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viernes, 12 de junio de 2015

FALACIAS EN LA CRISIS: ARGUMENTOS AD POPULUM (SENTIMIENTOS)


     En este histriónico discurso, el presidente de Venezuela Nicolás Maduro da muestras de un excesivo abuso de falacias informales. Argumentos ad hominem (ataques personales a Rajoy y a los españoles), argumentos ad populum (apelación a sentimientos nacionales), e incluso un argumento ad verecundiam (argumento de autoridad apelando al gran maestro Hugo Chávez al final). Todo un despliegue de retórica bastante poco sutil que hace sonreír a más de uno.


    Basta mirar este vídeo sin desperdicio para entender bien la falacia ad populum. Este tipo de falacias apelan a los sentimientos personales del público (odios, rencillas y amores) como defensa de un argumento propio o ataque hacia el adversario sin realmente hacer hincapié en sus argumentos. Esta es una herramienta típica en los políticos populistas americanos. Maduro es quizás su cara menos sofisticada y la más desesperada, uniendo el insulto con constantes apelaciones patrióticas hacia el pueblo venezolano. Al final del vídeo no sabemos qué narices le hemos hecho a la libertad de los venezolanos y ni mucho menos, se aporta algo del complot urdido arteramente desde Madrid y Washington, pero indudablemente, acabamos sabiendo quién es Simón Bolívar y la gloriosa independencia del pueblo venezolano y lo perversos que hemos sido los españoles en nuestra historia. 

    Como decimos, el discurso de Maduro suena más bien a pataleta mayúscula de quien se sabe atacado y acorralado. Sin embargo, ha habido auténticos expertos en la historia que han sabido manipular los sentimientos de la gente en su propio beneficio. Por poner un ejemplo un poco más alejado de nosotros que el régimen bolivariano, y por supuesto mucho más refinado: ¿Qué argentino podrá olvidar en su historia a Evita Perón, auténtica prestigiadora del populismo latinoamericano?  Tan solo con rastrear un minuto por internet algunas de sus frases para darse cuenta de cómo lograba camelarse al argentino medio:

        


    Y lo más llamativo del caso es que no hablamos de imágenes colgadas hace años. Evita Perón está todavía sorprendentemente en el corazón de muchos argentinos y Cristina Kichner sigue haciendo referencias a la heroína más grande y conocida que nos ha dado Argentina. En otra de las citas referidas a Perón, la mismísima Margaret Thatcher envidiaba a Evita, cuando decía que "Si Eva Perón ha llegado tan lejos, sin tener ideales, ¿a qué podré llegar yo, que sí los tengo?". Indudablemente, el pueblo inglés no se deja llevar tanto por los sentimientos como los lacrimógenos latinos, pero la Thatcher supo apelar al sentimiento del viejo imperio inglés para su guerra de las Malvinas, precisamente contra los argentinos, allá por 1981. 

    De todas formas, nosotros no somos inmunes a ese tipo de apelaciones sentimentales, y tenemos buenas representaciones del mismo en nuestra propia historia. ¿Acaso nos hemos olvidado de esas grandes manifestaciones poco antes de la muerte de Franco, en la que la gran patria española rechazaba con orgullo toda sanción de la ONU o de la comunidad europea? Antes morir solos que bajo las correas de las naciones unidas, manipuladas sin duda alguna por una conjura judeomasónica, tan al uso por el franquismo más anacrónico y decadente (estábamos ya en octubre de 1975). El discurso no tiene desperdicio alguno y merece no olvidarlo de la historia de España: 


  Naturalmente, el "Arriba España" no puede faltar, como está bien mandado en los cánones de las falacias ad populum. Conviene no olvidar estas escenas de exaltación patriótica, gritos y lágrimas abundantes, cuando el ascenso del populismo ligero y suave de Podemos y demás actores políticos de la crisis usa más sofisticadamente todos estos argumentos, sustituyendo por supuesto el fascismo por la crisis y la lucha social, pero sin dejar de llamar continuamente al pueblo. A lo mejor resulta que Pablo Iglesias es seguidor no de Marx ni de la socialdemocracia, sino que es el fan número uno de Evita Perón. A lo que alguien podría comentar que cualquier medio es adecuado (como usar estas falacias), si el fin lo merece. 

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