Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

sábado, 11 de julio de 2009

EXTRAÑO REENCUENTRO

El otro día andaba mirando en una librería de la ciudad cuando entre multitud de libros de filosofía, apareció como por arte de magia, "Filosofía en la globalización", ¡mi propia obra! Que el escritor (más o menos frustrado) y su obra (olvidada por todos), se reencuentren en las estanterías de un comercio ofrece una extraña sensación: visitar de nuevo un pasado y una ilusión.
Me pregunto por qué algunas personas tendemos a escribir, y pienso que a la curiosidad y el placer de la propia recreación escrita, la necesidad de reconocimiento influye más en esa decisión conforme transcurre el tiempo. Aquella persona que escribe y no consigue hacer llegar su obra a un lector no deja de sentir cierta frustración, como un mal parto, una mala gestación, en el que el trabajo realizado acaba abortado. Curiosamente, Internet refleja este mal a la perfección: buscamos nuestros listas de amigos desconocidos, esperamos comentarios, da igual lo estúpidos que sean, y de un blog se espera que se lea animadamente. Necesitamos comunicarnos y la comunicación siempre implica más de una persona.
Otra cosa es que después lo que se escriba sea algo importante o relevante. George Steiner, sin novedad alguna, nos hablaba hace ya veinte años de una época basada en la glosa, el comentario sobre el texto y la literatura secundaria. El academicismo recoge bien ese sentimiento. A esto habría que añadir que también es cierto que vivimos en la democratización radical del arte y la creatividad (gracias a Internet en parte), siempre a costa de reconocimientos más pequeños y momentáneos, como esos quince minutos de fama de Andy Warhol.

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