"En cuanto alguien busca la verdad se convierte en los ojos y la boca de Dios. Y por supuesto, se expone a que haya ateos que no crean en Dios."

lunes, 13 de julio de 2009

LA VIDA DE TROTSKY CONTADA POR ÉL MISMO

En las lecturas que uno se puede permitir en verano, me he detenido en un libro que encontré por casualidad en la biblioteca: la autobiografía de Trotsky. Aparte de ser una fuente histórica de primera magnitud, con todas las tergiversaciones que pueda dar el autor, el lector tiene la sensación de leer una novela gráfica de Corto Maltés. Narrado con fluidez y con todo lujo de detalles, nos da también una idea de la cosmovisión de Trotsky y nos aleja de una posible interpretación de "¿el comunismo habría ido mejor sin Stalin?". Es decir, Trotsky tenía también la simiente autoritaria, quizás común en esa época en muchas buenas cabezas europeas.
Ante todo, su narración nos lleva a una forma de entender el mundo fuera de la jaula de hierro de Weber. Nos habla continuamente del destino histórico, el alma de la revolución, la unión entre el individuo y la acción de la masa... cosas que nos inducen a pensar (y a suspirar) por ese mundo mágico que parece que nosotros hemos perdido en la actualidad. Una primera lección queda clara de la lectura de esta autobiografía: el autor dice (y con razón), que una teoría política y filosófica, necesita a su vez una filosofía de la historia. La ideología teórica no mueve corazones: la creencia cuasi religiosa en el destino de la revolución sí. Si echamos un vistazo a la historia, las grandes perturbaciones y cambios políticos se han hecho siempre en esa interpretación escatológica de la realidad. Para Trotsky el lema es la revolución permanente, universal, internacionalista...
El problema naturalmente parte de suponer que todos pensamos como Trotsky. Siempre me pregunto cómo cabezas tan claras podían tener una confusión mental que les impidiera considerar la complejidad de la realidad. ¿Qué percepciones o sugestiones tan radicales podían hacerle creer que la realidad pudiera adecuarse a sus deseos y sus conceptos abstractos? Es evidente que la revolución rusa es hija del idealismo absoluto más irreal del siglo XIX, pero no creo que se pueda entender desde un mero prisma de historia del pensamiento.
Sirva aquí un texto de la obra para precisar esta interpretación, este cierre categorial:

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