CARTA DE UN DILETANTE ESCÉPTICO EN MATERIA DE ABORTO etc etc.
Querido Helí:
Como nuestras discusiones telefónicas quedan ya un poco pequeñas para debatir sobre este tema y nuestras palabras nos traicionan a menudo, voy a pasar por escrito algunos de los argumentos de los que hablábamos últimamente.
Hay que decir, claro está, que con cada conversación tuya ayudas a pulir más y más mis ideas y te conviertes en mi muso favorito. Pero la última vez, me dijiste que "defiendo las ideas más rancias de la jerarquía eclesiástica" etc etc... Cosas comprensibles cuando estamos calientes en nuestras conversaciones, pero que se tienen que moderar.
Cuando hablamos con ese lenguaje, tú y yo, nos olvidamos que estamos hablando de la ética, y que hay multitud de posibilidades e interpretaciones, y si como tú defiendes, existe un cierto relativismo hablando sobre estos temas, ninguna de las dos posiciones se puede erigir como la qe tiene la verdad absoluta. Bueno, tú ya me entiendes...
La posición que quiero plantear es: puedo sentirme más o menos próximo a una postura antiabortista y aceptar también -más o menos- una ley abortista. Parece que es una posición que desde tu punto de vista es completamente contradictoria, pero se podría resolver haciendo la distinción entre la ética y la política. La primera, tu opción individual; la segunda una solución de compromiso entre muchas personas.
Desde el segundo planteamiento, considero que en una sociedad democrática, obligatoriamente, es necesario respetar el principio del número y también el principio de máxima libertad. A mí, personalmente, el primer principio me parece un criterio malo y peligroso, pero es el "menos malo", por parafrasear nuestro querido Churchill, y es el único que garantiza el segundo, sin duda importante. Aquí estoy completamente de acuerdo con tu posición. Una minoría (como son los antiabortistas) tiene todo el derecho para manifestar su opinión e incluso es posible (yo no lo sé) que hasta tengan unos argumentos morales superiores a los defensores del aborto. En cualquier caso, la situación es empate. Y la única posibilidad que tienen es convencer a su adversario que está equivocado (si esto es posible) pero al mismo tiempo aceptar el principio de la mayoría.
De cualquier forma, el "principio democrático" parece tener una ventaja importante: al conceder libertad en esta materia, permites que el antiabortista mantenga su derecho de no abortar y el abortista su derecho de abortar. Esto tiene problemas, pero no me quiero detener aquí.
Y ahora pasamos al siguiente punto, y creo que es donde tus prejuicios "progres" te juegan una mala pasada (ji ji ji). Si aceptamos el "principio democrático", hay que asumir que hay que plantear el problema en el campo de la ética: es decir, formar a una persona individualmente en el problema. Aquí es donde creo que tanto la iglesia como los abortistas meten un poco la pata. "Defender" o "aceptar" una resolución política en este asunto no significa estar éticamente por encima de la otra postura. Creo que es necesario entablar debate sobre los argumentos a favor y en contra del aborto a la hora de formar a ese individuo, no para que después políticamente se declare a favor o en contra del aborto, sino para que sea un individuo responsable en sus actos. En este sentido, la iglesia debería hablar para sus bases: "no queremos convencer a los demás, queremos (para los católicos) que sepan por qué actúan de tal forma". Esta crítica es válida para vuestro campo: es aquí donde creo que los abortistas habláis con frivolidad y prepotencia (con tanta prepotencia como lo hace la iglesia), cuando defendéis que el antiabortista es "caduco o intolerante, reaccionario" etc etc... Una ideología puede morir, el conflicto ético no.
En definitiva, una resolución política no debería zanjar el debate del aborto, sino estimularlo en el lado de la ética. Y aquí es donde podríamos relanzar el problema para otra ocasión.
Un abrazo:
Angelillo