Cuando la autenticidad de uno mismo se viste de intransigencia hacia los demás, la verdad se vuelve una luz cegadora.

jueves, 2 de junio de 2011

EL MAL DE LOS SANS-CULOTTES

         El 15M se reorganiza, pero ahora debe tener cuidado con eliminar los vicios que lastran muchos movimientos asamblearios: el creerse el ombligo moral del mundo, su epicentro ético. Y es que la superioridad moral que esgrimen sin decirlo conscientemente ni representa a todas las ideas ni a toda la sociedad. En democracia no hay verdades morales absolutas. Hay que reconocer que una parte importante de la sociedad española, aunque con un mismo sentir ante la crisis, no comparte sus opiniones, sus métodos ni sus propuestas.
         ¿No se puede hacer nada entonces? Yo no lo creo así. Con el 15M nos vienen a la cabeza los grandes movimientos sociales, desde Martin Luther King y su discurso ante la estatua de Lincoln hasta la primavera del mundo árabe de nuestros días. Todos ellos suponían una ruptura del estado del derecho en nombre de reivindicaciones morales innegables.  el 15M nació con la frescura de esos movimientos. Pero tampoco hay que pasar por alto los peligros. Las asambleas tienen un algo de club jacobino, de montañeses en plena Revolución Francesa: algo fascinante, porque significa la toma de conciencia política de una generación hasta ahora nihilista, pero que no oculta el hecho de que en un momento determinado no representan el sentir del "pueblo" ni de una "voluntad general", un elemento demasiado abstracto si no pasa por la estadística esterilizante del voto en las urnas.
        El trágico fracaso de los jacobinos estriba precisamente en su propio éxito: fue creerse precisamente el espíritu del pueblo lo que les permitió tener suficiente fe en sí mismos para imponer su autoridad frente a los movimientos contrarrevolucionarios y contra la coalición de países extranjeros. Sin jacobinos la revolución no habría sobrevivido y sus frutos tal vez se habrían perdido en la historia. Sin embargo nadie puede negar sus costes: la política que hacía un país entero dependía de los tejemanejes de un club de exhaltados fervorosamente demócratas, pero que llevó a una dictadura abierta. Aquella fe que movía montañas y destruía ejércitos enemigos les cegó y también les hizo creerse dueños últimos de la virtud, y esta no se comparte: o se tiene y se es un héroe o debe ser destruida en la guillotina. La caída de Robespierre marca el fin de las asambleas revolucionarias, también con guillotina por medio, pero de signo político distinto.
      Naturalmente aquí no vamos a llegar a las tragedias revolucionarias de hace un par de siglos, tan solo el peligro de desgaste de algo muy valioso. El mismo ascenso imparable que condujo al 15M al respeto de toda la sociedad española les puede llevar a caer en la indiferencia y su disolución no porque dejen de representar valores morales, sino porque aportan demasiadas directrices a seguir por una sociedad que no tiene por qué compartirlas ni admitir un paternalismo que para millones de votantes (naturalmente libertarios y conservadores), resulta insultante.     

domingo, 29 de mayo de 2011

THIN AND THICK



     Me permito citar a Michael Walzer para hacer referencia al reto al que se enfrenta las movilizaciones del 15M. La hora de las pancartas va pasando con rapidez: las movilizaciones no se pueden prolongar por eterno, y ya se han construido lemas que van a ser su inspiración directa, pero que no nos valen para fijar los puntos concretos de un programa. Llega el momento de negociaciones y consensos, como muy bien apuntaba maese Despotrikator en su propio blog para las asambleas de Badajoz. El problema fundamental está claro: si todos nos apuntamos a un slogan atractivo y actuan como símbolo de identidad -incluyen y movilizan a una gran masa-, sabemos que los puntos de un programa determinado tienen el efecto contrario: excluyen a la gente y rompen la movilización. Con cierta sorpresa leo las reivindicaciones de la asamblea de Cáceres: sorpresa porque tocan muchos puntos, demasiados. Yo estoy de acuerdo con casi todos ellos, pero intuyo que mucha gente no tiene por qué estarlo. Esa gente disconforme acabará preguntando qué representatividad tiene este colectivo, lo que llevará a una institucionalización del mismo para reivindicar muchas de esas medidas.    
     Esto no es nuevo: ya lo había definido magistralmente Michael Walzer con la revolución de terciopelo de Checoslovaquia y otros países de Europa del este. Detrás de los carteles de libertad, tolerancia y destrucción de las dictaduras comunistas, se asomaban grupos que muy poco después romperían el consenso y conducirían a la ruptura pacífica del mismo país. Es como él denominó la oposición de lo "delgado" (ética mínima) frente a lo "denso" (una ética máxima en la que quedan definidas todas nuestras credenciales morales). El 15M se ve abogado después de su éxito a dar ese paso: si no lo hace con cautela y sin renunciar a su amplitud de miras, quizás pueda romper el consenso logrado hasta ahora y su capacidad de llamada para ocasiones futuras. 

viernes, 27 de mayo de 2011

EL 15M Y EL SR. TIBURCIO





          Creo que cualquier comentario sobre las fotografías sobra. Hacía tiempo que no veía al señor Tiburcio, y cuando mostré las imágenes de la Puerta del Sol, su respuesta me dejó claro su sentimiento:
     - Nunca me he sentido más viejo. Durante toda mi juventud añoré este momento, sin saber muy bien por qué, como el que desea una promesa desconocida. Lo escrutaba en cada instante, en cada acontecimiento que ocurría y siempre lo veía en geografías lejanas o en tiempos remotos. Siempre más allá de fronteras inalcanzables. Al final me hice escéptico para vacunarme de todas estas esperanzas perdidas... Ahora ha pasado a mi lado, y lo he dejado escapar. Lo he mirado desde la barrera, y no creo que vuelva nunca más. Estas cosas no se repiten todos los días.    
      - ¡Vaya! Pensaba que usted no era revolucionario.
     - A mí la revolución me importa un rábano, a mí lo que me importaba era estar allí. Sentirme vivo, palpar el vértigo de la historia, marearme con ella y caer de bruces contra el suelo. Eso es lo que yo buscaba.  El ser mero espectador, el renunciar a hacer la historia y limitarte solo con verla o interpretarla, solo significa que esta vida se acaba, que renuncias a tu papel de protagonista.      
     - Pero don Tiburcio -le contesté mientras miraba su barba blanca- es que, con todos mis respetos, usted es tremendamente viejo. 
     - Vete tú a saber si quizás ya nací anciano.  

martes, 24 de mayo de 2011

LA DEBACLE DE LA SOCIALDEMOCRACIA

No estoy muy por la labor de aceptar las tesis de que el voto solo ha sido un castigo contra la gestión del presidente Zapatero. Esto confirmaría que el PSOE hubiera perdido todo el terreno electoral que ha hecho, pero no explica otras variables importantes que aparecen en las elecciones. Tradicionalmente, en estas situaciones de pérdidas de identidad e inconformismo con la clase política gobernante,  el voto de izquierda se refugiaba en partidos minoritarios, fundamentalmente Izquierda Unida. Sin embargo, el flujo de votos hacia esa fuerza no ha sido -a pesar de mejorar sus resultados- el que se esperaba. Aparte de surgir otro partido que tampoco representa ni a la derecha ni la izquierda tradicional -UPyD-, el pesimista malestar, el voto en blanco y el 15M reflejan una situación que apunta en otra dirección. Refleja el rechazo creciente a una política institucional desde la izquierda que se ve incapacitada para cumplir sus más básicas promesas. No solo hemos dejado de creer en el bipatidismo, sino también en la capacidad de otros partidos de izquierda para poder llevar a cabo su programa. Consecuencia: corremos el riesgo que la rica herencia socialdemócrata se convierta en una ideología fuera de las instituciones. Que tenga que manifestarse en la calle y en campamentos en las plazas públicas para alcanzar sus más básicas peticiones: empleo, vivienda, sanidad, educación y pensiones. Si un socialdemócrata de postguerra levantara la cabeza, creería estar soñando con semejante panorama. Y no un sueño dulce, sino una auténtica pesadilla. 

domingo, 22 de mayo de 2011

LA DEMOCRACIA DE ROUSSEAU

“Los ingleses se creen libres. Están terriblemente engañados. Son libres cuando eligen a los miembros del Parlamento; en cuanto éstos han sido elegidos, el electorado se esclaviza; no es nada”.

                                                                 J.J. ROUSSEAU
                                                    
 
 
       He aquí una cita de un autor incómodo de ideología incómoda con el poder establecido, y que en el día de hoy y  lo ocurrido desde el15M nos ayuda a entender muchas cosas. El señor Tiburcio, aunque sienta más afecto por el moderado y sensato Locke, no puede dejar de sentir un cosquilleo de emoción con la cita que abre paso a la democracia radical, esa "democracia real" de la que tanto se habla en nuestro país durante los últimos días. Lo que pasa es que no todos los días pueden ser tempestad, ni las plazas públicas serán el ágora eterna. Está por ver lo que pasará a partir de hoy, cuando Mr. Locke regrese a la arena política y tome  nota -o no- de lo dicho en estos fructíferos días de tormenta.

DÍA DE REFLEXIÓN

Un interesante mensaje en la plaza de Cáceres...

miércoles, 18 de mayo de 2011

REACCIONES

         Aquí describo la actitud de la clase política que el señor Tiburcio ha visto en los medios de comunicación y cómo ha evolucionado ante el 15M. La primera reacción en los primeros días, la arrogancia. Es la respuesta del que no quiere reconocer el problema porque no se siente amenazado. El siguiente paso es el paternalismo. Es la misma aversión disfrazada de compasión: estos pobres antisistema nada saben de la política profesional. La tercera fase es  la manipulación. Las conjuras aparecen como la causa de estos movimientos de pobres indignados, movidos por oscuros hilos conspirativos, y pasamos de ahí al descrédito absoluto. La cuarta está por verse: la esperanza para muchos está en el tópico panta rei, dejar pasar el tiempo y que se diluya con los resultados electorales. Millones de votos sepuntarán bajo tierra cualquier ausencia de legitimidad para los grandes partidos  y la mayoría silenciosa impondrá su sentencia sobre estos puñados de lunáticos atrevidos e idealistas.
La otra alternativa ni se menciona: que los problemas denunciados entren en la agenda política institucional. Ni qué decir tiene que así es como debería funcionar una democracia real, pero no creo que la clase política esté en condiciones de recibir semejante carga y… ganarse el sueldo, dicho sea de paso. Al fin y al cabo, no es la labor de los ciudadanos resolver los problemas, sino formularlos. Para intentar solucionarlos se paga a los políticos, y generosamente.

lunes, 16 de mayo de 2011

UNA CITA DE ACTUALIDAD

"El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa."


                             Karl Marx y Friedrich Engels





Jamás creí que una cita de Marx volviera a tener una actualidad tan rabiosa como esta del Manifiesto Comunista. Y conste que lo digo sin ninguna alegría por mi parte, porque en nuestra ingenuidad creíamos haber enterrado bien esta frase en las profundidades de la historia. Pero lo cierto es que esta píldora que condensa buena parte de la teoría del materialismo histórico contiene también muchas de las críticas que subyacen a las manifestaciones del día 15. En primer lugar que el estado democrático ha dejado de ser independiente y se pliega a los intereses económicos mucho más fuertes a escala global. Segundo, que el estado ha dejado de representar los intereses de la sociedad civil. Tercero, que frente a la incapacidad de respuesta de esa sociedad civil, los intereses económicos sí parecen estar bien coordinados entre ellos. Y cuarto, y este es el más complejo y temible: que detrás de toda esta crítica puede reabrirse tímidamente la lucha de clases. Sin necesidad de ser un marxista recalcitrante, es difícil no estar de acuerdo con la vieja cita del Manifiesto. 

viernes, 13 de mayo de 2011

EL MUNDO FELIZ ESTÁ AQUÍ

Clones virtuales del conocido agente Smith.
        No creo que haya nadie que hoy lea los primeros capítulos del clásico libro de Un Mundo Feliz, sin sentir cierto estremecimiento y no reflexione un instante en qué medida aquella sociedad futurista descrita en 1930 por un visionario se parece a la de nuestros días. Las imágenes de Huxley sobre la manipulación genética o la clonación se han convertido en referentes básicos para obras de culto del cine, la literatura, el manga, y el mundo de la ciencia ficción en general. Durante mucho tiempo la ciencia ficción nos ha mostrado las caras más oscuras de la biotecnología. Ejércitos de clones en Star Wars, experimentos genéticos siniestros en Akira, rebelión del androide en Blade Runner o del clon en The Island… la lista se puede hacer interminable.
       Con cierta lógica, un autor denominaba a todo esto “clonoficciones”. Alertan a la sociedad sobre los elevados riesgos que suponen la biotecnología para la propia humanidad e imaginan apocalípticos escenarios donde imperan nuevos tipos de esclavitud humana basados en la reproducción y manipulación genética. A diferencia de lo que el imaginario colectivo puede suponer, este panorama es, aunque no imposible, bastante improbable. Imaginar un mundo de clones uniformados, como en Un Mundo Feliz o Star Wars, supone ignorar reglas básicas de la naturaleza. Adaptar la clonación como forma básica de reproducción sería el suicidio biológico del ser humano en escasas generaciones, al renunciar a la recombinación y variabilidad genética que permite la reproducción sexual. Crear clones para ser alimentados y utilizados en el periodo adulto, como en La Isla, supone ignorar los actuales avances científicos en el campo de las células madre, que hacen innecesario ese gasto de mantenimiento con los riesgos de una sublevación social.
      Los grandes riesgos de la biotecnología no aparecen a simple vista: se producen en el ámbito casi microscópico, a nivel celular y genético y no de fenotipos ya construidos. En laboratorios, eso sí, con científicos no siempre escrupulosos, pagados por intereses económicos privados, y sometidos por leyes restrictivas que en ocasiones no se aplican con suficiente firmeza. En esto las “clonoficciones” recrean escenarios posiblemente no tan alejados de la más dura realidad.

       Pero es lo primero, el ámbito micro, lo que hace los riesgos de la nueva tecnología más invisibles no solo a nuestros ojos biológicos, sino también a nuestras lentes culturales, acostumbrados al efectismo de las películas y a lo macro. Efectivamente, no es lo mismo trabajar con un cuerpo visible que con lo que eufemísticamente denominan las leyes europeas “preembriones”: un cigoto de catorce días, todavía no implantado en el útero, que está sometido a posibles divisiones, pero que tiene ya una programación genética perfecta y detallada de lo que va a ser el futuro ser humano: desde el color de sus ojos hasta su nivel de inteligencia o su futura propensión a la violencia o al afecto. Es en estos preembriones donde hoy en día se construye la ciencia ficción del siglo XX: selección genética, clonación “terapéutica” e investigación de células madre se producen en buena medida en esos primeros y ambiguos estadios de una vida humana. El debate ético entra con fuerza en todo este abanico de posibilidades científicas pero naturalmente, no con la fuerza que supondría imaginar como reales las “clonoficciones”. Y la razón es clara: ¿es el preembrión un ser humano, con toda la dignidad moral y protección legal que supone ese sustantivo? ¿O más bien se trata de un estado anterior, una materia animada, una mera acumulación celular con una valiosa carga genética apta para ser utilizada en aras del bien de la humanidad? La primera afirmación supondría cortar de raíz la biotecnología y renunciar al progreso de la medicina futura y la mejora de la vida de los hombres. La segunda supone asumir el riesgo de una tecnología que, efectivamente, puede llegar a convertir en realidad Un Mundo Feliz por la puerta de atrás. Y por donde nadie lo puede ver, por la manipulación de los diminutos cigotos humanos.
           Parece que la sociedad occidental ha optado por el riesgo: renunciar a la dignidad humana en sus estadios primarios y buscar el supuesto beneficio universal de la investigación científica. Falta por ver si en la primera renuncia, va también el renunciar a lo que Hans Jonas entendía como el “principio de responsabilidad”: el jugar con fuego sin llegar a quemarnos nosotros mismos. Pero eso no podremos escucharlo nunca con la viva voz de la experiencia. Lo juzgarán los libros de historia que se escriban en las siguientes generaciones. Y -quizás- hablarán ante el silencio cómplice de tumbas que ya no pueden enmendar los errores del pasado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

OTRA CHARLA DE BIOTECNOLOGÍA

Y aquí aparece la segunda charla que ofrecimos en nuestro colegio. Nos ha llevado un buen trabajo, tanto al señor Tiburcio como a mí,el esclarecer tantas posiciones y puntos de vista en una sola presentación.

domingo, 8 de mayo de 2011

OPORTUNIDAD PERDIDA

- ¿Qué piensa usted de Bin Laden, señor Tiburcio?
- Otra oportunidad perdida para demostrar la supuesta superioridad moral de occidente frente a otras culturas. Tan solo eso.

domingo, 1 de mayo de 2011

¿SE PUEDE PRESCINDIR DE SORTU?

      Esta es una pregunta que nos hacemos de una manera teórica, en el marco de una democracia bastante asentada ya y que no corre el riesgo de sufrir un revés irremediable a través de un golpe de estado o el ascenso de un partido político. Si una asociación de la sociedad civil pide una representación política, es de recibo que una democracia consolidada se lo conceda. No podemos dejarnos guiar por perjuicios, recelos o cortapisas por muy fundados que estos puedan ser. Como mínimo, hay que dejar a los jueces que tomen la decisión sin injerencias ni presiones políticas de por medio.
     Quizás muchos miembros de Sortu tengan la idea de la democracia española como una democracia capitalista, colonialista y opresora, y que la entrada en el juego político sea una pura estrategia para reforzar posturas terroristas en nombre del independentismo. Quizás existan muchas voces discrepantes en esa organización que cambian poco a poco esa posición dogmática y logran invertir esa veja tendencia (si una cosa nos enseña la historia es que los dogmatismos eternos también tienen fecha de caducidad). La inserción política va a hacer que esos debates internos se hagan más agudos: si se nos permite la expresión, con Sortu no inyectamos el terrorismo en la democracia, sino al contrario: inyectamos democracia en las venas resecas de un terrorismo cada vez más anacrónico. Dar cabida a voces discrepantes se convierte en una obligación moral, si no queremos que nuestro sistema político se convierta en una democracia vigilada. Las razones que podemos dar son varias:
     En primer lugar, una democracia vigilada (donde los censores imponen quién debe actuar y quién no en la esfera política) solo podría darse en condiciones muy especiales, pero no precisamente en el momento actual en el que un problema político como la violencia nacionalista tiende a su paulatina desactivación. No estamos en la república de Weimar con un partido nazi a punto de abolir el estado de derecho ni tampoco somos la España de la Transición en las que los riesgos de golpes militares eran inminentes. Es más: la creencia de que nuestra democracia está vigilada no hace sino retroalimentar la voz de los que se creen oprimidos.
Una manifestación del País Vasco en los últimos días.
Fuente: Gara
    En segundo lugar, existen resortes legales para dar marcha atrás, si la ley de partidos y asociaciones políticas deja de ser cumplida o si se demuestra uno de los mayores miedos, que Sortu se convierta en fuente de financiación para el terrorismo. Es precisamente por esto que nuestra democracia debe ser generosa: sabe defenderse perfectamente ella misma sin necesidad de censores ni salvadores.
     En tercer lugar, no deja de ser sospechoso que aquellos que con más afán se oponen a la ilegalización, hayan sido herederos directos de una generación política colaboracionista e integrada en el anterior régimen franquista y que todavía en el día de hoy sean incapaces de hacer un manifiesto condenatorio de dicha dictadura. Por otras razones podríamos plantear la exclusión de la esfera política de todos aquellos políticos y dirigentes que tengan abiertas causas con la justicia o estén imputados en temas de corrupción. La legitimidad moral de todos ellos para hablar abiertamente sobre el tema nos parece más bien escasa.
    Siguiendo a lo anterior, tendríamos que indagar en todo tipo de intereses que convergen en muchos partidos políticos para mantener la ilegalización de un partido radical. Los grandes partidos van a encontrar una demagogia electoralista excelente en su propia lucha por el poder, los partidos nacionalistas más moderados un granero de votos del que no quieren prescindir. Siempre somos capaces de ver los intereses ocultos de nuestros enemigos, pero nunca de asumir críticamente los propios. 
    Y por último, mantener fuera de las fronteras democráticas a una opinión determinada, por arriesgada que ella sea, no nos permite conocer la magnitud del problema, su fuerza social o su número de votos. ¿Estamos hablando de un decreciente puñado de votos o de una creciente fuerza social? Mientras no tengamos un resultado en las urnas ni en la sociedad civil, no sabremos la respuesta.
   Con todo lo dicho, alguien podría pensar si el que escribe es simpatizante del nacionalismo. No solo rechazo un nacionalismo intransigente: tiendo a considerar más bien que todo nacionalismo es un residuo identitario que está haciendo a toda Europa perder el último tren en la historia. Pero esto es una opinión, y una mera opinión no me permite excluir a partidos políticos ni otras opiniones, por equivocadas que pueda creer que están. En los últimos años se ha controlado al nacionalismo violento con las armas. Pero eso, contra lo que muchos creen,  no conduce a una derrota ni una victoria definitiva. La derrota solo se conseguirá cuando las urnas suplanten las pistolas, o como decía el orador romano, "la toga se imponga a las armas".

miércoles, 27 de abril de 2011

PORTUGAL: ¿BUSCANDO UN NUEVO SALAZAR?

      Portugal está a punto de convertir su crisis de la deuda en un símbolo de su identidad cultural, tan importante como el fado, el rey Sebastián o el Cé Povinho. Con un déficit revisado al alza superior al 9% y una economía estancada en tiempo pasado, presente y futuro -el FMI pronostica que Portugal sea el país que menos crezca del mundo en los próximos cuatro años-, el horizonte no resulta nada halagüeño para nuestro vecino (con todo lo que ello conlleva para el nuestro).
      Y es que uno ya no sabe si el déficit portugués es una situación anormal o algo intrínseco a su propia dinámica histórica. La primera vez que The Economist comentó que "Portugal vive por encima de sus posibilidades" fue en 1892, en la época del ultimatum inglés  y en el momento en el que el país inició una escalada en la deuda nacional que condujo a la bancarrota total después de la I Guerra Mundial, el colapso de la I República y la llegada de los militares al poder en el golpe del general Carmona de 1926.
      Es interesante explicar aquí qué ocurrió en esa coyuntura. En semejante colapso económico la élite política de la época renunció a su compromiso con el país y el proyecto de estado liberal se desplomó sin que demasiados fueran a socorrerlo. En su lugar dejaron la vía libre a los militares y como estos tampoco supieron qué hacer con el país después de lanzar unas cuantas proclamas patrióticas, llamaron a los "técnicos".  Y aquí entra en la historia el conocido en Portugal como "o mago das finanzas" Antonio Oliveira de Salazar. Profesor de economía en la universidad de Coimbra, Salazar rechaza el cargo en un primer momento: no ve seriedad en la gestión que le autorizan a hacer. Solo cuando las peticiones de nuevos préstamos extranjeros fracasan y la clase política acata sus exigencias de control del gasto, Salazar retoma el poder e impone una austeridad presupuestaria sin precedentes en el país, consiguiendo un superávit en un plazo de tres años. El superávit, además, apaciguó los intereses de la deuda y restableció el flujo de crédito público y privado: un sueño que comparten hoy en día todos nuestros dirigentes PIGS.

      Si la historia hubiera quedado ahí, Salazar habría sido aclamado como el más brillante de todos los políticos portugueses. Todavía en mis tiempos de niño, mi abuelo gallego me hablaba de Salazar como un auténtico salvador de la patria portuguesa y como un modelo a imitar para los españoles. Los sacrificios, naturalmente, corrieron a cuenta del pueblo portugués: Salazar no quería enfrentamientos con las viejas élites preliberales del país, a las que pertenecía. Los costes salariales se redujeron drásticamente, los sindicatos se ilegalizaron y jornada laboral llegó incluso a incrementarse en los primeros años del gobierno salazarista.

       La historia continúa. Con semejante proeza el técnico Salazar -siempre dijo que él era un profesor universitario, no un político- se hace con el poder del país, e impone una gestión autoritaria, eliminando lo que él consideraba "estorbos políticos": las libertades individuales y la negación de la lucha de clases. Con el Estado Novo de 1933 se inicia la consolidación legal de la dictadura más larga de la historia de toda Europa, con casi medio siglo en el poder (1926-1974). El técnico saca su propia identidad política y construye un estado corporativista, conservador y con delirios imperialistas en plena descolonización. Los éxitos que pudo tener su gobierno -la neutralidad en la guerra mundial  o el desarrollismo de los últimos años-, no hacen olvidar su paulatino aislamiento internacional, la creciente represión interna, la incipiente guerra colonial, la desigualdad regional y la tasa de analfabetismo más alta de Europa occidental.

      Si quieren escuchar la moraleja del cuento, creo que es bastante clara. Cuando la clase política renuncia a gobernar, como parece que ha hecho Sócrates y otras fuerzas políticas, el ceder el paso a los técnicos implica renunciar también a la misma democracia y sobre todo a un reparto justo de los costes económicos dentro de la sociedad. Los "técnicos" solo se atienen a un árbitro, los mercados financieros. Ellos no tienen ni rostro ni estómago. No dependen de clientelas políticas ni molestos votantes rencorosos. Afortunadamente, es difícil que regresen los tiempos del político Salazar. Pero el deseo por parte de muchas personas de que un segundo "profesor" retorne a la política confirma que el ajuste será muy duro y que lo pagarán, muy posiblemente, el escalón más débil de la sociedad PIGS.


Antonio Oliveira de Salazar: un político con un ambiguo legado histórico para Portugal. En el 2007 saltó la polémica cuando la RTP en su programa  Os grandes portugueses preguntó por el portugués más influyente de la historia del país. Salazar ganó con un 40% de los votos frente al segundo clasificado, el dirigente comunista Alvaro Cunhal con un 19%.

miércoles, 20 de abril de 2011

EL SILENCIO SEGÚN TIBURCIO

El silencio en la filosofía: hacemos de un
 buen método una mala conclusión
a nuestras pesquisas.
      ¿Es el silencio distintivo del sabio o del cobarde? – se pregunta Tiburcio - El silencio voluntario, se comprende, no el amordazamiento. Se ha entendido habitualmente al silencio como una actitud inteligente, el reconocimiento de no saber algo, la humildad socrática que acompaña a todo aquel que es consciente de su ignorancia. El silencio fue magnificado por los estoicos, que defendían que había que escuchar más que hablar, en relación con el número de orejas y bocas que tiene el ser humano. La actitud callada fue distintivo de ascetas y monjes de muy distintas religiones para forjar una relación auténtica con Dios: sin silencio no hay meditación. Después de siglos de excesivo parloteo filosófico, el silencio fue magnificado por los dos gigantes de la filosofía del pasado siglo: Wittgenstein y Heidegger, cada uno a su forma y por distintas razones. El escéptico, en fin, concluye Tiburcio, se decanta por el silencio como la mejor respuesta filosófica
       Pero cuando el silencio no nos permite actuar por miedo a la equivocación, por prudencia ante el exceso de información, acaba convirtiéndose en pasividad. El silencio, la abstención de juicio, el prejuicio liberal y postmoderno a favor de la neutralidad se convierte entonces en complicidad, en jugada perfecta de quienes buscan mantener intereses callados pero manifiestos. El silencio se hace ley por acuerdo de todas las partes y no hace falta autoridad alguna para imponer sentencia alguna. Se convierte en la más sutil de las dictaduras, porque deja al que se atreve a hablar en una soledad absoluta que suena casi a carcelaria...
      - Al menos aquí, el silencio se rompe cuando el Real Madrid gana un título, digo yo para contrarrestar tanto pensamiento oscuro.
      - Y para colmo, ahí tampoco puedo decir nada, porque soy del Barcelona.
      - El silencio es el reconocimiento de la derrota, entonces...
      El señor Tiburcio resopla y se queda mirando al infinito.
      - Ojalá todas las derrotas fueran como esa.

sábado, 16 de abril de 2011

TELEFÓNICA: ALGO NO VA BIEN

El empresariado: un príncipe convertido en rana que espera
el beso de  la princesa Estado para recobrar su encanto
(por cierto que esta pobre rana cacereña no tiene culpas en la metáfora).
        Hablemos de una idea que se fue fraguando desde los lejanos ochenta por la derecha ideológica y que hasta hoy se sigue vendiendo con éxito por tertulianos radiofónicos: la receta económica perfecta para la prosperidad es dejar terreno libre a los empresarios. El empresario aparte de ser sinónimo de innovación y riesgo, también lo es de creación de empleo y riqueza. Esto último se explica con la sencilla razón de que el empresario, en la búsqueda de su propio beneficio egoísta, también busca necesariamente el bien de su empresa, y la empresa la formamos todos, desde el ejecutivo que gestiona las más importantes órdenes hasta la limpiadora de la noche. Incluso si la fórmula no llega a cumplirse y el empresario acumula plusvalías inmensas a costa de sus pobres trabajadores, este error se enmienda con rapidez. Este mismo empresario que gana toneladas de dinero, lo va a gastar tarde o temprano, repartiendo su propia riqueza y haciendo caer las migajas sobre las clases más desfavorecidas de la población. Oh grandioso Dios del Mercado, que incluso moviéndote por el egoísmo humano, das pan a todos tus hijos, terminaría la oración liberal.
       Desde Thatcher y Reagan a los políticos actuales se ha pregonado esta idea sencilla y convincente hasta la saciedad, tanto a la izquierda como a la derecha. Rajoy, en una de sus escasas recomendaciones sobre economía, dejaba claro que lo que había que hacer era liberar trabas del estado y dejar que la sociedad civil empezara a crear empleo. Con "sociedad civil" es evidente que Rajoy vincula esa palabra eufemística al empresariado, menudo, mediano y monstruoso: los demás colectivos son irrelevantes o estorban, desde sindicatos hasta ONGs.
.
      Y ahora, hete aquí que esta ecuación milagrosa se rompe, al menos en lo que al empresario monstruoso se refiere. La transnacional Telefónica, al tiempo que anuncia unos beneficios desorbitantes y un asombroso reparto de dividendos para estos años de vacas flacas, informa a su vez que va a reestructurar su plantilla y mandar al paro ni más ni a menos que una quinta parte de sus empleados en España. Sorpresa general, indignación del gobierno y acusaciones de inmoralidad sobre esta decisión.  ¿Qué es lo que ha pasado aquí para que la ecuación mágica haya dejado de funcionar? Sencillamente dos cosas: a) la empresa ha dejado de tener una base y mercado nacional y b) al ejecutivo y accionista que maneja la empresa le importa un comino el bienestar de sus empleados.
      Lo primero significa que apellidar a Telefónica como "española" es un fraude. Pudo ser española cuando era estatal o cuando su principal mercado estaba en nuestro propio país. Ahora se acoge a ese selecto grupo de empresas que trabajan sobre una red a escala mundial, que deslocalizan su producción y mercados y juegan con los países como peones sobre un tablero de ajedrez. España se ha convertido, por tanto, en un mercado más y no precisamente el más importante. En esta lógica fría es por tanto justo pedirle sacrificios a sus trabajadores cuando se trata de obtener el máximo rendimiento para seguir en la brecha mundial.  
     Y lo segundo cae de cajón: cuando los accionistas -muchos españoles- reciban primas y bonos por la tasa de beneficios obtenidas, no se les ocurrirá mirar en aras del interés de la empresa en general (de su capital en bolsa sí, pero no del grupo humano que hay detrás de esos números cambiantes). Quizás esto acabe siendo lo más inmoral del asunto, pero nadie les podrá echar nada en cara. El mercado borra toda sombra de culpas. Podrían haber esperado a hacer el recorte laboral para cuando la recuperación se apuntalara en el país, o incluso (en un idealismo ingenuo) podrían haber prescindido de parte de sus bonos y plusvalías, pero han decidido no hacerlo. El mercado financiero además les recompensará con su decisión: aumentarán ceros en los números de la compañía y en los de su propia cuenta bancaria, naturalmente. Con semejantes empresarios, uno se pregunta quién acabará creando empleo en este desgraciado país...

lunes, 11 de abril de 2011

SOBRE CROISSANTS Y ZUMOS DE NARANJA.


       Nuestro país es especialista en la crítica inconsecuente,  o eso que decían en la antiguedad de la paja en el ojo ajeno y la viga el propio. La última de una larga lista de agravios despilfarradores ha sido la de los vuelos en clase de primera de nuestros eurodiputados. Criticamos los sueldos y privilegios de nuestros dirigentes políticos como abusivos, los tildamos de incompetentes, caraduras y despilfarradores (nada suele decirse de las primas de los grandes ejecutivos, amparados en las ganancias del sacrosanto mercado). Parecería que al hacer estas duras acusaciones, al menos podríamos considerar a los hipercríticos como campeones de la productividad y el ahorro, pero me temo que desgraciadamente no es así. 
.
     Para comprobar esta última afirmación ruego ahora, si alguno de los lectores habituales es un trabajador en el sector público o vinculado con él (los ejecutivos de una empresa privada no creo que nunca lean un blog como este), que se acuerden de un último acto en el que las arcas públicas se gastaron un dinero no siempre demasiado productivo. Yo sí recuerdo uno: un curso de bibliotecas escolares que tuve la oportunidad de asistir a mediados de curso. Entre conferencia y conferencia nos ofrecieron un generoso aperitivo de esas ricas tapas en las que no faltaba de nada, acompañado de zumo de naranja o café, al gusto del consumidor. Después creo que a la hora del almuerzo había otro pincho, pero yo decidí marchar para casa. Entre aquel ambiente distendido, lo curioso de todo era encontrar algún señor despotricando contra el gobierno mientras sosegaba su atormentado espíritu a base de croissants variados y sorbos de café. Alguien lo escuchaba atentamente pero decidió cortar por lo sano diciendo: "¿Y usted no cree que lo que estamos viendo aquí no es derroche? Si tanto quiere usted ahorrar, páguenos el café, por favor". El hombre ofendido contestó con un gruñido y siguió comiendo en silencio. La inercia al derroche ha estado tan extendida en nuestro administración pública, que multitud de gestos y pequeños caprichos como este siguen viendose casi normales, aunque hay que decir que la ética del ahorro está empezando a calar. Y llegamos al eterno defecto de la clase media de cualquier país: cuando se trata de privilegios, consideramos que solo los disfrutan los de arriba, y nosotros somos solo los eternos currantes que levantan el país cada mañana con el sonido de nuestros despertadores. La clase baja, naturalmente, no cuenta en este cómputo egoísta.
.
      Una posible forma eficaz de acabar con esto es cortando los derroches desde arriba. El impacto económico de la corrupción es relativamente pequeño en términos absolutos. Su impacto moral, aplastante. Si nuestro jefe es un aprovechado, no tenemos razón alguna para dejar de serlo nosotros. La autoridad, si no es ejemplarizante ella misma, deja de ser legítima. Ese es quizás el mayor daño que hacen nuestros dirigentes políticos, y no solo las sumas de dinero que se dejan ellos en dietas y demás gastos. Nosotros hemos hecho lo mismo durante mucho tiempo, con el agravante que ellos son un puñado (gastan mucho, pero son pocos) y nosotros legión (gastamos poco pero somos muchos).  
      Y sin embargo, toda esta ética ejemplar del ahorro me temo que acabará mal. Cuando al señor de clase media les quiten los pequeños croissants de sus cursos de formación, porque los eurodiputados han dejado de volar en clase de primera, pasará a quejarse de que a los parados se les sigue dando un subsidio de desempleo sin producir nada, y abogará por suprimir los programas sociales. Así somos de especiales y de ciegos muchos de la clase media.  

jueves, 7 de abril de 2011

UNA RESPUESTA A HESSEL


            - ¡Indignaos! - Grita el viejo luchador de más de noventa años al mundo.
       - ¿Para qué? - responde con desenfado un alumno de bachillerato de apenas diecisiete al escucharlo.
       El hecho de que muchos idealistas en la historia hayan sido jóvenes, no quiere decir que la juventud sea por naturaleza idealista. Más bien ocurre lo contrario, sostiene Tiburcio: es fácil escupir a un joven a la cara y que él no se quiera dar por aludido.

lunes, 4 de abril de 2011

¿PODREMOS ENTERRAR A HUNTINGTON ALGÚN DÍA?

      
     Con todo lo que está cayendo en el mundo musulmán podríamos pensar si este temible enemigo de la postguerra fría no ha sido fruto de nuestra invención en las últimas décadas. El mismo error de cálculo que pudimos tener con los malignos bolcheviques hasta el año 89, nos puede estar ocurriendo ahora con estos países árabes en efervescencia. En efecto, si hasta entonces pensábamos que todos los rusos eran bolcheviques convencidos, todavía en 2011 pensamos que los árabes siguen siendo un atajo de fundamentalistas sin posibilidad de distinción. Y eso que polémicas aún no faltan: basta que un pastor fundamentalista queme un Corán para que la respuesta en el mundo islámico sea fulgurante. Y sin embargo, hemos dejado de considerar el mundo árabe como un ente unido y siempre dispuesto a una Guerra Santa.

       De ser esta visión cierta, parte de la culpa intelectual indudablemente la tiene el libro de Samuel Huntington, El Choque de Civilizaciones, que apareció hace quince años y que se convirtiría en una auténtica biblia para los conservadores bienpensantes de medio mundo (el occidental, claro está). Aunque aparecido en pleno auge del multiculturalismo (pensemos que el también influyente libro de Kymlicka, Ciudadanía multicultural, apareció solo un año antes), la psicosis colectiva y la cadena de atentados que siguieron al 11-S catapultaron las tesis de Huntington hasta niveles estratosféricos. La administración Bush lo convertiría en eje de su política exterior y tanta influencia ha tenido hasta nuestros días que nos ha dejado ciegos e incapaces de advertir el nuevo orden de cosas que nos brinda la historia a la vuelta de la esquina. En su obra, Samuel Huntington nos ofrecía unos curiosos mapas de civilizaciones nítidamente marcados, con zonas de contacto, de influencia mutua y de crisis permanentes, pero que de una manera o de otra reflejaba una visión de las culturas humanas como algo estático, eterno e inmutable. Se trataba como si Huntington, en lugar de hacer una geografía humana, estuviera hablando del mismísimo mundo de las ideas de Platón. Desde su amplio torrente de referencias bibliográficas e históricas, nos daba la sensación que las líneas comprendidas entre unas culturas y otras eran tan nítidas como el color de la piel, y tan firmes como la herencia genética. Que es un error tratar la cultura humana de esta forma es algo que la antropología académica lleva luchando desde hace más de un siglo, pero la antropología no encuentra adalides dentro de la política que permitan un público extenso.  La razón de esto es bastante sencilla: el choque de civilizaciones, al igual que el conflicto ideológico de la Guerra Fría,  era una situación cómoda, en el que politólogos e ideólogos de distinto signo podían trazar sin ningún problema las lineas a seguir a nivel de política institucional. Al mismo tiempo permitía encontrar un enemigo externo al que apuntar con el dedo ante problemas internos tan graves como la misma incapacidad de los estados occidentales para asumir la inmigración.  
         Pero la realidad siempre es más compleja de lo que aparenta en el mundo académico. Nuestros conceptos son huecos y los mapas mentales que creíamos seguros se tambalean y se hace obsoletos en cuestión de pocos años. No entraba en el cálculo de esta teoría que las culturas son permanentemente mutables, cambiantes, simbióticas. En el momento en el que justamente enterramos el multiculturalismo, nos damos cuenta que el adversario político que queda en pie  también está a punto de fracasar. ¿Acaso la imagen verdadera o ficticia del próspero occidente ha sido otra vez tan atrayente que ni siquiera nos hemos dado cuenta de ello, como ocurrió en la guerra fría? ¿Va a ser esta una nueva oleada modernizadora que borre fronteras culturales y las haga más homogéneas? Me da en la nariz que las rebeliones en el mundo árabe hacen más daño al fundamentalismo que a los valores occidentales, o que al menos estos últimos tienen más flexibilidad para asumir estos nuevos retos que el retorno a la tradición.   

domingo, 3 de abril de 2011

ESTRENAR PLAZA MAYOR


La nueva plaza, en estilo minimalista y apta para grandes multitudes. 
Me gusta bastante más que la anterior...

        Como si se tratara de alguna película ibérica del Berlanga, los cacereños ibamos con curiosidad a "conocer" la nueva Plaza Mayor que la gestión municipal nos ha dejado en este último año, abriéndola convenientemente antes de las elecciones, claro está. La abierta explanada me traía algún recuerdo de la niñez de cuando el aparacamiento de coches estaba libre con motivo de alguna fiesta. Entonces podíamos ver -con ojos de niño- una enorme plaza rectángular y en pendiente que nos parecía casi infinita y que naturalmente, era la más grande del mundo conocido. Pero ese dulce recuerdo de niño se disipa al instante y es sustituida por cierta amarga reflexión. ¿Para esto la plaza ha estado cerrada tanto tiempo y las arcas municipales (de la Unión Europea, subraya Carlos) se han dejado un buen dinero? Ignoro las posibles obras que se han podido hacer en los subsuelos de la plaza, su  necesidad y su importancia. La apariencia exterior sin embargo deja una abierta sensación de despilfarro en tiempos de crisis. En realidad, la plaza me traía a la mente la vieja idea del economista Keynes, "para salir de la crisis, hay que hacer agujeros y luego cerrarlos", y parece que la alcaldesa se lo ha tomado al pie de la letra. Pero claro, en una ciudad donde el patrimonio cultural es ingente y da la sensación -a los ojos del profano- que todavía queda mucho por hacer para restaurar y mejorar en la gestión de dicho patrimonio, este abrir y cerrar agujeros resulta algo irracional. Y cuando una grave crisis económica pone bajo lupa cualquier gasto inútil y superficial, la inercia constructora se hace hirente. Pero claro, la plaza vende. La pisamos todos los cacereños, y aparece la engañosa sensación de que nos regalan algo novedoso y siempre mejor que el desfasado modelo anterior. Siguiendo la estulticia berlanguesca, solo queda por ver qué remodelación de la plaza nos aguarda el próximo gobierno municipal. Ojalá consista solo en reparar alguna baldosa suelta.

martes, 15 de marzo de 2011

VENGANZAS DE GAIA: JAPÓN

         Una de mis lecturas favoritas de la universidad eran los cómics de Katsumiro Otomo "Akira". Los escenarios apocalípticos, de catástrofes nucleares y destrucciones de la naturaleza, son propios de esa obra así como de toda la cultura manga. Disfrutabamos y nos recreabamos con ellos en nuestra imaginación. Después vendrían la revolución informática que convertiría las viñetas en secuencias de cine. Pero nadie podría pensar que esos escenarios de destrucción propios de la cultura nipona cobrarían realidad en su propio país, y así ha sido: una película de ciencia ficción hecha realidad. Al ver vídeos del tsunami del Japón, tenía la sensación de ver escenas construidas por ordenador pero que naturalmente das por falsas. Pero no es así.
         El tsunami de Japón, una tragedia en vidas humanas (mucho menos costoso, sin embargo, que Haiti, Pakistán o Indonesia) pero indudablemente muchísimo más mediático y espectacular, es un grito a la fragilidad humana. Basta una ola gigante para en pocos minutos devastar el trabajo de generaciones de hombres, de destruir ingenios humanos costosos y sofisticados, de saquear el orgullo de la civilización tecnológica. La idea de que "este tipo de cosas no nos pueden pasar a nosotros, porque estamos preparados para afrontarlas" ha sido la primera víctima del tsunami. Nuestras construcciones simulaban ser las de pequeños hormigueros que alguna vez de niños hemos pisoteado sin piedad, creyendo ser dioses. Es por todo esto que aún a riesgo de ser algo frívolo, esta destrucción es una humillación metafísica. La cultura humana se ha puesto de rodillas ante la naturaleza de la que partió un lejano día en África hace unos millones de años. En su orgullo, el hombre creyó dominar la naturaleza: hoy nos hemos dado cuenta que, por encima de todo nuestro desarrollo, somos una de las partes más frágiles de dicha naturaleza. Podríamos llamar a todo esto con el acertado título del libro de Lovelock, una venganza de Gaia, aunque aqui la venganza no tenga ningún móvil y esté basada en el simpe azar. Y aún no sabemos todas las consecuencias. Quedan miles de desaparecidos. Un accidente nuclear por esclarecer. Una reconstrucción costosísima para una economía debilitada desde hace años. Una economía mundial que puede resentirse desde los precios de los alimentos hasta su estabilidad financiera. 
        Y sin embargo no todo es negativo. El hecho de afrontar un acontecimiento como este, proceder a una evacuación más o menos ordenada y poner orden en millones de personas asustadas, es un dato alentador. Por más patadas crueles que demos a un pequeño hormiguero, sobrevivirá. La capacidad de recuperación frente a este fenómeno de la naturaleza pondrá de manifiesto que, dentro de los límites de nuestra fragilidad, el hombre es capaz de levantarse y volver a andar, y eso ya depende de nosotros mismos.     



viernes, 11 de marzo de 2011

APOLOGÍA DEL FRACASO

       Mucho se habla de la incapacidad de los países árabes para gobernarse así mismos. Los recelos saltan por todas partes y el desconocimiento de la auténtica realidad que allí se vive nos invade en multitud de dudas. ¿Hasta qué punto son fuertes los procesos de modernización en estos países? ¿Qué parcela de poder representa ese sector social que aboga por el cambio? ¿Qué harán con el poder cuando lleguen a él?
       Aunque las sospechas sean más que fundadas, no podemos más que formularlas en la categoría de espectadores. ¿Tenemos algún derecho para oponernos a este ejercicio de autonomía? Parece ser que, aparte de los perjuicios directos que suponen esta inestabilidad en la zona, mucho me temo que Europa juega a una inercia cultural negativa, en la que el fracaso se ve como un horizonte negativo que conviene evitar a toda costa. En Europa, una de las partes más cómodas del planeta para la existencia humana, los cambios suenan habitualmente a peligros y riesgos que no siempre se tiene la entereza de afrontar.
                                                                              * * * * *

         Suena a tópico en el mundo de los negocios la típica comparación que se hace de la clase empresarial a ambos lados del atlántico. Mientras que el empresario anglosajón es mucho más emprendedor que el continental, este se guarda mucho de calcular los costes y ganancias a largo plazo, mientras que el americano se muestra menos remilgado ante estos cálculos y aprecia más el riesgo. Independientemente del grado de verdad que pueda tener el tópico –la globalización desdibuja fronteras culturales- la conclusión que puede extraerse es que el fracaso es psicológicamente menos traumático entre los anglosajones que entre los viejos europeos. Esto nos hace mucho más conservadores ante decisiones arriesgadas que debemos tomar desde nuestra vida más cotidiana hasta el mundo político o económico. Entre la posibilidad de ser empresario de éxito y sacar unas oposiciones, el común de los españoles prefiere el trabajo estable que otorga el paraguas del estado. Muchos europeos tienden a desechar el trabajo sacrificado que supone un gran éxito económico y prefieren disfrutar de una vida más cómoda y holgada. Yo no los culpo de ello y pertenezco a dicha cultura: me costaría mucho rechazarla. Considero incomprensible un hombre que concede más importancia al éxito y progreso profesional a costa de suprimir el tiempo libre que le puede valer para cultivarse como persona. Podrían decir que el éxito económico solo se consigue con una vocación a tiempo completo: el éxito se hace entonces hueco, despersonalizado y alienante, al no ser que la convirtamos de forma voluntaria en la única empresa en la vida. En el resto de los casos, el éxito del día de hoy garantiza el fracaso del mañana, en conocida frase del profesor Tiburcio y que funciona en economía con la misma contundencia que la ley de rendimientos decrecientes.
                                                                           * * * * *

Manuel Azaña, personificacion de la II República, y
ejemplo perfecto de fracaso político
redimido en el tiempo.
          La comodidad europea, la renuncia al sacrificio en aras de un posible éxito (y por tanto la renuncia al fracaso) puede generar ceguera, incapacidad para la innovación. No solamente en nosotros, sino en las vidas de los demás. Y así parece que ocurre con nuestra mirada hacia los países del Magreb. Condescendientemente consideramos que el riesgo es demasiado elevado para que intenten algo por su cuenta, y esto es un grave error de perspectiva. Creer que nuestras democracias son maduras desde siempre nos conduce a una tergiversación histórica que puede llegar a sonrojar en el caso de nuestro país. España, que hace apenas cincuenta años operaba con fuertes medidas de censura hacia cualquier oposición social o política, que partía de un estado en el que iglesia y estado estaban fusionados, que reprimía con dureza cualquier manifestación de la sociedad civil, no puede ser un modelo para negar la necesidad del fracaso y de la reforma. Nuestra propia historia está jalonada con una espectacular derrota para la democracia, solo comparable con el de la república de Weimar. La caída de la II República fue un terrorífico golpe en nuestra propia historia. Independientemente a si acabó en un suicidio o un asesinato, si cayó por sus contradicciones o la derribaron a golpe de fusil, a si el fracaso estaba marcado por las leyes de la historia o era algo perfectamente evitable, prácticamente nadie puede negar el hecho de su estrepitosa caída. Pero tampoco nadie en su sano juicio puede decir que fuera un fracaso inútil. Precisamente la contundencia del desastre nos hizo mucho más cuidadosos en la siguiente ocasión que brindó la historia para la democracia. Enseñó a tratar al adversario político con respeto y trabajar sobre la arena de un consenso que une más que separa entre distintos contendientes. Y enseñó también a que sin una clase media fuerte el sistema político difícilmente podría mantenerse. Quizás muchos países del Magreb se preparen para tener su propia república de Weimar o su II República, si en realidad podemos transponer la historia de Europa a la del mundo como gustosamente hacemos en innumerables ocasiones. En cualquiera de los casos, bienvenido sea el intento, acabe en éxito o en fracaso.

viernes, 11 de febrero de 2011

PENSIONES 2050

          El estado está de enhorabuena. En declaraciones del ministro neosocialista en el poder, 2050 se ha conseguido un superávit record en la caja de las pensiones. Quién iba a pensar que aquellas lejanas reformas que se iniciaron en el 2011 fueran a tener las dimensiones que demostraron con el tiempo. Pero lo cierto es que tras el pacto de ese año, en el que pasaron a 67 la edad de jubilación, a 38 los años cotizados para conseguir la pensión íntegra y a los últimos 20 años el cómputo sobre el que se realiza el cálculo de la pensión, las cosas empezaron a cobrar otro cariz. La reforma de 2028 añadiría diez años más al cómputo de la pensión, pero salvo en ese detalle, no ha habido cambios posteriores, ni falta que hacían. Los intentos de suprimir las "pensiones-parásito", como los conservadores empezaron a llamar a las pensiones no contributivas, fueron rechazados en sucesivas ocasiones por el parlamento. "En tiempos tan complejos como los que corren, dijo ayer el ministro Augusto Salazar, en los que el gasto estatal se ha disparado por las últimas catástrofes medioambientales, asegurar el superávit en otros gastos del estado es fundamental. Por eso, creemos que es una buena noticia que asegura nuestra relación con el Banco Europeo y asegura el flujo de crédito desde Pekín."  
         No todos son tan optimistas al respecto. El jefe de la oposición conservadora dijo que era una cortina de humo sobre otros temas más serios. El gasto público que se hace hoy en día sobre las pensiones es infinitamente menor que hace varias décadas y la parte del león se la llevan otros asuntos. Más bien, comentó para nuestro periódico digital, habría que hablar de la reconversión del sector turístico después del daño que han sufrido nuestras playas en la última década y la escasez de agua en algunas partes del país. "Pero eso no le interesa al gobierno, como siempre". Por último, el jefe de las Nuevas Izquierdas habló de "frivolidad escandalosa" la declaración del gobierno y recuerda la verdadera realidad. Tan solo el 25% de la población jubilada se beneficia del sistema de pensiones públicas. De todos los trabajadores, apenas un 17% puede constatar haber trabajado más de 38 años cuando ha llegado a los 67 años. O empezaron demasiado tarde o terminaron demasiado pronto: ese fue el destino de la generación perdida del 2010. Si además le añadimos que la gran mayoría de esos trabajadores fijos optaron por sistemas de pensiones privados (incluidos buena parte del pequeño funcionariado que aún es vitalicio), nos daremos cuenta que las pensiones que se pagan son irrisorias y la media no está muy por encima de las pensiones mínimas. "Una tercera parte de nuestra población jubilada está condenada a la caridad", sentenció el líder de la oposición de izquierdas. 

BYE BYE MR. MUBARAK

          El día de ayer me topé con la BBC en la televisión y estuve enganchado al sonido del televisor durante varias horas (enganchado a la imagen es imposible con un niño pequeño). Lo que me mantenía pegado era la expectación, verdaderamente televisiva, de la alocución que el presidente de Egipto Mubarak iba a pronunciar ante el pueblo egipcio sobre sus intenciones futuras. Las declaraciones fueron de lo más decepcionantes: después de anunciar la promesa de no renovar tras las elecciones de septiembre y de transferir algunos poderes a su vicepresidente, mantuvo un discurso patriótico y nacionalista en la que no dejaba de anunciar la importancia de mantener la estabilidad del pais. No era demasiado nuevo en un dirigente que se había enquistado en el discurso del orden para justificar su permanencia en el poder, y había dejado correr el tiempo para intentar el desgaste de una oposición callejera que quizás preveía más débil y menos organizada de lo que ha sido.
        Pero la frustrante declaración fue un espejismo, y cuando precisamente abandoné las noticias de Egipto, me encuentro con que el vicepresidente recién asignado anunció hoy la renuncia del último faraón. Mubarak steps down, it´s the most beautiful day of my life!, anuncia un opositor de los últimos 18 días en macarrónico inglés. No es para menos. El futuro está definitivamente abierto para Egipto. Muy posiblemente mañana mismo se iniciará la ruptura del consenso, se pondrá sobre la mesa la tutela del ejército en el proceso de transición, se probará el poder modernizante de la juventud egipcia frente a los escarceos fundamentalistas y multitud de cosas más que un distante europeo no puede percibir desde una pantalla de ordenador. Pero hoy es sin duda, un día de celebración para ese país. Quién sabe si este acontecimiento histórico tiene una trascendencia similar a lo que fue la caída del muro de Berlín para los europeos en 1989: el tiempo, una vez más, nos resolverá las dudas que ahora empiezan a disiparse.  

- Why don't you help me after all the things I've done for America?
- At the end democracy always wins, my friend.
- Oh, fuck off.

sábado, 5 de febrero de 2011

LA REVOLUCIÓN DE LOS JAZMINES (III): LA REVUELTA ESTÁ EN FACEBOOK

         Cuando Manuel Castells en los años noventa consideraba que la revuelta zapatista de 1994 había sido el primer acontecimiento político aupado por la red, y en la que el subcomandante Marcos fue celebrado como uno de los primeros líderes virtuales, pocos podían augurar que Internet pudiera aunar y formar conciencias políticas de la manera  que aceleradamente se están dando en los últimos años. Durante un tiempo, la red se consideró un espacio que fomentaba un atomismo social y la creación de una virtualidad que conducía a la inexorable retirada que el individuo postmoderno  hacía del espacio público. Todo esto se ha desvanecido en la última década, en los que los móviles y ordenadores, emails y mensajes han sustituido las octavillas y en los que las redes sociales y páginas web han alterado los tradicionales panfletos, al menos en las generaciones más jóvenes. Las manifestaciones de Irán del año pasado solo se reconocieron por twitter y por los vídeos grabados desde móviles que luego se colgaban en la red. Ahora, el inicio de las manifestaciones en Egipto se hicieron gracias a las redes sociales de grupos como el 6 de abril. En el ámbito de las democracias, ningún partido hoy en día puede permitirse descuidar el márketing  en la red.
        Indudablemente, el poder congregador de las nuevas tecnologías es un factor positivo para una sociedad civil que tiende continuamente a estar amenazada por multitud de fuerzas e intereses hostiles hacia ella. Sin embargo, me deja abierta las dudas que planteaban desde hace años los periodistas de la prensa escrita, como las que continuamente agitaba Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique. El vistazo rápido, el vértigo en la información, la incapacidad de reflexionar sosegadamente sobre cualquier asunto, hace que estas movilizaciones internaúticas pierdan rápidamente el rumbo. Al éxito inicial de la llamada siguen después las dudas sobre qué hacer, qué programa seguir, qué opciones ideológicas hay de fondo.  Indudablemente esto ocurre en cualquier proceso de cambio político, y después del lema de la pancarta que une a todos se esconde la letra pequeña que nos divide igualmente. Pero podría ocurrir en ocasiones que ni siquiera la importantísima letra pequeña exista, o que no se haya reflexionado sobre ella. Es la línea divisoria entre las ideas impresas y las palabras en la pantalla de un ordenador. Con demasiada frecuencia no leemos más que unas pocas líneas de una entrada en una página, y eso no facilita las cosas.  

Nuestros ordenadores "tuneados" de 2007.