"En cuanto alguien busca la verdad se convierte en los ojos y la boca de Dios. Y por supuesto, se expone a que haya ateos que no crean en Dios."

martes, 31 de marzo de 2009

PAPÁ NOEL Y LOS POLÌTICOS

Alguien me dijo una vez que en la democracia uno de los problemas más difíciles de resolver es reconocer aquellas cosas que puedes y no puedes pedir al sistema político. Es decir, poner límites a tus deseos: saber dónde empieza tu esfuerzo y dónde comienza la responsabilidad del estado. En una crisis, ese límite no está nada claro -podríamos decir que incluso se está redefiniendo- pero es preciso rehuir a los extremos, que sí son más visibles.

Ahora imagínense un señor con barba, vestido de rojo y con un gorro de navidad, repartiendo regalos en un plató de televisión ante unos ciudadanos que formulan preguntas de estado. A cada pregunta complicada le contesta con una carcajada y un paquetito. Luis Sosa comentó en clase de forma muy acertada que los políticos, ante un grupo de espectadores formulando "una pregunta para ellos", parecían algo así como un papá Noel delante de una multitud de niños pobres deseosa de recibir un regalo por navidad. La realidad sin embargo, es otra. Los políticos no tienen sacos de regalos ni chisteras mágicas, al igual que los olmos no reparten peras. Ante preguntas como el mal funcionamiento de la sanidad, el político podría contestar "está usted dispuesto a pagar más impuestos?". Por no hablar del paro o la crisis. En ese programa da la sensación que el político conoce sus límtes. El ciudadano de a pie, quizás no tanto.

En una crisis como la actual, ninguna solución es fácil. Desde el que formula una pregunta, tenemos que exigir a los políticos su papel, pero nosotros también tendremos que cumplir el nuestro. No se pueden exigir cosas irrealizables a corto plazo; hay que estar con los pies en el suelo.
Desde el otro lado del estrado, también habrá que estar a la altura. En una crisis, uno de los peorres peligros lo constituye la demagogia . El que pide algo irrealizable y le contestan con un imposible corre el riesgo de caer desencantado al poco tiempo. Y no olvidemos que esa es una puerta abierta a todos los populismos, en todas las épocas. Eso lo saben bien todos los estrategas que juegan a colocar un Hitler en el poder, así que cuidado.

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