El conocimiento os hará libres y las fronteras os harán gilipollas.

domingo, 3 de enero de 2010

LOS CRUCIFIJOS, ESPACIO Y PODER.

Decía Foucault en su clásico Vigilar y Castigar, que el poder se manifiesta fundamentalmente en la posesión del espacio y el tiempo. Quien controla esas coordenadas, tendrá el poder sobre cualquier sociedad. Pensemos ahora en un ámbito tan cotidiano como el educativo: La mesa del profesor suele ser mayor que la del alumno, en muchos lugares siguen existiendo tarimas, el docente da la clase de pie frente al alumno sentado, y todo esto permite una posición de poder, del que tiene la autoridad frente al que no la tiene. Una posición más elevada en un aula no tiene una función únicamente docente, tiene una función de mantener la autoridad y el poder.
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Pensemos ahora la cuestión del crucifijo bajo esta interpretación: suele estar por encima de la mesa del profesor o en el centro del aula, por encima de las pizarras. Tradicionalmente, el lugar del crucifijo es el espacio de máxima autoridad que puede existir en una clase. Ese lugar tiene la función que daba Bentham en su Panóptico a la autoridad dentro de una cárcel o un lugar público: todo lo ve, y todo lo controla. La autoridad del profesor está por debajo de la del símbolo religioso. Desde una interpretación tradicional del liberalismo (como la propuesta de Locke de mantener la neutralidad ideológica del ámbito público), la posición del crucifijo en el ámbito educativo es sumamente discutible, puesto que viene a decir que por encima del estado, está Dios, y que ese estado se identifica con ese Dios.

Las consecuencias de esta interpretación son sencillas: no se trata de eliminar todos los símbolos religiosos de un espacio público como el educativo. El espacio público tiene que ser el lugar de expresión de todo tipo de creencias. El laicista que desea meter a Dios únicamente en el dormitorio de una casa no está entendiendo esta geometría del poder y está imponiendo su propia ideología, rompiendo también la neutralidad liberal. Se trata de poner las cosas en su justo lugar. Un estado liberal se debe encargar de mantener la neutralidad ante las creencias, pero al mismo tiempo, debe promover en la medida de lo posible la mayor pluralidad cultural que podamos tolerar, porque es un derecho de los individuos la libertad de ideas.
Si el espacio es poder, busquemos otro lugar para Dios (que no deja de ser el dios de un colectivo, y no el de la sociedad entera) que no sea tan cargante y opresivo para aquellos que no crean en él.Nadie ha propuesto por ejemplo, que en lugar del sempiterno crucifijo, se exija un lugar dentro de cualquier centro público, dedicado a tareas religiosas, y no necesariamente católicas, sino abiertas a otros credos y dogmas. Nadie estaría ofendido -salvo los que pierden poder, claro- y apostaríamos en serio por la pluralidad religiosa. Nadie tampoco ha planteado que el crucifijo ocupe otro lugar en el aula o en el centro educativo, en lugar de la posición de poder que esgrime por encima de la mesa del profesor. La iglesia no estará de acuerdo con esta interpretación porque sabe que esto es una restricción de poder, y los laicistas sentirían que su cruzada quedaría a medias, pero es el precio que hay que pagar en una sociedad plural y liberal.
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Una ecuación sencilla: el control del espacio y el tiempo determina el poder social.

4 comentarios:

  1. Muy interesante la posición del pedagogo brasilero Paulo Freire en relación a educación y poder.
    ¡Qué tema el lugar del Estado Civil y la Iglesia en la sociedad actual! No hace más que reflejar una instantánea de este momento histórico, totalmente acorde a la historia.
    Salud

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  2. Esa es una asignatura que tengo pendiente, la de meterme con Freire. Me pregunto si en Argentina tenéis también estos problemas...

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  3. Lo recomiendo. Más que un problema, lo veo como un desafío, la de formar (y no tanto educar) desde otro lugar. Considero que la asimetría es fundamental para establecer el vínculo, pero trabajo como docente guiando, acompañando al alumno en su proceso de aprendizaje. Ahora, tienen que existir ciertas condiciones para que este proceso se lleve a cabo, el básico es el interés, que corre por cuenta de quien da la clase. Si no logramos interesar a un grupo, SONAMOS, creo que ahí radica un enorme problema. Lo más sencillo es culpar al grupo, lo más apasinante es buscar e inventar caminos seductores que despierten la curiosidad.

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  4. Cuando das a adolescentes una asignatura tan áspera a veces se hace complicado...

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