamos compensarlo de alguna forma, ya sea cambiando nuestra conducta, nuestros pensamientos o reforzando nuestra posición actual con nuevos razonamientos. Evitamos aquí esencialismos éticos -no estamos diciendo que haya una forma buena de comportarse y que tengamos que ser auténticos con ella-, sino más bien un marco formal, que después cada sujeto y cada cultura rellena a su manera.
Esto es lo que se conoce ampliamente en psicología como disonancia cognitiva, término creado por Leon Festinger y convertido en uno de los principios más famosos de la psicología social. Es un principio en el que prácticamente todos nos podemos ver reflejados y puesto en práctica muchas veces. 


1. Lo que elegimos siempre es lo mejor. Principio básico de la disonancia cognitiva. Una vez que hacemos una elección entre dos objetos o ideas que están en competencia, fortalecemos la opción que hayamos tomado e intentamos infravalorar aquella que ha sido desechada. Típico ejemplo estudiantil: estamos entre salir de noche y quedarnos estudiando para un examen próximo. El que ha elegido salir de noche, dirá para sí que tiene tiempo de sobra para preparar el examen y que una noche de fiesta depara sorpresas agradables que por supuesto no se pueden dejar pasar. El que se queda estudiando posiblemente contestará que el examen es crucial y que la noche de fiesta seguro que es como otra cualquiera. Aplíquese esto también al que se acaba de comprar un coche o una casa (una inversión severa) y ha estado dudando hasta el último momento: estemos seguros que nos van a caer discursos sobre las bondades del coche frente al resto del universo automovilístico. A esto se le conoce con el nombre de paradigma de la libre elección.

La información típica antitabaco
de la que rehuye todo fumador.
2. Evitamos pensar aquellas cosas que no coinciden con lo que hacemos o directamente las rechazamos. Si alguien es fumador compulsivo, es posible que o bien evite la publicidad antitabaco o se trate de autoconvencer a sí mismo que tiene dominado su adicción. Como la segunda acción es un autoengaño difícil de asumir, decidimos no prestar atención a esa información, incluso evitándola físicamente. Esta es la actitud más evasiva en la disonancia cognitiva: la huída ante la información que nos provoca malestar psicológico.  En casos extremos la estrategia se convierte en un ataque que hace que rechacemos aquello que estamos reclamando cuando este se hace imposible. Es la típica reacción del enamorado al que han dado calabazas: rápidamente buscará algún tipo de mecanismo para desacreditar al objeto de su amor y pensar que, tal vez, no era tan interesante como había pensado en un principio. 
La disonancia cognitiva pretende acallar todo malestar aportando razones que permiten ignorar la disonancia.
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3. Justificamos acciones poco atractivas para nosotros mismos con todo tipo de razones para sentirnos bien. Este fue uno de los experimentos que realizó el propio Festinger para probar la disonancia cognitiva: ante una tarea tremendamente aburrida y poco recompensada económicamente (atornillar y desatornillar por un dólar la hora), los integrantes del experimento acabaron diciendo que no era tan sumamente aburrida, solo para justificarse así mismos que había merecido la pena. Es el paradigma de la autocomplacencia inducida.

4. Cuanto más nos cuesta una cosa, más razones nos damos de su valía. En la medida en que acumulamos esfuerzo para conseguir una cosa, aumentamos las razones para seguir esforzándonos y apreciando más la meta a conseguir. La razón es básica: cuanto más esfuerzo, más se deprecia aquella meta que deseamos alcanzar y necesitamos reforzarla de alguna manera. 

5. Escuchamos y atendemos lo que nos gusta oír. ¿Por qué nos cuesta tanto convencer a una persona que sus ideas políticas pueden estar equivocadas? La razón es sencilla: las personas prefieren mantener su equilibrio cognitivo a tener que replantearse todas sus creencias porque sean erróneas, reforzando sus posiciones y ninguneando las de sus adversarios. Está claro que vivir en cierta ignorancia es extremadamente cómodo. De esta forma, la inmensa mayoría de la gente "bien formada" en opinión pública solo atiende a un número de fuentes limitado, para evitar cualquier disonancia y no duda en la mera descalificación del adversario para evitar replantearse cosas. Así, un asiduo lector de ABC es difícil que también lo sea de El País, o que el telespectador de Canal 13 cambie con frecuencia a la Sexta.  Así que el "sapere aude" y la imparcialidad filosófica es mucho más difícil de lo que nos parece, incluso entre los especialistas... 

Las encuestas del Canal13 refuerzan las actitudes del telespectador. Pese a ser bastante sesgadas, el asiduo al
programa las acepta de buen grado. De lo contrario, generarían disonancia cognitiva y malestar en el mismo.

miércoles, 24 de agosto de 2016

CINCO RAZONES PARA REPENSAR QUIÉN ES EL RESPONSABLE DE UN HECHO.

     Seguramente nos hemos topado en más de una ocasión con la típica persona que no duda en pavonearse de sus éxitos (e incluso es capaz de apropiarse de la gloria de los demás) pero que al mismo tiempo busca continuamente causas externas para no afrontar sus propias responsabilidades en un fracaso. No busque fuera: casi todos hemos actuado así en alguna ocasión. Y pensemos cómo se traslada esto desde el campo de los estudios (cuando yo apruebo, lo hago yo porque he estudiado, y cuando suspendo, me suspenden otros o me quedé atrapado en el ascensor toda la tarde) hasta el campo de la política (para un político, cuando estamos en crisis, las causas de la misma son incontrolables y externas, mientras que cuando tenemos buenas noticias económicas, estos son producto único de nuestra estupenda gestión). Los ejemplos son innumerables. 
    También es posible la experiencia de de haber señalado a alguien como responsable de su éxito o fracaso en la vida -el típico caso del pobre al que hacemos responsable de su situación precaria-, y cuando hemos profundizado sobre su caso, nos damos cuenta que nosotros quizás hubiéramos sufrido el mismo destino de estar bajo el mismo contexto. 
  En la psicología social, un grupo de investigadores -Rotter, Heider, Kelley y Weiner entre otros-, investigaron cómo explicamos la acción realizada por una persona, y poco a poco llevó a analizar los típicos errores en nuestra explicación causal. Esto empezó a estudiarse con el nombre del sesgo de correspondencia o de forma más rimbombante como el error fundamental de atribución. Básicamente quiere decir que tenemos tendencia a enfatizar las explicaciones basadas en características disposicionales del actor del hecho en cuestión, en comparación con las basadas en su entorno, en la definicón clásica de Lee Ross. Partiendo del estudio de este sesgo, autores como Hans Weiner y su estudio de la atribución a partir de tres factores, el locus de causalidad, la estabilidad y la controlabilidad. Por seguir el ejemplo del político: cuando hay buenas noticias, lo hará responsabilidad suya (locus interno de causalidad), gracias a su profesionalidad y su esfuerzo (control estable) mientras que cuando las cosas vienen mal dadas, sentirá tentación de apelar a la situación (locus externo) e incontrolable (ha sido mala suerte y las condiciones son imposibles para la mejora).  

1. No piense que sus éxitos solo dependen de usted y los fracasos son por culpa de los demás. Tendemos a hacer esta atribución causal interna cuando se trata de apuntarnos nuestros éxitos y al mismo tiempo achacamos al contexto hostil la razón por la que no alcanzamos nuestras metas (atribución externa). Este es un mecanismo de defensa básico que permite mantener nuestra autoestima (atribución defensiva), pero que en muchas ocasiones es notoriamente falso. Tampoco piense que sus éxitos son solo por la suerte o por la ayuda de los demás mientras se martiriza con sus fracasos. Esta actuación continuada refleja una predisposición hacia conductas depresivas y con una baja autoestima. Si le acompañan además atribuciones relacionadas a su falta de capacidad personal (variable incontrolable por el sujeto) nos encontraremos con posiciones que acaban minando definitivamente nuestra confianza para ejecutar tareas.  
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2. Si hablan negativamente de usted en el ámbito profesional o académico, no piense mal desde el primer momento. Atribuimos razones personales que justifiquen por qué de forma inesperada somos atacados. Esta es la primera reacción, intuitiva, nuevamente en términos de pura defensa de nuestro ego. Pero después de esto, conviene hacer autocrítica y repensar la situación. Es muy posible que encontremos alguna razón de peso por la que puedan hacer ese comentario comprometedor.  El sesgo de correspondencia nos hace pensar que la persona que nos ataca lo hace por motivos puramente personales (envidia, rencor etc...), cuando lo más posible es que hayamos hecho mal nuestro trabajo.  


El experimento de la pecera (Masuda y Nisbet, 1998). El occidental se
centrará en el número de peces. El oriental se encargará de decirnos el color
del agua y las rocas del fondo).
3. Sobre todo si es usted conservador, tenderá a incidir más en las circunstancias personales de los individuos y no las del entorno o contexto para explicar su comportamiento. Bajo esta perspectiva, el pobre es pobre por falta de iniciativa o pereza; el manifestante está psicológicamente perturbado; el terrorista lo es por pertenecer a una religión fanática sin redención. En pocas ocasiones, los conservadores apuntan a otras razones que las estrictamente personales y no prestan atención a lo que un manifestante reivindica ni por qué están ocupando la calle o a una crisis que ha empujado al desempleo a millones de personas contra su voluntad. Por contra, los progresistas son más holistas y globales, pudiendo cometer el mismo error desde la perspectiva opuesta. Igualmente, esta es una visión más propia de la cultura occidental que de la oriental. En una pecera, el occidental buscará los peces. El oriental será capaz de darse cuenta de las rocas que hay.

4. Nunca piense que los demás son como usted, piensan como usted, y actúan como usted. A esto se le llamó error del falso consenso. Tendemos a rodearnos de gente parecida a nosotros y eso nos induce a pensar que el resto de los seres humanos comparte nuestra forma de ser. Piensa el ladrón que todos son de su condición, nos dice el dicho de la psicología popular. La gente aprovechada piensa que todos los demás van a hacer lo mismo que ellos en circunstancias propicias, y es difícil para ellos ver que no todos actuamos con los mismos valores éticos. También es típico en los votantes de un partido su incredulidad ante unos resultados electorales inesperados o adversos. Tendemos a pensar que nuestras ideas son tan evidentes que nos negamos a creer que otros no las profesen igual que nosotros.  

miércoles, 10 de agosto de 2016

CINCO RAZONES POR LAS QUE ES NECESARIO ESTAR TRISTE... A VECES.

La tristeza tiene mala fama, y nuestra cultura intenta suprimir ese sentimiento, al igual que el dolor o el sufrimiento. Está terminantemente prohibido estar triste, por ser sinónimo de aburrimiento, falta de interés social. Pero, ¿es malo estar triste, al menos de cuando en cuando? La emoción de la tristeza tiene una mayor duración que la de la alegría, y ahonda más en nuestra memoria somática. Posiblemente, aunque sintamos nuestras vidas como "normales", los episodios de tristeza se recordarán con más fuerza que los de alegría, y lo que es más interesante, aparecerán mezcladas con otros sentimientos. 

   1. La tristeza tiene una función reparadora. Las cosas no siempre van como debería ser, y necesitamos nuestro tiempo emocionalmente hablando para volver a la normalidad. En esos momentos de tristeza, buscamos nuevas estrategias para afrontar retos vitales, pero para ello necesitamos economizar recursos. El agarrotamiento, la falta de energías, es señal que necesitamos centrarnos en lo que es importante en ese momento, y nuestro cuerpo actúa en consecuencia.  

     2. La tristeza acentúa la introspección. Una persona alegre tiende a concentrar su atención sobre el mundo que le rodea, pero raras veces tiene posibilidad de visitar su mundo personal. La tristeza corta esas relaciones con el mundo, muchas veces superficiales en forma de redes sociales o encuentros esporádicos, para centrarnos en nosotros. Mirarnos por un rato delante de un espejo, y no para ver lo guapos que somos, nos hará conocernos mejor. 

      3. La tristeza nos hace más reflexivos. hace que nuestras energías y recursos dejen de expandirse sobre cosas mundanas y se concentren en un único punto, que suele ser nosotros mismos frente a la situación que nos ha hecho llegar a ese momento. Posiblemente una persona que asegure que nunca  está triste, tenga más posibilidades de ser superficial, frívola o estúpida que otra que diga que siente situaciones tristes, pero que le han permitido superar problemas a medio y largo plazo.  

     4. La tristeza acentúa nuestra empatía y la de los demás. Si no tuviésemos ese careto largo, la gente de nuestro alrededor nos bombardearía con mensajes improcedentes que haría saltar la tristeza hacia la ira más profunda. No solo es necesario sentirla, también debe ser expresada. La tristeza estimula la empatía en los demás, y nos ven como alguien que necesita consuelo o aliento. Igualmente, la tristeza significa que nosotros también somos sensibles y empáticos ante las dificultades de los que nos rodean.  

     5. La tristeza sustituye la ira. Si alguien está triste ante algo traumático, puede consolarse de que no se haya dejado llevar por la ira o la violencia. Las personas más inestables, ante sucesos que provocan un cambio de sus expectativas o un fracaso emocional, pueden reaccionar con violencia ante dichas situaciones. Por eso, en ocasiones, es necesario dejar que el brote violento e impetuoso se calme en cuestión de pocos segundos, y dejarnos sumergir en las aguas de la tristeza, más profundas y melancólicas, pero menos agresivas para nuestro entorno.  

   En definitiva, nadie desea estar triste. Pero es necesaria en determinados momentos de nuestra vida. Como decía Gandalf en el final del señor de los Anillos, en la emotiva despedida de la comunidad del anillo. "No os diré que no lloréis, porque no todas las lágrimas son malas". Una lágrima tiene la misma fuerza que una sonrisa, o incluso más.  

lunes, 13 de junio de 2016

ENGLISH LISTENINGS: TRAVELLING.

ANGEL’S TRAVELLING GUIDE
Which places are they talking about in these videos?
       VIDEO 1 ________________________________________
      VIDEO 2 ________________________________________  
      VIDEO 3 ________________________________________   
      VIDEO 4 ________________________________________




Video 1
Video 2
Video 3
Video 4
1.                  
The video encourage you to taste the “cataplana”




2.                  
You may start the visit of the city in a castle.




3.                  
There is abundant educational offer for children.




4.                  
You can climb a huge ancient volcano close to the place you are visiting. 




5.                  
It’s the only place in the world where you can visit a space shuttle.




6.                  
In this destination, you will enjoy hot summers and mild winters.




7.                  
Volcanoes, rice fields and temples are common in this place.




8.                  
This place is well known by their courses to learn golf.




9.                  
It is known as the Island of the Gods.




10.               
You can see manta rays in a enormous aquarium




11.               
In this destination you can visit an enormous transatlantic cruise.




12.               
The video claims that “it is a year-round destination for families, couples and party animals alike”.




13.               
The video recommends you Princess street and George Street as the best places for shopping in this destination.




sábado, 5 de marzo de 2016

KANT FOR DUMMIES


Una de las mejores presentaciones que ha hecho el G.P. dando este bicho malo que es Kant...

viernes, 19 de febrero de 2016

LO QUE NO SE DICE NO EXISTE

      Interesantes las palabras de Boaventura de Sousa Santos. Hay que hacer justicia cognitiva global. Lo que no se dice, no existe. En el juego globalizado, intervienen tanto las ausencias como las presencias. Y muy posiblemente, Boaventura de Sousa Santos tenga toda la razón del mundo. Vaya si la tiene, aunque sea desde una perspectiva puramente social y psicológica: el portugués además atina con un término que expresa muy bien la indignación intelectual y social presente desde el comienzo de la Gran crisis, y sobre todo, propone una estrategia adecuada para poner sobre la mesa los problemas sociales de la población. Pongamos como ejemplo la maternidad en el parlamento español. Ha bastado la presencia de un bebé en el congreso para desatar una polémica, sea cual sea nuestra postura. Pero el problema repentinamente y para sorpresa de nuestros políticos, se ha hecho real. El parlamento español y nuestra clase política está tan embalsamada, tan aislada del mundo, que tiene que empezar a despertar de una manera o de otra. Dicho esto, conviene matizar dos detalles para no perder la fuerza del concepto del portugués. 
Bescansa: la presencia como forma de hacer política.
      Primer punto a tener en cuenta: la ausencia puede ser practicada por todas las partes en un conflicto social. Los líderes e ideólogos del mundo, desde los magnates de la conferencia de Davos a los tertulianos del Canal 13 o de la Sexta practican habitualmente la ausencia como estrategia básica de control de su discurso. Pero esto no es una cosa inventada por el portugués. Esto es algo muy conocido en la psicología social desde que Festinger ideara su teoría de la disonancia cognitiva. Dicho de forma simple, solo vemos y escuchamos aquello que nos gusta ver y escuchar de antemano. Ese típico refrán de "ojos que no ven, corazón que no siente", hace referencia directa tanto a la falta de empatía como al miedo a tener que cambiar de discurso cognitivo ("ojos que no ven, cerebro que no piensa"). Lo que ocurre hoy en día es que este miedo al conocimiento se ha hecho global, como sostiene el portugués, y sus consecuencias políticas y sociales evidentemente se disparan. Dicho de forma burda, diseccionamos el concepto de ausencia y vemos un buen frasco de disonancia cognitiva aderezado bajo el concepto típico de ideología de la tradición marxista. En un conflicto, quien tiene el poder de la información, maneja mejor la ausencia que su oponente. Pero no nos creamos inmunes a usar la ausencia para nuestro propio beneficio..   
       Segundo punto a considerar: lo que no se dice no existe, pero el que una cosa se diga no quiere decir que tenga que existir con ello. Conviene no caer en la inversión de la frase y el idealismo excéntrico. Que una cosa se diga (o se piense), no quiere decir que necesariamente tenga que existir.  El lenguaje se convierte meramente en condición de posibilidad, por hablar en términos kantianos, pero no en realidad en sí misma. Podríamos pensar, como San Anselmo, en la existencia de un ser perfecto más allá del cual nada más perfecto puede ser pensado, y no por ello suponer que tenga que existir por su mera perfección. La filosofía es experta en hacer discursos vacíos y también en discursos que hacen saltar la acción al vacío (lo cual no tiene por qué ser malo).  Podríamos pensar, como hicieron muchos filósofos marxistas -hijos del idealismo hegeliano-, que solo con pronunciar palabras mágicas mesuradas por la razón, actuaban como varitas mágicas que transformaban la realidad y la plegaban a nuestras interpretaciones. En fin, que la cosa es algo más complicada a nivel filosófico, y que nuevamente la tentación puede ser grande para construir castillos en el aire, tan solo por la magia del lenguaje...

sábado, 6 de febrero de 2016

CON EL HAMBRE NO SE JUEGA


Aquí dejamos un pequeño corto en el que hemos intervenido (escasamente), y en el que hay que dar la enhorabuena a Fidel Enciso, que con sus catorce o quince años ya hace sus pinitos cinematográficos. Participan también Jesús y Carlos, como protagonistas. Un poco de suerte en el festival de Clipmetrajes de Manos Unidas nos vendría bien, aunque solo sea para animar a estos jóvenes cineastas...

sábado, 30 de enero de 2016

SHAKESPEARE O CERVANTES, HE AHÍ LA CUESTIÓN

Al menos Dora sabe quién es don Quijote.
       En los últimos días se oye cierto revuelo de indignación (indignación menuda, irrelevante, cultural) por las escasas medidas destinadas a conmemorar el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. Por supuesto que estas críticas, como las que aparecen en El País, están instrumentalizadas para castigar a un gobierno que no es gobierno, pero que en cualquiera de los casos, ha mostrado un desinterés total en toda cuestión cultural que no sean los toros y ha permitido un desbrozamiento de las humanidades en el sistema educativo. Qué lejanos quedan los años de Aznar, cuando se revivió con entusiasmo la figura de Cánovas del Castillo y el 98, por parte de los conservadores. Ahora ya ni eso hace falta. Conmemoramos algo mucho más importante para nuestra cultura, y apenas encontramos noticias. Rastreamos en Internet, y solo aparecen proyectos vagos. Ciertamente, algo de mala suerte ha tenido la efeméride -el año pasado se conmemoró también la publicación del Quijote- pero no podemos reducirlo todo a una cuestión de coincidencias. 

      Todo esto es cierto, pero la verdad es que resulta poco relevante. El gobierno es reflejo de la dejadez de los ciudadanos. Por lo tanto, es la ciudadanía tan culpable como el gobierno. Seamos sinceros: nadie lee el Quijote. Nos resulta un lenguaje cargante, demasiado grande, con demasiadas aventuras entre medias que nos separa de la verdadera esencia del libro. El que escribe ha leído y releído fragmentos y capítulos del Quijote con gusto, pero nunca ha conseguido llegar hasta el final. 
Es cierto que Cervantes consiguió reflejar un estereotipo universal, un obseso/soñador que acaba deformando la realidad que le rodea, y que acaba con una gran decepción ante el mundo. Tal vez la generación del 98 lo hispanizó demasiado y ha perdido referencia para el resto del mundo y para la propia España de 2016. Adquirió una tonalidad peyorativa, y la palabra quijote no es sinónimo de idealista sino de desubicado e ingenuo.
       En mi modesta opinión, tiene mucha más fuerza la figura del pícaro que la del loco. Nos sentimos más identificados con los timadores y arribistas de la novela picaresca que con los locos idealistas. El Lazarillo es todo lo contrario del Quijote: de fácil lectura, más sencillo, más fino, más cuento, más ingenuo, pero al mismo tiempo hiriente y crítico. Además que también cuenta con mucho eco en nuestra literatura. Pícaro es Lazarillo, pero también lo es Diego Torres de Villarroel, siendo profesor de la universidad de Salamanca en el siglo XVIII y también lo es Pipaón, uno de los personajes más divertidos y menos reconocidos de Galdós, en sus Episodios nacionales, que aspira ni más ni menos que a ser ministro con Fernando VII. La picaresca acaba tomando toda la sociedad española. Alguno habrá que hasta pueda imaginarse que nuestra escena política se divide en pícaros y en quijotes, y tal vez no le falte razón. 

       Pero a lo que ibamos. Por qué los ingleses celebran tanto a Shakespeare, y nosotros no hacemos nada por Cervantes. La respuesta menos polémica y más compleja: no es el gobierno el único culpable. Nuestra mentalidad actual nos permite acercarnos a Shakespeare mejor que a nuestro Cervantes. Además Shakespeare nos gana por goleada en casi cualquier comparación. Si rastreamos Internet -un invento anglosajón, no hay que olvidarlo-, Shakespeare y Hamlet doblan en entradas a Cervantes y Quijote. Cervantes logró perfilar un estereotipo universal, o dos, si queremos. Con cada obra de Shakespeare parece que encontramos el retrato de una emoción humana, y en multitud de contextos diferentes. Tal vez no leamos tanto a Shakespeare como dicen los ingleses, pero algunos lo hemos visto representado en el teatro, y sus adaptaciones cinematográficas son abundantes. Tanto, que Hamlet alcanza a inspirar al Rey León de Disney, ni más ni menos, que Romeo y Julieta se convierte en telón de fondo de una inacabable lista de películas y libros de todo género, y que personajes históricos como Ricardo III han sido manipulados por Shakespeare para convertirlos en arquetipo de villano político. La versatilidad de Shakespeare no la tiene Cervantes para los tiempos líquidos del siglo XXI. Ni de lejos, aunque siempre nos quedará Dora la exploradora que sí concede un capítulo de sus aventuras al esforzado caballero andante, y el Soul Calibur, que convierte al escritor en un guerrero espadachín.
      Pero volvemos al fondo del asunto: si la ciudadanía realmente se preocupa por estas cuestiones. Y nos encontramos con que levanta más polémica una carroza futurista de Navidad con un rey mago dentro, que celebrar o no a Cervantes. Este es el auténtico trasfondo cultural que nos toca vivir, y no hay más vueltas.    

martes, 22 de diciembre de 2015

POPULISMOS: LA DEFENSA DE CHANTAL DELSOL

     Ha caído en nuestras manos este libro interesante que ya de por sí tiene un par de buenas virtudes: no es demasiado extenso (lo que siempre se agradece para gente con demasiadas cosas que leer y poco tiempo para ello) y la autora desarrolla una interdisciplinariedad envidiable: toca de forma igualmente virtuosa filosofía, historia y análisis político. La temática no puede ser más actual para Francia: el auge de partidos como el Frente Nacional necesita de una explicación seria, más allá del actual desdén manifestado por toda la clase política francesa y en general Europea ante este tipo de ideología. Y aquí surge la primera duda para el lector hispano: qué razón hay para incluir Podemos o Syriza en los partidos de ultraderecha europeos como Aurora Dorada, Forza Itália, el Vlaams blok belga, los hermanos Kaczynsky de Polonia o el FN. Acostumbrados a plantearnos un origen sudamericano de los partidos populistas, de carácter estatalista, caudillista y generalmente de izquierdas (incluyente socialmente hablando y no xenófobo, aunque sí anticapitalista y antiimperialista), Chantal Delsol nos despista un poco. Y sin embargo, es también el otro reverso de la moneda: el populismo francés tiene una plasmación derechista basada en un modelo social excluyente, ultranacionalista, antieuropeo y naturalmente xenófobo.



     Quizás esto se entienda mejor al poner las raíces históricas del populismo nada menos que en la tiranías de las polis clásicas. Y aquí se explica cómo estos gobiernos carismáticos, autoritarios, fueron sin embargo la puerta para que determinados grupos sociales habitualmente excluídos en las decisiones de las aristocracias locales gobernantes de las polis, iniciasen su entrada en la política, legitimando en un par de generaciones el nacimiento y consolidación de las democracias en las polis clásicas. Por tanto, aparece un primer elemento positivo en este análisis del populismo griego: las tiranías de la época no son abiertamente antidemocráticas, sino proponen una radicalización de las condiciones para una democracia. Hay una abierta oposición a que una minoría, supuestamente elitista, aristocrática, controle una ciudad que ya ha dejado de ser una aldea y que cuenta con nuevas estructuras políticas y sociales. El experimento democrático y la experiencia populista no gusta a todo el mundo: la reacción aristocrática de Platón, marcando un hito en la historia del pensamiento político, acaba vinculando una relación directa entre populismo y la degeneración de las polis democráticas. Tienen que ser los gobernantes, sabios, tocados por el conocimiento del logos universal, instruidos y superadores de las pasiones que lastran a los miembros del populacho, aquellos que tomen las riendas del gobierno de la polis.  
      Esta primera eclosión populista se extenderá indefinidamente con las consecuencias del proyecto moderno ilustrado. En un primer momento, el movimento elitista de la Ilustración sueña con un pueblo llano, sencillo, intuitivo e inteligente que recibe cálidamente sus ideas de fraternidad e igualdad universal. Sin embargo, poco a poco las contradicciones del proyecto moderno irán generando una figura, el idiotes, según la autora, que se identifica con el individuo "entendido bajo su propia particularidad, constreñido dentro de su propia inteligencia", atado a su terruño ideológico e incapaz de reconocer la misión emancipativa y universal del ideal liberal moderno. Frente a este ideario demasiado frío, lejano, global y peligroso, estos idiotes necesitan un referente político más vivo y carismático que los mensajeros de la razón weberiana, que encuentran precisamente en el ideario populista, sea este inclusivo o excluyente.
     En la medida en que el idiotes se encarna y se materializa en un partido y en un líder, la élite política rechaza sus tesis en nombre del sentido común, que no deja de ser un último suspiro de ese proyecto moderno, bajo nuevas formas (las libertades individuales, la estabilidad social y el progreso económico, que vienen a ser los conceptos emancipativos tradicionales ilustrados).  El principal argumento de esta masa de idiotes es precisamente aclarar a la élite tradicional política que esos valores han dejado de encarnarse dentro de sus fronteras o que han quedado fuera de su alcance. Por eso el populismo es tan efectivo entre los desplazados dentro del sistema global, no solamente en el siglo XXI, sino desde los comienzos de la modernización, en EEUU (el partido de los grangers) o Rusia. El fenómeno es más viejo de lo que parece, pero cada oleada modernizadora lo hace más evidente y palpable.  
     Este diseño conceptual es suficientemente claro en el libro. Sin embargo, se enfrenta con sus limites. Por ejemplo, la autora tiene que aclarar que Hitler y el fascismo no es populista bajo su esquema con desigual éxito. Hitler es un bárbaro, un error de la civilización, pero como decimos, nadie puede asegurarnos que un líder populista no se desliza por la senda de la barbarie. Se han explicado demasiadas cosas bajo el esquema dialéctico modernidad-tradición, global y local, de origen marcadamente marxista o hegeliano, aunque estos autores no sean citados con demasiada frecuencia.
    Por otra parte, echamos de menos referencias más abundantes al populismo latino-americano, infravalorado en el conjunto de la obra, hasta tal punto que a veces un lector español y la autora del libro tienen la sensación de estar hablando de dos populismos distintos. Frente al europeo, el populismo latino-americano tiene un control de las instituciones y del aparato estatal no soñado por los europeos, capaz en ocasiones de modificar el estado de derecho a su antojo. La lucha entre la élite liberal y modernizante y los líderes populistas y carismáticos apenas existe porque en muchas ocasiones la élite y la cultura política del país es abiertamente populista (la explicación dialéctica de Desol no funciona tan bien como en Europa). Su capacidad para crear complejos clivajes políticos y amplias clientelas dentro de la sociedad tampoco tiene comparación con Europa; por último, el populismo latino tiene efectividad promovendo una inclusión social por clientelaje de determinadas minorias hasta entonces irrelevantes para las oligarquías dominadoras de estos países. Esto hace que, siendo un libro de lectura muy interesante para un amplio público, el lector español lo pueda llegar a percibir  como incompleto.



Una pregunta complicada de resolver: podría el populismo servir para poder incluir dentro
de una misma moneda líderes políticos tan distintos como Marine LePen y Pablo Iglesias. La respuesta es compleja.