El conocimiento os hará libres y las fronteras os harán gilipollas.

miércoles, 15 de junio de 2011

¿PARA QUÉ PENSAR? INTERNET YA LO HACE POR TI.

      La lucha contra el pensamiento pasivo.  
      Creo que no conozco ninguna época en la que no se ha cuestionado la educación de las humanidades y la filosofía como un saber inútil. Solemos mirar al pasado como una época mejor y añorada, y sabemos perfectamente que es tan solo una ilusión de nuestro pensamiento. Incluso las figuras populares y exitosas socialmente, desde Sócrates hasta Hegel no ocultan la realidad de que en su propia época eran discutidas y ridiculizadas y que su impacto era relativamente pequeño. Además en todo momento histórico, a cualquier inquietud filosófica siempre se ha alzado la posibilidad de una respuesta negativa y destructora, que corta de raíz su actividad.
     Habitualmente el pensamiento pasivo ha sido uno de los grandes escollos para superar: desde la vieja iglesia trentina y el partido único hasta la televisión y la cultura de la imagen, nunca han faltado sustitutos que ofrecen pensar por uno. Ese pensamiento pasivo se mantuvo más o menos a raya con el apogeo de la alta cultura y de la persona cultivada. Teníamos a determinadas personas como valiosas en sí mismas por la memoria colectiva que podían portar, y por su capacidad para procesar la información que disponían en sus mentes privilegiadas. Pero todo esto ha cambiado por Internet: una persona con habilidad en la red doblega a la antigua persona cultivada en cultura y capacidad de memoria.  Internet, en cuanto memoria colectiva de la humanidad a la que cada uno de nuestros cerebros tiene acceso, ha desbancado al sabio y al viejo humanista.   
       No sé dónde leí hace poco que según un lúcido académico, las humanidades se enfrentan a un reto mastodóntico: tienen que convencer a la sociedad que es necesario seguir estudiando humanidades, después de la revolución de Internet. Dicho de otra forma, y de cara al sistema educativo: ¿por qué vamos a estudiar la historia de la dictadura franquista, la teoría de la evolución, el pensamiento de Aristóteles o las obras de Oscar Wilde, cuando en un simple click tenemos monografías, obras completas y crónicas de todos y cada uno de los grandes de la Galaxia Guttemberg? ¿Cómo pueden evaluarnos personas que son incapaces de controlar toda la información de la red, y a la que es tan fácil colar un trabajo, una carta, un ensayo o un informe que está totalmente plagiado? Estos interrogantes se pueden llevar a todos los niveles educativos: desde la educación primaria hasta la universidad y de ahí, al mundo laboral.   

       Internet, tumba de la educación memotécnica.
       El problema no es nada fácil de resolver. La educación de humanidades ha sido hace muy poco, una cuestión de memotécnica. Se nos han evaluado y todavía evaluamos por contenidos aprendidos y repetidos como loros. Pero eso es agua pasada: llegan las TICs y todo es revolución. Se destierra la memoria como un método totalmente inútil, puesto que para derrochar esfuerzos en esas metas ya nos llega la memoria artificial de Internet y que suple todas nuestras necesidades. Y en el rechazo total a las virtudes memorísticas, acabamos concediendo importancia a las "competencias" y destrezas, maravilloso término que nadie es capaz de rellenar y evaluar de forma objetiva y que acaba premiando a quienes con un click son capaces de entrar en el terreno de la red y descargarse un trabajo, sin ni siquiera leer un miserable párrafo de lo que presenta al profesor. Con tamaño esfuerzo, el alumno habrá adquirido competencias en TICs y en la asignatura de turno.
      Muy posiblemente la capacidad de comprensión y de pensamiento crítico no se da ni en un sistema ni en otro. Si imaginásemos nuestra cabeza convertida en un piso por amueblar, con las técnicas memorísticas llenamos nuestra cabeza de muebles sin orden ni concierto, ponemos un lavabo en el salón y la lavadora en el despacho. Con Internet, las mantenemos en un vacío inmaculado, sin nada que hacer porque no tenemos material con el que trabajar: cuando llega algo vale para cualquier sitio: una radio o un teléfono no molesta en ningún lugar de la casa. La información que solemos tomar de Internet suele estar simplificada y repetida hasta la saciedad, como un trabajo extraido de la Wikipedia o del Rincón del Vago.

          La red, ¿escollo o estímulo a la creatividad?
        ¿La solución a la crisis de la educación memotécnica? Aquello que no aporta tanto Internet: la creatividad. Habitualmente, sacamos mucho más de lo que aportamos a la red. De hecho, si Internet ha supuesto en parte la democratización del arte, la crítica y el ensayo, en ciertos aspectos es el destructor sistemático de la creatividad humana, sobre todo aquella que se cree individual y con originalidad intrínseca. En cuanto algo llega a la red, se replica automáticamente o muere, como ilustraba Dawkins en su metáfora de los "memes": las ideas vertidas en la red se comportan como genes vivos cuyo única finalidad es la autorreplicación de la información que poseen y las mutaciones que supone esa continua replicación al infinito. Construir en Internet algo original resulta a todas luces una ilusión de los individuos, empezando por todas y cada una de las entradas de este blog, por ejemplo, que tienen sus réplicas en la red en infinidad de lugares y lenguas diferentes. 
       Pero este problema planteado se hace menor cuando de Internet extraemos una mera cultura de plagio. Si el creador ingenuo cuenta directamente con que Internet va a matar su originalidad (a veces por el mismo éxito de la idea), el espectador pasivo asume directamente ese asesinato y lo expande hasta límites insospechados. Consciente de que la originalidad y la creatividad han desaparecido, se convierte en mero repetidor, a lo sumo en investigador de perfiles adecuados en Internet para las demandas que provengan del exterior de la red. De hecho, ser un buen rastreador es una capacidad clave en nuestros días que no todo el mundo posee.   
        Y sin embargo, necesitamos la creatividad más que nunca fuera del mundo virtual. La sociedad de la información demanda no la mera acumulación de datos, sino su interpretación y su procesamiento. Somos meros lugares de paso en las autopistas de información, pero al mismo tiempo esa información es transformada por nuestra acción. Y el tópico se repite: ¿cómo podemos sustituir la mera memoria  o el plagio por la comprensión y la posterior creación?
      En primer lugar, hay que plantear que memoria y comprensión no están reñidas y que son complementarias. Necesitamos un mínimo cuadro de datos acumulados en nuestra memoria biológica, y no en la memoria colectiva y artificial de Internet. Si no existe una base en esa memoria biológica es muy difícil que después seamos capaces de discernir los datos relevantes y superficiales que nos ofrece la red. Y en segundo lugar, habría que introducir una amplia dosis de imaginación y creatividad en las aulas y premiar el desarrollo de esas facultades entre los alumnos. Desgraciadamente, no todos los profesores la poseen, no todos las que la tienen están en condiciones de ofrecerlas y  no todos los alumnos a los que llega esa creatividad están dispuestos a aceptarla. La comunidad educativa creativa se reduce de esa manera drásticamente.

        Construir creatividad fuera de la red.
Arquímedes, a punto de descubrir su teorema 
en el momento de tomar un baño.
       Pocos psicólogos se ofrecen a darnos una buena definición de creatividad. De hecho, la misma palabra rompe las paredes del concepto, genera rupturas. La creatividad en unas personas se desarrollará en unos aspectos y capacidades y en otros individuos en parcelas opuestas. Pero sí al menos, sabemos bien en qué lugares esa creatividad aparece: la bombilla que se enciende de repente no es tan  ajena al pensamiento creativo como parece.
       Toda la psicología cognitiva concuerda en que para hacer un trabajo creativo, deberíamos jugar con la capacidad de crear analogías, de moldear lenguajes y discursos y ser capaces de saltar de unos contextos de conocimiento a otros. En multitud de ocasiones, un problema irresoluble se vuelve sencillo cuando aportamos soluciones de campos completamente distintos.  Las metáforas y analogías no son meramente el recurso literario de la asignatura de lengua: las analogías permitieron hacer ver a Darwin una explicación diferente de la realidad biológica a la que tenian sus contemporáneos, a Wegener, intuir la teoría de la deriva continental, a Dawkins, inventar su propia teoría de la cultura, y así sucesivamente con casi todos los grandes científicos, filósofos, publicistas y artistas de toda la historia. 
        Esto nos obligaría a una interdisciplinariedad en la materia (lo que vamos a enseñar) y en la forma (la manera en que lo vamos a hacer) y una revolución en la evaluación. Algo que Internet, bien usado, permitiría hacer a las mil maravillas. La meta de todo esto: promover una comunidad educativa capaz de crear metáforas y analogías.Quizás esta meta sea una mera ilusión más, un sueño pedagógico inalcanzable. Si somos incapaces de ver la importancia de interpretar la realidad y nuestra capacidad para modificarla creativamente, Internet acabará sustituyendo a todos los profesores de nuestro sistema educativo por pantallas de diálogo vertiginoso e inabarcable como el que ofrece el universo de la red. 

4 comentarios:

  1. Genial el post Ángel. En cuanto al tema de la creatividad no te creas que no le he dado mil vueltas en la cabeza más de una vez. Siempre he pensado que los grandes genios, los grandes creadores de cualquier disciplina cuentan con varias cualidades especiales. Una de ellas yo diría que es un "olfato" especialmente fino para percibir los las esencias destiladas por la cultura o la ciencia en el momento que les toca vivir. Y otra es una habilidad especial para mezclar todos esos aromas en su cabeza, relacionarlas y parir una obra original. Esto hace que toda creación sea al mismo tiempo colectiva e individual. Al final del s. XVIII supongo que la ciencia había llegado a cierta madurez y sólo hacía falta que alguien tomara todas las influencias las mezclara y gracias a su creatividad fuera capaz de avanzar un pasito más allá y descubrir la teoría de la evolución. Esa persona fue Darwin pero también Wallace. Y lo hicieron por separado porque los avances científicos en la época hacían que ya empezara a oler a teoría de la evolución aunque nadie hasta entonces hubiera tenido el olfato para percibirlo. Lo bueno de hoy en día es que todos los aromas se pueden encontrar por Internet. Pero, como dices hay que ser buen rastreador para hallarlos y tener la cabeza amueblada para relacionarlos y tal vez superarlos con un acto de creación. Un saludo

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  2. Releo y veo mi cagada. Pensando en mil ochocientos y tantos he puesto siglo XVIII. ME refería al XIX obviamente. Lo siento, es por la mañana y llevo toda la semana con Tchaiovsky (Patética) y Rachmaninov (concierto 3) y mi cabeza no funciona ya demasiado bien a estas alturas con tanto dramatismo jejej Un saludo

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  3. Gracias por tan largo comentario, que sería para alargar el tema bastante más. La verdad es que podría destinar un post extraido de mis apuntes de clase sobre todo esto, pero precisamente pecaría de plagio de otros libros... En el fondo nos creemos mucho más originales de lo que somos y podremos ser alguna vez.

    Es curioso, cuando damos este tema en clase de filosofía la gente deja de dormir y escucha con interés... Me pregunto si todos nos sentimos un poquito genios alguna vez...

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  4. no me digas que vas a interpretar a Rachamninov|||

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