"En cuanto alguien busca la verdad se convierte en los ojos y la boca de Dios. Y por supuesto, se expone a que haya ateos que no crean en Dios."

sábado, 6 de junio de 2009

SOBRE LA VEROSIMILITUD HISTÓRICA.

1. Existen tres formas de entender la historia. La historia de los académicos, la historia de los políticos y la historia de los novelistas. Las tres se remontan a los mismos orígenes: sus diferencias son de matiz, y las tres valen por igual.

2. Los historiadores académicos se han creído demasiadas veces en posesión de la verdad y sus sumos sacerdotes. Hacen la historia atados a la ciencia y el pasado imperfecto. La historia de los políticos es la historia de los cronistas romanos o las apologéticas nacionalistas: hacen la historia atados a las necesidades e intereses del presente. Podemos decir que los políticos tienen la completa libertad para deformar la historia dependiendo de si va a favor del bien común o no. La novela histórica y los políticos tienen una cosa en común: hacen la historia de lo verosímil, y no de lo real.

3. Una interpretación verosímil en historia es una interpretación probable pero no comprobable, una hipótesis factible, concordante con los datos empíricos conservados pero imposible de ser corroborado. Ese es el campo de acción más sencillo para la verosimilitud histórica, pero va mucho más allá del estrecho marco de la investigación científica.

4. Es verosímil, por ejemplo, que los catalanes crean que su nación exista desde hace siglos, que Tiberio no tuviera un temperamento deshumanizado sino que fuera extremadamente tímido, o que Boecio hiciera un viaje a Atenas. No es verosímil, sin embargo, que los vascos tengan antecedentes de los maoríes, o que Boecio hiciera un viaje a Nueva Zelanda. Lo verosímil implica contacto intuitivo con la realidad. Lo inverosímil rompe por completo con la lógica interna de esa realidad.

5. La verosimilitud hace que dos interpretaciones contrapuestas, como puede ser la nación vasca y la nación española en un mismo territorio, sean posibles al mismo tiempo. Existen dos hechos comprobables en el momento presente, que es el sentir nacionalista de ambas partes: existen dos historias alternativas que han sido igualmente verdaderas y reales.

6. La verosimilitud no acepta cualquier interpretación y no acepta tampoco la indiferencia postmoderna. Está limitada por la biología humana, la geografía y los restos de la cultura material. No se acepta una interpretación divina o extraterrestre en la historia de los hombres, por ejemplo. Tampoco se acepta una aeronave en el siglo XVIII. Sin embargo, todo aquello que afecta a lo que cotidianamente se habla como “historia de las mentalidades” puede estar sometida a controversia y por tanto a la verosimilitud.

7. La historia de las mentalidades es una historia de probabilidades: unas hipótesis más probables que otras, pero todas ellas siempre verosímiles. Decir: “el espíritu capitalista era imposible en el paleolítico” es altamente improbable porque no existía la acumulación de capital, pero su “espíritu” sí es verosímil.

8. Lyotard hace unos años se recreaba de forma bastante frívola con esta idea. Casos que rozan la inverosimilitud o irrealidad. Pensemos en restos materiales: campos cerrados, barracones, fosas con muertos y cámaras de gas. El día que murió el último prisionero capaz de identificar y relacionar esa cultura material, murió la certeza (independientemente de si dice la verdad o miente) y nació la verosimilitud que eso no fuera un campo de concentración.

9. Entre dos hipótesis verosímiles: “Austwich fue un campo de concentración nazi” y “A. fue un campo de recreo” de un partido justificador del holocausto, ¿Cuál es la que debemos prestar atención? Evidentemente, aquella que tenga un fin ético más loable. Pero ¿quién garantiza a su vez esa hegemonía ética?

10. La otra gran pretensión de la novela histórica: unir lo inmutable, lo eterno del ser humano, con la experiencia histórica, cambiante, mutable, siempre variable y que tiene por norma nunca repetirse. Los hombres tendemos a pensar que han existido siempre grandes hombres, y que lo que les ha hecho grandes es algo intemporal, que se repite en distintas etapas de la historia y diferentes culturas. La autenticidad es uno de los rasgos que definen a esos hombres, y también eso es una veta fundamental para el escritor: destruir o deformar esa autenticidad.

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