Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

lunes, 28 de diciembre de 2009

LA ETERNIDAD DEL MUNDO Y DIOS

Los diálogos civilizados alimentan bastante el espíritu, incluso cuando son de forma internáutica. Si uno no cambia radicalmente de opinión, al menos perfila mejor lo que ya defendía. Y es que en el fondo, Sócrates y los griegos tenían razón: el aprendizaje de la verdad se hace siempre a través de la conversación. Pues bien, en una de esas conversaciones estaba discutiendo con Víctor Casco nuestras posiciones respectivas en relación con el hecho religioso, y ya se pueden imaginar: uno empieza hablando del ateísmo y acaba desbarrando de la teoría de las cuerdas, la evolución o cincuenta filósofos...
Uno de los argumentos importantes que utiliza la moderna física contemporánea, desde Stephen Hawking hasta la teoría de cuerdas, es confirmar la eternidad de la materia como forma de negar a Dios. Si aceptamos su eternidad, en definitiva, prescindimos de una causa originaria de la materia, y por lo tanto eliminamos el papel del creador. Hay que recordar que esta teoría científica toma postulados opciones filosóficas muy respetables, pero siempre discutibles. Precisamente de esta confusión, provienen muchos problemas: como suele decirse, nuestros científicos son excepcionales en sus campos de estudio, pero bastante chapuceros en relación con la filosofía. En concreto me voy a centrar en dos problemas que tiene la idea de "ser eterno".

Antes de nada, una definición básica. La idea de eternidad se puede entender desde dos puntos de vista: el temporal (algo que existe y ha existido siempre: la visión griega), y como ser pleno (algo que es totalmente, inmutable, puro presente y fuera del tiempo: la visión hegeliana). La primera característica apunta hacia una posible característica de la materia. La segunda apunta a la misma idea de Dios, causa suficiente en sí misma. No hay que olvidar esta distinción.

Pasemos al primer problema. Comprobar la eternidad del mundo es algo muy difícil, tarea imposible que no se resuelve con una teoría científica y que corresponde a lo que Kant llamaba las "ideas de la razón". En la primera antinomia de la KrV, Kant asegura que probar la eternidad del mundo es imposible, pues cualquier teoría que demos no puede dar cuenta de una sucesión explicativa hacia atrás que sea infinita. En definitiva, incluso si las sucesivas teorías de física cuántica vendrían a resolver siempre podría plantearse si tenemos la parte de la realidad relevante para explicarla, puesto que es infinita. Queda con esto dicho que la eternidad del mundo será siempre un postulado, pero no un hecho científico.

Y en segundo lugar, la idea de eternidad de la materia no obliga a prescindir la posibilidad de que ella misma haya sido creada, puesto que la idea de creación va más allá de una mera interpretación de la causa y efecto con una lógica solo temporal. En la causalidad a nivel metafísico juega otro elemento más importante, a saber, lo contingente frente a lo necesario. Cabe así entender la posibilidad de creación por parte de un ser eterno (necesario, pleno, fuera del tiempo, Dios), de una realidad contingente y eterna en sentido únicamente temporal. Esto se podría entender de múltiples formas (desde una perspectiva tomista hasta la neoplatónica o spinoziana), pero para vincularlo con la teología actual, bastaría, según Ruiz de la Peña, asegurar que este universo, que puede ser uno entre muchos, ha sido el elegido para el plan salvífico diseñado por un Dios personal, a través de la historia del hombre y su contacto con Dios.

No hace falta decir que todo esto no justifica la idea de la existencia de Dios. Ni siquiera avala que sea más creíble que su teoría contraria. En cualquier caso, Dios sigue siendo una hipótesis difícil, controvertida y arriesgada. Lo único que venimos a plantear aquí es la imposiblidad de negar a Dios por la mera razón científica de forma tajante y concluyente, una razón que como se ha dicho tantas veces, es excesivamente reduccionista para la complejidad del ser humano.
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Drusa de cuarzo del cerro de la Butrera: agujeros negros entre la ciencia y la religión.

5 comentarios:

  1. uauh!!
    Supongo que demostrar la existencia de Dios, es casi tan arduo como demostrar su no existencia. Cuanta más cultura tenemos, más fácil es enocntrar un autor que respalde nuestra posición, es más , incluso podemos llegar a discutir a tal o tales autores, eruditos en su mayoría, o al menos muy estudiosos de estos temas. Realmente, durante la historia de la humanidad, no ha habido una sola generación que no haya intentado explicar su posición dentro de la inmensa humanidad, para lo cual generalmente ha de explicar primero sus orígenes y con esto su destino... pensando sólo un poco más allá llegamos entonces a tener que explicar, exponer, admitir o rechazar la existencia de un ser supremo, Dios. Llegados a este punto, es donde volvemos a encontrar montones y montones de autores que se alimentan y contradicen unos a otros por rivalidad y pura necesidad para poder seguir justificando su propia existencia, o al menos la de sus pensamientos o razonamientos. Entonces es cuando yo, cuya filosofía terminó en aquella asignatura obligatoria del antiguo COU, y cuya cultura no va más allá de "lo normal" (pizca más, pizca menos), me acuerdo de aquello que me enseñaron mis mayores: Dios habita en cada uno de nosotros. Por lo que negar su existencia, es negar la nuestra. Y respecto a la fe, me enseñaron que es un don, un regalo de Dios, unos ojos del alma para poder disfrutar de Su Presencia, sólo hay pues que abrir el corazón, sosegar el alma y orar, siempre somos escuchados. Dios se hace presente cada día en cada hombre de buena voluntad.
    Puede ser que sea un alumna que se hace pocas preguntas, pero... no es así, todos nos hacemos preguntas. Encontrar las respuestas, es otro don.

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  2. gracias por el comentario...
    y posiblemente tengas toda la razón: la experiencia humana va más allá de la razón de la filosofía o la ciencia. Yo también es como acabo mi comentario. La fe religiosa va mucho más allá.

    Pero, en mi modesta opinión, si no la acompañamos de la razón, la fe se puede hacer supersticiosa e intolerante. Por otra parte, no seas tan dura con los filósofos. Lo que te han enseñado tus padres no es más que lo que popularizó un pensador en su día, San Agustín.

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  3. Estoy segura, de que no tengo la razón, pues entonces la perdería. Y...nada más lejos de mi intención que ser dura con los filósofos, es imposible serlo con aquellos que dedican su tiempo y sus esfuerzos a pensar e interpretar, cosa que sólo está al alcance de unos pocos...los filósofos. Ya te advertí que mi cultura no era la tuya. En lo que estoy absolutamente de acuerdo es el binomio fe-razón, para evitar la superstición o la intolerancia, es perfecto. Una fe madura, es aquella que está razonada, lejos del populismo supersticioso y lejos de la falta de libertad que produce la intolerancia. Gracias por contestarme. Feliz Navidad.

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  4. mi pregunta es... cual es la postura de la iglesia frente a ella

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