Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

miércoles, 20 de julio de 2011

EL PLURALISMO RELIGIOSO: UN INSEPARABLE COMPAÑERO DE VIAJE

       Azar y pluralismo en la religión.
      Me gustaría hablar aquí largo y tendido de uno de los principales retos a los que se enfrenta el hecho  religioso contemporáneo. Algunos de los calificativos que usan muchas religiones frecuentemente es el de ser "verdaderas", "universales", "superadoras". Dios es sinónimo de verdad absoluta. El conocer "la verdad" implica renunciar a lo falso, abrazar la fe auténtica y comprometerse con el proselitismo. Rechazarla o ignorarla supone un actitud negativa que en ocasiones se sigue pagando caro.
      En el peor de los casos, esta interpretación condujo a guerras de religión que todavía hoy azotan el mundo. La verdad se convierte en algo excluyente y siempre amenazada por peligros exteriores, ya sea en la forma de otra religión o de la modernidad agnóstica. De ese miedo el fundamentalismo extrae su mayor fuerza y lo transforma en violencia.
      En su vertiente más suave, la verdad de la religión a la que pertenezcamos se mueve en el marco de una tolerancia  respetuosa con otras creencias de fe. Ese mar en calma en el que navegan los barcos de la religión, cada uno con su rumbo, constituye la esencia de la doctrina liberal que emergió en la Edad Moderna en Europa. Conduciendo la religión a un asunto privado, y desmarcándolo de un estado que se proclama neutral, los países occidentales fueron abrazando ese modelo hasta hacerlo hegemónico, incluso en relación con otros modelos de tolerancia practicada a lo largo de la historia en otras civilizaciones.
      Pero las religiones monoteístas siguen asegurando su exclusividad en el ámbito privado. El hecho de hacerse tolerantes con otras creencias no significa que rechacen su legitimidad a proclamarse como auténticas y universales. Muchas de ellas asumen entre sus principios básicos que son la religión verdadera, ya sea a través de una evolución espiritual del hombre o a través de una revelación determinada en un momento singular de la historia de la humanidad. La tolerancia liberal es un pacto político, un modus vivendi, pero no es una claudicación epistemológica o metafísica. La visión de Kant y los ilustrados de orientarse por una religión natural, de marcado carácter racional y que estuviera por encima de las distintas religiones reveladas y las unificase, no llegó al corazón de los creyentes. Quizás porque intuían que detrás de esa religión se ocultaba algo demasiado frío o porque constituía un primer paso en la disolución del espíritu religioso frente al avance del pensamiento científico. Los creyentes aceptaron la tolerancia como una concesión necesaria para la convivencia pacífica en sociedades cada vez más complejas, pero no renunciaron en privado a su reivindicación universal y excluyente.
En multitud de temas éticos, las religiones se expresan de
forma bastante discutible como la única opción moral verdadera. 
      Un ejemplo de este difícil equilibrio entre creencias privadas universalistas y moral pública liberal lo constituyen todos los frentes que tiene abiertos la iglesia católica con el aborto, la eutanasia, el matrimonio homosexual o la investigación con embriones y células madre. Una posición puramente liberal conduciría a la iglesia a hablar sobre la orientación moral de estos temas de puertas adentro, en el ámbito de su comunidad privada o bien como una fuerza más dentro de la sociedad civil. Y sin embargo, la iglesia reclama un último escollo de universalidad moral cuando defiende su posición públicamente como la verdadera, justificada por un derecho natural que rige a toda la sociedad humana, y cuyas leyes exigen que el estado las acepte como las únicas moralmente válidas frente a la convención del derecho positivo.
      Esta tensión interna lógicamente trae problemas. El hecho que supone el conferirse en una autoridad espiritual superior al resto, implica unos conclusiones para el análisis histórico, la epistemología y la moral, que hoy en día son de muy difícil digestión. Quiero remarcar aquí que partimos de la base de entender el hecho religioso como algo positivo e inherente a los hombres. No voy a plantear aquí ni siquiera el debate con la ciencia o con el ateísmo filosófico, aunque ellos sean los que conduzcan estas críticas hacia la negación de la propia religión.
       Este discurso de la contingencia tardó mucho tiempo en ser llevado a la esfera religiosa por sus consecuencias destructoras y relativistas. Es difícil asumir la contingencia de nuestro discurso linguístico, de nuestra propia formación moral, cuando muchas religiones se arrogan con pretensiones absolutizantes. De hecho, casi podríamos hablar de discursos completamente incompatibles: ¿Cómo colocar al mismísimo Dios a merced del viento, del simple azar y la posibilidad? La contigencia parece excluir la posibilidad de una necesidad histórica, que es requerida por muchas religiones.

lunes, 18 de julio de 2011

LA REVUELTA DE LOS PRIVILEGIADOS.

Luis XVI, hombre ingenuo, sin carisma
y sin excesivas miras de futuro:
 un retrato perfecto de nuestra
actual clase política.
      Este fin de semana el economista Paul Krugman se preguntaba si el G.O.P. (great old party, haciendo referencia al partido republicano estadounidense) había perdido definitivamente la cabeza. El país se asoma a la suspensión de pagos y todavía no se ha acordado un nuevo techo de gasto. Remover ese techo (Que por otra parte se ha hecho ya once veces en la última década) supondría cometer el terrible pecado de subir los impuestos a las clases altas. No se trata, dice Krugman, de algo nuevo: tres décadas de reaganismo acaban pervirtiendo unos prejuicios ideológicos en una inmovilidad absoluta ante una crisis tan grave. Tampoco es el primero en denunciarlo: la revuelta de las clases altas en Estados Unidos (y también en Europa) fue uno de los temas reiterativos en la obra de Galbraith.
      Resulta inevitable contemplar el panorama de Europa y Estados Unidos y no establecer paralelismos con los orígenes de la Revolución Francesa. La gente está equivocada si pensamos que la revolución empieza en la toma de la Bastilla o la reunión paralela del Tercer Estado en la sala del juego de la pelota. La rebelión del pueblo llano es el segundo movimiento de la revolución. El primero de todos lo constituye precisamente la rebelión de los privilegiados ante las demandas de una monarquía absoluta en bancarrota. Luis XVI convoca los estados generales en 1789 para tratar un problema fiscal que tiene muchos parecidos con la crisis que atraviesan los estados occidentales doscientos años después. 
      La historia es tan sencilla como sorprendentemente actual: la política de créditos de los sucesivos ministros de finanzas franceses (Necker y Colonne) había terminado fracasando por completo, ante la incapacidad de devolverlos y ante unos intereses que se iban elevando conforme la insolvencia del estado francés se hacía más grave. La monarquía francesa era acreedora de todos los banqueros de Europa y nadie iba a conceder más dinero a un estado cuyo crédito internacional estaba bajo mínimos (todo esto no son los bonos basura del 2011, sino de 1789).
     Cuando Necker abrió los estados generales de 1789, se centró en las soluciones para evitar esa bancarrota general: una opción era el recorte de los gastos del estado y fundamentalmente, la Casa Real y toda la corte de parásitos que se generaba en Versalles. Pero eso llevaba haciéndose una década y no había producido ingresos significativos, y además, no había frenado la erosión moral de la monarquía ante la sociedad francesa. La otra opción, hacer más eficaces la gestión de los impuestos actuales y del mismo estado, también había alcanzado sus límites razonables. Tan solo quedaba por tanto, la solución tabú para solucionar la crisis: elevar los impuestos, y un tabú más grave todavía, eliminar las diferencias jurídicas entre unos estamentos y otros. Es decir, que los privilegiados estuvieran expuestos a cargas fiscales que hasta ese momento no tenían. En este punto fue donde nobleza y clero dieron la espalda a la petición de la monarquía de Luis XVI haciendo inviable otra solución que no fuera la puesta en movimiento de la revolución.
     Y es en este punto donde precisamente los privilegiados del siglo XXI dan la espalda a las necesidades de un estado agonizante. Obama y toda la clase política actual está en el papel ingrato de Luis XVI o incluso de Maria Antonieta para los más intransigentes: un estado frívolo y corrupto que gasta sin medida y razón. Los privilegiados son más complejos, eso sí, que en el siglo XVIII, pero en países como Estados Unidos tampoco es tan difícil de precisar cuando un 1% de la población dispone en torno al 20% de la riqueza nacional.  Si este es el punto de salida de una auténtica revolución, solo se verá si nuestros estados, efectivamente, acaban en la bancarrota y la locura, como preconizaba Krugman, acaba invadiendo el espíritu de todos los partidos democráticos de occidente. Lástima que los americanos tengan como referente no a los revolucionarios franceses, sino a los colonos que decidieron -justamente- no pagar más impuestos sin representación en el parlamento inglés. Lo que habría que recordarles es que Obama se asemeja más a ese pobre Luis XVI en los estados generales que a los padres fundadores de los Estados Unidos.  

lunes, 11 de julio de 2011

"PINTO"

       Hace unos días ha muerto "Pinto", el último guerrillero del maquis vivo de Cáceres. Tratado como vulgar delincuente por las autoridades y ocultado por su propio partido después, Pinto dirigió partidas en las sierras de Cáceres durante los años cuarenta. Para ellos la guerra no había terminado, y la esperanza de los cambios después de la Segunda Guerra seguía viva. Tras la represión siguió un largo exilio en Francia, el regreso con la Transición y la paulatina rehabilitación de su figura en homenajes y congresos de historia.
      Fue en uno de esos homenajes organizado por el Partido Comunista hace una década, cuando pude verle de cerca junto a mi amigo Manolo. Me parecía la figura de un abuelete contando aventuras de una vida trágica y digna de Corto Maltés. Muchos de sus amigos y militantes ensalzaban su carácter auténtico, la lucha permanente por unos ideales imposibles. Yo me encontré con una lectura muy distinta: Pinto contaba sus correrías, sus momentos de angustia ante la guardia civil, pero también los ajusticiamientos y fusilamientos con una frialdad impactante. Más impactante me resultó cómo el grupo de jóvenes que estaban reunidos allí le vitoreaban y aplaudían esas batallas. Existía algo así como un ambiente de nostalgia romántica y enfermiza por la guerra y la lucha armada, por reconocer al enemigo fascista y destruirlo. Hasta el instante que mi amigo rompió la magia diciendo: "estamos vitoreando a un tipo que ha matado gente por sus ideas políticas. Qué lamentable". Salimos del auditorio con cierto malestar antes de acabar la charla. La izquierda, pensábamos, tenía que librarse todavía de muchos fantasmas del pasado.
      Reconozco que no soy nadie para juzgar a este señor, cuyo conocimiento personal quedó limitado a un par de ocasiones más. Ignoro si desde entonces este señor cambió su opinión o si en su realidad cotidiana era un hombre más complejo. En cualquier caso, Pinto es para los suyos un héroe. Sin lugar a duda, fue un hombre excepcional por ese espíritu de autenticidad, lucha e instinto de supervivencia: un personaje digno de las novelas existencialistas que curiosamente, coincidieron sus publicaciones con su juventud. Pero puedo aventurar que su autenticidad fue tan grande que le condujo al fanatismo, la venganza y la aventura permanente, sin ningún sentido real para sus ideales, por ser irrealizables y llevándolo tan solo al nivel de una realización personal. Una realización personal y un sentido del deber que ponía en riesgo las vidas de todos los que les rodeaban y permitiía sacrificar aquellas vidas que consideraba indignas. Con esto no cuestiono su autoridad moral. Fue hijo de su tiempo y lo vivió con el mayor dramatismo moral posible: otros optaron por el silencio, el exilio o sencillamente nunca les interesó la política. Lo que me parece mucho más dudoso es que esa autoridad siga siendo un referente válido para nuestros días. De nuestros ancestros, debemos respetar y ensalzar sus aciertos, pero también sus terribles errores para no cometerlos nosotros.

lunes, 27 de junio de 2011

LA INTELIGENCIA HUMANA: ¿CÓMO SE ENCIENDE LA BOMBILLA?

      Rompiendo mi costumbre, voy a hacer un texto un poco más académico de lo normal. Como al señor Despotrikator le gustó el tema de la creatividad y como yo estoy un poco harto de hablar de política, voy a echar mano de mis apuntes de clase y explicar algunas cosas que han quedado en meros enunciados en mensajes anteriores. Gira en torno a una lección del primer curso de bachillerato que es de las pocas en las que consigo que mis queridos alumnos dejen los bostezos y las miradas al infinito y se fijen un poco en mis palabras. El tema por el que consigo esto es la inteligencia, la creatividad y nuestra forma práctica de resolver problemas. El acercamiento del problema es casi enteramente desde la psicología, así que evitamos enfoques excesivamente teóricos, salvo en las conclusiones.

     Partamos de la definición. Con el paso del tiempo, "ser inteligente" ha ido distanciándose de ser culto, o ser capaz de resolver problemas y acertijos. El primero no tiene por qué pasar de una persona con una buena memoria, aunque tal vez con curiosidad, mientras que el segundo puede ser no mucho más que un experto ejercitado en determinadas tareas y aprendizajes que nos sorprende por nuestra propia ignorancia en el asunto tratado. Estos casos que decimos pueden ser acciones consecuentes de una persona inteligente, pero es tan solo una probabilidad: la inteligencia no tiene que ser la causante directa de esas actuaciones, y mucho menos la creatividad. Tampoco hay un único tipo de inteligencia, sino varias y muy diversas, y nos podemos encontrar con la paradoja de figuras geniales que brillan en determinados ámbitos de la vida y son completamente oscuros en otros.
    Una explicación esencialista nos llevaría a disertaciones neurológicas o filosóficas, y sin embargo eso nos conduciría más a explicar la base material del cerebro o una teoría del entendimiento. No nos explicarían cómo funciona esa capacidad humana. Al preguntarnos por la inteligencia la respuesta debe ser práctica: la inteligencia se entiende sobre todo como actividad, acción sobre un medio. Y la acción de razonar, ponderar o reflexionar sobre nuestras representaciones mentales (ideas) constituye el principal punto sobre el que apoya dicha actividad de la inteligencia. Esto es lo que se denomina en psicología un pensamiento dirigido: conjunto de actividades internas que son utilizadas siempre que intentamos solucionar un problema, comprobamos la verdad de una afirmación o ponderamos por ejemplo los costos y beneficios de una acción a largo plazo. Esta última es en concreto la definición de racionalidad que utiliza la teoría económica actual: con unos medios determinados, determinamos qué posibles vías pueden utilizarse para maximizar un fin, es decir, obtener el máximo de recursos.
        
        Los monos de Kohler: ¿creatividad o imitación?
       Todo esto implica en el ser humano un elemento creativo de entrada. Nosotros actuamos sobre un entorno de manera imaginativa, y no solo a partir de una educación recibida o por estímulos condicionados del exterior. Este es uno de los viejos caballos de batalla entre la escuela cognitivista y la psicología conductista. Una experiencia clásica sobre el tema la había investigado ya Kohler con las actividades de los monos y su forma de resolver problemas. Desde la famosa "casa amarilla" de Tenerife, los monos eran capaces de resolver problemas sencillos para obtener comida: eran capaces de manipular objetos y fabricar incluso herramientas sencillas para obtener plátanos que estaban más allá de su alcance. Según Kohler, esto mostraba el aprendizaje por “insight”, o visualización interna. En este aprendizaje, el hombre o animal resuelve situaciones determinadas a partir de una reconstrucción interna de los medios (unir unos palos) y los fines (obtener bananas) . Es decir, el mono era capaz de visualizar en su mente las posibles soluciones que iba discurriendo sin necesidad de un aprendizaje previo. El "alumbramiento" se daba de forma instantánea, como si repentinamente el mono hubiera dado con la solución y actuase de forma inmediata. Todo lo contrario del método por prueba y error y otros aprendizajes adquiridos.  
        Los conductistas rápidamente cuestionaron el experimento: en aquella misma época Thorndike estaba realizando experiencias con otros animales en los que se demostraba "problemas" resueltos por animales por el aprendizaje de prueba y error.  y se plantearon si los monos no habían desarrollado un tipo de aprendizaje muy importante entre los homínidos avanzados: el aprendizaje por imitación. Los monos tan solo habrían imitado el comportamiento de sus cuidadores, como nosotros hacemos en muchas ocasiones cuando alguien nos explica el funcionamiento de un programa de ordenador. La importancia de la capacidad para aprender mirando a otro es inversamente proporcional a la irrelevancia de nuestra inteligencia individual creadora.  
     El debate entre los que defienden un entendimiento más activo, basado en este insight, y otro más puramente pasivo, basado en el condicionamiento del aprendizaje y la memoria, es muy antiguo. Por lo menos se puede remontar al clásico enfrentamiento filosófico entre racionalistas y empiristas, de los que cognitivistas y conductistas son hijos remotos, y parece prolongarse hasta nuestros días. Sin embargo, y a efectos prácticos,  todos los psicólogos defienden la relevancia de ambas teorías para al menos entender el aprendizaje.

        ¿Cómo funciona la inteligencia?
       El pensamiento está orientado así hacia la resolución de problemas determinados. Una estrategia fundamental en esa resolución lo constituye el análisis de los medios y el fin: Cómo es posible, con los medios de los que dispongo ahora, llegar a alcanzar un fin determinado. Sin embargo, con esto no decimos demasiado; tenemos que dar una serie de pasos definidos, especialmente en problemas complejos:
       1. Ordenar la información y decisiones.
       2. Romper hábitos.
       3. Crear analogías.
       4. Orden inverso del problema.
       5. Reestructurar la información.

       1. Ordenar la información y las decisiones.
       Para resolver cosas necesitamos orden. En primer lugar, para resolver un problema, establecemos una organización jerárquica de actividades. Pensemos que queremos salir al baño. Eso implica dividir el problema en multitud de sub-problemas: ir al baño implica pedir permiso al profesor, si la respuesta es afirmativa, levantarse, caminar hasta la puerta, si la puerta está abierta, dirigirse al pasillo, abrir la otra puerta, levantar la tapa del water, etc... Pensemos que la lógica de cualquier programación de ordenador funciona también de esta forma. Esta manera de comportarnos nos permite movernos con rapidez en nuestra vida cotidiana, debido a que gracias a la costumbre tendemos a repetir comportamientos sin necesidad de ponerlos a prueba.
      Para este tipo de problemas importa mucho si el sujeto es un mero “aprendiz” de la situación o si se trata ya de un “experto”. En el caso anterior del baño, el novato se planteará cosas como: ¿Es la hora de ir al baño? ¿Se mosqueará el profesor? ¿Dónde está el baño exactamente? ¿Me estoy metiendo en el de chicas? ¿Cuánto tiempo se está en el baño? El “profesional”, en cambio, no se plantea este tipo de cuestiones, y actúa de forma automática (e incluso sabe cómo perder el tiempo en el baño, si se está aburriendo como una ostra en clase).

        2. Romper hábitos.
        Supongo que esto le habrá ocurrido a más de uno y en más de una ocasión: Estamos intentado durante un tiempo prolongado abrir una puerta, arrancar un programa de ordenador o ajustar un televisor. Nos desesperamos, pedimos ayuda a alguien, y esta persona nada más llegar soluciona el problema  y nos da una palmadita en la  espalda diciendo que no era tan complicado. ¿Será que somos burros y nuestro amigo un genio? Nada de eso, a pesar de que pueda parecer lo contrario.   
       En nuestra vida cotidiana nos enfrentamos a una infinita diversidad de pequeños problemas de los que prácticamente (al no ser que seamos novatos) ni si quiera tenemos conciencia de resolverlos. El dilema surge cuando a una situación problemática esperable, se le acompaña una variable inesperado o novedoso. En estos casos, los obstáculos para resolverlos se hacen son mayores, debido incluso a nuestra tendencia a dejarnos guiar por la costumbre. Ese hábito o costumbre, que en principio, puede ser bastante sensato, deja de ser eficaz cuando existe una variable nueva que no se adecua al problema. Entonces el sentido común se vuelve contra nosotros y se convierte en el principal obstáculo para resolver el problema: es por eso que en estos casos, el novato o principiante -el que no dispone de una tradición determinada- es capaz de resolver el problema al reiniciar el proceso de resolución sin contar con ninguna experiencia previa.
     Para explicar esto se han propuesto numerosos experimentos, uno de los más conocidos el que sigue a continuación.
                        El experimento de las jarras (Luchins, 1942)
Los participantes en este estudio tenían tres jarras A, B y C. Estas jarras tienen una capacidad de 21, 127 y 3 decímetros cúbicos, respectivamente. Los participantes tenían que usar los tres jarros para obtener mentalmente exactamente 100 dm de un pozo. El problema se resolvía siguiendo la regla (B – A)- 2C. Tras unos minutos, los participantes resolvían varios problemas del mismo tipo, siguiendo la misma lógica. Sin embargo tras repetir el proceso varias veces, se encontraron con un problema que demandaba una lógica distinta y mucho más sencilla. Tras haberse habituado a la lógica del anterior, no muchos experimentados fueron capaces de resolverlo.



       3. Descubrimiento de analogías.
      ¿Por qué ocurre que a veces encontramos la solución a un problema lejos del mismo? Un buen consejo que suele darse siempre a la hora de resolver un dilema es dejarlo reposar un tiempo y alejarse de él. Iniciamos otra actividad completamente distinta y de pronto ¡albricias! Se enciende la lucecita con la solución del problema que habíamos dejado de lado.
      La explicación a esto es sencilla: la cercanía de un problema no nos permite ver cómo pueden ser resueltos aplicando una metodología radicalmente distinta. Así, en muchas ocasiones, la forma de resolver problemas en ámbitos completamente opuestos puede ayudar para resolver otros aparentemente sin ninguna relación entre sí. Las analogías son fundamentales para la filosofía, el arte y la ciencia: parte de nuestra creatividad surge precisamente de establecer paralelismos entre ámbitos de la realidad completamente distintos

                        El dilema del tumor estomacal (Ducker, 1945)
Para justificar esto, se hicieron experimentos en el que se formaban dos grupos de personas. El problema para resolver era la cura de un tumor maligno a base de quimioterapia; pero los médicos advertían que los rayos dañaban los órganos cercanos si resultaba bastante potente y continuado. El primer grupo no recibió ninguna ayuda exterior y pocos alcanzaron la resolución del problema (10%). En cambio, al otro grupo se le sugirió la “pista” de una técnica militar: para conquistar una fortaleza, no hay que lanzarse al ataque concentrado en un solo punto, sino atacar por distintos flancos. Así, con esta nueva información, el grupo 2 consiguió alcanzar la respuesta. A través de la analogía con la fortaleza, ellos descubrieron que el método consiste en aplicar los rayos desde distintos ángulos en cada sesión, y no concentrado en un solo punto, así el daño era menor para los órganos y tejidos de alrededor.
  4. Orden inverso.
      Habitualmente resolvemos los problemas en una línea temporal determinada: proyectando desde el presente hacia el futuro. Esto que en el sentido común nos empuja a resolver multitud de problemas sin apenas pérdida de tiempo, también nos puede conducir a equivocaciones cuando el dilema demanda un sentido temporal inverso para alcanzar su solución.
                                                       
      El dilema del estanque y el nenúfar (Davidson,1983)
      Los nenúfares duplican la superficie ocupada cada 24 horas. En el primer día de verano existe un nenúfar en el lago. Son precisos 60 días para que todo el estanque esté cubierto de nenúfares. ¿En qué día ocupan la mitad?
      El orden normal de solucionar este problema nos conduciría a la idea de que es el día 30 (la mitad del tiempo). Sin embargo, la respuesta correcta sería el día 59, puesto que el  área se multiplica cada día, y es necesario que el día anterior a que esté completamente lleno ya esté a la mitad.     
     

      

      5. Reestructuración de la información.
      A veces, el proceso analógico no basta. Lo que necesitamos es hacer una reinterpretación radical del problema. En muchas ocasiones, tenemos que quebrar “barreras” o “límites” imaginarios que no aparecen en el enunciado de un problema, pero que nosotros, consciente o inconscientemente, damos por supuesto. Esta es la dinámica que tienen muchos acertijos, y la dificultad en la que se basan: existe información que hemos malinterpretado o que se nos ha pasado por alto.  

                                                                El problema de los nueve puntos.
        Este ejemplo fue estudiado con detenimiento desde la psicología de la gestalt entre otros. Así ocurre por ejemplo con el problema de los nueve puntos, expuesto al lado. Se nos pide que en cuatro líneas y sin levantar la mano, unamos todos los puntos. La dificultad consiste especialmente en que la inmensa mayoría de la gente intenta resolver el dilema dentro de los límites del cuadrado. Pero, ¿el cuadrado existe?  
Debido a que nuestra forma de percibir la realidad obedecen en buena medida a las leyes de pregnancia, nosotros percibimos los nueve puntos como un cuadrado, sin que en ningún momento el enunciado del problema nos diga que tengamos que respetar dicho cuadrado (que en la realidad extramental no existe, tan solo en nuestra representación interna). Este presupuesto nos induce a pensar que para hacer las líneas no debemos romper la figura hecha por los nueve puntos. Solo si lo superamos, podremos resolver el problema. Para este problema, se encontraron muy diversas soluciones: algunas de ellas pueden parecen absurdas o muy originales, pero logran resolver el problema cambiando el enfoque configurado del principio.

     Conclusión: el elemento creativo
      En resumidas cuentas, la resolución de problemas por discernimiento (o “insight”, como el caso del mono de Kohler) necesita los siguientes pasos:
      a) codificación selectiva (capacidad para descubrir qué información es relevante y cuál no)
      b) combinación selectiva (habilidad para combinar aspectos de información diferentes y aparentemente sin relación alguna entre sí),
     c) la comparación selectiva (o habilidad para descubrir una relación poco obvia entre la información nueva y antigua).
     Todos estos pasos anteriores están incluidos en esa palabra de significado complejo que es la creatividad, pero sin embargo lo que parece más llamativo es la forma en que esa creatividad aparece. Ese fenómeno nos dice que las intuiciones creativas aparecen en lugares insospechados o inesperados. De forma frecuente, un creador estaba trabajando de forma regular en un problema, pero con pocos progresos. A esto le sigue un periodo de reposo o de trabajo en otra actividad. Y es en esta actividad diferente en el que la intuición llega, y no en el lugar de trabajo habitual de los genios. Si reflexionamos un poco, las leyendas que nos dicen que Isaac Newton descubriera la gravedad porque una manzana cayó sobre su cabeza, o que Arquímedes descubriera su teorema para medir el volumen cuando estaba bañándose (y dijera “eureka”), no son descabelladas. Para explicar esto algunos psicólogos afirman que existe un “proceso de incubación”: el pensador continúa trabajando con el problema, pero de forma inconsciente, especialmente a la hora de encontrar nuevas analogías explicativas de una cosa. En cualquier caso, aquí nos adentramos en el campo de la suposición, en el que nuevamente conductistas y cognitivistas se tiran de los pelos...

BIBLIOGRAFÍA
GLEITMAN,H.,  FRIDLUNG, A., REISBERG, D., Psicología, Lisboa 2006.
APUNTES DE CLASE DEL TÍO TIBURCIO, sin editar, naturalmente.

lunes, 20 de junio de 2011

DEMOCRACIA A LA AMERICANA PARA LOS PACTOS EXTREMEÑOS

Los representantes extremeños de IU ante los medios. Al amigo
Víctor le tocó el momento más amargo cuando habló de la
decisión de abstenerse en la Asamblea y permitir el gobierno
del PP.
       Leo con curiosidad los comentarios sobre la abstención de IU en la investidura del nuevo presidente del PP de nuestra comunidad, y me llaman la atención la sorpresa, la crítica y censura de los dirigentes del partido que demandan incluso la exclusión para muchas de las militantes que han optado por permitir que un partido de derecha gobierne en Extremadura. Digo que es curioso, porque aquí hay dos formas de entender la democracia y el sistema de partidos, a mi parecer. La primera vendría a ser una democracia continental, europea: rígida, global, fuertemente ideológica, de obediencia al partido y con un núcleo de votantes fieles, y que es la que ha defendido el comité central de IU.  Frente a esta nos encontramos con una democracia más de tipo americano, más participativa, flexible y que sopesa los intereses locales y particulares que están dentro de las bases del partido, y en el que el voto del ciudadano es mucho más volátil. Las tensiones entre ambas formas de entender los partidos políticos ha llegado a su mayor dramatismo en la reunión de IU del fin de semana pasado en Mérida.
     Parece ser que esta última ha sido la visión de la gran mayoría de los participantes en el comité regional, que han dado más importancia a sus divergencias estratégicas con el otro partido de la izquierda y a los viejos rencores no olvidados de la última coalición, que a una unidad ideológica de la izquierda y a las demandas del comité central. Tampoco hay que olvidar, por otro lado, que el deseo de renovación para la administración pública extremeña late fuertemente entre muchos votantes de izquierda y de derecha, y que las diferencias ideológicas entre los dos grandes partidos no pesan tanto como este hecho. Muchos pueden pensar (entre los que yo me incluyo), que lo mejor que le puede suceder a Extremadura es un cambio en todas las redes políticas y clientelares  que están casi intactas desde el lejano 1983, año en el que el PSOE se hizo con el poder en las primeras elecciones autonómicas hasta nuestros días. Lo ideológico llegaría a jugar un papel más o menos secundario ante esta necesidad estructural de oxigenación burocrática y política. Pero esta perspectiva, para un partido que concede tanta importancia a la ideología como IU, debe ser muy minoritaria.  
La reforma sanitaria es aprobada en EEUU. A pesar de la euforia,
todos saben las fuertes concesiones que han tenido que
hacer para ganarse la mayoría del congreso.
     Ignoro, en definitiva, los motivos que han impulsado a los dirigentes de¨Izquierda Unida a no unirse en coalición con el PSOE, y casi diría que tampoco me interesan demasiado. Me interesan más esos dos modelos de democracia que hemos visto enfrentarse y que cuentan con ventajas e inconvenientes por igual. A un americano, republicano o demócrata, apenas le llamaría la atención el episodio extremeño. Los militantes de un partido tienen una elevada autonomía ensus decisiones políticas y los lazos que los vinculan con el aparato central del partido son débiles. Cada día y con cada ley que se vota en el Congreso hay que mover una compleja red de lobbies e intereses que puedan asegurarnos el apoyo de los congresistas de nuestro propio partido. La tortuosa aprobación de la reforma sanitaria de Barak Obama es un claro ejemplo de esto, cuando las resistencias no solo provenían del Partido Republicano sino de congresistas del lado demócrata que consideraban  la reforma inviable. Esto en Europa sería casi inconcebible: se entendería como una rebelión contra el propio partido y una traición a los votantes. Buena parte del electorado nacional de IU considera un auténtico disparate apoyar un gobierno del PP, y por mucho que le explicásemos el panorama extremeño para entender esta decisión, no dejarían de reprochar que se ha actuado con pocas miras y de manera egoísta frente a los intereses nacionales del partido.
      Y sin embargo, decisiones como la de IU en Extremadura quizás se hagan más frecuentes en nuestro país si la demanda de democracia interna continúa. Si a eso le añadimos una realidad geográfica cuasi federal, en el que el poder autonómico tiene un poder vertebrador similar al del estado central, las tensiones se repetirán. Estas peticiones de democracia interna no se han acallado, sino que han encontrado un nuevo eco en las propuestas del 15M. También hemos visto en ese movimiento las primeras sorpresas: la democracia interna de este movimiento se ha saldado con fracasos e inoperancia cuando deseaban alcanzar acuerdos unánimes y no excluyentes en sus asambleas. El consenso total no es posible sin  sacrificios individuales y bastaba un individuo para bloquear una propuesta indefinidamente.
      En definitiva, la democracia interna es deseable pero hay que medir mucho sus contrapartidas. Otra cosa es que los que defienden una mayor democratización de los partidos se hayan encontrado con escenarios políticos radicalmente opuestos a los que pensaban. Quizás creíamos ingenuamente que la famosa "voluntad general" de Rousseau se construiría ella sola y sin fricciones, y que no hacía falta un aparato burocrático autoritario para imponerla en las ocasiones más complejas. 

miércoles, 15 de junio de 2011

¿PARA QUÉ PENSAR? INTERNET YA LO HACE POR TI.

      La lucha contra el pensamiento pasivo.  
      Creo que no conozco ninguna época en la que no se ha cuestionado la educación de las humanidades y la filosofía como un saber inútil. Solemos mirar al pasado como una época mejor y añorada, y sabemos perfectamente que es tan solo una ilusión de nuestro pensamiento. Incluso las figuras populares y exitosas socialmente, desde Sócrates hasta Hegel no ocultan la realidad de que en su propia época eran discutidas y ridiculizadas y que su impacto era relativamente pequeño. Además en todo momento histórico, a cualquier inquietud filosófica siempre se ha alzado la posibilidad de una respuesta negativa y destructora, que corta de raíz su actividad.
     Habitualmente el pensamiento pasivo ha sido uno de los grandes escollos para superar: desde la vieja iglesia trentina y el partido único hasta la televisión y la cultura de la imagen, nunca han faltado sustitutos que ofrecen pensar por uno. Ese pensamiento pasivo se mantuvo más o menos a raya con el apogeo de la alta cultura y de la persona cultivada. Teníamos a determinadas personas como valiosas en sí mismas por la memoria colectiva que podían portar, y por su capacidad para procesar la información que disponían en sus mentes privilegiadas. Pero todo esto ha cambiado por Internet: una persona con habilidad en la red doblega a la antigua persona cultivada en cultura y capacidad de memoria.  Internet, en cuanto memoria colectiva de la humanidad a la que cada uno de nuestros cerebros tiene acceso, ha desbancado al sabio y al viejo humanista.   
       No sé dónde leí hace poco que según un lúcido académico, las humanidades se enfrentan a un reto mastodóntico: tienen que convencer a la sociedad que es necesario seguir estudiando humanidades, después de la revolución de Internet. Dicho de otra forma, y de cara al sistema educativo: ¿por qué vamos a estudiar la historia de la dictadura franquista, la teoría de la evolución, el pensamiento de Aristóteles o las obras de Oscar Wilde, cuando en un simple click tenemos monografías, obras completas y crónicas de todos y cada uno de los grandes de la Galaxia Guttemberg? ¿Cómo pueden evaluarnos personas que son incapaces de controlar toda la información de la red, y a la que es tan fácil colar un trabajo, una carta, un ensayo o un informe que está totalmente plagiado? Estos interrogantes se pueden llevar a todos los niveles educativos: desde la educación primaria hasta la universidad y de ahí, al mundo laboral.   

       Internet, tumba de la educación memotécnica.
       El problema no es nada fácil de resolver. La educación de humanidades ha sido hace muy poco, una cuestión de memotécnica. Se nos han evaluado y todavía evaluamos por contenidos aprendidos y repetidos como loros. Pero eso es agua pasada: llegan las TICs y todo es revolución. Se destierra la memoria como un método totalmente inútil, puesto que para derrochar esfuerzos en esas metas ya nos llega la memoria artificial de Internet y que suple todas nuestras necesidades. Y en el rechazo total a las virtudes memorísticas, acabamos concediendo importancia a las "competencias" y destrezas, maravilloso término que nadie es capaz de rellenar y evaluar de forma objetiva y que acaba premiando a quienes con un click son capaces de entrar en el terreno de la red y descargarse un trabajo, sin ni siquiera leer un miserable párrafo de lo que presenta al profesor. Con tamaño esfuerzo, el alumno habrá adquirido competencias en TICs y en la asignatura de turno.
      Muy posiblemente la capacidad de comprensión y de pensamiento crítico no se da ni en un sistema ni en otro. Si imaginásemos nuestra cabeza convertida en un piso por amueblar, con las técnicas memorísticas llenamos nuestra cabeza de muebles sin orden ni concierto, ponemos un lavabo en el salón y la lavadora en el despacho. Con Internet, las mantenemos en un vacío inmaculado, sin nada que hacer porque no tenemos material con el que trabajar: cuando llega algo vale para cualquier sitio: una radio o un teléfono no molesta en ningún lugar de la casa. La información que solemos tomar de Internet suele estar simplificada y repetida hasta la saciedad, como un trabajo extraido de la Wikipedia o del Rincón del Vago.

          La red, ¿escollo o estímulo a la creatividad?
        ¿La solución a la crisis de la educación memotécnica? Aquello que no aporta tanto Internet: la creatividad. Habitualmente, sacamos mucho más de lo que aportamos a la red. De hecho, si Internet ha supuesto en parte la democratización del arte, la crítica y el ensayo, en ciertos aspectos es el destructor sistemático de la creatividad humana, sobre todo aquella que se cree individual y con originalidad intrínseca. En cuanto algo llega a la red, se replica automáticamente o muere, como ilustraba Dawkins en su metáfora de los "memes": las ideas vertidas en la red se comportan como genes vivos cuyo única finalidad es la autorreplicación de la información que poseen y las mutaciones que supone esa continua replicación al infinito. Construir en Internet algo original resulta a todas luces una ilusión de los individuos, empezando por todas y cada una de las entradas de este blog, por ejemplo, que tienen sus réplicas en la red en infinidad de lugares y lenguas diferentes. 
       Pero este problema planteado se hace menor cuando de Internet extraemos una mera cultura de plagio. Si el creador ingenuo cuenta directamente con que Internet va a matar su originalidad (a veces por el mismo éxito de la idea), el espectador pasivo asume directamente ese asesinato y lo expande hasta límites insospechados. Consciente de que la originalidad y la creatividad han desaparecido, se convierte en mero repetidor, a lo sumo en investigador de perfiles adecuados en Internet para las demandas que provengan del exterior de la red. De hecho, ser un buen rastreador es una capacidad clave en nuestros días que no todo el mundo posee.   
        Y sin embargo, necesitamos la creatividad más que nunca fuera del mundo virtual. La sociedad de la información demanda no la mera acumulación de datos, sino su interpretación y su procesamiento. Somos meros lugares de paso en las autopistas de información, pero al mismo tiempo esa información es transformada por nuestra acción. Y el tópico se repite: ¿cómo podemos sustituir la mera memoria  o el plagio por la comprensión y la posterior creación?
      En primer lugar, hay que plantear que memoria y comprensión no están reñidas y que son complementarias. Necesitamos un mínimo cuadro de datos acumulados en nuestra memoria biológica, y no en la memoria colectiva y artificial de Internet. Si no existe una base en esa memoria biológica es muy difícil que después seamos capaces de discernir los datos relevantes y superficiales que nos ofrece la red. Y en segundo lugar, habría que introducir una amplia dosis de imaginación y creatividad en las aulas y premiar el desarrollo de esas facultades entre los alumnos. Desgraciadamente, no todos los profesores la poseen, no todos las que la tienen están en condiciones de ofrecerlas y  no todos los alumnos a los que llega esa creatividad están dispuestos a aceptarla. La comunidad educativa creativa se reduce de esa manera drásticamente.

        Construir creatividad fuera de la red.
Arquímedes, a punto de descubrir su teorema 
en el momento de tomar un baño.
       Pocos psicólogos se ofrecen a darnos una buena definición de creatividad. De hecho, la misma palabra rompe las paredes del concepto, genera rupturas. La creatividad en unas personas se desarrollará en unos aspectos y capacidades y en otros individuos en parcelas opuestas. Pero sí al menos, sabemos bien en qué lugares esa creatividad aparece: la bombilla que se enciende de repente no es tan  ajena al pensamiento creativo como parece.
       Toda la psicología cognitiva concuerda en que para hacer un trabajo creativo, deberíamos jugar con la capacidad de crear analogías, de moldear lenguajes y discursos y ser capaces de saltar de unos contextos de conocimiento a otros. En multitud de ocasiones, un problema irresoluble se vuelve sencillo cuando aportamos soluciones de campos completamente distintos.  Las metáforas y analogías no son meramente el recurso literario de la asignatura de lengua: las analogías permitieron hacer ver a Darwin una explicación diferente de la realidad biológica a la que tenian sus contemporáneos, a Wegener, intuir la teoría de la deriva continental, a Dawkins, inventar su propia teoría de la cultura, y así sucesivamente con casi todos los grandes científicos, filósofos, publicistas y artistas de toda la historia. 
        Esto nos obligaría a una interdisciplinariedad en la materia (lo que vamos a enseñar) y en la forma (la manera en que lo vamos a hacer) y una revolución en la evaluación. Algo que Internet, bien usado, permitiría hacer a las mil maravillas. La meta de todo esto: promover una comunidad educativa capaz de crear metáforas y analogías.Quizás esta meta sea una mera ilusión más, un sueño pedagógico inalcanzable. Si somos incapaces de ver la importancia de interpretar la realidad y nuestra capacidad para modificarla creativamente, Internet acabará sustituyendo a todos los profesores de nuestro sistema educativo por pantallas de diálogo vertiginoso e inabarcable como el que ofrece el universo de la red. 

martes, 7 de junio de 2011

CONTRADICCIONES CULTURALES DEL CAPITALISMO: EL FIN DEL CAPITALISMO CREATIVO


       Hace unos tres años, en los inicios de la crisis, Bill Gates lanzaba una chispeante conferencia en el foro de Davos sobre sus ideas del capitalismo creativo y de la responsabilidad social corporativa. En ellas demandaba una nueva consideración hacia los problemas de la justicia social, incluyendolos como una valiosa variable del márketing empresarial del que se podría, al mismo tiempo que solucionar parte del problema, dar un rendimiento publicitario excelente. A esta idea se agregaron después otros magnates con fortunas de dudosa legitimidad como George Soros o Warren Buffet y apostaron por regenerar el capitalismo, eliminar su nota más agresiva y ensalzar valores como la creatividad y la solidaridad.  
       Quizás Bill Gates creó tener una idea para el mundo empresarial tan innovadora como las que le habían dado el éxito con Microsoft. Lo cierto es que no está tan alejado de las viejas ideas filantrópicas del siglo XIX, y al mismo tiempo, atado a sus limitaciones. Inmediatamente después de estas fantásticas sugerencias, la crisis financiera golpea en primer lugar, antes que a cualquier otro, a las redes filantrópicas, públicas y privadas. La filantropía se estanca desde el 2008 y no aumenta, como desearía Bill Gates. Las ONGs destacan sus problemas de financiación precisamente cuando su labor se hace más necesaria. El primer recorte empresarial se produce sobre los costos de "externalidades" innecesarias en tiempos de crisis.
       La razón del hundimiento es hirientemente sencilla: el capitalismo filantrópico funcionaría razonablemente bien en un mundo sin las crisis económicas provocadas por el mismo capitalismo. Pero ese mundo, como bien sabemos, ya no existe. El espejismo se rompió y tardará en volver a darse por el desierto que transitamos.  Es un problema inherente al sistema, y que dificilmente pueden cambiar los individuos. Una red social inestable, basada en la competición entre los individuos, dificilmente puede generar otra con lazos de solidaridad sólidos y sobre todo, permanentes. Y nosotros, malpensados como de costumbre, tendemos a creer que una mente tan privilegiada como la de Bill Gates quizás pensó su charla del capitalismo creativo como una campaña publicitaria más, disuelta en el tiempo y destinada a conceder prestigio a su propia fundación filantrópica, no a refundar el capitalismo.

jueves, 2 de junio de 2011

EL DÍA QUE FRANCO DEJÓ DE SER DICTADOR...

En esta imagen, es evidente que Franco no levanta
la mano siguiendo el saludo fascista,
tan solo pide permiso al obispo para ir al baño a hacer
sus necesidades. Cualquier otra interpretación es
un atentado contra la objetividad histórica y una
demonización de las Izquierdas resentidas de este país.
Discutía el otro día con mi suegro la gran desgracia de ser una de las pocas democracias consolidadas que han sido incapaces de revisar críticamente su pasado y condenar los crímenes de la dictadura franquista. Quizás fue el resultado de una transición democrática totalmente consensuada, sin oposición y dirigida desde el poder establecido. Esa clase política  que actuó con la suficiente inteligencia como para permanecer en el establishment político durante decenios sin ser tocada ni cuestionada. Y todo ello con el beneplácito de una sociedad que no quería volver a encontrarse con su más oscuro pasado y que por otro lado, era pudiente clase media hija de los años dulces de la dictadura. Resultado de esto fue la amnistía de 1977, gran éxito en su momento, y narcótico a largo plazo de errores y crímenes que hoy les cuesta reconocer a la parte de la sociedad española que se siente implicada en el asunto. La consecuencia con el paso del tiempo ha sido el triunfo de la normalidad: aquí nunca ha pasado nada o lo que ha pasado ha sido tan terrible que no deseamos volver la vista atrás. "¿Qué ganaríamos con abrir las tumbas, con investigar la memoria olvidada?", nos preguntábamos muchos escépticos en la investigación de los crímenes franquistas. Pues bien, he aquí la respuesta que nunca pensé llegar a dar: nos tenemos que tragar la conclusión de la sacrosanta y decrépita Real Academia de la Historia según la cual, ¡Franco ni siquiera fue dictador! Y habría que continuar la osada afirmación: negando la dictadura, negamos la Transición, al igual que la democracia actual: tan solo hemos asistido a una paulatina liberación de un régimen autoritario en continuidad desde 1939. Muerto el perro, se acabó la rabia...

EL MAL DE LOS SANS-CULOTTES

         El 15M se reorganiza, pero ahora debe tener cuidado con eliminar los vicios que lastran muchos movimientos asamblearios: el creerse el ombligo moral del mundo, su epicentro ético. Y es que la superioridad moral que esgrimen sin decirlo conscientemente ni representa a todas las ideas ni a toda la sociedad. En democracia no hay verdades morales absolutas. Hay que reconocer que una parte importante de la sociedad española, aunque con un mismo sentir ante la crisis, no comparte sus opiniones, sus métodos ni sus propuestas.
         ¿No se puede hacer nada entonces? Yo no lo creo así. Con el 15M nos vienen a la cabeza los grandes movimientos sociales, desde Martin Luther King y su discurso ante la estatua de Lincoln hasta la primavera del mundo árabe de nuestros días. Todos ellos suponían una ruptura del estado del derecho en nombre de reivindicaciones morales innegables.  el 15M nació con la frescura de esos movimientos. Pero tampoco hay que pasar por alto los peligros. Las asambleas tienen un algo de club jacobino, de montañeses en plena Revolución Francesa: algo fascinante, porque significa la toma de conciencia política de una generación hasta ahora nihilista, pero que no oculta el hecho de que en un momento determinado no representan el sentir del "pueblo" ni de una "voluntad general", un elemento demasiado abstracto si no pasa por la estadística esterilizante del voto en las urnas.
        El trágico fracaso de los jacobinos estriba precisamente en su propio éxito: fue creerse precisamente el espíritu del pueblo lo que les permitió tener suficiente fe en sí mismos para imponer su autoridad frente a los movimientos contrarrevolucionarios y contra la coalición de países extranjeros. Sin jacobinos la revolución no habría sobrevivido y sus frutos tal vez se habrían perdido en la historia. Sin embargo nadie puede negar sus costes: la política que hacía un país entero dependía de los tejemanejes de un club de exhaltados fervorosamente demócratas, pero que llevó a una dictadura abierta. Aquella fe que movía montañas y destruía ejércitos enemigos les cegó y también les hizo creerse dueños últimos de la virtud, y esta no se comparte: o se tiene y se es un héroe o debe ser destruida en la guillotina. La caída de Robespierre marca el fin de las asambleas revolucionarias, también con guillotina por medio, pero de signo político distinto.
      Naturalmente aquí no vamos a llegar a las tragedias revolucionarias de hace un par de siglos, tan solo el peligro de desgaste de algo muy valioso. El mismo ascenso imparable que condujo al 15M al respeto de toda la sociedad española les puede llevar a caer en la indiferencia y su disolución no porque dejen de representar valores morales, sino porque aportan demasiadas directrices a seguir por una sociedad que no tiene por qué compartirlas ni admitir un paternalismo que para millones de votantes (naturalmente libertarios y conservadores), resulta insultante.     

domingo, 29 de mayo de 2011

THIN AND THICK



     Me permito citar a Michael Walzer para hacer referencia al reto al que se enfrenta las movilizaciones del 15M. La hora de las pancartas va pasando con rapidez: las movilizaciones no se pueden prolongar por eterno, y ya se han construido lemas que van a ser su inspiración directa, pero que no nos valen para fijar los puntos concretos de un programa. Llega el momento de negociaciones y consensos, como muy bien apuntaba maese Despotrikator en su propio blog para las asambleas de Badajoz. El problema fundamental está claro: si todos nos apuntamos a un slogan atractivo y actuan como símbolo de identidad -incluyen y movilizan a una gran masa-, sabemos que los puntos de un programa determinado tienen el efecto contrario: excluyen a la gente y rompen la movilización. Con cierta sorpresa leo las reivindicaciones de la asamblea de Cáceres: sorpresa porque tocan muchos puntos, demasiados. Yo estoy de acuerdo con casi todos ellos, pero intuyo que mucha gente no tiene por qué estarlo. Esa gente disconforme acabará preguntando qué representatividad tiene este colectivo, lo que llevará a una institucionalización del mismo para reivindicar muchas de esas medidas.    
     Esto no es nuevo: ya lo había definido magistralmente Michael Walzer con la revolución de terciopelo de Checoslovaquia y otros países de Europa del este. Detrás de los carteles de libertad, tolerancia y destrucción de las dictaduras comunistas, se asomaban grupos que muy poco después romperían el consenso y conducirían a la ruptura pacífica del mismo país. Es como él denominó la oposición de lo "delgado" (ética mínima) frente a lo "denso" (una ética máxima en la que quedan definidas todas nuestras credenciales morales). El 15M se ve abogado después de su éxito a dar ese paso: si no lo hace con cautela y sin renunciar a su amplitud de miras, quizás pueda romper el consenso logrado hasta ahora y su capacidad de llamada para ocasiones futuras. 

viernes, 27 de mayo de 2011

EL 15M Y EL SR. TIBURCIO





          Creo que cualquier comentario sobre las fotografías sobra. Hacía tiempo que no veía al señor Tiburcio, y cuando mostré las imágenes de la Puerta del Sol, su respuesta me dejó claro su sentimiento:
     - Nunca me he sentido más viejo. Durante toda mi juventud añoré este momento, sin saber muy bien por qué, como el que desea una promesa desconocida. Lo escrutaba en cada instante, en cada acontecimiento que ocurría y siempre lo veía en geografías lejanas o en tiempos remotos. Siempre más allá de fronteras inalcanzables. Al final me hice escéptico para vacunarme de todas estas esperanzas perdidas... Ahora ha pasado a mi lado, y lo he dejado escapar. Lo he mirado desde la barrera, y no creo que vuelva nunca más. Estas cosas no se repiten todos los días.    
      - ¡Vaya! Pensaba que usted no era revolucionario.
     - A mí la revolución me importa un rábano, a mí lo que me importaba era estar allí. Sentirme vivo, palpar el vértigo de la historia, marearme con ella y caer de bruces contra el suelo. Eso es lo que yo buscaba.  El ser mero espectador, el renunciar a hacer la historia y limitarte solo con verla o interpretarla, solo significa que esta vida se acaba, que renuncias a tu papel de protagonista.      
     - Pero don Tiburcio -le contesté mientras miraba su barba blanca- es que, con todos mis respetos, usted es tremendamente viejo. 
     - Vete tú a saber si quizás ya nací anciano.  

martes, 24 de mayo de 2011

LA DEBACLE DE LA SOCIALDEMOCRACIA

No estoy muy por la labor de aceptar las tesis de que el voto solo ha sido un castigo contra la gestión del presidente Zapatero. Esto confirmaría que el PSOE hubiera perdido todo el terreno electoral que ha hecho, pero no explica otras variables importantes que aparecen en las elecciones. Tradicionalmente, en estas situaciones de pérdidas de identidad e inconformismo con la clase política gobernante,  el voto de izquierda se refugiaba en partidos minoritarios, fundamentalmente Izquierda Unida. Sin embargo, el flujo de votos hacia esa fuerza no ha sido -a pesar de mejorar sus resultados- el que se esperaba. Aparte de surgir otro partido que tampoco representa ni a la derecha ni la izquierda tradicional -UPyD-, el pesimista malestar, el voto en blanco y el 15M reflejan una situación que apunta en otra dirección. Refleja el rechazo creciente a una política institucional desde la izquierda que se ve incapacitada para cumplir sus más básicas promesas. No solo hemos dejado de creer en el bipatidismo, sino también en la capacidad de otros partidos de izquierda para poder llevar a cabo su programa. Consecuencia: corremos el riesgo que la rica herencia socialdemócrata se convierta en una ideología fuera de las instituciones. Que tenga que manifestarse en la calle y en campamentos en las plazas públicas para alcanzar sus más básicas peticiones: empleo, vivienda, sanidad, educación y pensiones. Si un socialdemócrata de postguerra levantara la cabeza, creería estar soñando con semejante panorama. Y no un sueño dulce, sino una auténtica pesadilla. 

domingo, 22 de mayo de 2011

LA DEMOCRACIA DE ROUSSEAU

“Los ingleses se creen libres. Están terriblemente engañados. Son libres cuando eligen a los miembros del Parlamento; en cuanto éstos han sido elegidos, el electorado se esclaviza; no es nada”.

                                                                 J.J. ROUSSEAU
                                                    
 
 
       He aquí una cita de un autor incómodo de ideología incómoda con el poder establecido, y que en el día de hoy y  lo ocurrido desde el15M nos ayuda a entender muchas cosas. El señor Tiburcio, aunque sienta más afecto por el moderado y sensato Locke, no puede dejar de sentir un cosquilleo de emoción con la cita que abre paso a la democracia radical, esa "democracia real" de la que tanto se habla en nuestro país durante los últimos días. Lo que pasa es que no todos los días pueden ser tempestad, ni las plazas públicas serán el ágora eterna. Está por ver lo que pasará a partir de hoy, cuando Mr. Locke regrese a la arena política y tome  nota -o no- de lo dicho en estos fructíferos días de tormenta.

DÍA DE REFLEXIÓN

Un interesante mensaje en la plaza de Cáceres...

miércoles, 18 de mayo de 2011

REACCIONES

         Aquí describo la actitud de la clase política que el señor Tiburcio ha visto en los medios de comunicación y cómo ha evolucionado ante el 15M. La primera reacción en los primeros días, la arrogancia. Es la respuesta del que no quiere reconocer el problema porque no se siente amenazado. El siguiente paso es el paternalismo. Es la misma aversión disfrazada de compasión: estos pobres antisistema nada saben de la política profesional. La tercera fase es  la manipulación. Las conjuras aparecen como la causa de estos movimientos de pobres indignados, movidos por oscuros hilos conspirativos, y pasamos de ahí al descrédito absoluto. La cuarta está por verse: la esperanza para muchos está en el tópico panta rei, dejar pasar el tiempo y que se diluya con los resultados electorales. Millones de votos sepuntarán bajo tierra cualquier ausencia de legitimidad para los grandes partidos  y la mayoría silenciosa impondrá su sentencia sobre estos puñados de lunáticos atrevidos e idealistas.
La otra alternativa ni se menciona: que los problemas denunciados entren en la agenda política institucional. Ni qué decir tiene que así es como debería funcionar una democracia real, pero no creo que la clase política esté en condiciones de recibir semejante carga y… ganarse el sueldo, dicho sea de paso. Al fin y al cabo, no es la labor de los ciudadanos resolver los problemas, sino formularlos. Para intentar solucionarlos se paga a los políticos, y generosamente.