Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

martes, 7 de junio de 2011

CONTRADICCIONES CULTURALES DEL CAPITALISMO: EL FIN DEL CAPITALISMO CREATIVO


       Hace unos tres años, en los inicios de la crisis, Bill Gates lanzaba una chispeante conferencia en el foro de Davos sobre sus ideas del capitalismo creativo y de la responsabilidad social corporativa. En ellas demandaba una nueva consideración hacia los problemas de la justicia social, incluyendolos como una valiosa variable del márketing empresarial del que se podría, al mismo tiempo que solucionar parte del problema, dar un rendimiento publicitario excelente. A esta idea se agregaron después otros magnates con fortunas de dudosa legitimidad como George Soros o Warren Buffet y apostaron por regenerar el capitalismo, eliminar su nota más agresiva y ensalzar valores como la creatividad y la solidaridad.  
       Quizás Bill Gates creó tener una idea para el mundo empresarial tan innovadora como las que le habían dado el éxito con Microsoft. Lo cierto es que no está tan alejado de las viejas ideas filantrópicas del siglo XIX, y al mismo tiempo, atado a sus limitaciones. Inmediatamente después de estas fantásticas sugerencias, la crisis financiera golpea en primer lugar, antes que a cualquier otro, a las redes filantrópicas, públicas y privadas. La filantropía se estanca desde el 2008 y no aumenta, como desearía Bill Gates. Las ONGs destacan sus problemas de financiación precisamente cuando su labor se hace más necesaria. El primer recorte empresarial se produce sobre los costos de "externalidades" innecesarias en tiempos de crisis.
       La razón del hundimiento es hirientemente sencilla: el capitalismo filantrópico funcionaría razonablemente bien en un mundo sin las crisis económicas provocadas por el mismo capitalismo. Pero ese mundo, como bien sabemos, ya no existe. El espejismo se rompió y tardará en volver a darse por el desierto que transitamos.  Es un problema inherente al sistema, y que dificilmente pueden cambiar los individuos. Una red social inestable, basada en la competición entre los individuos, dificilmente puede generar otra con lazos de solidaridad sólidos y sobre todo, permanentes. Y nosotros, malpensados como de costumbre, tendemos a creer que una mente tan privilegiada como la de Bill Gates quizás pensó su charla del capitalismo creativo como una campaña publicitaria más, disuelta en el tiempo y destinada a conceder prestigio a su propia fundación filantrópica, no a refundar el capitalismo.

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