Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

lunes, 24 de agosto de 2020

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Primero fuimos hijos de un Dios bondadoso y omnipotente. Después, el complejo resultado de una evolución ciega. Los visionarios nos equiparaban al  producto fallido de un experimento diseñado por una megainteligencia inmanente, que es lo mismo que convertirnos en los personajes imaginados  dentro del guión de una mala novela. Pero ahora hemos reducido aún más nuestas aspiraciones y nos damos cuenta de lo que realmente somos: meras granjas reproductoras de virus y bacterías. Ya no se puede caer más bajo desde tan alto. 

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